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Archivo de la etiqueta: Barroco

Mi 2018 en Instagram

Magnífico año fotográfico este 2018 que ya ha marchado, multitud de lugares y rincones encontrados con un encanto especial. Hacer una selección de fotos al respecto ha sido complicado, muchas son y cada una cuenta una historia y un momento distintos, pero al final lo importante es no perder nunca el entusiasmo por seguir descubriendo, aprendiendo y plasmando.

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Mi Instagram: Hades_Exuberante 

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Peter Paul Rubens & Jan Brueghel el Viejo, los cinco sentidos

Los cinco sentidos es un grupo de cinco alegorías pintadas en tablas mediante la técnica del óleo por Jan Brueghel el Viejo en colaboración con Peter Paul Rubens en los Países Bajos Españoles, siendo Rubens el responsable de pintar las figuras y Brueghel el encargado de los paisaje y los objetos. Actualmente se encuentran expuestas en el Museo del Prado (Madrid).

La vista (1617).

El oído (1617 – 1618).

El olfato (1617 – 1618).

El gusto (1618).

El tacto (1618).

 
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Publicado por en 19 septiembre, 2018 en Arte, Cultura

 

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Los Siete Arcángeles

La referencia más notable a un grupo de Siete Arcángeles proviene de la Biblia en el libro apócrifo de Tobías cuando el Arcángel Rafael se revela a sí mismo, declarando: “Soy Rafael, uno de los siete ángeles que están en la gloriosa presencia del Señor, listo para servirlo”. (Tobías 12:15). Los otros dos arcángeles mencionados por nombre en la Biblia son Miguel y Gabriel. Los cuatro nombres de los otros arcángeles provienen de la tradición: Uriel, Sealtiel, Jeudiel, Barachiel.

Icono de la Iglesia Ortodoxa Rusa de la Asamblea del Arcángel Miguel (Siglo XIX). De izquierda a derecha Jehudiel, Gabriel, Sealtiel, Miguel, Uriel, Rafael y Barachiel. Querubines en azul y serafines en rojo aparecen bajo la mandorla de Cristo.

En todas las escrituras de las tradiciones judeo-cristianas, solo Judas el Apóstol llama a Miguel “Arcángel” (Μιχαὴλ ὁ χάρχάγγελος) en la epístola atribuida a su autoría. En el Libro de Enoc, las tradiciones judías lo convierten en “uno de los Arcángeles”, aunque ninguno de los otros se menciona por su nombre. En la mayoría de las tradiciones orales cristianas protestantes, solo se menciona a Michael y Gabriel como “arcángeles”, que se hace eco de la opinión musulmana dominante sobre el tema, mientras que en las tradiciones cristianas católicas se incluye a Rafael, que da como resultado un grupo de tres.

El pueblo judío tomó prestados los nombres de ángeles de la cultura babilónica, que bajo la influencia dualista del zoroastrismo, y como una adición a su propio desarrollo de los primeros sistemas de creencias de Mesopotamia, dio como resultado un folclore y una cosmología centrada en lo antropomórfico y representación zoomorfa de estrellas y planetas, en la que más tarde se introdujo el mismo concepto para las constelaciones de estrellas, cuyas características y nombres fueron importados por notables profetas judíos durante su exilio forzado conocido como el cautiverio de Babilonia comenzando en 605 a. C., primero con el profeta Daniel, luego con autores como Ezequiel, quien diseñó las constelaciones babilónicas (las formas abstractas de las constelaciones), que fueron consideradas como “hijos de los dioses” (los cuatro hijos del Padre Celestial), deidad en Babilonia que llevaba el Sol Alado, el trono de la Sabiduría), como ángeles del Señor de Israel, de hecho animales vivientes en el cielo que se conocían como querubines, y con eso reutilizó algunos de los caracteres encontrados en el sistema politeísta de creencias mesopotámicas como siervos angélicos del Señor de Israel, estableciendo así la prevalencia del Dios de Israel. El Libro de Parábolas del año 2 a. C., capítulo XL, hace eco de tales representaciones folclóricas y da el nombre de los cuatro ángeles con los que viene el Anciano de los Días, los que están ante el Señor de los Espíritus, “las voces de los que están sobre los cuatro lados”, magnificando al Señor de la Gloria “como: Miguel, Rafael, Gabriel y Fanuel.

En la Iglesia Católica son nombrados tres arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael. En la Iglesia Ortodoxa se añaden otros cuatro arcángeles: Uriel, Sealtiel, Jeudiel y Barachiel.

Varios sistemas dentro de las ciencias ocultas y el esoterismo asocian a cada arcángel con una de las “siete luminarias” tradicionales (los siete objetos que se mueven a simple vista en el cielo o siete planetas clásicos): Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno; pero hay desacuerdo en cuanto a qué arcángel corresponde a qué cuerpo.

En el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid se conservan siete pinturas del artista barroco Batolomé Román (1587 – 1647) de los respectivos arcángeles con rótulos explicativos en cada uno de ellas que dicen así:

Miguel: “San Miguel recibe las ánimas de los que mueren bien favoreciéndolas en las agonías y batalla del Tránsito”.

Gabriel: “San Gabriel favorece para que obedezcan los hombres a las divinas inspiraciones. Alcanza la virtud de la obediencia”.

Rafael: “San Rafael favorece a los que quieren verdadera penitencia”.

Uriel: “San Uriel favorece en las batallas contra las tentaciones y para que amen a Dios”.

Sealtiel: “San Seatiel favorece para tener buena oración”.

Jeudiel: “San Jehudiel favorece para confesarse. Ayuda a los deseos de la mayor honra y gloria de Dios”.

Barachiel: “San Barachiel favorece para alcanzar los dones del Espíritu Santo”.

Massimo Stanzione – Los Siete Arcángeles (Finales de la década de 1620). De izquierda a derecha: Rafael, Uriel, Gabriel, Miguel, Jeudiel, Sealtiel y Barachiel.

Monasterio de las Descalzas Reales (Fotografía por La Exuberancia de Hades, Junio 2018).

Real Monasterio de la Encarnación. (Fotografía por La Exuberancia de Hades, Julio 2018).

Fuentes: Wikipedia, Patrimonio Nacional, elaboración propia.

 

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Catedral Nueva de Salamanca

La perfección de las formas, la armonía de las medidas.

Fotografía y retoques por La Exuberancia de Hades (Salamanca).

 
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Publicado por en 25 abril, 2018 en Arte, Cultura, Mis Fotografías

 

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El Apostolado del Prado (José de Ribera)

Xátiva (España 🇪🇸), 12 de Enero de 1591 – Nápoles (Italia 🇮🇹), 2 de Septiembre de 1652.

José de Ribera es, cronológicamente, el primero de los grandes maestros españoles que surgieron en las décadas centrales del Siglo XVII. Cultivó un estilo naturalista y tenebrista propio de Caravaggio en sus inicios, para después variar hacia una estética más colorista y con mayor luminosidad. Dotado de una extraordinaria habilidad para el dibujo y la plasmación mediante ello de diferentes texturas, Ribera es sin duda uno de los pintores españoles más destacados de su época.

El Apostolado del Prado es un conjunto de 11 obras realizadas por José de Ribera, “El Españoleto (Lo Spagnoletto)”, cuya temática común son los Apóstoles y Cristo Salvador. De características y dimensiones muy parecidas fueron pintadas al óleo sobre lienzo entre los años 1630 – 1635, aunque la datación de algunas de las pinturas es debatida y parece algo posterior en ciertos casos concretos como en San Andrés.

En su origen la serie constaba de 13 cuadros (12 apóstoles más la figura de Cristo) pero las telas de San Matías y San Juan Evangelista están perdidas. El Apostolado de Ribera se cita por primera vez en las Colecciones Reales a finales del Siglo XVIII y está integrada por cuadros de muy distinta calidad, de manera que se mezclan en ellas obras con amplia intervención del taller con piezas que son elaborados estudios de gran precisión retratística en los que el pintor ha acertado a legarnos auténticos arquetipos de Apóstoles.

Actualmente esta serie de pinturas se conserva en el Museo del Prado de Madrid.

El Salvador (Circa 1630).

San Pedro (Circa 1630).

San Pablo (1630 – 1635).

San Bartolomé (1630 – 1635).

San Felipe (1630 – 1635).

San Judas Tadeo (1630 – 1635).

San Simón (1630 – 1635).

Santiago el Mayor (1630 – 1635).

Santiago el Menor (1630 – 1635).

Santo Tomás (1630 – 1635).

San Andrés (1641).

 
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Publicado por en 21 marzo, 2018 en Arte, Cultura, Historia

 

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L’Enfer

La almohada de la ira ahoga el amor, sin pausa pero con decisión, para convertirnos en víctimas del corazón y sus cadenas. Y cuando todo acabe (si es que algún día lo hace), vamos a descorchar el tapón del rencor y brindar con su manifiesta sensación de impotencia, esa falsa superioridad cuando se sabe que todo está hundido y sepultado bajo toneladas de propósitos y promesas estériles. Víctimas del deseo, estamos tan cerca pero ya no sentimos, y la realidad se difumina como niebla de cementerio.

No queda rincón ya en donde esparcir las cenizas de la furia, todos los sueños transmutaron en pesadillas, y todas las pesadillas se hicieron infierno para torturar piel impoluta y sentimientos virginales. Olvido para calmar, para resarcirnos de ese eco que se repite como una constante, visceral y prologado dilatando la agonía que ya se asoma a las puertas del cielo y aunque insensibilidad y cobardía suelen ir de la mano, no queda otra que entregarse a esta vorágine sin fin aparente.

Arrinconados y exhaustos, la negatividad expuesta es prosa de cáustica intención para regalar los oídos con intenciones desencaminadas y esperanzas que rinden cuenta sólo ante las llamas que las asolan. Sin rodeos, sin falsas expectativas, el incendio se ha creado y las consecuencias muestran su cara más rastrera e implacable, retrato trágico y perturbador de la calamidad cuyo nombre pronunciado es erotismo y crueldad a partes iguales. No te disculpes por cercenar con cristales rotos los hilos que nos unían a la cordura.

Quizás es que con las manos vacías y el corazón ausente del pecho perdemos la perspectiva del caos en derredor y su dulce veneno, de la oportunidad y la tentación consecuente que le sigue. Sólo una vez pidieron los muertos un efímero instante de emoción para un futuro escabroso y dubitativo, y es este, el precio para resucitar el corazón entre trompetas y ángeles caídos de reputación cuestionable. Une estas miradas con un tacto imposible y moriremos aquí mismo de embriaguez y arrebato.

Ya diluvia para redimir, condenado y ejecutado el sentimiento pervive entre las indisimuladas sonrisas de un ego desbordado. Dame, regálame ya retazos de infierno para hacer con ellos, en un acto magistral, mi propio paraíso de belleza y amargura en conyugal dualidad. No temas, viene aquello que siempre esperamos con la cautela de lo furtivo, exigiendo un par de latidos como acto de fe en pecado y comunión. Entre susurros damos la bienvenida a la noche y con ella a la llama que se desliza por nuestra espalda. Sentimos… vamos al país de las maravillas en L’Enfer.

Giacomo del Pò – A las puertas del Infierno (1703 – 1708).

 
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Publicado por en 17 enero, 2018 en Arte, Mis Relatos

 

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Feliz Navidad – Happy Christmas 2017

Feliz Navidad & Año Nuevo para todos, Happy Christmas & Prosperous New Year.

Bartolomé Esteban Murillo – El Buen Pastor (Circa 1660).

 
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Publicado por en 20 diciembre, 2017 en Arte, Cultura, Entretenimiento

 

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