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Iglesias de Madrid: Parroquia de San Jerónimo el Real de Madrid

El antiguo Monasterio de San Jerónimo el Real, conocido popularmente como “Los Jerónimos”, fue uno de los monasterios más importantes de Madrid, regido originariamente por la Orden de San Jerónimo. Junto a él existía el llamado Cuarto Real, luego ampliado como Palacio del Buen Retiro en tiempos de Felipe IV.

Del primitivo edificio subsisten actualmente la iglesia propiamente dicha y un claustro renacentista, a espaldas del Museo del Prado. El claustro sufrió un progresivo deterioro a lo largo del Siglo XIX y tras un acuerdo con las autoridades eclesiásticas, fue recuperado e incorporado al Museo del Prado como parte de la ampliación diseñada por el arquitecto Rafael Moneo. Por su actual aspecto exterior, el claustro se conoce popularmente como “El cubo de Moneo”.

La iglesia y el convento estuvieron estrechamente ligados a la vida de la Corte y la monarquía española. El templo fue escenario frecuente de funerales, juras de herederos, bodas y proclamaciones regias, siendo la última de éstas la del rey Juan Carlos I. El claustro fue trazado por fray Lorenzo de San Nicolás, siguiendo los cánones de la arquitectura escurialense. Tras años de abandono durante los siglos XIX y XX, que lo habían llevado a un estado ruinoso, y tal y como se ha mencionado anteriormente, fue incorporado al Museo del Prado como parte de la ampliación diseñada por el arquitecto Rafael Moneo, para lo cual fue desmontado pieza a pieza y reconstruido en el mismo lugar.

Parroquia de San Jerónimo el Real.

Historia y edificio.

Si bien anteriormente Enrique IV de Castilla había ya mandado construir otro monasterio de jerónimos a orillas del Río Manzanares en 1463, y poco después, en 1470 había dotado a la congregación de prebendas y privilegio para recaudar impuestos, es algo después, a finales del Siglo XV, cuando los Reyes Católicos ordenan la construcción en Madrid de un monasterio de monjes jerónimos que sirviera de aposento a la Familia Real en sus estancias en la villa. Este monasterio de san Jerónimo se realizó en estilo gótico tardío con influencias renacentistas.

Del monasterio existente hablaba el Cardenal Cisneros en 1516 cuando escribía: “El monasterio de san Jerónimo extramuros de la villa de Madrid, como está aquí la corte la más del tiempo, siempre se aposentan allí las personas reales y otros muchos caballeros de la corte”.

En 1510 Fernando el Católico reúne Cortes en el templo y en 1528, en las Cortes de Castilla convocadas en Madrid en el monasterio de san Jerónimo por Carlos I, se declaró allí a Felipe de Habsburgo Príncipe de Asturias, y fue jurado como heredero y sucesor de los reinos de Castilla, una tradición que se mantendrá hasta la de Isabel II, en 1833.

En el Siglo XVI, Felipe II amplía el llamado Cuarto Real, unos aposentos destinados al alojamiento de los monarcas y que sería germen del futuro Palacio del Buen Retiro que crecería junto a San Jerónimo “el Real”. El Cuarto Real estaba junto al lado del Evangelio del presbiterio, de tal suerte que el rey podía escuchar misa desde su dormitorio, costumbre que también es patente en el diseño y distribución del Monasterio de El Escorial.

El monasterio y el palacio anexo vivieron su época de mayor esplendor durante el reinado de Felipe IV, que hizo del complejo el centro de la vida cortesana. En el templo tuvo lugar la jura como heredero de los reinos de Castilla del malogrado príncipe Baltasar Carlos de Austria.

Durante la invasión napoleónica de 1808 (Guerra de la Independencia), el monasterio y el Palacio del Buen Retiro quedaron gravemente dañados por el ejército invasor. Como consecuencia de esto y en afán de mantener lo que quedaba Fernando VII convierte el monasterio en cuartel de artillería. Años después, Francisco de Asís, consorte de Isabel II, ordena a Narciso Pascual y Colomer la restauración de la iglesia, fruto de la cual son las torres de su cabecera, que flanquean el ábside. El complejo palaciego del Buen Retiro corrió peor suerte: sufrió tales daños que se demolió, a excepción del Casón del Buen Retiro y el Salón de Reinos.

En 1878 se cedió el templo al arzobispado de Toledo (la diócesis de Madrid-Alcalá no se crearía hasta 1885), que emprendió nuevas reformas en las que el interior fue completamente remodelado, eliminándose las tribunas del Siglo XVI.

En San Jerónimo se celebró el enlace matrimonial entre el rey Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg el 31 de mayo de 1906. El 27 de Noviembre de 1975 el cardenal Vicente Enrique y Tarancón presidió la misa votiva del Espíritu Santo, en el comienzo del reinado de Juan Carlos I.

Nave central.

Altar Mayor.

Vidrieras.

Santísima Trinidad.

Retablo y artesonado.

A principios del actual Siglo XXI, y como consecuencia del acuerdo de cesión del claustro del monasterio al Museo del Prado, la iglesia fue totalmente restaurada, tanto interior como exteriormente. En el interior, se cambió la disposición del altar mayor, reponiendo La última comunión de san Jerónimo, cuadro de grandes dimensiones obra de Rafael Tejeo, en el ábside, y se colocó en el crucero el retablo neogótico obra de José Méndez. Se expusieron pinturas cedidas por el Prado, entre ellas, cuadros de Juan Andrés Ricci (San Benito bendiciendo el pan), Francisco Rizi (Adoración de los pastores, firmada y fechada en 1668), José Moreno (Huida a Egipto) o Antonio de Pereda. Durante las tareas de rehabilitación aparecieron pinturas murales del Siglo XVI y unos bajorrelieves, muy dañados, de estilo renacentista, en una de las capillas.

En cuanto al claustro, finales del Siglo XX, la iglesia y el vecino claustro contrastaban por su dispar estado de conservación. La escalinata del templo presentaba un buen aspecto, pero el edificio acusaba el paso del tiempo y todavía peor era la situación del claustro: sus muros perimetrales se habían desmoronado parcialmente, dejando al descubierto las columnas del interior, y la maleza crecía entre las ruinas. Una situación incomprensible para una de las zonas urbanas de Madrid más ilustres y más protegidas por la legislación.

Al barajarse la necesaria ampliación del vecino Museo del Prado, el Ministerio de Cultura desechó varias opciones y eligió como la más factible y menos traumática prolongar los espacios de la pinacoteca hacia los Jerónimos. Se recuperaba el solar del claustro, que quedaba conectado con la sede principal del museo de forma subterránea. Con esta intervención, el edificio principal del Prado (erigido en el Siglo XVIII por Juan de Villanueva) no sufría la más mínima alteración y la ampliación hacia los Jerónimos permitía cubrir el desnivel entre el Paseo del Prado y la calle de Ruiz de Alarcón.

Para la recuperación del claustro, se desmontaron una a una las piedras de sus dos pisos de galerías. Estos bloques fueron numerados y trasladados para su limpieza a las afueras de la ciudad. Paralelamente, el solar del claustro fue excavado y vaciado, quedando conectado subterráneamente con el nuevo atrio o recibidor pensado por Rafael Moneo a espaldas del edificio principal del Prado. Culminada la obra, el claustro mantiene su patio interior, con sus arcos y columnas originales, y recupera su volumen exterior en forma de cubo, a lo que debe su nombre popular. Se utilizó ladrillo rojo para las fachadas, a fin de que entonaran mejor con los edificios circundantes. Interiormente, el elemento más novedoso es un lucernario que atraviesa el edificio, desde el claustro hasta las plantas subterráneas dedicadas a exposiciones. Han merecido también elogios las puertas de bronce de Cristina Iglesias, que conectan el edificio del claustro con la calle de Ruiz de Alarcón.

Claustro de los Jerónimos en el Museo del Prado.

Fotografías realizadas por La Exuberancia de Hades (Mayo 2019).

Fuentes: Wikipedia, Parroquia de San Jerónimo el Real, elaboración propia.

 

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El Caso del Duende de Zaragoza

El 27 de Septiembre de 1934 se produjo uno de los fenómenos más extraños y conocidos en la España de principios del Siglo XX. Un supuesto duende o entidad invisible hablaba a través de una hornilla de carbón en una casa de la Calle Gascón de Gotor, Nº 2 de la capital aragonesa, Zaragoza (España).

Historia.

Todo comenzó a las seis y media de la mañana del mencionado 27 de Septiembre de 1934. En el 2º Derecha de la zaragozana Calle Gascón de Gotor, Nº 2, rompía el silencio durante unos minutos el resonar de unas “tremendas risotadas” que hicieron que se abriesen casi todas las puertas del inmueble. En dicho momento ninguno de los vecinos encontró explicación a dicha desagradable risa. Al día siguiente, se comentó el tema entre los vecinos, no sin cierta preocupación por si estaban siendo objeto de alguna desafortunada broma. En esa misma jornada, ya de noche, empezaron a escucharse una serie de golpes y extraños ruidos por la escalera de la casa. Dichos sonidos empezaron a repetirse de manera monótona y puntual a lo largo de las siguientes cuatro noches, casi siempre a la misma hora.

Pascuala Alcober (Alcocer según otras fuentes), criada de la familia de Antonio Palazón, propietarios del 2º Derecha, se convirtió a partir de entonces en una de las principales protagonistas de la extraña historia. En la mañana del 15 de Noviembre, Pascuala se acercó al fogón para preparar el desayuno de la familia cuando una voz resonó a su lado. No entendió lo que decía dicha voz, y sin más se lo comentó a Isabel, dueña de la casa, la cual no le dio más importancia. No obstante, al día siguiente y de nuevo sobre la misma hora, Pascuala escuchó un llamativo “¡Ay!”, seguido de “¡María…, ven!”. La criada aterrorizada fue a referir lo sucedido a Doña Isabel, y ambas acabaron saliendo del edificio presas del pánico.

En los siguientes días, todos los inquilinos del edificio refirieron escuchar cómo la voz que surgía de dicha hornilla hablaba una y otra vez. Tal fue la tensión y lo inexplicable de la situación que los vecinos acabaron denunciando el asunto a la policía, interponiendo la correspondiente denuncia. Un agente de policía se presentó entonces en el domicilio, desde un punto de vista escéptico y hasta burlón. El agente removió las brasas de la chimenea con el correspondiente gancho y ante el estupor del gentío presente, resonó una voz ronca desde el interior: “¡Ay, ay…, que me haces daño!”. El policía en ese momento cambió su escepticismo y marchó hacia la comisaría, dándose parte de lo ocurrido a la republicana Guardia de Asalto. Varios agentes de dicho cuerpo policial se presentaron en el edificio y realizaron un minucioso registro en el lugar de los hechos (con albañiles incluidos), no encontrándose nada que diese explicación a lo sucedido. No había bromista de por medio escondido y tampoco era fruto de interferencias de radio.

Durante cuatro días, 20 – 23 de Noviembre, se realizaron pesquisas infructuosas, no hallándose causa u origen de dichas voces. Puesto que la criada Pascuala Alcober era la única persona presente siempre que se manifestaba la extraña voz, se dijo que podría ejercer de “médium”, estando involucrada en el misterio. Esta explicación incluso llegó a oídos de psiquiatra Joaquín Gimeno Riera, el cual daba verosimilitud a dicha teoría: “Dudo de que no pueda tener el fenómeno una explicación racional. Me acuerdo perfectamente de que ha habido médiums, por lo general mujeres, que han llegado a realizar verdaderos portentos que todavía permanece inexplicados; pero no quiere decir, ni mucho menos, que yo califique de médium a esa muchacha sin haberla sometido antes a un detenido estudio”. Ventriloquia inconsciente, histeria, alucinaciones psicomotrices, hipersensibilidad; fueron otras de las teorías que el doctor Riera expuso como posible aclaración del caso.

Con el foco de los medios de comunicación puesto sobre los extraños sucesos del supuesto “duende”, hasta el gobernador civil de la época, Otero Mirelis, llegó a declarar que dicho caso era un problema de orden público, y que debía de acabarse con dicho asunto para evitar consecuencias lamentables. Lo cierto es que de estudiantes equipados con linternas y sábanas, se colaron en la casa y en el tejado de la misma se aparecieron a modo de fantasmas, fueron posteriormente multados por las autoridades.

Pascuala Alcober (28-11-1934).

Análisis e investigaciones.

Pascuala Alcober fue de nuevo objeto de un análisis por parte de dos forenses (Manuel Rost Mateo Ojer y Jaime Penella Murt). Tras el examen, expertos, juez, agentes y vecinos abandonaron el edificio, quedando prohibida su entrada al mismo a cualquier persona extraña. Justo cuando todo el mundo abandonaba la casa, una voz resonante exclamaba: “Adiós, adiós”. El Lunes 26 de Noviembre, el comisario Pérez Soto declaró a la prensa que la guardia se había retirado ya que no había vuelto a oírse la voz del supuesto duende desde que los propietarios abandonaran la casa el Sábado 24: “Es decir, que, una vez desalojado el piso, ha desaparecido el fenómeno”.

En el informe judicial, también publicado el 26 de Noviembre se descartaba a la criada como origen del fenómeno, y que no se habían descubierto fabulaciones, o tendencia a la mentira en Pascuala, no pudiéndose probar que fuese una histérica o médium, ya que pudo comprobarse en cierto momento que aun estando alejada de la cocina, la voz continuaba siendo escuchada.

Durante la noche del 28 de Noviembre, la extraña voz reapareció, esta vez en un tono distinto y más siniestro si cabe: “¡Ya estoy aquí, cobardes, cobardes. Voy a matar a todos los habitantes de esta maldita casa!”. La policía nuevamente fue avisada de este nuevo suceso, por lo tanto, el comisario ordenó que dos guardias quedaran a modo de vigilancia en la casa. Al crecer la fama del caso, un conocido vidente, Tomás Menés, acudió al domicilio pero por órdenes de la policía, se le prohibió la entrada a la cocina donde surgían las extrañas voces. Del caso se hizo eco incluso el The Times, que aludía en sus páginas al “irónico duende” y exponiendo lo siguiente en su edición del 27 de Noviembre de 1934: “Un irónico duende, que habla por la campana de una chimenea, tiene sobresaltados estos días a los habitantes de Zaragoza, los cuales se afanan de dar con la pista de la misteriosa voz. Un arquitecto y varios obreros han sido requeridos para trabajar sobre el terreno: han removido todo el piso e incluso han levantado el tejado, pero los trabajos han sido totalmente infructuosos. La policía trabaja activamente. No se ha podido impedir que grupos estacionados frente a la casa se destacasen varias personas y se lanzaran al techo, presas de gran alteración nerviosa, para buscar al duende. La policía se ha visto obligada a desalojar varias veces la puerta de la casa”.

Oficiales de la Guardia de Asalto realizando un registro en el lugar de los hechos.

Los periódicos de la época hicieron referencia al caso numerosas veces.

Cierre del caso.

A partir del Viernes 30 de Noviembre, el juez De Pablos, encargado del caso, se prestó a concluir el caso, por lo que se cortó toda comunicación al respecto con los medios informativos. El Lunes 3 de Diciembre el juez declaró y sentenció: “Las pruebas realizadas demuestran con absoluta claridad, que la voz es debida a un fenómeno psíquico, que únicamente se produce en determinadas circunstancias. En la cocina de la casa nos encontrábamos la muchacha de servicio, dos testigos y yo… La voz se dejó oír tantas veces como me lo propuse. Desde el punto de vista científico no puede ser más interesante y sugestivo, pues, aunque no es el primero que se produce, son muy contados los que registra la historia médica. Por ahora no puedo decir más. Las actuaciones practicadas serán archivadas hoy, por no haberse encontrado persona responsable de la falta. El misterioso suceso ha quedado totalmente aclarado”.

Otero Mirelis, gobernador civil, declaró: ” Con la habitación iluminada y a oscuras, el resultado fue satisfactorio… Todo lo que no sea conocer esto, es deseo de sacar las cosas de quicio y adoptar posiciones falsas que no quiero calificar”. El doctor Gimeno Riera por su parte afirmó: “Por fin, he oído la voz, si es que se puede llamar voz a un sonido apagado y que da cierta impresión de lejanía. Me ratifico en cuanto dije el primer día… Al punto al que han llegado las cosas, lo mejor que yo puedo hacer, es dar el asunto por terminado y callar. Mi posición en el asunto es peligrosa, puedo escudarme incluso tras el secreto profesional”.

La opinión pública pensó que la presión política que estaba recibiendo el caso dejaría sin validez las verdaderas investigaciones para resolver el misterioso fenómeno. La criada Pascuala Alcober fue trasladada al nuevo domicilio de Antonio Palazón, no obstante, el duende seguía hablando sin parar en dicha cocina. La marcha de los Palazón de la casa hizo que los vecinos del piso de arriba, los Grijalba, se trasladaran al domicilio del duende. El de cuatro años de los Grijalba también mantuvo conversaciones con el duende de la hornilla. En declaraciones suyas sesenta años después expone lo siguiente: ” Lo único que hacía era hablar y adivinar. Mi difunto padre una vez le preguntó: “¡Vamos, si tan listo eres, dime cuántos estamos aquí!”, la voz respondió: “¡Trece!”. “¡Bah!, te has equivocado, estamos doce”. “¡Trece, sois trece!”, porque era conciso. Fueron a contar y efectivamente, estábamos trece personas. En un principio dijimos que no…, pero no habíamos contado que había un niño de un mes en brazos”.

Edificio de la Calle Gascón de Gotor, Nº 2, durante los fenómenos paranormales sucedidos en el inmueble. Muchos curiosos se arremolinaban en el lugar de los hechos durante los días de manifestaciones del Duende.

Programa de Cuarto Milenio en donde se trata el caso del Duende de Zaragoza.

Temporada 1 Programa 19

Hoy, el moderno edificio que se levanta en la Calle Gascón de Gotor, Nº 2, lugar donde se dejó oír lo extraño, se conoce como Edificio Duende.

-¿Quién eres?

-No lo sé – responde el Duende.

-¿Por qué haces esto?

-No tengo la culpa.

-¿Quieres dinero?

-No.

-¿Eres hombre o mujer?

Pasan unos segundos y responde:

-Hombre. *Según otras fuentes el Duende responde aquí: (Nada. No soy hombre).

Fuentes: Cuarto Milenio, Guía de la España Misteriosa (Pedro Amorós), akizaragoza.com, elaboración propia.

 

 

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Iglesias de Madrid: Parroquia de Santa Cruz

La Iglesia de la Santa Cruz es un templo parroquial católico que se encuentra situado en la Calle Atocha Nº 6 de Madrid.

Historia.

Se encuentra situada en el solar en el que se encontraba el Convento de Santo Tomás de Aquino, de la Orden de los Dominicos, fundado en 1583 por fray Diego de Chaves, confesor de Felipe II y desamortizado en 1836. El arquitecto Juan Bautista de Toledo pidió en su testamento ser enterrado en el coro del convento, que albergaba asimismo las sepulturas de otros personajes notables.

En 1626 tomó el patronazgo del convento el Conde-Duque de Olivares y en 1635 se puso la primera piedra para una nueva iglesia, que se incendió en 1652, desapareciendo tanto el convento como la iglesia. Se reedifica en 1660, desplomándose el altar mayor en el año 1726 sepultando a más de ochenta personas, y sufriendo en 1756 otro incendio. Finalmente, en 1876 un nuevo incendio destruyó completamente el templo, que fue derribado. La fachada, de estilo churrigueresco, y el claustro, obra de Melchor de Bueras, eran obras maestras de la arquitectura barroca madrileña.

La iglesia actual se empezó a construir en 1889 bajo la dirección de Francisco de Cubas, ayudado por Miguel de Olavarría, debiendo paralizarse la construcción por falta de recursos económicos. Las obras se retomaron en 1899 con ayuda de una suscripción popular. La obra se concluyó en 1902.

Parroquia de Santa Cruz.

Nave central y Altar Mayor.

Crucero.

Edificio.

El templo actual es de estilo neogótico en ladrillo y piedra blanca de Colmenar. La fachada principal presenta un arco apuntado, coronado por un frontón triangular en el que remata una cruz. La zona central de la portada muestra un relieve de Aniceto Marinas con la Apoteosis de la Cruz. Por encima de este pórtico, un gran rosetón y sobre él un gran reloj. Consta de una sola nave con ocho capillas laterales.

La Torre, mide 60 metros de altura, es obra del Marques de Cubas: De grandes dimensiones y sólida construcción, parece tener un doble carácter civil y religioso, o mas bien guerrero, de una torre militar guarnecida por cornisa en forma de matacán, según el proyecto primitivo ha de estar rematada con una espadaña en forma de flecha, que medirá 30 metros de altura, coronada con una gran cruz.

Altar Mayor.

En su interior destaca la pintura de la Virgen de la Cinta, patrona de la ciudad de Huelva. En este templo tiene su sede canónica una hermandad filial de la onubense. Los altares laterales, el púlpito y confesonarios, también de estilo gótico, fueron construidos en los talleres de Suárez, Gómez y Flosado. El Altar Mayor fue una donación anónima. Toda la cerrajería fue construida por el Sr. Vallejo, y todas las vidrieras fueron realizadas en los talleres de José Maumejean de Madrid, con boceto de Mélida, Tienen fecha de 1901.

Desde la construcción del templo en 1902, queda establecida en el inmueble la Archicofradía del Santo Entierro de Madrid, una de las más antiguas de la ciudad (creada en el año 1412). Asimismo, desde finales de los años 1950 está establecida la cofradía de María Santísima de Araceli de Madrid, filial de la Real Archicofradía de María Santísima de Araceli de Lucena (Córdoba).

Capilla del Santísimo.

Nuestra Señora de las Nieves.

Fotografías realizadas por La Exuberancia de Hades (Junio – Julio 2019).

Fuentes: Wikipedia, Parroquia de Santa Cruz, elaboración propia.

 
 

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Iglesias de Madrid: Real Parroquia de Santiago y San Juan Bautista

Situada en la Plaza de Santiago de Madrid, la Real Parroquia de Santiago y San Juan Bautista se encuentra entre las calles de Santiago y Santa Clara, muy cerca del Palacio Real. El edificio actual data del Siglo XIX y fue proyectado por el arquitecto Juan Antonio Cuervo para unir dos parroquias con sus derribados durante el reinado de José Bonaparte. El enclave se corresponde con el viejo barrio medieval de Santiago que desapareció tras la Guerra de la Independencia. El nombre de Santiago se aplica a este barrio por el hecho de que Alfonso VI reúne, junto a la antigua muralla, a los caballeros de la Orden de Santiago que van a ayudarle a conquistar Toledo.

Portada con el relieve rectangular de Santiago en la Batalla de Clavijo.

Real Parroquia de Santiago y San Juan Bautista.

Historia y edificio.

Juan Antonio Cuervo, colaborador de Ventura Rodríguez, fue el arquitecto responsable del nuevo templo. El año 1811 proyectó la obra en austero estilo Neoclásico, construido en ladrillo y granito, materiales tradicionales de la arquitectura madrileña, con una gran cúpula central sin tambor. La fachada, muy plana, se anima por pilastras de orden toscano y un friso de triglifos con una cornisa muy saliente; el cuerpo superior presenta un ventanal en arco que ilumina el coro y se trasdosa en el remate.

El ingreso se enmarca por una sencilla portada arquitrabada, rematada por una cornisa apoyada en dos ménsulas. Por encima de la cornisa existe un relieve rectangular representando a Santiago en la batalla de Clavijo. El templo tiene planta de cruz griega irregular, con un gran espacio central coronado por una cúpula sin tambor y linterna superior. El presbiterio es semicircular y los distintos espacios se dividen por sencillas pilastras de orden jónico. La planta en cruz griega, se caracteriza por tener la nave y el crucero o transepto la misma medida y cruzarse a la mitad de su longitud. Es típica de la arquitectura bizantina, y fue retomada en Italia durante el Renacimiento por arquitectos de la categoría de Bruneleschi, los hermanos Sangallo, Bramante y Miguel Ángel.

Destaca en el altar mayor la pintura de Francisco Ricci, que presidía la iglesia anterior, representando al apóstol Santiago a caballo combatiendo en la Batalla de Clavijo (844 d. C.) contra los enemigos de la fe, en la que se percibe influjo de Rubens. Entre las columnas del retablo se situaron esculturas de los cuatro Padres de la Iglesia: San Agustín (356 – 430), obispo de Hipona y fundador de los agustinos; San Jerónimo (347 – 420), fundador de los jerónimos y traductor de la Biblia al latín; San Gregorio I Magno (540 – 604), creador del Canto Gregoriano; y San Ambrosio (340 – 397), arzobispo de Milán que ayudó a la conversión de San Agustín.

Altar Mayor.

Cúpula y lámpara isabelina.

Otras interesantes imágenes se exhiben en altares menores por toda la iglesia. Descuella un magnífico Bautismo de Cristo, gran cuadro de Juan Carreño de Miranda, situado a mano derecha del altar mayor, que puede ser identificado como el que describe Ponz en un colateral de la parroquia de san Juan Bautista. Es interesante también un San Juan niño, bella escultura barroca de escuela andaluza, atribuida a Pedro Roldán. Una Virgen de la Esperanza, de Francisco Bellver, con un gracioso trono de ángeles, una imagen de la beata Mariana de Jesús (que fue bautizada en la antigua parroquia de Santiago), del Siglo XVIII, un San Juan Nepomuceno, y una Virgen del Carmen, barroca, completan una valiosa colección escultórica.

En lo alto de los machones de la cúpula se contemplan varios cuadros, obras neoclásicas de Mariano Salvador Maella y Francisco Bayeu. La propia media naranja de la cúpula y las pechinas aparecen decoradas por interesantes frescos del Siglo XIX. Por último, es reseñable la gran lámpara isabelina que preside el espacio central del templo.

Nuestra Señora del Carmen.

Nuestra Señora de los Dolores.

Beata Mariana de Jesús.

Fotografías realizadas por La Exuberancia de Hades (Mayo – Noviembre 2019).

Fuentes: Wikipedia, Real Parroquia de Santiago y San Juan Bautista, elaboración propia.

 
 

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Mi Instagram 2019

Un nuevo año fotográfico en el que he descubierto multitud de lugares nuevos y a la vez he visitado otros que aunque ya vistos, nunca dejan de sorprender y maravillar al mismo tiempo. También, y no menos importante, la importante carga simbólica de algunas de las fotografías que he elegido para la selección personal.

Más votadas (Enlace).

Selección personal (Enlace).

Mi Instagram: Hades_Exuberante

 

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Iglesias de Madrid: Convento Iglesia de las Carboneras del Corpus Christi

Convento administrado por la orden de monjas jerónimas, y situado en la Plaza del Conde de Miranda, con fachada a la del Cordón. Su curioso nombre de Carboneras se debe a un legendario cuadro de la Virgen Inmaculada que fue encontrado en una carbonera y donado al convento.

Según la leyenda, unos niños jugaban por la calle que desemboca hoy en la plaza del Conde de Miranda (Austrias), arrastrando un lienzo pintado, que uno de ellos había sacado de los oscuros sótanos de la carbonería de su padre. Según parece, los mozos no se habían percatado de la pintura que cubría una de las caras del recio lienzo. Pero dio la casualidad que pasó por aquel lugar un religioso franciscano, llamado José Canalejas, del convento de San Gil, que se fijó en el cuadro y descubrió en él pintado el rostro de María. Se enteró de la procedencia del lienzo y lo recogió para promover su veneración entre las personas que transitaban por el lugar. El lienzo fue llevado en procesión al convento más próximo, que era el del Corpus Christi. Este hecho está registrado en torno al 11 de Junio de 1667. Aquella Virgen fue desde el primer momento conocida como La Carbonera, y carboneras fueron las monjas y el convento.

Entrada y portada barroca.

Historia.

Fue fundado por la conocida condesa Beatriz Ramírez de Mendoza (1554 – 1626). Con el permiso de Felipe III, el 20 de Septiembre de 1605, el Cardenal de Toledo concedió a la condesa Beatriz Ramírez de Mendoza la licencia para la creación de un nuevo convento, compuesto por varias monjas procedentes del convento de la Concepción Jerónima, y que comenzaría a funcionar con el hábito y la regla de San Agustín. Está clasificado como Bien de Interés Cultural desde 1981.

Nave central.

Altar mayor.

Miguel Soria fue el arquitecto del edificio, siendo este uno de los pocos que se conservan intactos en Madrid tras más de cuatro siglos. Exteriormente sólo llama la atención su portada barroca con dintel, ya que el edificio carece de torres, campanarios u otros elementos. En el interior nos encontramos únicamente con una planta coronada por una bóveda de medio cañón. El retablo mayor es obra del escultor barroco Antón de Morales, en su zona central se ubica un lienzo de la Última Cena de Vicente Carducho.

Son célebres los extraordinarios dulces que venden las monjas de clausura como sustento. En este lugar también se cuenta la leyenda de cuando una monja fallecía se colocaba una calavera y un paño negro en su lugar del comedor, tras servir la ración correspondiente y al no ser devorada por la calavera, como es natural, dicha ración era dada a continuación a un mendigo que estuviese en la calle.

Retablo de San Antonio de Padua.

Retablo de la Virgen de las Tribulaciones.

Retablo y cuadro de la célebre Virgen Inmaculada “Carbonera”.

Cristo Crucificado.

Fotografías realizadas por La Exuberancia de Hades (Julio – Noviembre 2019).

Fuentes: Wikipedia, Esmadrid, elaboración propia.

 
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Publicado por en 27 noviembre, 2019 en Arte, Cultura, Historia, Mis Fotografías

 

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Iglesias de Madrid: San Nicolás de Bari de los Servitas

La Iglesia de San Nicolás de Bari o Los Servitas, en Madrid (España), es la iglesia más antigua de la ciudad, situado entre la calle y la plaza de San Nicolás, y la plaza del Biombo. En el Siglo XXI es parroquia de la comunidad italiana en la capital de España

Historia.

Nombrada en el Fuero de Madrid de 1202 como una de las parroquias de la ciudad. Actualmente es una de las iglesias más antiguas de Madrid, tras el derribo de la Iglesia de Santa María de la Almudena, título que disputa con la Ermita de Santa María la Antigua. Los restos arqueológicos conservados y su situación hacen pensar que pudo ser una mezquita musulmana. Lo más probable es que su construcción date del Siglo XII, puesto que su torre, declarada monumento nacional en 1931 y situada al sur del edificio, tiene todas las características de ser un campanario mudéjar de aquella época. La nave y capillas fueron reformadas en el Siglo XVII.

En la restauración del año 1805, la Iglesia de San Nicolás perdió el rango de parroquia en favor de la vecina de El Salvador por lo que el edificio quedó abandonado hasta que en 1825 fue cedido a la congregación de la Orden Tercera de Servitas, quienes restauraron y acondicionaron el templo. En 1842 debido a la demolición de la parroquia de El Salvador, retornó la parroquialidad a San Nicolás, pero en el año 1891 se volvió a trasladar a la que había sido iglesia del Hospital de Antón Martín en la Calle Atocha, hoy parroquia de El Salvador y San Nicolás, quedando el viejo edificio como Iglesia de San Nicolás de los Servitas, nombre con el que en la actualidad se la conoce.

A finales del Siglo XX se han ejecutado intervenciones destacadas, siendo la principal la realizada en 1983. En algunas de estas intervenciones se realizó la sustitución de la piedra, que debía de estar muy deteriorada, en la zona del ábside, en donde se aprecian acabados distintos a la piedra original. Esta torre corresponde posiblemente a uno de los minaretes árabes que tuvo la Villa de Madrid. La torre fue transformada en el Siglo XIV, cuando se cambió la cubierta, que posteriormente fue sustituida por el chapitel.

Iglesia de San Nicolás de Bari de los Servitas. *A la derecha el cimborrio y la torre mudéjar.

Portada barroca hecha en granito.

Nave central.

Altar mayor.

Armazón mudéjar de madera del techo.

Edificio.

Levantada sobre una planta de tres naves, tiene un ábside del Siglo XV. Así mismo destaca la bella armadura mudéjar que cubre la nave central y la bóveda gótica del ábside. El elemento más interesante de este templo es, sin duda, su torre, que data del Siglo XII, excepto el típico chapitel de estilo herreriano que la remata, realizado en pizarra durante el Siglo XVIII.

Imagen de San Nicolás de Bari.

Cristo Crucificado.

En esta iglesia fue enterrado en 1597 Juan de Herrera (1530 – 1597), considerado uno de los máximos exponentes de la arquitectura renacentista hispana. Su obra más importante es el mundialmente conocido Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Como dato curioso cabe señalar que en el exterior de la iglesia, y más en concreto, en la zona del ábside, destaca la reutilización de una lápida sepulcral o conmemorativa con inscripción perfectamente visible. Su datación es probable que sea de finales del Siglo XV y perteneciente a una persona lo suficientemente adinerada como para poder disponer en su tumba de un epitafio que lo recuerde

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Inscripción de una lápida en la zona exterior del ábside.

Fotografías realizadas por La Exuberancia de Hades (Julio 2019).

San Pedro el Viejo.

Fuentes: Wikipedia, Arte en Madrid, elaboración propia.

 
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Publicado por en 23 octubre, 2019 en Arte, Cultura, Historia, Mis Fotografías

 

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