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Archivo de la etiqueta: Gótico

Fenrir

Su susurro retumba entre salones de nácar, su voluntad desfallece en ríos de tinta volátil sin ánimo de plasmar en papel un último gesto de egolatría al caer el Sol. No es que vaya a llover, es que el cielo se va a derrumbar sobre todos nosotros, a plomo, haciendo de la cripta un lago de sueños difuntos y mentiras ahogadas en suspiros de verdad.

Vida, entregada a lomos de la volatilidad más extrema; si hemos entregado nuestra postrera voluntad a merced de las olas, solamente nos espera la esperanza de una expectativa difusa. Irredentos testimonios de vileza entre metáforas sin sentido, esta enorme leona de oro y piedra es destinataria de un corazón partido entre su monumentalidad y mi locura.

Éxtasis de naturaleza impregnada de lluvia y cánticos paganos que nos entrega el viento a modo de cuchicheos prácticamente inaudibles. Los tambores azotan la mente, distorsionan la imaginación de paisajes vírgenes sin la mácula de caricias artificiales y senderos prefijados, no hay caminos que seguir sino inmensidad en la que perderse entre audacia e insensatez.

Son recuerdos devastados los que nos han traído hasta este sueño de majestad perdida y miradas arcanas. Si mis runas marcan el destino de mi corazón, que sea entre tus manos palpitantes, que la sangre nos muestre el nexo entre la tierra húmeda y el alma que te es entregada en un gesto de abnegación.

Y al anochecer, los aullidos de los lobos marcarán con su sonido inquietante el devenir de nuestros sueños. Buscamos un despertar de Sol entre la escarcha, un otoño cristalino de más allá de la espesa niebla. Buscamos, buscamos y buscamos una razón para no perder el Norte y ser uno y trino: Pasado, presente y futuro (en tus brazos).

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Publicado por en 22 noviembre, 2017 en Mis Relatos

 

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Fotografía espírita

La fotografía espírita o fotografía de espíritus es un tipo de fotografía cuyo intento principal es el de capturar imágenes de fantasmas y otras entidades espirituales. Tiene una larga historia que se remonta a finales del Siglo XIX, principalmente con el auge de las sesiones espiritistas o séances en reuniones de sociedad. Estaba practicada esencialmente por pseudocientíficos agrupados en asociaciones, y en algunos casos por meros aficionados.

La fotografía de espíritus fue utilizada por primera vez por William H. Mumler en la década de 1860. Mumler descubrió la técnica por accidente, después de observar un efecto de doble exposición en una foto. Al ver que había un mercado para ello, Mumler comenzó a trabajar como un médium, tomando fotografías de personas y adulterando los negativos para añadir a perdidos a seres queridos en ellos (en su mayoría utilizando otras fotografías como base). El fraude de Mumler fue descubierto después de que puso como espíritus en sus fotografías falsas a residentes de Boston perfectamente identificables.

Otros fotógrafos espírita también comenzaron a vender las fotografías, como por ejemplo Fred A. Hudson, que tomó muchas fotografías de espíritus para espiritistas en 1872. Desde la década de 1880 hasta principios del Siglo XX, la fotografía espírita siguió siendo popular, con defensores notables de este método como Arthur Conan Doyle y William Crookes. William Stainton Moses, otro espiritualista, afirmó que la fotografía de espíritus operaba por medio de una sustancia líquida viscosa llamada ectoplasma, en el que los espíritus toman forma. Algunos autores espiritualistas escribieron libros apoyando este tipo de fotografía como es el caso de Georgiana Houghton y su Chronicles of the Photographs of Spiritual Beings and Phenomena Invisible to the Material Eye (1892) y James Coates con Photographing the Invisible (1911).

Uno de los fotógrafos espírita más tardíos fue William Hope (1863 – 1933). El célebre investigador psíquico Harry Price reveló que las fotografías de Hope eran fraudes. El investigador examinó las placas fotográficas que William Hope iba a utilizar (marcadas a pedido con la insignia del Dry Plate Co.), y secretamente imprimió doce puntos con una aguja. Harry Price examinó los movimientos del fotógrafo, asunto para nada sencillo en un cuarto apenas iluminado por una luz roja. Creyó detectar un pequeño acto de ilusionismo, por el cual William Hope cambiaba las placas colocando unas de su propia cosecha. Finalmente cuando las fotografías fueron reveladas mostraron la presencia asombrosa de un espíritu, y una placa sin los puntos marcados con la aguja.

Hope todavía tuvo cierto reconocimiento de otros espiritualistas como Charles Lakeman Tweedale autor de Man’s Survival After Death (1920), así como del autor y espiritualista Arthur Conan Doyle, que se negaron a aceptar ninguna evidencia de que las fotografías de Hope eran productor un fraude, tomándose un gran esfuerzo a limpiar su nombre, incluyendo la redacción de un libro de apoyo a su fotografía espírita, The Case for Fotografía Spirit (1922).  En su libro Cincuenta años de investigación psíquica, Price elaboró un listado de muchos fotógrafos espírita que habían realizado fraudes. Price, el cual había pasado la mayor parte de su vida al estudio de los fenómenos psíquicos escribió que “No hay ninguna evidencia de que una fotografía espíritu nunca se ha producido”. Lo que es también la opinión de la mayoría de los investigadores psíquicos”.

Harry Price.

Otros fotógrafos espírita desenmascarados por Price como farsantes son David Duguid y Edward Wyllie. Ronald Pearsall expuso los trucos de la fotografía espírita en su libro The Table-Rappers (1972).

Fotografía realizada por William Hope en la que aparece el supuesto fantasma flotante de una mujer entre una pareja mayor.

Fotografía realizada por William Hope en el que una mesa levita por la acción de un brazo fantasmal.

Famosa fotografía de William H. Mumler en la que aparece Mary Todd Lincoln con el supuesto fantasma de su marido, Abraham Lincoln.

Fotografía realizada con doble exposición por G. Maerkl en la que un supuesto fantasma ataca con una espada a un hombre.

Fotografía realizada por Eugène Thiébault de Henri Robin atacado por un fantasma.

Fotografía de David Duguid en el que aparece Mora Duguid acompañada de un supuesto fantasma flotante.

Fotografía de Edward Wylie en el que aparece Miss Bentley y el supuesto espíritu de su hermana fallecida.

Helen Duncan en trance con “fantasmas” y un supuesto ectoplasma fluyendo de ella.

Otras fotos.

*Las dos primeras fotos de esta galería pertenecen también a William Hope.

Fuentes: Wikipedia, Google (fotografías), Daily News, London Stereoscopic Company, Museo de Orsay, elaboración propia.

 

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La cena de los espectros

Silencio, sólo silencio, desgranado en mentiras y versos lánguidos de épica y heroica obsoletas. La mansión, lugar de cita y drama, está vacía (de vida); relojes parados y polvo acumulándose como sueños rotos en estanterías vacías y suelos inmundos. Recuerdos que olvidan su lugar en el tiempo, marchito y oscuro es esta perseverancia de la nada.

A la mesa desconchada del comedor del principal, siete sombras sentadas, sin voz, sin más demora que la que tarde la madrugada en presentarse de cuerpo presente, con esa espesura casi líquida que ahoga temperamentos y nos arrastra a un estado de melancolía general, tan bella como implacable.

No hay miradas tras cuencas vacías, no hay palabras tras bocas sin lengua. Sólo hay una cosa cristalina y es la certeza total de que la propia caída a los infiernos será con las trompetas tras de sí anunciando este epílogo. Son siete historias para siete retratos de miseria y perdición, amargos pero con esa suavidad que sólo el toque de una musa moribunda podría otorgar.

Lo irrefrenable, ese impulso que carcome hasta quebrar, se hace paraíso al recordar la piel pálida sobre la que manos y lengua se deslizan en un ir y venir de sombras proyectadas de lujuria. El desenfreno observa pues tras la puerta el resultado de su obra, el ascenso hasta el Sol que explota, y como todo dios que se precie por un instante, la caída posterior al reino de los olvidados. ¿Hasta cuándo liquidaremos el corazón por besos fugaces perdidos entre seda y locura?

¿Sobre qué trono se asientan los impulsos?, ¿sobre qué estómago se deslizan las más jugosas y sugerentes mentiras? Y es que tragamos, sin pudor, siempre hambrientos, arrinconando la templanza en el hueco más degradado de nuestra propia incontinencia, allí donde la incertidumbre pende de un hilo y la gula se acopla a todo un infinito incierto que la alimente de aquello que desea. Cuando la noche es horror y el día aquella lejana luz que nos libera.

Y es que somos antiguos reyes muertos, nuestra avaricia es una joya en sí misma engarzada al corazón. Bajo sepulcros de alabastro reposa el peso de lo inmisericorde, al otro mundo navegó un alma anclada en la sed de reliquias y fortuna, ahora desnuda se encuentra perdida de todo lo que alimentó durante años de búsqueda y poder que se deshacen ante los ojos como castillos de arena arrastrados por la marea de la frustración.

¿Y si caemos ya tan acabados y hundidos en este lugar?, ¿y si no hay más ganas de protestar ante la majestad de lo inevitable? ¿Para qué mover un dedo si el mundo te aplasta con su brazo de plomo? Y así el lecho frío se torna en hogar, la habitación en mundo, y todo sentido que hubiera antes de este desmoronamiento se hace mera casualidad ante la desdicha que atenaza, la pereza que hunde y aprisiona con excelsa venganza.

Quizá en algún resquicio oculto, el orgullo pretenda reaccionar ante tantas desdichas y penurias que se eclipsan ante un carácter explosivo e irrefrenable surgido de los avernos de la conciencia, para cercenar con ira manifiesta todo aquello que se interpuso un día en el camino marcado y decidido. Con gesto de rabia, sin discernir entre amigos y enemigos, cegados por la supernova de la sinrazón en este auténtico funeral masivo de la cordura.

Cuando todo avista el camino final, las reflexiones se solidifican, los sentimientos concentrados tienden a la reflexión, ¿qué habría sido de mí si…? Rápidamente los ojos se posan en caminos paralelos, la atención enfoca y es entonces cuando al ver otros pequeños mundos emerge de las aguas oscuras de la conciencia una puñalada envenenada… Yo quiero eso, vivir así. Llámame envidia, erosionaré tu buen sentir hasta la raíz.

Se acerca el alba y una vez más no hemos aprendido nada, puesto que aquí sólo nos deleitamos con los sinsabores de la marca original de cada uno, con el descrédito sobre los hombros de siglos en los que cada noche es de difuntos, de Noviembre esquelético y afilada escarcha. Somos únicos, esbozos casi invisibles de realidades extremas y en un último gesto, de soberbia quizá, desaparecemos sin rastro de rencor.

Olvídanos, haz como si nunca nos hubieses conocido y todo acabará como empezó, entre recuerdos ahogados por el polvo y silencio, pero con la sensación de ser libre por fin. Tú decides si amanece.


 
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Publicado por en 25 octubre, 2017 en Mis Relatos

 

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Sobre pociones de amor y olvido

Aquí no tenemos pociones para corazones rotos;  y es que podríamos pasar la vida buscando los ingredientes, la mezcla perfecta para dejar de caer en tromba hacia el suelo y no la encontraríamos. Conocer esta verdad destroza desde la férrea voluntad marcada por oídos sordos y palabras engoladas de miseria lúgubre y falsa sonrisa.

Ríe aunque vas a morir en la orilla, sin remedio, tienes un objetivo pero tu propósito ni te necesita ni te espera. Entiéndelo porque aunque no haya nada personal en esto, la última estocada que recibirás vendrá con placer en la ejecución y el desenlace, principio y fin para que el olvido acabe agrandándose ante tus ojos.

¿Y ahora qué?, la voluntad y lo inamovible se besan, eso sí que es amor (por la destrucción). Nada más lejos de la propia nada, recolectando limbo, precipicio, caída infinita… Vértigo y soberbia unidos en un baile de cadáveres sin tumba ni reposo en este caos desencadenado por una idea y una fogosidad tan intensa y breve como la llama de una cerilla.

La única certeza llegados a este punto, es rezar a lo prohibido, anhelando lo que tanto y tan firmemente te han negado. Más allá del bosque, donde las ruinas góticas ocultan altares profanados de sangre para los infiernos e ira para los cielos; sí, aquí. Reposa tu enajenación y deja que los espectros olvidados susurren su dulce calvario en tus oídos.

Y serás un ciego hablando para sordos, atesorando tiempo perdido y frustración, ambas alzándose como una plaga bíblica. Un día más sin ver más allá de tu orgullo herido, mientras tu derredor es un erial de corazones rotos; a cada uno de ellos le regalaste un agravio y ahora te van a pagar con (su) dolor y una sonrisa en tu caída.

Al final todo se centra en saber (querer) olvidar a tiempo.

Evelyn de Morgan – La poción de amor (1903).

 
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Publicado por en 18 octubre, 2017 en Arte, Mis Relatos

 

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Apokálypsis

Ya está, las trompetas del Apocalipsis retumban en los cielos para desgarrar cordura y serenidad a partes iguales, para hacernos recordar la llegada de lo tan imposible como esperado. Y es que en mitad de tiempos de tribulación, la única certeza es que la ira acumulada de eones acabará derramándose sin piedad sobre nosotros.

Siglos de mentiras y lenguas bífidas inoculando su veneno entre soflamas inquietantes para oídos débiles y mentes hechas para la esclavitud, sin capacidad alguna de ver al demonio creciendo  tras tantas palabras disfrazadas de belleza cautivadora y mortal certidumbre. Cuando lo inevitable sonríe, nosotros sólo podemos más que asentir.

Es una revelación, estamos hechos para ser destruidos, y cuando nuestros cadáveres calcinados y petrificados yazgan en el suelo como un recuerdo pompeyano de nuestra propia torpeza, el silencio se apoderará de la escena y en el teatro de los sueños (pesadillas) sólo se representará la obra de la nada, cuya escena final es la de la propia extinción.

Deja que reine la paz tras la destrucción, el sigilo tras el ruido ensordecedor, sigilo que ya se desliza tras las cortinas mecidas por el viento gélido, como testigo fugaz de un arrebato con sabor a melancolía, de propósitos insatisfechos y agoreros cuyas predicciones retumban con el eco de pesadas goteras en nuestra conciencia.

Todo explotó, se derrumbó el telón y nos atrapó bajo su peso, nos silenció, sí, pero con una sonrisa en los labios, ya que no hay nada más directo, preciso, justo y uniforme que un Apocalipsis. Y si hay redención más allá de lo carnal, será momento de buscarla entre ruinas olvidadas y marchitos bosquejos de insólita brillantez.

Amor mío, mira cómo la noche se diluye entre sinfonías lóbregas de nostálgica belleza, para así devolvernos un resquicio de esperanza por el que mirar y observar que no sólo el Sol nos devuelve a la luz sino también las palabras adecuadas en el momento preciso, en el corazón adecuado. ¿Podremos volver a soñar sin miedo?, ¿podremos despertar por fin?

Miénteme, pero dime que sí.

Ilustración por Zdzisław Beksiński.

 
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Publicado por en 11 octubre, 2017 en Mis Relatos

 

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Les Diableries

Con el nombre de Les Diableries se conoce a un grupo de tarjetas estereoscópicas publicadas en París desde 1860 hasta 1900 aproximadamente. Su originalidad radica sobre todo en la temática que tratan y en la tecnología de la época utilizada para su realización. Estas tarjetas fotográficas retratan escenas cotidianas en el Infierno en donde los esqueletos, demonios, ninfas, sátiros y otros seres campan a sus anchas, reflejando a modo de sátira la corrupción y decadencia del Segundo Imperio francés (1852 – 1870) de Napoleón III y también del declive en el estilo de vida de la burguesía.

Se sabe de al menos tres escultores que han creado viñetas de la serie: Louis Alfred Habert, Pierre Adolph Hennetier y Louis Edmond Cougny. La serie fue originalmente publicada por François Benjamin Lamiche pero más tarde se hizo cargo y se expandió gracias el editor Adolph Block. Un total de 72 escenas fueron publicadas por Block. Muchas “stereoviews” salieron a la luz más tarde aunque eran de menor calidad, en este caso fueron publicadas por un competidor de Adolph Block llamado Jules Marinier. Por lo herético y subversivo de las imágenes, Les Diableries fueron publicadas de manera anónima.

Las escenas representadas en estas Diableries fueron esculpidas en barro, sobre una mesa, y posteriormente se fotografiaron con una cámara estéreo. El resultado se imprimió en fino papel a la albúmina, aplicándose acuarelas en la parte posterior de las impresiones, y enmarcándose todo el conjunto en cartón grueso sin respaldo. El resultado, preparado para ser visto a través de un estereoscopio, es una escena en tres dimensiones, que se colorea de manera sorprendente al encender una luz detrás. Los ojos de los esqueletos resaltan tanto contra la luz porque están perforados y rellenos con gel o barniz de color rojo y verde.

La estereoscopía es cualquier técnica capaz de recoger información visual tridimensional y/o crear la ilusión de profundidad mediante una imagen estereográfica, un estereograma, o una imagen 3D (tridimensional). La ilusión de la profundidad en una fotografía, película, u otra imagen bidimensional se crea presentando una imagen ligeramente diferente para cada ojo, como ocurre en nuestra forma habitual de ver.

Reproducción del estereoscopio de Oliver Wendell Holmes, creado originalmente alrededor de 1860.

Diferencia entre una “Diableries” con su aspecto normal y vista con el estereoscopio.

Más información en: Diableries, Stereoscopic Adventures in Hell por Denis Pellerin, Brian May, Paula Fleming (2013).

Galería de Diableries en orden numérico aquí.

Durante finales del Siglo XIX también se pusieron de moda en París unos cabarets con decoración muy similar a la mostrada en Les Diableries.

Galería con algunos ejemplos de Les Diableries.

Nota: Todas las fotografías son propiedad de sus autores y únicamente se exponen aquí con fines culturales y divulgativos.

Fuentes: Wikipedia, Las Gatas Madrileñas, London Stereoscopic Company (Diableries, Stereoscopic Adventures in Hell por Denis Pellerin, Brian May, Paula Fleming), Cine-Graphics, Google & Pinterest (fotografías), elaboración propia.

 
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Publicado por en 27 septiembre, 2017 en Arte, Cultura, Entretenimiento, Esoterismo, Historia

 

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Trató de devolver su corazón a la vida

En páramos secos y pérfidas áreas de olvido, debate la soledad sobre el método más acertado de cercenar las esperanzas, siempre por supuesto a medio camino entre dialéctica vacía y recargada inspiración. Constantemente buscando el hueco por el que enviar la flor acertada que llegue hasta ella, la carta anónima por debajo de la puerta que haga estremecer.

Porque el tiempo se divide entre lo compartido y el tedio hasta volver a enterrar la espera entre sus brazos. Ciertamente es un crimen no guardar todos estos tesoros bajo llave y aunque vivir de recuerdos es una manera de revivir, llega un momento en el que los sentimientos se licuan y se deslizan como hiedra salvaje por ese muro impertérrito que se propuso separarnos.

No hay elixires de felicidad extrema, ni cenizas que se recompongan en lo que se ha perdido. Si el destino está entre las manos, ¿por qué tantas ansias por escapar? Ícaro ya demostró la gravedad de querer acercarse al Sol. Y es que la luz perpetua es una penitencia, porque en el fondo es preferible descubrir las imperfecciones en total oscuridad a cegarse de brillantez.

Sin más invenciones ni exquisitos despropósitos, la noche se hizo fuerte entre muebles viejos y recuerdos carcomidos, cada vez más presos tanto de la amnesia como del polvo. Revivir en paisajes desolados es por tanto un acto de misericordia que las tinieblas tienen a bien de degustar sin alardes, tan sólo sosteniendo un viejo cráneo entre las manos: Ser (por fin) o no ser, el uno para el otro.

Cerrando los ojos, escuchando el ulular del viento, estremeciéndose con la corriente que revoluciona las pesadas cortinas, la (fría) cena ya está servida para comensales de espectral naturaleza. Así es como la belleza se filtra en los huesos, con elegante penumbra y cadavérica quietud, alzando y hundiendo los brazos en la furiosa tormenta que se ha de desatar.

Finalmente la historia cuenta que trató de devolver su corazón a la vida de noche, cuando las poesías cobran más sentido, siempre de negras galas e impía voluntad. Cuando las tormentas insuflan vida a carne entumecida y mente congelada en tiempos marchitos destinados a florecer (en otoño) por fin. Ella, mis tinieblas favoritas.

 
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Publicado por en 13 septiembre, 2017 en Mis Relatos

 

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