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Archivo de la categoría: Arte

Ángel (Caído)

Una mirada tuya bastará para condenarme.

Fotografía y retoques por La Exuberancia de Hades (Cementerio de Kerepesi, Budapest).

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Publicado por en 9 octubre, 2019 en Arte, Mis Fotografías

 

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Ecos

La Luna en llamas, el Sol apagado con el agua de la tormenta perfecta, y en mitad de todo, la cascada eterna de su antigüedad hecha ruinas y olvido. Amanece y no queremos acabar con la magia de ese destello iridiscente que vimos mutuamente en nuestros ojos.

El tiempo se mantiene en el lado oscuro del deseo, a salvo de las ganas de tirar por la borda los resquicios de cordura por un instante plegado a lo primario. Resuenan esos ecos de amor, ecos de atadura, en ti, en mí, retumban con la misma vibración atemporal.

Se lee melancolía en la piedra abandonada, se recita poesía entre la oscuridad de nuestras sombras, sin desprecio, sin labrar más frustraciones en un tiempo yermo que lo apuesta todo a los vivos, mientras los muertos esperan su turno tras el telón de la victoria.

Piras de soledad acompañada, en el incendio se vislumbra el sentimiento primigenio de pertenencia del uno al otro. No lo sabemos pero ya ardemos, consumidos desde el interior, sin verlo, pero sintiendo que estas ruinas andantes, por un segundo, darán sentido a todo.

No perdamos jamás el momento preciso en el que decir todo aquello que apuñala el corazón, todas las cicatrices, todas las heridas que hoy sangran no serán más que ecos (de nuevo) de un pasado que define lo que somos y esculpe a lo que aspiramos ser, mano a mano.

Costin Chioreanu – Remembrance (2012).

 
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Publicado por en 2 octubre, 2019 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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Iglesias de Madrid: San Pedro el Viejo

La Iglesia de San Pedro el Viejo es un templo cristiano católico, que se encuentra en la confluencia de la Calle del Nuncio y la Costanilla de San Pedro, cerca de la Calle de Segovia, en el barrio de Palacio de Madrid, muy cerca de La Latina. Es la segunda iglesia más antigua de Madrid, sólo por detrás de San Nicolás de Bari de los Servitas.

Historia.

Aparece citada en el Fuero de Madrid de 1202, en referencia a una antigua edificación existente en la actual Plaza de Puerta Cerrada, y se sabe que, en el Siglo XIV, fue trasladada a un nuevo edificio, en su actual emplazamiento, no muy lejos de la citada plaza. Es muy posible que éste se construyera sobre la antigua mezquita de la aljama de la Morería madrileña. Su fundación puede deberse a Alfonso X de Castilla que cedió un solar junto a las denominadas “fuentes de San Pedro”. Las fuentes aparecen denominadas como sci.petri en el Fuero de 1202. Una de las primeras misiones de la parroquia fue velar por la distribución de sus aguas, que se vertían por los barrancos de la Calle Segovia.

Inicialmente era conocida como san Pedro el Real, pero perdió esta denominación en 1891, cuando dejó de ser parroquia a favor de la Iglesia de la Paloma. Ya en el año 1863 hay propuestas urbanísticas que pretenden acabar con la iglesia. Esta última iglesia pasó a llamarse entonces San Pedro el Real y, para evitar confusiones, popularmente se bautizó al edificio de la Calle del Nuncio como san Pedro el Viejo.

Iglesia de San Pedro el Viejo.

Torre de San Pedro el Viejo desde la Calle del Príncipe de Anglona.

Edificio.

El edificio actual es el resultado de diferentes reformas y añadidos, que conforman una amalgama de construcciones desestructuradas e indefinidas. La torre de 30 metros de altura es el único elemento que mantiene un estilo concreto, el mudéjar, y aun así no aparece en estado puro, pues está rematada con un campanario de traza herreriana. Fue erigida en ladrillo, a mediados del Siglo XIV. Junto a la base de la torre, aparece una sencilla portada (actualmente sellada), que podría datar del Siglo XVI.

En el interior conviven rasgos arquitectónicos del Siglo XV, caso de la cabecera nervada de la nave de la epístola; del Siglo XVI, como la capilla de los Luján (hoy llamada del Perpetuo Socorro); y del Siglo XVII, cuando se levantaron la cabecera principal y las tres naves.

En san Pedro el Viejo se guarda la talla de Jesús el Pobre (llamado así para diferenciarlo de la imagen de Jesús de Medinaceli), obra de Juan de Astorga, de finales del Siglo XVIII, que la Archicofradía de Jesús el Pobre saca en procesión el Jueves Santo. En el interior del templo se encuentra asimismo la capilla del Cristo de las Lluvias, que tiene su origen en la leyenda medieval que relata que sus campanas conseguían desviar las tormentas, salvaguardardando así las cosechas.

Altar Mayor.

Jesús el Pobre.

María Santísima del Dulce Nombre en su Soledad.

Virgen del Perpetuo Socorro.

Capilla.

Leyendas.

Se cuentan algunas leyendas curiosas de hechos insólitos que supuestamente han ocurrido en San Pedro el Viejo:

Exorcismos: Se cuenta que dentro de la parroquia de San Pedro el Real se celebraban exorcismos que llevaba a cabo el calabrés Genaro Andreini, al que el mismísimo Francisco de Quevedo dedicó un romance.

“Venid, viejas, a San Pedro,

venid, que ya está el beato

Andreini con hisopos

preparado a sacar diablos.”

Hombre emparedado: En el Siglo XVI, tras derrumbarse uno de los muros de la sacristía de San Pedro el Real, apareció la momia de un hombre que había sido enterrado de pie. El cuerpo estaba perfectamente conservado con su peto, su espaldar y sus ropas intactas, sólo la cabeza, al no haber sido embalsamada, se encontraba en mal estado. Nunca se supo de quién se trataba.

Campanas: Se dice que las campanas de San Pedro el Viejo han sonado solas en dos ocasiones. La primera de ellas el 13 de Septiembre 1598 para anunciar la muerte de Felipe II, y la segunda el 2 de Mayo de 1808 cuando se produjo el levantamiento popular contras las tropas invasoras francesas de Napoleón.

Fotografías realizadas por La Exuberancia de Hades (Marzo – Julio 2019).

Fuentes: Wikipedia, De Rebus Matritensis, elaboración propia.

 

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Sepulcro de Vasco da Gama

Época de los sueños, época de los descubrimientos.

Fotografía y retoques por La Exuberancia de Hades (Monasterio de los Jerónimos de Belém, Lisboa).

 
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Publicado por en 4 septiembre, 2019 en Arte, Cultura, Historia, Mis Fotografías

 

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De silencio (y otros amantes)

Noche de tragedias sin un amanecer a la vista para calmar a las pesadillas. Ya se desliza entre tus dedos el deseo de cambiar las huellas del pasado sobre la piel, sobre el corazón.

De silencio (y otros amantes) tratan estos requiebros sentimentales, de conversaciones a destiempo y caricias inesperadas que lo cambiaron todo para siempre.

Hablar, compartir la soledad de la tumba en un beso robado a la desesperación de esta agonía que impoluta quiebra nuestra espalda hasta derrumbarnos nos haría recordar, otra vez.

La memoria fallida de unos momentos basados en la aspiración de ser estrellas en un universo de agujeros negros, odiamos lo que somos, sin dejar de aspirar a aquello que no podemos ser.

En la vieja guarida de conejos ya no hay nada más que abandono y magia fallida, esas reminiscencias que espectralmente vuelven una y otra vez para dañarte allí donde más nos duele. Es el frío tan aterrador que nos separa, es ese veneno que nos empuja hasta el fin.

Si el amor es la única pregunta, ¿de dónde viene tanto destrozo? Fragmentos de corazón roto como respuesta al interrogante de qué filo será el que cortará nuestras venas.

Como zafiros sin pulir son estos ojos que claman al cielo una miserable oportunidad entre la ventisca arrolladora de su recuerdo, cada vez más diluido y sangrante.

Queremos que estos ecos dejen de retumbar a destiempo, arrítmicos, perdidos, como un metrónomo hipnótico de pupila y labios sabor ceniza al anochecer. Amor, nos encomendamos al fuego y no hay salida salvo la de acabar derrotado en tus brazos y en la paz de tu piedad.

Es una declaración de intenciones no perder más el tiempo en compañía de la nada que palidece en la esquina de su memoria perfecta, tan a medida de su indiferente mirada.

Querremos querer un día, sin percatarnos de nuevo de haber perdido la cabeza allí donde no la podremos encontrar rebuscando en arcones vacíos y romances sin fuego.

Estos instintos de pasión por sublimar, el decreto implacable que vende nuestra alma al mejor postor y los besos a la mayor gloria de la nada en su trono de dolor y alas rotas.

Y en este surrealismo con tintes de descontrol llega otro amanecer, aunque nosotros en realidad busquemos algo más exquisito y único, eclipsarnos (uno en el otro).

Franz von Stuck – El beso de la Esfinge (1895).

 
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Publicado por en 28 agosto, 2019 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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Carl Blechen

Cottbus (Alemania 🇩🇪), 29 de Julio de 1798 – Berlín (Alemania 🇩🇪), 23 de Julio de 1840.

Pintor alemán especializado en paisajes profundamente influenciados por el Romanticismo imperante en su época, pero con pinceladas a su vez de Realismo. No valorado en su época, hoy se le considera uno de los más importantes pintores paisajistas alemanes, junto a otras grandes figuras del movimiento como Caspar David Friedrich.

Fauno durmiendo (Circa 1820).

Paisaje romántico con ruinas (Circa 1820 – 1824).

Ruinas de Oybin (1822).

Estudio de monumento funerario (Circa 1824 – 1827).

Autorretrato (1825).

Cañón montañoso en invierno (1825).

Mar tormentoso con faro (1826).

Iglesia gótica en ruinas (Circa 1826).

Foro de Roma (1828).

Rocas de Tiberio en Capri (Circa 1828 – 1829).

La Bahía de Rapallo (1829 – 1830).

Iglesia gótica en ruinas (1829 – 1831).

El taller de laminación Neustadt-Eberswalde (1830).

En el parque de la Villa de Este (1830).

La torre en ruinas del castillo de Heidelberg (Circa 1830).

Garganta cerca de Amalfi (1831).

Construyendo el Puente del Diablo (1830 – 1832).

Interior de la Casa de las Palmeras (1832 – 1834).

Vista de Asís (1832 – 1835).

Galgenberg (1833).

Paso de los Alpes en invierno con monjes (1833).

Molino en un valle (Circa 1833).

Camino en el bosque cerca de Spandau (Circa 1835).

Vista de los tejados y jardines (Circa 1835).

Bañistas en el Parque de Terni (1836).

Paisaje invernal romántico con Luna llena (Circa 1836).

Interior del bosque con estanque (Desconocida).

Paisaje boscoso con castillo (Desconocida).

 
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Publicado por en 21 agosto, 2019 en Arte, Cultura

 

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Tocar la luz

Pensar que podemos tener la luz en la palma de la mano, poder.

Fotografía y retoques por La Exuberancia de Hades (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid).

Pablo Gargallo – Gran Profeta (1933).

 
 

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