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Sucesos del más allá en la oficina

En la editorial Plaza & Janés en Málaga sucedió uno de los casos españoles más famosos en cuanto a fenomenología poltergeist. Los empleados de dicha sede fueron testigos de una serie de hechos paranormales cuyo origen se encentra todavía en el misterio.

En el edificio de la editorial, ubicado la Calle Císter Nº 9 de Málaga, sucedieron una serie de extraños fenómenos el 6 de Junio de 1991. Alrededor de las 17:30, Rafael Ortega, jefe de ventas, fue testigo de como en la sala de juntas uno de los ceniceros que se hallaba sobre una mesa salió disparado con la pared, además, las cortinas comenzaron a moverse solas y una pluma estilográfica se estrellaba con fuerza contra el suelo, como si hubiese sido lanzada por alguien o algo invisible. Minutos después de estos sucesos, se escuchó un ruido contundente que provenía del despacho del propio Rafael Ortega, en este caso, el personal encontró un cuchillo clavado en la pared, cuchillo que provenía de un juego de cubertería que se encontraba en un maletín cerrado.

Dos empleados más, Joaquín García y Diego Barranco, salieron asustados de las dependencias administrativas de la oficina, ya que los ceniceros de las mesas se habían estrellado contra las paredes para finalmente quedar todos juntos en un rincón de la sala. La salida precipitada de estos dos empelados era también debida a que un pincel, un rollo de cinta adhesiva y una grapadora les estaban golpeando.

La locura sin explicación de la oficina prosiguió al día siguiente. En este caso, los cajones de los archivadores se abrían y cerraban con violencia, los bolígrafos volaban, y uno de los fluorescentes se desprendía de su agarre para terminar estrellado contra un expositor. Los muebles, cuadros, lámparas y estanterías eran propulsados por una fuerza invisible y de tal manera, que terminaban cayendo contra el suelo dejando las dependencias poco menos que arrasadas. No sólo eso, los empelados también pudieron ser testigos de materializaciones de objetos que surgían de la nada: “Un agua muy fina y dispersa nos cayó encima, como si alguien nos escupiese desde el techo, sin que lográsemos explicarnos de dónde procedía”, explicó Diego Barranco.

Buscando soluciones a los desastrosos fenómenos, se llegó a pedir ayuda a la iglesia, pero finalmente un empleado fue el que marchó a la catedral y volvió con romero y agua bendita para bendecir el lugar. No obstante, los sucesos no se detuvieron, incluso aumentaron en intensidad, las cerraduras de la puerta principal salieron proyectadas de sus soportes al interior de las oficinas. La policía también apareció en el lugar para tomar buena nota de los hechos denunciados, no obstante, no pudieron hacer nada más que apuntar todo ello que era reportado.

La editorial fue cerrada, los responsables se pusieron en contacto con el Centro de Investigaciones Científicas Especiales (CICE) de Málaga. Los miembros del grupo: José Antonio Gallardo, Miguel Ángel del Puerto, María Melia Caffarena, Francisca Moreno y Celeste Torres, acudieron al lugar el Viernes 7 de Junio, encontrándose en el interior de la editorial con un espectáculo nunca visto. “Parecía como si allí hubiera pasado un huracán. Todos los muebles estaban volcados, los cuadros torcidos, casi caídos, incluso hasta las lámparas. En el último despacho había una librería inmensa volcada y todos los libros en el suelo. Y todo lo que estaba caído apuntaba a la misma dirección”, recordó Francisca Moreno.

Estado en el que los investigadores del CICE encontraron las instalaciones de Plaza & Janés.

Miguel Ángel y Francisca dispusieron su aparataje instrumental para obtener psicofonías en el lugar. En ese momento, Miguel Ángel descubrió una huella de dedos encima de una estantería que había al lado del despacho de Rafael Ortega. “Tenía los dedos delgados, finos, pero lo más increíble es que había quedado marcada como si la mano hubiese salido de la pared para empujar la estantería”. La sorpresa de los investigadores aumentó cuando escucharon las grabaciones realizadas. En las cintas habían quedado registradas diferentes voces masculinas, con tonos metálicos y cierta agresividad: “Dejamos tres grabadoras encima de la mesa del despacho donde habíamos visto la huella. Lo más sorprendente, es que se grabaron tres psicofonías distintas, una en cada grabadora”, dice Francisca. “Yo siempre”, “no sé”, “oye, tú, Paquita”, fueron los registros sonoros obtenidos.

Huella encontrada en una estantería.

Celeste Torres, otra de las investigadoras del grupo y poseedora de supuestas capacidades psíquicas, afirma: “Cuando pasé por el pasillo, noté la presencia de una persona. Le pregunté quién era y recibí un nombre: Miguel. Y me dio un mensaje: Tal como salí, entré”.

El caso apareció dos días después en el periódico Sur, el 8 de Junio, haciéndose eco de los raros hechos: “Extraños fenómenos. El Jueves por la tarde, en las oficinas de la editorial Plaza & Janés, en la céntrica Calle Císter, ocurrieron unos extraños sucesos que son motivos de múltiples comentarios por parte de los malagueños…” A partir de entonces el caso pareció caer en el olvido, nadie pudo dar una explicación a los episodios sobrenaturales acaecidos en la sede de la editorial.

Algunos investigadores ligaron los extraños sucesos a la historia del lugar: “Los terrenos donde hoy se levanta el edificio Cister tienen un extensa historia a sus espaladas. Como pudimos descubrir, allí estuvo ubicado un temple dedicado a la diosa Hécate, posteriormente existieron templos romanos, la mezquita malagueña, y hoy en día se sabe con certeza que en el subsuelo se encuentra el cementerio de monjas del Cister. Toda esa zona, la parte trasera de la catedral, es un camposanto de religiosos  cada cierto tiempo se descubren nuevos restos”, cuenta Miguel Ángel del Puerto.

No obstante eso no explica lo misteriosos hechos sucedidos en el interior de la editorial. Investigaciones posteriores nos dicen que en los días en los que se desarrollaron los incidentes en la editorial, (casualidad o no) se exhumaba en el Cementerio de Parcemasa el cuerpo de un antiguo empleado de Plaza & Janés y profesor de primaria del colegio Gibraljaire: Miguel Domínguez. Éste se había suicidado en 1986 en su domicilio. Se dice que el hombre había estado implicado en una estafa contra la editorial, aunque estos hechos nunca pudieron ser demostrados. Otra “casualidad” es que Francisca Moreno, investigadora que obtuvo las psicofonías (y una de ellas la nombraba), había sido compañera del propio Miguel Domínguez.

En este punto otros investigadores aseguran que efectivamente la exhumación de dicho hombre se produjo pero en fechas muy distintas, concretamente en Abril de 1996 según los propios datos de los archivos del cementerio. De esta forma, la “teoría” del fantasma vengativo quedaría absolutamente en entredicho, por no decir que descartada del todo. La participación del grupo CICE en el lugar también es objeto de dudas, años después testigos directos del caso contaron al Diario Sur que los miembros de dicho grupo eran simplemente un grupo de amigos aficionados al misterio que habían sido muy activos desde los años 60 hasta principios de los 80.

Con el paso del tiempo, el edificio ha sido ocupado por otras empresas, siendo hoy una tienda de ropa y zapatillas de la famosa marca Vans. No se tiene constancia en la actualidad de nuevos fenómenos paranormales en el lugar.

Edificio Císter en la actualidad, aún puede leerse el nombre de Plaza & Janés en el antiguo relieve de la fachada.

Entrevista a Ricardo Ortega en el Diario Sur desgranando muchas de las mentiras  exageraciones que se contaron del caso: Enlace

Fuentes: Revista Más Allá (Monográfico Casas Encantadas), Francisco Contreras Gil, Diario Sur, elaboración propia.

 

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Thomas Cole – El Viaje de la Vida

Thomas Cole: Bolton (Reino Unido 🇬🇧), 1 de Febrero de 1801 – Nueva York (Estados Unidos 🇺🇸), 11 de Febrero de 1848.

Las serie de cinco pinturas de el Viaje de la Vida fueron creadas por el pintor estadounidense de origen británico Thomas Cole entre 1842.

Thomas Cole

Thomas Cole.

En esta serie de cuadros el autor presenta el ciclo de la vida dividido en cuatro etapas: infancia, juventud, madurez y vejez. La vida se presenta como un río, sobre el que discurre el protagonista en cada una de las etapas montado sobre una barca: en la primera el niño surge de una cueva y empieza el viaje, cuya duración limitada está simbolizada por el reloj de arena; en las etapas intermedias sigue el curso del río pese a las dificultades que le surgen por el camino, simbolizadas por el cielo tormentoso y la tempestad que se le echa encima; por último, en la vejez el río desemboca en el mar en calma de la eternidad.

En comparación con su anterior serie de El curso del imperio, más barroca, extravagante y teatral, el ciclo de la vida es de concepción más simple e intimista, aunque con un alto sentido poético y simbólico. El viaje del peregrino, con el que el artista se sentía probablemente identificado, se muestra con cierto grado de introspección y un leve aire melancólico. Si El curso del imperio estaba representado cronológicamente por una jornada mostrada desde el amanecer hasta el crepúsculo, el equivalente temporal de El viaje de la vida son las cuatro estaciones. Compositivamente, es evidente que la serie estaba pensada para ser mostrada de forma conjunta y correlativa; así, en el primer y tercer cuadros se presenta el curso del río de izquierda a derecha, mientras que en el segundo y cuarto es al revés.

Infancia.

El viaje se inicia con un bebé montado en una barca que surca el río de la vida, guiada al timón por un ángel custodio. Está sentado sobre un lecho de flores, símbolo de la vida recién brotada. El ángel está vestido de blanco, lleva las alas desplegadas y en su cabeza resplandece una brillante luz a modo de aureola. La barca tiene un mascarón de proa en forma de figura alada que levanta en sus manos un reloj de arena, símbolo de la caducidad de la vida. La barca surge de una oscura cueva que representaría el seno materno y empieza el viaje por un río sereno bordeado de exuberante vegetación. El fondo es montañoso, mientras que a la derecha se abre un cielo sereno con una límpida luz de amanecer.

Juventud.

En esta escena el viajero es ya un joven adulto que guía él mismo el timón de la barca, saludado desde la orilla por el ángel, que levanta el brazo derecho con la mano desplegada invitándole a seguir su propio camino. El río es aún sereno y se halla bordeado de una vegetación frondosa de altos árboles. Al fondo aparece como una aparición un fabuloso castillo de color blanco, como símbolo de los sueños y ambiciones del ser humano. El cielo es azul y sereno, de pleno día.

Madurez.

La barca aparece en medio de un río más veloz que se dirige a unos rápidos entre rocas, en medio de un paisaje árido y rocoso en el que solo crece un árbol seco en la esquina inferior derecha. El peregrino es ya un hombre maduro y barbudo, que junta sus manos en señal de plegaria. El cielo es tormentoso y entre la oscuridad se vislumbra al fondo una luz anaranjada de crepúsculo. En la esquina superior izquierda aparece en una intensa luz blanca el ángel que acompaña al viajero, que contempla con impotencia como el viajero se precipita irremediablemente hacia su final.

Vejez.

El ciclo se cierra con la barca desembocando en un mar en calma (la eternidad), con el viajero ya anciano y canoso y el ángel flotando a poca altura sobre la barca mostrándole el más allá, que se abre en la esquina superior izquierda en forma de unos rayos de luz en los que flota en la lejanía otro ángel. La barca ha perdido su mascarón de proa y con ello el reloj de arena, símbolo del tiempo que ha llegado a su fin.

 
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Publicado por en 29 julio, 2020 en Arte, Cultura, Historia

 

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Pez remo gigante, la serpiente marina de los antiguos navegantes

Pez remo gigante (Regalecus glesne).

Tamaño: Entre 3 – 8 metros de longitud. Hay testimonios no comprobados de ejemplares de más de 10 metros de largo.

Peso: 270 kilogramos como peso máximo registrado.

Distribución: Zona pelágica de todo el mundo pero siendo más común en los trópicos y zonas templadas. Puede llegar a los 1.000 metros de profundidad.

Reproducción: Ovíparo (sus huevos de 2,5 milímetros de Julio a Diciembre, donde flotan cerca de la superficie hasta la eclosión).

Estado de conservación: Preocupación menor.

El pez remo gigante, también conocido como regaleco, es el pez óseo más largo del mundo. Su forma es similar a una cinta, limitar lateralmente, con una aleta dorsal a lo largo de toda su longitud, las aletas pectorales cortas, y de largo, con forma de remo las aletas pélvicas, del que se deriva su nombre común. Su coloración es plateada con marcas oscuras, y sus aletas son rojas. Sus características físicas y su modo ondulante de natación han llevado a especular que podría ser la fuente de muchos avistamientos de “serpientes marinas“. Su apodo de “rey de los arenques” puede derivarse de sus apéndices en forma de corona y de ser visto cerca de bancos de arenque, que los pescadores pensaban que estaban siendo guiados por este pez. Su nombre común, pez remo, es probablemente una alusión a la forma de sus aletas pélvicas, o puede referirse a la forma larga y delgada del pez.

Su forma es similar a una cinta, estrecha lateralmente, con una aleta dorsal a lo largo de toda su longitud desde entre los ojos hasta la punta de la cola. Los rayos de la aleta son suaves y pueden ser de hasta 400 o más. En la cabeza del pez, los rayos se alargan formando una cresta roja distintiva. Sus aletas pectorales y pélvicas son casi adyacentes. Las aletas pectorales son rechonchas, mientras que las aletas pélvicas son largas, de un solo radio y recuerdan a un remo en forma, ensanchándose en la punta. Su cabeza es pequeña con la mandíbula protrusible típica de los lampriformes. Tiene de 40 – 58 branquiespinas y no tiene dientes.

Los órganos del pez remo gigante se concentran hacia el extremo de la cabeza del cuerpo, lo que posiblemente le permite sobrevivir perdiendo grandes porciones de su cola. No tiene vejiga natatoria. El hígado del regaleco es naranja o rojo, el resultado probable de la astaxantina en su dieta. La línea lateral comienza arriba y detrás del ojo y luego, descendiendo al tercio inferior del cuerpo, se extiende hasta la punta caudal. 

La piel del regaleco no tiene escamas pero está cubierta de tubérculos. El color de la piel es plateado con rayas, manchas o manchas de color negro o gris oscuro, y un tinte azulado o marrón en la cabeza. Sus aletas, incluidas su larga aleta dorsal y la cresta, son rojas, nuevamente probablemente como resultado de su dieta.

Regaleco.

Esqueleto de regaleco.

Poco se sabe sobre el comportamiento del pez remo. Se ha observado nadando por medio de su aleta dorsal, y también nadando en posición vertical. En 2010, los científicos filmaron un pez remo gigante en el Golfo de México nadando en la capa mesopelágica, el primer vídeo de un regaleco identificado de manera confiable en su entorno natural. El vídeo fue capturado durante una encuesta, utilizando un ROV en las cercanías del PDQ Thunder Horse, y muestra a los peces nadando en una columna, con la cola hacia abajo. Se alimenta de krill y otros pequeños crustáceos, así como pequeños peces y calamares.

El pez remo gigante no se pesca comercialmente, pero es una captura secundaria ocasional en redes comerciales, y como tal se ha comercializado. El pez remo gigante y el Regalecus russelii se les conoce como “pez terremoto” porque se cree popularmente que aparecen antes y después de un seísmo.

Cadetes de la marina de los Estados Unidos exhiben un pez remo gigante de 7 metros descubierto por su instructor en la playa de la Base Naval Anfibia de Coronado en 1996.

Grabación obtenida por la Universidad de Louisiana de un pez remo gigante. (Gracias a ALLPE por el vídeo.).

Fuentes: Wikipedia, elaboración propia.

 

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Ángel romano

Contemplando el paraíso pasar.

Fotografía y retoques por La Exuberancia de Hades (Cementerio Acatólico, Roma).

 
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Publicado por en 15 julio, 2020 en Arte, Mis Fotografías

 

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Cuervos al final del camino

El tiempo llegó, con cada pesado paso el camino se abre, delimitado por una sinfonía fúnebre de ramas secas que crujen de dolor al pasar lentamente a su lado. Su siniestra cadencia marca el compás de lo inevitable.

Las cadenas bien aferradas a los tobillos, como espectro condenado que se aparece cada noche para redimir lo oscuro de su pasado con un tétrico presente de lamentaciones nunca escuchadas y mudas plegarias.

Pisadas lentas pero iracundas, el camino que se vislumbra no es el deseado. Se repudia, porque no puede ser ese el final de una obra glorificada por las mentes más enfermas, ellos prometieron eternidad y hoy regalan olvido.

Cada paso es como una puñalada a la esperanza, a mantener la cordura cuando la piel palidece y los árboles del camino se abren dejando paso a la nada como instrumento de castigo, no para pecadores, sino para demonios.

Un instante congelado en el tiempo antes de caer en brazos de la adversidad, allí donde el ego se desnuda al fin para mostrar todas sus vulgares vergüenzas. La mirada se desdibuja para que el destino imparta su odio con toda justicia. 

Demente en la cordura, se trata de que no haya compasión a quien no la tuvo, se trata de alcanzar a ver estos cuervos al final del camino. Cuando echen a volar todo habrá acabado, así como nunca debió empezar, la fatalidad, la nada.

Theodor Kittelsen – El mendigo (1894 – 1895).

 
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Publicado por en 8 julio, 2020 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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