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Archivo de la etiqueta: Gótico

Amor & Odio

Te despiertas cada día con la sensación de que el mundo es un lugar muy opresivo reducido a suburbios de desesperación que empequeñecen sin parar. Un abrazo reventando esperanzas como cristales rotos de espejos que ya sólo reflejarán cientos de formas de romperte el corazón, para no volver a la cordura ni la vista atrás a tu pequeño reino sin trono.

¿Hay amor aquí o es un espejismo para el autoengaño más cruel que nunca se ha visto? Alimentando esperanzas día tras día sobre un terreno yermo y perdido de la moda del momento, el último grito aquí sólo proclama el nombre de la frustración, ese que cala cada esquina con su pérfido veneno.

Los sin corazón caminan como zombis, presas de sus propios pecados, poniéndose al alcance de sus depredadores, y estos no harán más que alimentarse de los despojos esqueléticos que subviven a base de la inercia adicta que roe como una termita, todo rastro de dignidad e inocencia a cambio de una máscara de efímera y feliz anestesia.

Odio, porque es la llave que abre todas las puertas del Infierno y nos envía a sus criaturas entre rescoldos tan implacables como abrasadores. Cuando llegue la hora del exterminio no querrás estar de rodillas rezando a tu patrón del mal, ni al falso santo del barrio. Si el respeto se gana con sangre, mira un poco por encima del hombro y verás quien se baña en él.

Ofrece cristalino descanso y una cura perpetua para acabar esta historia de una vez por todas, y un billete de ida sin retorno, puesto que lejos de esta podredumbre, cualquier erial es un paraíso en el que buscar la manzana prohibida y volver a caer en este limbo sin salida. Hay que darse prisa porque el final del día está aquí.

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Publicado por en 2 mayo, 2018 en Música, Mis Relatos

 

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Catedral Nueva de Salamanca

La perfección de las formas, la armonía de las medidas.

Fotografía y retoques por La Exuberancia de Hades (Salamanca).

 
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Publicado por en 25 abril, 2018 en Arte, Cultura, Mis Fotografías

 

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La revancha es el vivero del que nacen todos los desapegos

Y en el momento preciso, la conciencia toma por fin posesión de la realidad, enfocándose con sabio interés en el mar de dudas. Despejar las ecuaciones más siniestras y enrevesadas se convierte entonces en fácil y sano ejercicio para la mente y el corazón.

Es innecesario fingir más, las evasivas se convierten en artillería pesada y fuego implacable, y es que no hay que esperar más de donde no hubo, de donde parecía y en verdad no. Proporcionar la dosis correcta de olvido será el único y necesario acto de misericordia a practicar.

A base de gotas, una tras otra, el tsunami se hizo imparable; a base de ausencias se creó un espacio en donde colocar odio primero, impasibilidad después. Mantengámonos a la espera del momento preciso para ejecutar un acto de fe que acabe con tanta falsa incertidumbre.

Somos gladiadores del tedio por la espera eterna al hecho que nunca llega. Y es que dos mundos distintos no tienen por qué estar destinados a conocerse, sino quizá a destruirse entre ellos entre reproches que ya sólo arrancan muecas de indiferencia.

Esta decadencia haría las delicias de cualquier romántico con ínfulas de poeta embriagado de pesadillas y absenta, con una pluma tan ligera como afilada. Ya veo que Eros acertó, tu costado sangra como Venus profanada a la espera de un nuevo renacer.

Nada que temer, la revancha es el vivero del que nacen todos los desapegos, incluidos los míos. Permite marchar a lo que nunca llegó y deja un trono vacío para otro que quiera arriesgar su tiempo en volátiles deseos y esperanzas discutibles. He ahí la bendición del olvido.

Nathalia Suellen – Earth.

 
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Publicado por en 4 abril, 2018 en Mis Relatos

 

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Epitafios

Palabras, son sólo palabras sin respuesta escritas en el éter, como súplicas desesperadas ante un caos viviente que se derrama sobre la piel. Así es cómo la mácula anega cada rincón, cada lugar en el esconderse del vendaval despertado.

Se deshace la conciencia entre lo bueno, lo malo y aquello por hacer y cuyo devenir es simple y condenadamente fracasado. No hay resquicio de valentía al que aferrarse aquí, ni ganas quedan de adivinar que el siguiente paso es una caída a los infiernos.

Puesto que estas heridas son autoinflingidas, no perdamos más tiempo en acabar de una vez por todas. Tan simple como cortar del hilo pendiente y cerrar de par en par cada puerta que esperaba tu regreso, a cal y canto.

En este ambiente trágico que se esperanza con señales difusas y promesas vacías, cabría destacar el influjo que hace el desencanto en esta farsa desafinada. Cuando el corazón se eclipsa en su propia estupidez arruina cualquier bacanal que se precie.

Esta locura de inspiración no tiene nombre, ni ganas de inflamar el ego a alguien lo suficientemente necio como para creerse responsable de unas palabras y un sentir que traspasan más allá de las simples letras.

Epitafios, vuelven a ser sólo eso, resquicios elegantes que definen un momento en lo inevitable, esbozando trazos de un todo borroso con ánimos de eternidad. Así, con sobriedad y elegancia indisimulada, damnatio memoriae al sentir.

Caspar David Friedrich – Cementerio bajo la nieve (1826).

 
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Publicado por en 7 marzo, 2018 en Arte, Mis Relatos

 

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Una reflexión para tu adiós

No tienes nombre, pero en tu cara veo muchos rostros (poco) conocidos, y es que llega el día en el que te percatas, cual revelación contundente, de que llega el momento de enterrar entre añicos y olvido esos vestigios de irracionalidad con semblantes a tachar.

Todo llega con conocimiento de causa, la cual se desnuda para mostrar sus cicatrices indómitas tras una sonrisa de fácil respuesta. No te preocupes, no fue nada, algo frágil y unívocamente fugaz, niebla dispersa con sabor a rancia imposibilidad, es el fin.

Aunque nos negamos a perder, no tardamos en percatarnos de que esta vez debemos ser derrotados, puesto que sólo en la pérdida seremos capaces de vislumbrar el verdadero camino tras el frondoso veto y velo de la oscuridad.

Se deslizan las palabras como los pensamientos, sin adornos, en un simbolismo raquítico que sin embargo es implacable con el corazón. Ser y destino de hábito negro y prófuga acción, redescubriendo promesas indefinidas, dando fin sin tormento, ¿lo ves? Yo ya sí.

Ciertamente, con exuberante voluptuosidad y envenenada complacencia, taponamos uno tras otro esos recovecos de locura. Y ahora que la hemorragia se detiene, queda por ver cómo ha sobrevivido la piel, el desconcierto y el alma, a tanta mácula.

No importa si no se entiende el mensaje, el corazón traduce lo que la mente lógica pone en duda por un instante. Sin más alardes que la propia y ya monolítica intención, es una reflexión para tu adiós y la única pregunta que perfora el aire es: ¿por qué tardamos tanto?

 
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Publicado por en 28 febrero, 2018 en Mis Relatos

 

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Todo al rojo

Si vienes a jugar has de saber que tengo todas las de perder, mientras que tú ganarás un muerto viviente con el corazón incendiado en excelsa llama azul.

Pero no me importa.

Y es que el precio la victoria es la destrucción, el caos y el sentimiento de condena que arrastra la inquietud entre crueles rocas afiladas.

Vienen las sonrisas, el encantamiento que se convierte en maldición, el amanecer que torna en una noche sepulcral y parece que nada llena sin ese tacto pleno.

Así de fácil, con una mala mano, una eterna desgracia. Querer no es poder, y así estamos, entre la intención y el precipicio que le precede.

Somos limbo, de palabras bloqueadas, de disimulos fugaces y efímeros momentos de veneno sin antídoto, de pesadillas sin intención de despertar.

¿Qué hacemos?, este laberinto es nuestro callejón sin salida aquí y ahora, mañana veremos, veremos cómo estamos perdidos y con las manos vacías.

Una y otra vez, jugando de antemano con la apuesta perdida, una y otra vez víctimas del destino y sus muecas de burla.

Pero no me importa.

Con todo el rencor del mundo, aquí parados en el tiempo. Seguramente no desista hasta que gane o lo perdamos todo… Yo apuesto, todo al rojo (es lo único que sí me importa).

PD: Y de regalo una mirada, de esas que digan que si hay que quemarse alguna vez así, que de mí no queden ni las cenizas.

 
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Publicado por en 14 febrero, 2018 en Mis Relatos

 

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Excelsa oscuridad, paupérrimo desamor

Paisaje de excelsa oscuridad extendiéndose como un drama de proporciones bíblicas en el corazón, ya congelado con retazos de un invierno próximo que a base de latigazos cercena el ánimo.

Se pierde la magnificencia entre momentos de locura y absenta, sin miedo a inocular en nosotros ese veneno que trae pesadillas y ecos remotos de derrota y flagelación.

De par en par las criptas abandonadas, dando la bienvenida entre brazos esqueléticos y muecas de eterno olvido, así se vislumbra en sombras este presente imperfecto.

Con el deshonor de reyes caídos en nuestra efigie gris, buscamos las lágrimas allí de donde ya no pueden fluir, porque de pozos secos alimentamos nuestra ansiosa alma.

Desmoronados y aniquilados, prestemos atención porque entre el fogonazo de un relámpago podremos ver la cara del Diablo sonriendo de forma tan fugaz como certera.

Paupérrimo desamor en el que mostramos por las tinieblas, las luces muriendo de agonía y nosotros todavía aferrados a un hilo de esperanza cuya fragilidad es manifiestamente cierta.

Apretando dientes con la rabia de los dioses antiguos, ansiando tres noches de aparente inmortalidad por toda una eternidad de infierno. Nunca fuimos buenos negociadores.

Noche en majestad, alzándose, esgrimiendo su negro y opaco filo que secciona cualquier inseguridad pasada. Nos dejamos ir, nos sumergimos, inunda hasta el último rincón con densas sombras. Paz.

Jean-Luc Almond – Janet (2016).

 
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Publicado por en 7 febrero, 2018 en Mis Relatos

 

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