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Archivo de la categoría: Arte

Creencia o adivinación

Estos baños de sangre describen con precisión cada resquicio de cordura olvidada en un clímax cautivador, mientras opaco y sincero desciende el espíritu de la verdad con las alas plegadas y el horror en los labios más dulces que jamás hayamos probado.

La victoria no es óbice para el invierno más largo nunca ante experimentado en el corazón, aquel que juró tres veces a la escarcha que enterraría hasta el último remanente de libertad bajo su aliento gélido. Aun así, sin dudar, no tardamos en besar su perdición.

Una exagerada oda de exaltación a la confusión se muestra de perfil, de mirada perdida y sentimiento conciso, al tiempo que el río de su tristeza no deja de fluir por entre tus venas. El paisaje parece prometedor entre tanta soledad (no) compartida.

La esperanza, como el elixir abandonado, se muestra con toda su crudeza, vibrando al ritmo de sus caderas. Es la perversión la que desnuda la noche, dibujando con el dedo una colina de piel y estrellas sobre la que reposar el ansia mutua.

Soñamos a base de surrealismo y tiempo perdido y derretido entre los dedos, confesiones a la eternidad y huecos vacíos en el corazón, como un rompecabezas a medio hacer, intentamos rellenar esos huecos con intentos de creer en lo imposible.

No sé si veremos llegar antes la cordura o el abismo tras su ausencia, pero no es más seguro que nos debemos a un último intento de creer o adivinar que es posible.

John William Waterhouse – La bola de cristal (1902).

 
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Publicado por en 15 enero, 2020 en Arte, Cultura, Sin categoría

 

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Iglesias de Madrid: Real Parroquia de Santiago y San Juan Bautista

Situada en la Plaza de Santiago de Madrid, la Real Parroquia de Santiago y San Juan Bautista se encuentra entre las calles de Santiago y Santa Clara, muy cerca del Palacio Real. El edificio actual data del Siglo XIX y fue proyectado por el arquitecto Juan Antonio Cuervo para unir dos parroquias con sus derribados durante el reinado de José Bonaparte. El enclave se corresponde con el viejo barrio medieval de Santiago que desapareció tras la Guerra de la Independencia. El nombre de Santiago se aplica a este barrio por el hecho de que Alfonso VI reúne, junto a la antigua muralla, a los caballeros de la Orden de Santiago que van a ayudarle a conquistar Toledo.

Portada con el relieve rectangular de Santiago en la Batalla de Clavijo.

Real Parroquia de Santiago y San Juan Bautista.

Historia y edificio.

Juan Antonio Cuervo, colaborador de Ventura Rodríguez, fue el arquitecto responsable del nuevo templo. El año 1811 proyectó la obra en austero estilo Neoclásico, construido en ladrillo y granito, materiales tradicionales de la arquitectura madrileña, con una gran cúpula central sin tambor. La fachada, muy plana, se anima por pilastras de orden toscano y un friso de triglifos con una cornisa muy saliente; el cuerpo superior presenta un ventanal en arco que ilumina el coro y se trasdosa en el remate.

El ingreso se enmarca por una sencilla portada arquitrabada, rematada por una cornisa apoyada en dos ménsulas. Por encima de la cornisa existe un relieve rectangular representando a Santiago en la batalla de Clavijo. El templo tiene planta de cruz griega irregular, con un gran espacio central coronado por una cúpula sin tambor y linterna superior. El presbiterio es semicircular y los distintos espacios se dividen por sencillas pilastras de orden jónico. La planta en cruz griega, se caracteriza por tener la nave y el crucero o transepto la misma medida y cruzarse a la mitad de su longitud. Es típica de la arquitectura bizantina, y fue retomada en Italia durante el Renacimiento por arquitectos de la categoría de Bruneleschi, los hermanos Sangallo, Bramante y Miguel Ángel.

Destaca en el altar mayor la pintura de Francisco Ricci, que presidía la iglesia anterior, representando al apóstol Santiago a caballo combatiendo en la Batalla de Clavijo (844 d. C.) contra los enemigos de la fe, en la que se percibe influjo de Rubens. Entre las columnas del retablo se situaron esculturas de los cuatro Padres de la Iglesia: San Agustín (356 – 430), obispo de Hipona y fundador de los agustinos; San Jerónimo (347 – 420), fundador de los jerónimos y traductor de la Biblia al latín; San Gregorio I Magno (540 – 604), creador del Canto Gregoriano; y San Ambrosio (340 – 397), arzobispo de Milán que ayudó a la conversión de San Agustín.

Altar Mayor.

Cúpula y lámpara isabelina.

Otras interesantes imágenes se exhiben en altares menores por toda la iglesia. Descuella un magnífico Bautismo de Cristo, gran cuadro de Juan Carreño de Miranda, situado a mano derecha del altar mayor, que puede ser identificado como el que describe Ponz en un colateral de la parroquia de san Juan Bautista. Es interesante también un San Juan niño, bella escultura barroca de escuela andaluza, atribuida a Pedro Roldán. Una Virgen de la Esperanza, de Francisco Bellver, con un gracioso trono de ángeles, una imagen de la beata Mariana de Jesús (que fue bautizada en la antigua parroquia de Santiago), del Siglo XVIII, un San Juan Nepomuceno, y una Virgen del Carmen, barroca, completan una valiosa colección escultórica.

En lo alto de los machones de la cúpula se contemplan varios cuadros, obras neoclásicas de Mariano Salvador Maella y Francisco Bayeu. La propia media naranja de la cúpula y las pechinas aparecen decoradas por interesantes frescos del Siglo XIX. Por último, es reseñable la gran lámpara isabelina que preside el espacio central del templo.

Nuestra Señora del Carmen.

Nuestra Señora de los Dolores.

Fotografías realizadas por La Exuberancia de Hades (Mayo – Noviembre 2019).

Fuentes: Wikipedia, Real Parroquia de Santiago y San Juan Bautista, elaboración propia.

 
 

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Mi Instagram 2019

Un nuevo año fotográfico en el que he descubierto multitud de lugares nuevos y a la vez he visitado otros que aunque ya vistos, nunca dejan de sorprender y maravillar al mismo tiempo. También, y no menos importante, la importante carga simbólica de algunas de las fotografías que he elegido para la selección personal.

Más votadas (Enlace).

Selección personal (Enlace).

Mi Instagram: Hades_Exuberante

 

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Feliz Navidad – Happy Christmas 2019

Feliz Navidad & Año Nuevo para todos, Happy Christmas & Prosperous New Year.

Fra Angelico – La Anunciación (1425 – 1426).

 
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Publicado por en 20 diciembre, 2019 en Arte, Cultura, Entretenimiento

 

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Iglesias de Madrid: Convento Iglesia de las Carboneras del Corpus Christi

Convento administrado por la orden de monjas jerónimas, y situado en la Plaza del Conde de Miranda, con fachada a la del Cordón. Su curioso nombre de Carboneras se debe a un legendario cuadro de la Virgen Inmaculada que fue encontrado en una carbonera y donado al convento.

Según la leyenda, unos niños jugaban por la calle que desemboca hoy en la plaza del Conde de Miranda (Austrias), arrastrando un lienzo pintado, que uno de ellos había sacado de los oscuros sótanos de la carbonería de su padre. Según parece, los mozos no se habían percatado de la pintura que cubría una de las caras del recio lienzo. Pero dio la casualidad que pasó por aquel lugar un religioso franciscano, llamado José Canalejas, del convento de San Gil, que se fijó en el cuadro y descubrió en él pintado el rostro de María. Se enteró de la procedencia del lienzo y lo recogió para promover su veneración entre las personas que transitaban por el lugar. El lienzo fue llevado en procesión al convento más próximo, que era el del Corpus Christi. Este hecho está registrado en torno al 11 de Junio de 1667. Aquella Virgen fue desde el primer momento conocida como La Carbonera, y carboneras fueron las monjas y el convento.

Entrada y portada barroca.

Historia.

Fue fundado por la conocida condesa Beatriz Ramírez de Mendoza (1554 – 1626). Con el permiso de Felipe III, el 20 de Septiembre de 1605, el Cardenal de Toledo concedió a la condesa Beatriz Ramírez de Mendoza la licencia para la creación de un nuevo convento, compuesto por varias monjas procedentes del convento de la Concepción Jerónima, y que comenzaría a funcionar con el hábito y la regla de San Agustín. Está clasificado como Bien de Interés Cultural desde 1981.

Nave central.

Altar mayor.

Miguel Soria fue el arquitecto del edificio, siendo este uno de los pocos que se conservan intactos en Madrid tras más de cuatro siglos. Exteriormente sólo llama la atención su portada barroca con dintel, ya que el edificio carece de torres, campanarios u otros elementos. En el interior nos encontramos únicamente con una planta coronada por una bóveda de medio cañón. El retablo mayor es obra del escultor barroco Antón de Morales, en su zona central se ubica un lienzo de la Última Cena de Vicente Carducho.

Son célebres los extraordinarios dulces que venden las monjas de clausura como sustento. En este lugar también se cuenta la leyenda de cuando una monja fallecía se colocaba una calavera y un paño negro en su lugar del comedor, tras servir la ración correspondiente y al no ser devorada por la calavera, como es natural, dicha ración era dada a continuación a un mendigo que estuviese en la calle.

Retablo de San Antonio de Padua.

Retablo de la Virgen de las Tribulaciones.

Retablo y cuadro de la célebre Virgen Inmaculada “Carbonera”.

Cristo Crucificado.

Fotografías realizadas por La Exuberancia de Hades (Julio – Noviembre 2019).

Fuentes: Wikipedia, Esmadrid, elaboración propia.

 
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Publicado por en 27 noviembre, 2019 en Arte, Cultura, Historia, Mis Fotografías

 

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Carl Gustav Carus

Leipzig (Alemania 🇩🇪), 3 de Enero de 1789 – Dresde (Alemania 🇩🇪), 28 de Julio de 1869.

Pintor , psicólogo y naturalista, Carus destacó en el terreno del arte por su pintura paisajista bajo la tutela del gran Caspar David Friedrich, del cual se nota una gran influencia, sintiendo especial predilección por los paisajes románticos (ruinas, noches con Luna, arquitectura gótica, naturaleza). En el terreno puramente científico, originó el concepto de arquetipo de vertebrado, idea fundamental en el posterior desarrollo de la Teoría de la Evolución de Charles Darwin.

Ruinas de Eldena con cabaña en Greifswald a la luz de la Luna (1819 – 1820).

Montículo de la Edad de Piedra (Circa 1820).

Vista de Dresde al atardecer (1822).

Dos hombres ante una cascada al atardecer (1823).

El Castillo Imperial (1824).

Mujer en balcón (1824).

Pozo minero cubierto de maleza (Circa 1824).

La música (1826).

Ventanas góticas en las ruinas del Monasterio de Oybin (Circa 1828).

Habitación balconada con vistas a la Bahía de Nápoles (1829 – 1830).

Pescadores italianos en la Bahía de Nápoles (1828 – 1829).

Paisaje a la luz de la Luna (Circa 1830).

Plaza iluminada por la Luna frente a una iglesia gótica (Circa 1830).

Vista del Coliseo por la noche (Circa 1830).

Vista sobre Dresde desde la terraza de Brühl (Circa 1830 – 1831).

Noche de Luna frente al mar italiano con un lector ante una ventana gótica (1832).

Luna llena italiana (1833).

Castillo Milkel a la luz de la Luna (1833 – 1835).

Robles junto al mar (1834 – 1835).

Casa de Carus en Pillnitz (1835).

Iglesia gótica sobre copas de los árboles a la luz de la luna (Circa 1840).

Vista de Florencia (1841).

Puerto de Copenhague a la luz de la Luna (1846).

Fausto en su estudio (1851).

El sueño de Fausto (1852).

Abadía de Tintern (Desconocida).

Luna llena en Pillnitz (Desconocida).

Puerta de una iglesia gótica a la luz de la Luna (Desconocida).

 
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Publicado por en 20 noviembre, 2019 en Arte, Cultura

 

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Opaco, herido y decadente (Y tenía corazón)

El ritmo de una noche en picado desciende en barrena sobre el ánimo, siempre tan a medio camino entre la gloria y la inmolación. Es cruel pensar que nada tendría sentido sin estas llamas carbonizando cada resquicio de piel sin cicatrices, nada, salvo tu corazón.

Vacíos, a resguardo de la nada que tanto empatiza con aquellos que yacen acabados sin esperar el tren que nunca pasará. Nos aceleramos, creemos que podremos sobrellevar estas veinticuatro horas con sabor a infierno en las lenguas y a miedo en tu mirada.

El fantasma que deja su perfume de cripta en derredor, visita cada noche el bosque de ahorcados por amor, cuya espera desintegra la esperanza, sin más intención que la de acabar contigo, en silencio, a media noche y duermevela. Estamos implicados en una oda a la vorágine.

Esta deliciosa penumbra desnuda nuestros deseos, y en ninguno de ellos estás tú. Como un recuerdo remoto al que cuesta un océano trasladarse, es la memoria que niega la evidencia de la férrea sangre en las manos y el dulce carmín en los labios morados.

El otoño, opaco, herido y decadente arrastra el odio paso a paso hasta la abandonada tumba de la indiferencia, alegre por ser el centro de atención de un paraíso en llamas y un Hades aterido de la imposibilidad de remontar de semejante destrozo silente.

Ya viene, siempre solícita, la noche de lluvia que pregunta si ella tenía corazón, o solamente fue el recuerdo el que destapó por un evasivo instante el cofre de las esencias olvidadas y el consiguiente diluvio de lágrimas al descubrir la polvorienta verdad. Viene para quedarse.

Como un rito inacabado o una plegaria a la nada en el desierto, la verdad se antepuso a todo. ¿Ella tenía corazón?, sí, y tenía corazón, pero también el mío, y eso ya es para siempre.

Edvard Munch – El beso de la muerte (1898).

 
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Publicado por en 6 noviembre, 2019 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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