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Archivo de la etiqueta: Barroco

Iglesias de Madrid: San Pedro el Viejo

La Iglesia de San Pedro el Viejo es un templo cristiano católico, que se encuentra en la confluencia de la Calle del Nuncio y la Costanilla de San Pedro, cerca de la Calle de Segovia, en el barrio de Palacio de Madrid, muy cerca de La Latina. Es la segunda iglesia más antigua de Madrid, sólo por detrás de San Nicolás de Bari de los Servitas.

Historia.

Aparece citada en el Fuero de Madrid de 1202, en referencia a una antigua edificación existente en la actual Plaza de Puerta Cerrada, y se sabe que, en el Siglo XIV, fue trasladada a un nuevo edificio, en su actual emplazamiento, no muy lejos de la citada plaza. Es muy posible que éste se construyera sobre la antigua mezquita de la aljama de la Morería madrileña. Su fundación puede deberse a Alfonso X de Castilla que cedió un solar junto a las denominadas “fuentes de San Pedro”. Las fuentes aparecen denominadas como sci.petri en el Fuero de 1202. Una de las primeras misiones de la parroquia fue velar por la distribución de sus aguas, que se vertían por los barrancos de la Calle Segovia.

Inicialmente era conocida como san Pedro el Real, pero perdió esta denominación en 1891, cuando dejó de ser parroquia a favor de la Iglesia de la Paloma. Ya en el año 1863 hay propuestas urbanísticas que pretenden acabar con la iglesia. Esta última iglesia pasó a llamarse entonces San Pedro el Real y, para evitar confusiones, popularmente se bautizó al edificio de la Calle del Nuncio como san Pedro el Viejo.

Iglesia de San Pedro el Viejo.

Torre de San Pedro el Viejo desde la Calle del Príncipe de Anglona.

Edificio.

El edificio actual es el resultado de diferentes reformas y añadidos, que conforman una amalgama de construcciones desestructuradas e indefinidas. La torre de 30 metros de altura es el único elemento que mantiene un estilo concreto, el mudéjar, y aun así no aparece en estado puro, pues está rematada con un campanario de traza herreriana. Fue erigida en ladrillo, a mediados del Siglo XIV. Junto a la base de la torre, aparece una sencilla portada (actualmente sellada), que podría datar del Siglo XVI.

En el interior conviven rasgos arquitectónicos del Siglo XV, caso de la cabecera nervada de la nave de la epístola; del Siglo XVI, como la capilla de los Luján (hoy llamada del Perpetuo Socorro); y del Siglo XVII, cuando se levantaron la cabecera principal y las tres naves.

En san Pedro el Viejo se guarda la talla de Jesús el Pobre (llamado así para diferenciarlo de la imagen de Jesús de Medinaceli), obra de Juan de Astorga, de finales del Siglo XVIII, que la Archicofradía de Jesús el Pobre saca en procesión el Jueves Santo. En el interior del templo se encuentra asimismo la capilla del Cristo de las Lluvias, que tiene su origen en la leyenda medieval que relata que sus campanas conseguían desviar las tormentas, salvaguardardando así las cosechas.

Altar Mayor.

Jesús el Pobre.

María Santísima del Dulce Nombre en su Soledad.

Virgen del Perpetuo Socorro.

Capilla.

Leyendas.

Se cuentan algunas leyendas curiosas de hechos insólitos que supuestamente han ocurrido en San Pedro el Viejo:

Exorcismos: Se cuenta que dentro de la parroquia de San Pedro el Real se celebraban exorcismos que llevaba a cabo el calabrés Genaro Andreini, al que el mismísimo Francisco de Quevedo dedicó un romance.

“Venid, viejas, a San Pedro,

venid, que ya está el beato

Andreini con hisopos

preparado a sacar diablos.”

Hombre emparedado: En el Siglo XVI, tras derrumbarse uno de los muros de la sacristía de San Pedro el Real, apareció la momia de un hombre que había sido enterrado de pie. El cuerpo estaba perfectamente conservado con su peto, su espaldar y sus ropas intactas, sólo la cabeza, al no haber sido embalsamada, se encontraba en mal estado. Nunca se supo de quién se trataba.

Campanas: Se dice que las campanas de San Pedro el Viejo han sonado solas en dos ocasiones. La primera de ellas el 13 de Septiembre 1598 para anunciar la muerte de Felipe II, y la segunda el 2 de Mayo de 1808 cuando se produjo el levantamiento popular contras las tropas invasoras francesas de Napoleón.

Fotografías realizadas por La Exuberancia de Hades (Marzo – Julio 2019).

Fuentes: Wikipedia, De Rebus Matritensis, elaboración propia.

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La hora de la ira

El tedio desdibuja su silueta nocturna, temblorosa cual incertidumbre que se filtra en los huesos. Abstraídos en una niebla extendida de colosal espesura, las melodías que ululan en su densidad son lentas y romas, de un calibre ejecutor sin igual.

Hecatombes y piruetas circenses se mezclan en la hora de la ira, a las diez, con todo el infierno vendido y sin ángeles de la guarda a los que suplicar. Tras la cena, el horror, el pintalabios descorrido por los labios agrietados y sedientos de rabia.

El conflicto llegó de forma fría e indiferente, no se asomó acalorado al abismo por miedo a caer y no volver a encadenar un desastre con otro. Se frota las manos, se desangra en mitad de la certeza, la iluminación y su posterior apagón a la cordura.

La máscara mortuoria de la desdicha se derrite entre llamas y palabras flamígeras, se desencadena el Cerbero al anochecer y con él el peso de los años y sus frustraciones, la perspectiva del tiempo fija el camino de rosas (muertas).

Abiertas están las puertas bajo el cielo carmesí, vestimos de escarlata nuestro conflicto, tan fácil como endulzar la tragedia con el inane sabor de la esperanza. Abrazamos con fuerza el momento, porque bien sabemos que tras la ira, no hay nada.

Etéreos, volátiles como fuego fatuo de pantano, ¿se nos vislumbra? Si eres capaz de ver algo es que estamos avistando el final. Prendemos (en un acto suicida), escapamos, despistamos por la más afilada esquina al destino en la hora convenida, en punto.

Luca Giordano – Batalla de los dioses y los gigantes (Circa 1692).

 
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Publicado por en 3 julio, 2019 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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Mi 2018 en Instagram

Magnífico año fotográfico este 2018 que ya ha marchado, multitud de lugares y rincones encontrados con un encanto especial. Hacer una selección de fotos al respecto ha sido complicado, muchas son y cada una cuenta una historia y un momento distintos, pero al final lo importante es no perder nunca el entusiasmo por seguir descubriendo, aprendiendo y plasmando.

Más votadas (Enlace).

Selección personal (Enlace).

Mi Instagram: Hades_Exuberante 

 

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Peter Paul Rubens & Jan Brueghel el Viejo, los cinco sentidos

Los cinco sentidos es un grupo de cinco alegorías pintadas en tablas mediante la técnica del óleo por Jan Brueghel el Viejo en colaboración con Peter Paul Rubens en los Países Bajos Españoles, siendo Rubens el responsable de pintar las figuras y Brueghel el encargado de los paisaje y los objetos. Actualmente se encuentran expuestas en el Museo del Prado (Madrid).

La vista (1617).

El oído (1617 – 1618).

El olfato (1617 – 1618).

El gusto (1618).

El tacto (1618).

 
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Publicado por en 19 septiembre, 2018 en Arte, Cultura

 

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Los Siete Arcángeles

La referencia más notable a un grupo de Siete Arcángeles proviene de la Biblia en el libro apócrifo de Tobías cuando el Arcángel Rafael se revela a sí mismo, declarando: “Soy Rafael, uno de los siete ángeles que están en la gloriosa presencia del Señor, listo para servirlo”. (Tobías 12:15). Los otros dos arcángeles mencionados por nombre en la Biblia son Miguel y Gabriel. Los cuatro nombres de los otros arcángeles provienen de la tradición: Uriel, Sealtiel, Jeudiel, Barachiel.

Icono de la Iglesia Ortodoxa Rusa de la Asamblea del Arcángel Miguel (Siglo XIX). De izquierda a derecha Jehudiel, Gabriel, Sealtiel, Miguel, Uriel, Rafael y Barachiel. Querubines en azul y serafines en rojo aparecen bajo la mandorla de Cristo.

En todas las escrituras de las tradiciones judeo-cristianas, solo Judas el Apóstol llama a Miguel “Arcángel” (Μιχαὴλ ὁ χάρχάγγελος) en la epístola atribuida a su autoría. En el Libro de Enoc, las tradiciones judías lo convierten en “uno de los Arcángeles”, aunque ninguno de los otros se menciona por su nombre. En la mayoría de las tradiciones orales cristianas protestantes, solo se menciona a Michael y Gabriel como “arcángeles”, que se hace eco de la opinión musulmana dominante sobre el tema, mientras que en las tradiciones cristianas católicas se incluye a Rafael, que da como resultado un grupo de tres.

El pueblo judío tomó prestados los nombres de ángeles de la cultura babilónica, que bajo la influencia dualista del zoroastrismo, y como una adición a su propio desarrollo de los primeros sistemas de creencias de Mesopotamia, dio como resultado un folclore y una cosmología centrada en lo antropomórfico y representación zoomorfa de estrellas y planetas, en la que más tarde se introdujo el mismo concepto para las constelaciones de estrellas, cuyas características y nombres fueron importados por notables profetas judíos durante su exilio forzado conocido como el cautiverio de Babilonia comenzando en 605 a. C., primero con el profeta Daniel, luego con autores como Ezequiel, quien diseñó las constelaciones babilónicas (las formas abstractas de las constelaciones), que fueron consideradas como “hijos de los dioses” (los cuatro hijos del Padre Celestial), deidad en Babilonia que llevaba el Sol Alado, el trono de la Sabiduría), como ángeles del Señor de Israel, de hecho animales vivientes en el cielo que se conocían como querubines, y con eso reutilizó algunos de los caracteres encontrados en el sistema politeísta de creencias mesopotámicas como siervos angélicos del Señor de Israel, estableciendo así la prevalencia del Dios de Israel. El Libro de Parábolas del año 2 a. C., capítulo XL, hace eco de tales representaciones folclóricas y da el nombre de los cuatro ángeles con los que viene el Anciano de los Días, los que están ante el Señor de los Espíritus, “las voces de los que están sobre los cuatro lados”, magnificando al Señor de la Gloria “como: Miguel, Rafael, Gabriel y Fanuel.

En la Iglesia Católica son nombrados tres arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael. En la Iglesia Ortodoxa se añaden otros cuatro arcángeles: Uriel, Sealtiel, Jeudiel y Barachiel.

Varios sistemas dentro de las ciencias ocultas y el esoterismo asocian a cada arcángel con una de las “siete luminarias” tradicionales (los siete objetos que se mueven a simple vista en el cielo o siete planetas clásicos): Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno; pero hay desacuerdo en cuanto a qué arcángel corresponde a qué cuerpo.

En el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid se conservan siete pinturas del artista barroco Batolomé Román (1587 – 1647) de los respectivos arcángeles con rótulos explicativos en cada uno de ellas que dicen así:

Miguel: “San Miguel recibe las ánimas de los que mueren bien favoreciéndolas en las agonías y batalla del Tránsito”.

Gabriel: “San Gabriel favorece para que obedezcan los hombres a las divinas inspiraciones. Alcanza la virtud de la obediencia”.

Rafael: “San Rafael favorece a los que quieren verdadera penitencia”.

Uriel: “San Uriel favorece en las batallas contra las tentaciones y para que amen a Dios”.

Sealtiel: “San Seatiel favorece para tener buena oración”.

Jeudiel: “San Jehudiel favorece para confesarse. Ayuda a los deseos de la mayor honra y gloria de Dios”.

Barachiel: “San Barachiel favorece para alcanzar los dones del Espíritu Santo”.

Massimo Stanzione – Los Siete Arcángeles (Finales de la década de 1620). De izquierda a derecha: Rafael, Uriel, Gabriel, Miguel, Jeudiel, Sealtiel y Barachiel.

Monasterio de las Descalzas Reales (Fotografía por La Exuberancia de Hades, Junio 2018).

Real Monasterio de la Encarnación. (Fotografía por La Exuberancia de Hades, Julio 2018).

Fuentes: Wikipedia, Patrimonio Nacional, elaboración propia.

 

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Catedral Nueva de Salamanca

La perfección de las formas, la armonía de las medidas.

Fotografía y retoques por La Exuberancia de Hades (Salamanca).

 
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Publicado por en 25 abril, 2018 en Arte, Cultura, Mis Fotografías

 

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El Apostolado del Prado (José de Ribera)

Xátiva (España 🇪🇸), 12 de Enero de 1591 – Nápoles (Italia 🇮🇹), 2 de Septiembre de 1652.

José de Ribera es, cronológicamente, el primero de los grandes maestros españoles que surgieron en las décadas centrales del Siglo XVII. Cultivó un estilo naturalista y tenebrista propio de Caravaggio en sus inicios, para después variar hacia una estética más colorista y con mayor luminosidad. Dotado de una extraordinaria habilidad para el dibujo y la plasmación mediante ello de diferentes texturas, Ribera es sin duda uno de los pintores españoles más destacados de su época.

El Apostolado del Prado es un conjunto de 11 obras realizadas por José de Ribera, “El Españoleto (Lo Spagnoletto)”, cuya temática común son los Apóstoles y Cristo Salvador. De características y dimensiones muy parecidas fueron pintadas al óleo sobre lienzo entre los años 1630 – 1635, aunque la datación de algunas de las pinturas es debatida y parece algo posterior en ciertos casos concretos como en San Andrés.

En su origen la serie constaba de 13 cuadros (12 apóstoles más la figura de Cristo) pero las telas de San Matías y San Juan Evangelista están perdidas. El Apostolado de Ribera se cita por primera vez en las Colecciones Reales a finales del Siglo XVIII y está integrada por cuadros de muy distinta calidad, de manera que se mezclan en ellas obras con amplia intervención del taller con piezas que son elaborados estudios de gran precisión retratística en los que el pintor ha acertado a legarnos auténticos arquetipos de Apóstoles.

Actualmente esta serie de pinturas se conserva en el Museo del Prado de Madrid.

El Salvador (Circa 1630).

San Pedro (Circa 1630).

San Pablo (1630 – 1635).

San Bartolomé (1630 – 1635).

San Felipe (1630 – 1635).

San Judas Tadeo (1630 – 1635).

San Simón (1630 – 1635).

Santiago el Mayor (1630 – 1635).

Santiago el Menor (1630 – 1635).

Santo Tomás (1630 – 1635).

San Andrés (1641).

 
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Publicado por en 21 marzo, 2018 en Arte, Cultura, Historia

 

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