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Archivo de la etiqueta: Expresionismo

De silencio (y otros amantes)

Noche de tragedias sin un amanecer a la vista para calmar a las pesadillas. Ya se desliza entre tus dedos el deseo de cambiar las huellas del pasado sobre la piel, sobre el corazón.

De silencio (y otros amantes) tratan estos requiebros sentimentales, de conversaciones a destiempo y caricias inesperadas que lo cambiaron todo para siempre.

Hablar, compartir la soledad de la tumba en un beso robado a la desesperación de esta agonía que impoluta quiebra nuestra espalda hasta derrumbarnos nos haría recordar, otra vez.

La memoria fallida de unos momentos basados en la aspiración de ser estrellas en un universo de agujeros negros, odiamos lo que somos, sin dejar de aspirar a aquello que no podemos ser.

En la vieja guarida de conejos ya no hay nada más que abandono y magia fallida, esas reminiscencias que espectralmente vuelven una y otra vez para dañarte allí donde más nos duele. Es el frío tan aterrador que nos separa, es ese veneno que nos empuja hasta el fin.

Si el amor es la única pregunta, ¿de dónde viene tanto destrozo? Fragmentos de corazón roto como respuesta al interrogante de qué filo será el que cortará nuestras venas.

Como zafiros sin pulir son estos ojos que claman al cielo una miserable oportunidad entre la ventisca arrolladora de su recuerdo, cada vez más diluido y sangrante.

Queremos que estos ecos dejen de retumbar a destiempo, arrítmicos, perdidos, como un metrónomo hipnótico de pupila y labios sabor ceniza al anochecer. Amor, nos encomendamos al fuego y no hay salida salvo la de acabar derrotado en tus brazos y en la paz de tu piedad.

Es una declaración de intenciones no perder más el tiempo en compañía de la nada que palidece en la esquina de su memoria perfecta, tan a medida de su indiferente mirada.

Querremos querer un día, sin percatarnos de nuevo de haber perdido la cabeza allí donde no la podremos encontrar rebuscando en arcones vacíos y romances sin fuego.

Estos instintos de pasión por sublimar, el decreto implacable que vende nuestra alma al mejor postor y los besos a la mayor gloria de la nada en su trono de dolor y alas rotas.

Y en este surrealismo con tintes de descontrol llega otro amanecer, aunque nosotros en realidad busquemos algo más exquisito y único, eclipsarnos (uno en el otro).

Franz von Stuck – El beso de la Esfinge (1895).

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Publicado por en 28 agosto, 2019 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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Nació del dolor

Nació del dolor, de mi último reducto de cordura atado con hilo de oro al desastre. Y ahora que mi verdadera cara quedó al aire, dame paz total, de negro y opaco luto, para que no vuelva más a contemplarme abriendo tus heridas.

Derrotado e inane, como un héroe que lo dio todo para al final ser víctima de las falsas expectativas. Así se vislumbra un futuro sin obstáculos, sin misterio, sin mí; por mucho que rece tus lágrimas no se pueden borrar, ni dejan de saber a mi nombre.

La verdad nunca será presuntuosa por mucho que desnude con cruel eficacia y exactitud cada centímetro de realidad. Así que respeta esta voluntad superior que hoy nos arranca del más cálido de los abrazos, aunque no queramos.

El pasado actúa como navaja roma, notas la presión, pero cuando llega el momento de derrumbarse, lo acoges simplemente con una sonrisa en los labios y el corazón roto. Y es que la sangre de estas manos no se limpia, igual que los recuerdos no indultan nuestra pena.

Perdona si en algún momento quise tocar la Luna y quedarme en ella teniendo al Sol a mi lado. Sobran palabras y hechos no tengo, deja que parta por si un día puedo volver a ser lo suficientemente bueno como para volver. Qué decir, (lo) Siento.

Léon Spilliaert – Autorretrato ante el espejo (1908).

 
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Publicado por en 27 marzo, 2019 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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Hubo que decir que no

Hubo que decir que no en el mismo instante en que el cabaret de cuatro paredes en el que nos habíamos visto tan (des)envueltos se desvistió de alegría para tornarse en un cadáver sin rumbo que era incapaz de dar una respuesta a tanto silencio incómodo.

Hubo que decir que no por la salud mental, por el corazón impaciente, convaleciente y hastiado. Las palabras, los gestos, ausentes cedieron su trono al olvido, sin resentimiento, pero también sin ganas. Diluido todo en un pérfido juego del gato y el ratón en el que la oportunidad perdida devora a ambos protagonistas.

Hubo que decir que no, sin prisa, con el desgaste de un calendario que día a día entregaba una lápida más que amontonar sobre la ilusión y el tedio a partes iguales. Esperando o desesperando, dos caras de una misma moneda oxidada, tornando este bloqueo emocional en ganas de perturbar tu corazón helado al ritmo de la noche.

Hubo que decir que no, sin arrepentimiento, ni como un órdago a lo impensable, que por creer serlo, se presentó con vino y flores a las puertas de nuestra mesa reservada. Persistieron las ganas, desnudas de entusiasmo, quedó el cielo como meta y el Tajo como límite en el que ahogar lo tóxico de la impaciencia.

Este hueco que quedó se inunda, día a día, litro a litro, el silencio que regalaste es un motivo más para poner en cuarentena tu tacto deliciosamente despreocupado y sutil. Corazón, unas veces se dice adiós, otras simplemente no hace falta.

Edvard Munch – Melancolía (1894 – 1896).

 
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Publicado por en 5 diciembre, 2018 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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Ebullición bajo cero

Sí, se acabó, caretas fuera y ya mismo sentimientos bajo cero. El amor se crispó en pleno acto de exaltación y no quedará absolutamente nada de él cuando llegue el alba. Íntimos y desconcertantes fueron esos momentos perdidos de dualidad y deseo compartido, y al mismo tiempo como una farsa que se representa con la única intención de caer y desbordarse en lo absurdo.

¿Qué pasó?, creo que aquí se regala silencio para de forma inútil acallar el ruido hecho por el portazo que dejó tras de sí la oportunidad perdida. Y en el fondo no hay que temer, no hay reproches, ni rostros torcidos por la sorpresa o el ácido trago atravesado que apuñala la garganta con certera indiferencia. Sólo queda ese vacío encantador que todavía es capaz de seducir con su presencia ausente.

Un vago recuerdo no calma al monstruo alimentado durante este tiempo, y aunque hace tanto que el corazón no se inmuta, cuesta creer que pueda mantenerse indiferente a esta simple y vulgar decadencia. Y al final ahí estará la incertidumbre, siempre tan hábil en desnudar cada centímetro de paciencia, como recordatorio de lo imposible.

Ahora en la noche, los segundos son ese peso acumulado que discurre entre un último vistazo al pasado y esas rendijas de luz que (quizá) se adivinan más adelante. No hay bofetada que duela y a la larga calme más que la de la sinceridad, y toca ponerla ya en escena con ese guión que hace acabar la historia en una incómoda penumbra de decepción.

Si vas ahora a levantar un muro entre ambos, al menos que mi parte dé de cara al Infierno, por si tengo la más mínima tentación de hacer memoria de por qué hemos llegado hasta aquí. Empañado y opaco ha quedado el paisaje, y es que por muy cómplice que fuese al inicio, ahora no es más que un deambular directo y precipitado a la insignificancia.

Toca perder y toca olvidar, y ambas cosas proporcionarán el antídoto ansiado, es tan fácil como añadir unas gotas de insensibilidad a esa desatada poción de erróneo latir. Y si algún día vuelves a verme, no sentirás nada más que frío bajo tu piel y calma en la sangre que hace tan poco tiempo decía estar en ebullición. El corazón dijo NO, y yo le aplaudo (irónicamente).

Edvard Munch – Separación (1896).

La ausencia es al amor lo que el viento es al fuego; apaga el pequeño, enciende el grande.

Roger de Rabutin.

 
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Publicado por en 24 enero, 2018 en Arte, Mis Relatos

 

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Edvard Munch

Løten (Noruega 🇳🇴), 12 de Diciembre de 1863 – Ekely (Noruega 🇳🇴), 23 de Enero de 1944.

Edvard Munch, sin duda el pintor noruego más famoso de todos los tiempos. Un artista completo que decía que su pintura se basaba en la disección de las almas. Fueron muy famosas sus evocativas obras sobre la angustia que produjeron una gran influencia principalmente en los pintores del expresionismo alemán a principios del Siglo XX. Sentimientos, muerte y erotismo fueron algunos de los temas recurrentes a lo largo de su carrera pictórica.

Paisaje en Maridalen

Paisaje en Maridalen (1881).

En la mesa de café

En la mesa de café (1883).

Retrato del pintor Jense Hjell

Retrato del pintor Jense Hjell (1885).

Retrato del escritor Hans Jaeger

Retrato del escrito Hans Jaeger (1889).

El Sena en Saint-Cloud

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El Sena en Saint-Cloud (1890).

Calle Lafayette

Calle Lafayette (1891).

De noche en la Calle Karl Johan

De noche en la Calle Karl Johan (1892).

Desesperación

Desesperación (1892).

El misterio de una noche de verano

El misterio de una noche de verano (1892).

La mesa de ruleta en Montecarlo

La mesa de ruleta en Montecarlo (1892).

Retrato de August Strindberg

Retrato de August Strindberg (1892).

El Grito

El grito (1893).

Noche estrellada

Noche estrellada (1893).

Tormenta

Tormenta (1893).

Ansiedad

Ansiedad (1894).

Cenizas

Cenizas (1894).

Madonna

Madonna (1894).

Ojo en ojo

Ojo en ojo (1894).

Autorretrato con brazo esquelético

Autorretrato con brazo esquelético (1895).

Muerte en el cuarto de los enfermos

Muerte en el cuarto de los enfermos (1895).

Amor y dolor, Vampiro

Amor y dolor, Vampiro (1895).

La niña enferma

La niña enferma (1896).

Paris desnuda

Paris desnuda (1896).

Separación

Separación (1896).

El beso

El beso (1897).

Rojo y blanco

Rojo y blanco (1899 – 1900).

Gólgota

Gólgota (1900).

Humo del tren

Humo del tren (1900).

Noche blanca

Noche blanca (1901).

Fertilidad II

Fertilidad II (1902).

Mujeres en el puente

Mujeres en el puente (1902).

Autorretrato en el Infierno

Autorretrato en el Infierno (1903).

Los cuatro hijos del Doctor Linde

Los cuatro hijos del Doctor Linde (1903).

Orilla con casa roja

Orilla con casa roja (1904).

Autorretrato con una botella de vino

Autorretrato con una botella de vino (1906).

Celos

Celos (1907).

Muerte de Marat I

Muerte de Marat I (1907).

Trabajador y niña

Trabajador y niña (1908).

Retrato del Profesor Daniel Jacobson

Retrato del Profesor Daniel Jacobson (1909).

El asesino

El asesino (1910).

Sol

Sol (1910 – 1911).

Caballo galopando

Caballo galopando (1910 – 1912).

Historia

Historia (1911 – 1916).

El tronco amarillo

El tronco amarillo (1912).

En el sofá

En el sofá (1913).

Desnudo lloroso

Desnudo lloroso (1913 – 1914).

Trabajadores volviendo a casa

Trabajadores volviendo a casa (1913 – 1914).

Hacia el bosque II

Hacia el bosque II (1915).

El labrador

El labrador (1917).

Adán y Eva

Adán y Eva (1918).

Hombre bañándose

Hombre bañándose (1918).

La onda

La onda (1921).

la-noche-estrellada

La noche estrellada (1922 – 1924).

Árboles viejos

Árboles viejos (1923 – 1925).

Modelo en el diván

Modelo en el diván (1924 – 1928).

La boda de los bohemios

La boda de los bohemios (1925).

Autorretrato entre reloj y cama

Autorretrato entre reloj y cama (1940).

 
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Publicado por en 8 octubre, 2014 en Arte, Cultura

 

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Belle Époque Europea

Las últimas décadas del Siglo XIX y las primeras del Siglo XX constituyeron en Europa un período de características culturales muy determinadas que se conoce generalmente con el nombre francés de Belle Époque (Época Bella). Término de difícil traducción, pues no se trataba de una época bella, ni amable, ni elegante o placentera, aunque sí un poco de todo, urbana, un tanto frívola, pero, en especial, elegante a su manera.

Esta designación respondía en parte a una realidad recién descubierta que imponía nuevos valores a las sociedades europeas (expansión del imperialismo, fomento del capitalismo, enorme fe en la ciencia y el progreso como benefactores de la humanidad); también describe una época en que las transformaciones económicas y culturales que generaba la tecnología influían en todas las capas de la población (desde la aristocracia hasta el proletariado), y también este nombre responde en parte a una visión nostálgica que tendía a embellecer el pasado europeo anterior a 1914 como un paraíso perdido tras el salvaje trauma de la Primera Guerra Mundial.

El periodo comienza aproximadamente entre el año 1860 y 1870, una década de importantes acontecimientos, al parecer estrictamente políticos: en el sur, el movimiento “La Joven Italia”, dirigido por Garibaldi (1807 – 1882) inicia con su marcha de las Mil Camisas Rojas el proceso de unificación de Italia con el rey Víctor Manuel II y en Francia tras un memorable reinado de Napoleón III y su trágica derrota en la guerra franco prusiana, en el año 1870, se legaliza la expansión de Reino de Prusia y el nacimiento de la Alemania moderna. El periodo durará hasta la movilización general de la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918).

Mientras dura este mundo elegante, un tanto artificial y refinado, las artes todas, literatura, poesía, teatro, pintura, escultura, encontraron un suelo fértil y, con nuevas expresiones, recibían gran atención en la vida social de la burguesía.

En pintura cabe destacar la aparición durante dichos años de muy variados movimientos pictóricos: Impresionismo (incluido el Puntillismo), Prerrafaelismo, Modernismo (Art Noveau en Bélgica y Francia), Simbolismo, Fauvismo, Expresionismo, Cubismo (en sus orígenes), etc.

Galería de pinturas características de la Belle Époque.

Durante esta época, el modernismo se extendió de manera muy profusa en las artes gráficas, tanto en la ilustración de libros y revistas (incluyendo la encuadernación, las cubiertas y los ex-libris) como en el cartelismo (carteles, pósteres o affiches publicitarios) y todo tipo de soportes: Postales, paneles decorativos, papel pintado, estampados textiles, etc; así como en el diseño de tipos de imprenta. Algunos ejemplos de carteles y pósteres de la época a continuación.

Galerías de pinturas de varios artistas cuya carrera pictórica discurrió en buena parte durante esta época:

Gustave Caillebotte 

Henri de Toulouse-Lautrec 

Alfons Maria Mucha  

John Maler Collier 

Sir Edward John Poynter 

Dante Gabriel Rossetti 

John William Waterhouse 

Pierre-Auguste Renoir 

Eugène Henri Paul Gauguin 

Paul Cézanne 

Oscar-Claude Monet 

Vincent William van Gogh 

Fuentes: Wikipedia, Belle Époque Europe, elaboración propia.

 
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Publicado por en 6 agosto, 2013 en Arte, Cultura

 

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El Grito

Obséquiame con un instante para repeler del corazón el caos de este dulce trastorno porque si con un grito pudiese disipar la niebla del infierno, te juro que lo haría sin dudar. Me siento extraño y perdido en la vorágine de un atardecer sangriento, por favor, ten piedad de un alma forzada al máximo y congelada en el tiempo, en un momento, en un Grito.

El Grito

Edvard Munch – El Grito (1893).

 
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Publicado por en 10 julio, 2012 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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