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Trató de devolver su corazón a la vida

En páramos secos y pérfidas áreas de olvido, debate la soledad sobre el método más acertado de cercenar las esperanzas, siempre por supuesto a medio camino entre dialéctica vacía y recargada inspiración. Constantemente buscando el hueco por el que enviar la flor acertada que llegue hasta ella, la carta anónima por debajo de la puerta que haga estremecer.

Porque el tiempo se divide entre lo compartido y el tedio hasta volver a enterrar la espera entre sus brazos. Ciertamente es un crimen no guardar todos estos tesoros bajo llave y aunque vivir de recuerdos es una manera de revivir, llega un momento en el que los sentimientos se licuan y se deslizan como hiedra salvaje por ese muro impertérrito que se propuso separarnos.

No hay elixires de felicidad extrema, ni cenizas que se recompongan en lo que se ha perdido. Si el destino está entre las manos, ¿por qué tantas ansias por escapar? Ícaro ya demostró la gravedad de querer acercarse al Sol. Y es que la luz perpetua es una penitencia, porque en el fondo es preferible descubrir las imperfecciones en total oscuridad a cegarse de brillantez.

Sin más invenciones ni exquisitos despropósitos, la noche se hizo fuerte entre muebles viejos y recuerdos carcomidos, cada vez más presos tanto de la amnesia como del polvo. Revivir en paisajes desolados es por tanto un acto de misericordia que las tinieblas tienen a bien de degustar sin alardes, tan sólo sosteniendo un viejo cráneo entre las manos: Ser (por fin) o no ser, el uno para el otro.

Cerrando los ojos, escuchando el ulular del viento, estremeciéndose con la corriente que revoluciona las pesadas cortinas, la (fría) cena ya está servida para comensales de espectral naturaleza. Así es como la belleza se filtra en los huesos, con elegante penumbra y cadavérica quietud, alzando y hundiendo los brazos en la furiosa tormenta que se ha de desatar.

Finalmente la historia cuenta que trató de devolver su corazón a la vida de noche, cuando las poesías cobran más sentido, siempre de negras galas e impía voluntad. Cuando las tormentas insuflan vida a carne entumecida y mente congelada en tiempos marchitos destinados a florecer (en otoño) por fin. Ella, mis tinieblas favoritas.

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Publicado por en 13 septiembre, 2017 en Mis Relatos

 

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De negro y rojo

De nuevos propósitos se alimenta la esperanza, de esbozos con letra luminosa en los que plasmar pensamientos trágicos y grandilocuentes. Negro y hueco es ya la esquina en donde guardamos el corazón para no volver a acordarnos de él hasta el día que falte y la conciencia se despedace en miles de fragmentos hirientes como cristales rotos.

De negro y rojo son estas cicatrices despertadas a mayor gloria de la tragedia, tan vívida allí en mitad de la oscuridad donde necesitaríamos un guía para no hacernos uno con el soplo plomizo de la nada que tanto y tan bien susurra en aquellos oídos que desean ser salvados por un refugio que promete condenación tras el rescate.

Tanto miedo para en definitiva ser hoy víctimas de nuestra propia cobardía, tantas maquinaciones hacia horizontes anexos que no te diste cuenta de que tu palacio ya se iba desmoronando entre el peso del tiempo perdido y una insoportable falta de madurez regada en embriagadora autocompasión.

Si esto va de colores y sentimientos, elijamos el negro para no ver que más allá de la máscara de perfección se esconden pedazos de insensata penuria. No pequemos de ingenuidad, no caigamos en el desagravio de un recuerdo distorsionado por el tiempo y la distancia que nos alejan de esa cordura tan impuesta por la cordialidad.

Porque mientras la hiedra comienza a envolver con su frío abrazo el mármol desnudo de una tumba abandonada, nuestra integridad se resquebraja como hielo de glaciar, somos pues antiguos recuerdos congelados en un momento preciso del tiempo en el que toda la sangre parecía fluir hasta el corazón.

 
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Publicado por en 17 agosto, 2017 en Mis Relatos

 

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Tenebris

Es oscuridad lo que traspasa tu ventana, lo que incide en tu núcleo del dolor y derrama después las lágrimas que creías olvidadas. Todo cae, el suelo se profana con los huesos de los ángeles del Apocalipsis, negros como el carbón que mantiene encendido el fuego del infierno.

Y es que somos paisajes desolados en universos de silencio y quietud, reclamos para una espesura que fluye a paso lento. Quedan rincones olvidados en los que descansar los ojos de tanta nada, cargando pesadamente sobre los párpados los recuerdos de un pasado ignoto.

Callamos puesto que no hay nada que decir, y si el ánimo de los labios es el de dibujar un susurro en el viento helado, que pase desapercibido como una estrella negra en mitad del vacío, como espectros en noches de Morfeo.

Estamos decididos a ser algo en la nada, a traspasar tanto silencio, aunque los dioses ya hayan caído sobre esta tundra de cenizas que cubren el atrio de la misericordia. Cuando lo negro baña todo, no hay color, ni estímulo que vibre más en estos páramos.

Desgarbados, retorcidos, entre ruinas miserables de épocas doradas al gusto de la vanidad, marchita y sin color. El cataclismo mide la conciencia allí donde ser perdió y nunca tuvo el ánimo de volver a ser encontrada. Desaparecimos sin querer.

No hay precipicio porque más bajo ya no se puede caer, nada se oculta bajo los pies más que promesas a medio camino y recuerdos que se desnudan entre miradas. Sin amargura, sin sabor, discernimos el precio de ser dioses olvidados a los que nadie reza ya.

Nos quedan estas ruinas de silencio que están hechas para ser amadas, porque a pesar de que vaciamos el corazón hace mucho tiempo, todavía guardamos la posibilidad de llenarlo aquí. Porque podemos, porque queremos, porque no hay más remedio.

Yaroslav Gerzhedovich – The Fallen King.

 
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Publicado por en 20 julio, 2017 en Mis Relatos

 

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Madrugada

Cuando la magia se hace noche, el espacio que nos separa se estrecha, pero el infierno que nos une acrecienta las ganas de buscar una salida entre tantos recuerdos en blanco y negro. Sin más voluntad que la de entregar una semilla muerta a los albores del amanecer, encontramos las palabras precisas para hacer de este final un retazo de correcta nada con el que disuadir todo ánimo y esperanza.

La pesadilla más acertada es esa en la que te desintegras con el viento como montículo de arena, a merced de deseos insatisfechos y caricias repentinas. Todo por un fuego que no logró prender y unos labios que no dejaron de sangrar; ahora percibe mi holocausto, de esqueléticos sentimientos y fantasías incompletas que tanto. Estamos tan cerca del abismo que ya percibimos la sensación de vértigo que nos vuelca hacia la nada.

Como una arrolladora masa negra, la noche se desparrama sobre nosotros, sobrecargando nuestras ansias de perpetuar el pecado que se refleja en nuestras miradas. Corre porque ya está aquí, la desalmada incertidumbre que cubre de miseria y desengaño todos los intentos por visualizar un despertar lejos de todo este terror. Solamente habrá desaliento más allá de estos fantasmas que cercenan nuestros ríos de lágrimas.

Así es como nos deleitamos de Hades, con llamas en los ojos veneno en las caricias, con en los labios y pechos vacíos de corazón. Decrépitos como tumbas olvidadas, entre ruinas y despojos arrancamos de las estrellas las postreras fuerzas con las que desgarrar con precisión el excelso romanticismo que nos catapultó hasta aquí. Porque el ayer siempre deja un regusto amargo al arrancar un pétalo más a esta flor semidesnuda.

Guíame a través de la oscuridad, mano a mano, para creer en algo más que en este decadente camino de hojas secas y marchitos bosques. Ya está hecho, envueltos en el plumaje de Altair, ocultos de lo oculto para no volver a ver la luz que desangra este epílogo y vuelca al viento todas las hojas que hemos escrito a dúo. Cierra los ojos y aprieta los dientes porque ya llega un punto y aparte y estamos listos para romper una nueva madrugada.

 
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Publicado por en 21 junio, 2017 en Mis Relatos

 

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Rosas fantasma

Bien que recuerdas las palabras de un salvador que nunca se dignó a llevar hacia ti su brazo de auxilio. Sabes que no queda más que el hueco vacío de la esperanza, presto a inundarse de frustración. La mente se trastoca, se difumina la concentración y la rabia crece como flores en primavera cargadas de un polen hiriente que también hace llorar.

Tantos papeles revueltos por el suelo, tantas palabras diseminadas por las cuatro paredes que albergan tus desvaríos; la locura es amante fiel pero a la vez dispersa, navegando entre ansia e imaginación a partes iguales. Se alimenta del miedo de tus noches de oscuridad profunda y de esos adiós que acarician los labios con su toque arrebatador.

Exquisito.

Se vuelca y tuerce tu pecho sobre ese sofá desgastado de pesares y no es que ahora estés tocando el suelo, si no que elevaste el corazón a la altura de tus expectativas y ya no hay tejado que esté a tu nivel de exigencia. Ícaro, es la envidia la que ha te ha alzado hasta el Sol, es el veneno de su recuerdo lo que te impulsa hasta arder.

Escapa de ti, desangra lo que un día fue su amor y así liberar la luz de las tinieblas. La opresión de todas esas hojas secas sobre tu cuerpo, el ahogo de su aliento en noches de Luna nueva, las sonrisas cínicas reflejadas en el espejo como flashes de espectros encadenados a tu destino, perpetuamente condenados a repetirse en tus pesadillas.

Aterrador.

Amando lo que amas es fácil perderse en paisajes desolados sin vuelta atrás ni miradas amigas que marquen el sendero a recorrer directo al túmulo de su memoria. Maldito sea el resentimiento que hierve con llama azul en tu interior, tanto es así, que hasta la sangre se hace espeso magma por el que fluye tu sentir hasta la nada.

Busca la calma tras el caos, que la tormenta amaine en el corazón y el airé frío inunde tus pulmones con su caricia áspera. Gritos de silencio cuando ya haya pasado, sin palabras, sin demonios a los que pagarles con tu alma, sólo unas rosas fantasma para su tumba vacía y un soplo gélido en tu cuello. Son sus labios.

 
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Publicado por en 24 mayo, 2017 en Mis Relatos

 

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Dolor

Desierto, en las venas arena y el corazón colapsado de tanto querer y no poder y cambiar el rostro de dolor que hay frente a mí. Vagos intentos por mejorar y arreglar lo que ya está roto, lo que no es más que palabras cargadas de falsa positividad, los hechos hablan amargamente de lo contrario y quema cada instante de este hundimiento.

El fuego que prometiste no fue más que una chispa de decepción apagada por ecos que siguen resonando aunque intentes acallarlos. El frío nos rodea, nos embarga, pone la mesa en la que comemos platos fríos entre miradas distraídas y ganas de que la función pare de una vez y alguien nos rescate de tanto tiempo perdido entre hielo y apatía.

Con una certera visión interior podemos descubrir los demonios que tenemos dentro y el corazón que los combate y encadena hondo. Aunque en esta ocasión podemos darnos por vencidos, puesto que unas cadenas rotas y un agua bendita que no está ni se la espera, marcan el principio de un fin tan abrupto como desgarrador.

Perdiste la voluntad y los sueños dejaron de revolotear tu almohada, dejando tras de ti pesadillas inacabadas y lágrimas insatisfechas. Mi negocio nunca ha sido hacer sentimiento de todo pero para ser sinceros, hoy me declaro en bancarrota de este amor, con los bolsillos igual de vacíos que las manos y la misma sensación de estar escribiendo un triste epílogo.

No tengo nada que hacer si en el rostro que amé solamente reconozco hoy dolor, una llama bajo mínimos y una expresión que vaticina que la batalla terminó casi al empezar. ¿Cómo podemos superar este acantilado?, ¿seremos capaces de remontar y volver a ser la obra de arte colgada en la pared o nos quedaremos perdidos en nuestra propia historia?

corazon-roto

 
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Publicado por en 26 abril, 2017 en Mis Relatos

 

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Sin mirar atrás tus recuerdos

Si vienes para convertirte en un mal recuerdo, mejor ahórrate tanta prisa por hundir este barco. Llega un momento en el que tienes que decidir entre la cordura o en seguir alimentando de forma estéril a todos esos fantasmas pasados sin más ánimo que el de seguir divagando eternamente, sin más provecho que el de tu propia auto(destrucción)compasión.

Hoy bendices en tu corazón el rendimiento de esta oscuridad tan ceñida a ti, que aprieta pero no estrangula, besa pero no ama, aterra pero te hace huir. Tan constante como el parpadeo de una estrella, rememoras lo olvidado para dar forma a un presente fugazmente retorcido entre hojas secas y miradas esquivas pero certeras.

Como puñales al alba son las pesadas memorias de un alma desbaratada entre risas vespertinas y odios matinales. Tu nuca recibe el lametón espectral de las sombras, para que tengas la infame seguridad de que por mucho que corras hasta desfallecer, nunca podrás alejar de tu lado el pesar que tanto y tan obstinadamente te persigue.

Así es, como enterrados en vida purgando con terror esa vanagloria de pecados desatados que tan bien lucían en el espejo pero tan obscenamente se traducían en tu lienzo particular. El final del pasillo aguarda, entre polvo, madera carcomida y una alfombra pisoteada por los años de ese olvido que traduce en lágrimas tu melancolía.

Desata toda esta miseria con amor y ternura, arrebata el poder al Inframundo y escapa de tu propio yo antes que la verdad te alcance definitivamente y desmorone el frágil castillo de naipes de tu conciencia. Con todo el miedo a equivocarte, ilusiona este momento de inspiración y traduce todas estas negras palabras en un último intento por perdurar más allá de ti.

Sin mirar atrás tus recuerdos, como espectros descarriados de cadena y bola, buscando respuestas al infortunio, a la dicha. Corre y reza porque no se haga demasiado tarde.

camino-bosque

 
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Publicado por en 29 marzo, 2017 en Mis Relatos

 

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