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Archivo de la etiqueta: Divagaciones

Magia negra

Esta espesa niebla ofusca el ambiente con su velo denso y sofocante. Humo espectral surgiendo de tumbas abandonadas, cubiertas de naturaleza devoradora y pagana para regocijo de una noche de Luna que se desparrama sin control.

Surgimos de la pegajosa niebla como telaraña con la marca del caos en la frente, entregando el raciocinio a los brazos de la oscuridad. Esta hermandad dual de tinieblas crea lazos en derredor del pentagrama invertido trazado en el suelo con sangre coagulada y cenizas frías.

Apartados y degradados, como confusos ángeles caídos en su funeral, alzamos las manos a un cielo indiferente. Testigos serán las estrellas tintineantes de lo imperfecto de estos sentimientos prohibidos y tan cargados de atmósferas de ventisca y olvido.

En el momento en el que probé tus labios, magia negra se apoderó de mí, imágenes de Baphomet en majestad mostrando los arcanos que tan cerca estaban ahora de mi comprensión, como asomarme a un libro abierto a la verdad o a una ventana de par en par a la fe.

Hiedra y musgo cubriendo cenotafios olvidados de piedra desgastada, tu escenografía favorita siempre fue este cementerio perdido, tu palabra predilecta siempre será aquella en la que entregue el corazón a las fauces de tu amor.

Dios nos maldiga por encontrar la divinidad entre pasión cómplice y entrega indefinida. No hay nada de celestial en esta fantasmagoría, solamente una comunión perfecta entre dos desterrados de la luz que buscan su propia iluminación. Yo la encontré en ti.

cementerio-gotico

 
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Publicado por en 1 marzo, 2017 en Mis Relatos

 

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Año Nuevo

Ya era demasiado tarde incluso en Año Nuevo, los susurros retumbaban como ecos de una vergüenza imposible de ocultar y por si eso fuera poco, ya no quedaban lugares para ocultarnos de la luz del Sol, siempre dispuesta a quemar piel y las esperanzas a partes iguales.

La noche se llevó lo mejor de nosotros. Escuchar las palabras más dolorosas jamás dichas es una tortura, aquí, en el refugio de los amantes, acompañando la melancolía con una inseparable deriva al fin que nunca nos atreveríamos a pronunciar.

Están rotos los corazones, no se pueden reparar, pero no importa, no los necesitamos aunque estemos acabados. Aquí uno junto al otro, el mundo pierde su significado ante el nuestro propio y la unión de dos alientos unidos por labios impetuosos.

Un amor criminal que retuerce nuestro deseo, delicia a la que somos incapaces de calificar si no es con sangre en las manos y bocas sedientas. Hace mucho que dejamos atrás el verano para perdernos en el invierno y así arder aún más entre nuestro propio calor.

La noche nos da la oscuridad con la que divisamos el camino del ruego al destino, para continuar, para amar en un filo de navaja que amenaza cada día con segar nuestros cuellos y verter la sangre que hierve cuando la ausencia se atreve a acercarse a nuestra puerta.

Y el tiempo llora como un reloj de arena roto, para decir adiós al terror y hola a esta inmensa fragilidad. No quiero tocar nada por si rompo el sueño en el que estamos envueltos cada día, cada hoja de calendario, marchitas y llevadas por el viento del Norte.

En silencio soñaremos hasta que nos despierte el verano y confundamos el calor con las ansias de arrebatarnos a la pasión. La fiebre que inunda nuestros cuerpos no tiene parangón, la decisión que nos empuja, tampoco.

Matamos a cada instante el temor para poder vivir un día más en la más perfecta imperfección, en esta burbuja irrompible de champagne, dulce al paladar, amargo en el pesar; por un brindis, por un Año Nuevo.

El mundo se termina, nuestro amor no tiene fin cuando todo vuelve a empezar.

palacete

 
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Publicado por en 4 enero, 2017 en Mis Relatos

 

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En nuestros pedazos

Si se despluma el amor entre un torbellino de pensamientos es porque hemos percibido que esta historia tiembla ante el más incierto de los futuros y la más certera de las realidades. Con compasión rasgamos en la cara un gesto de desaprobación, no queda mucho para dejar de creer en el infinito caduco que se despliega una vez más ante nosotros.

Perder es la (más)cara de una moneda que lleva vendiendo azar por besos al caer el Sol. No necesitamos respuestas puesto que tu corazón ya está abierto de par en par a este holocausto de sentimientos. Siendo yo el interesado, no me hacen falta escribas que relaten la gesta de destrozar un corazón en mitad de una madrugada aterrorizada de frío.

Ahora a dejar que los buenos modales se pierdan camino abajo, llama a la puerta con los nudillos ensangrentados de golpear barricadas de rencor. En este recoveco somos desaparecidos de la razón, en busca y captura por el amor, cazados en conformismo ante el remordimiento  arañado insensiblemente en la piel.

Hemos perdido la cara ante la tormenta y esta nos ha golpeado con toda su descontrolada fuerza, exhaustos y derrotados, prestamos nuestras últimas fuerzas a la venganza y sus armas secretas. No entendemos otro lenguaje que el que necesitar lo que no tenemos y expulsar aquello que ya poseemos, sin percatarnos que nuestro mayor error es creernos indispensables.

Ahora que estamos rotos, que recojan nuestros pedazos y nos arrojen al mismo olvido frágil, porque aunque no te necesite y no depare atentamente en ello, cada centímetro de tu recuerdo es en sí mismo un infinito que me hace estar más cerca de ti y ese es un lujo que quiero permitirme en este limbo sordo, tan trágico como esperanzador.

¿O no?.

copa-cristal-rota

 
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Publicado por en 7 diciembre, 2016 en Mis Relatos

 

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El demonio tras la ventana

Chorrean los cristales de lluvia, lágrimas de lluvia y mejillas de vidrio, descargando la ira en miradas a un horizonte brumoso y gris en el que se levanta la niebla como venda para cubrir los ojos. La insensibilidad es el lazo que hace que esta realidad peque menos de soberbia al hundir todos y cada uno de nuestros sueños en pozos de barro.

Descorcha la tormenta en brazos de la naturaleza, desde el océano, entre truenos y sombras transcurre el diálogo interior de aquel que solamente observa por entrometerse entre los deseos de un poder mayor, sin llamar la atención, sin ni siquiera pestañear ante el mismo infierno que se alza de su pútrida caverna para llevarse consigo todo resquicio de libertad.

La sensible quietud de un hogar abandonado es una recompensa sabrosa para la soledad de esta introspección que pierde la curiosidad entre hojas temblorosas por el golpeteo sin cesar del aguacero, como si sonriesen con cada impacto húmedo, así transcurren los minutos del otoño entre un clímax de melancolía y promesa cercana de invierno cruel.

Gota a gota se borran las huellas del camino, ¿será igual con los pecados?, ¿habrá una lluvia mágica que borre su marca de la piel?, ¿podrán los pensamientos dejar de doler cuando el temporal se disipe?. No hay promesa de un amanecer tranquilo, si temes ser un monigote en mitad de la tempestad, busca refugio o corre sin sentido y acaba siendo un recuerdo vagabundo.

No hay más que traspasar un dintel de valor para ser sinfonía de silencio, nocturno de noche desgarrado entre dedos voraces de sensibilidad, y así acompañar a la sombra densa que se asomaba a la ventana llamando, prometiendo un hombro comprensivo en el que recostar todas las amarguras desbordadas que sobrecargan la espalda y nos doblan hasta tronchar.

Porque la redención viene a veces en inercia de las más hospitalarias e inesperadas manos; entre azul divino y rojo visceral, negro luminoso.

ventana-lluvia

 
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Publicado por en 9 noviembre, 2016 en Mis Relatos

 

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Insomnio

Madrugada de tormenta sin poder dormir, esta lluvia de recuerdos afina la entonación de unos latidos entregados al caos de la emoción perdida en el limbo de la oscuridad. Sintiendo cierta deriva trasnochada de aquellas palabras que hoy diluvian sobre la cama como un aguacero de cenizas amargas dispuestas a enterrar cada centímetro de cordura.

Como una navaja oxidada apuntando amenazadora al cuello, la angustia se apodera de este miedo enclaustrado en cuatro paredes miserables en las que rememorar el obsoleto discurso de todas aquellas cartas que hablaban de algo más allá de un fruto podrido y una desdicha generosa entre nosotros dos.

Y todos estos fantasmas que me acosan no son más que incómodas rémoras enganchadas a la estela de la nostalgia, sin más ánimo que el de reconcomer por unos instantes los ecos de la memoria. Todo se hace frustración por no recibir la respuesta correcta al otro lado del velo se minimiza como mentiras en el Infierno.

Cadena y bola para ahorcar la simiente de una lujuria proscrita y divina, que tu memoria sea nada más que fugaz desdicha y efímera llama azul. No me hagas volver al laberinto en el que perdí la razón pero encontré el motivo para no volver la mirada hacia aquellos cielos tenebrosos que auguraban pesadillas y noches en vela.

En cada perdida, en cada ruptura de la realidad he renacido entre alas negras y amarga excelencia para torcer el gesto de la desesperación y conducir esta pasión insomne al lugar que le corresponde entre olvido y polvorientos deseos. Por tu culpa ahora los sueños son espejos rotos reflejando una y otra vez el distante y desnudo perfil de tu adiós.

Habitación gótica

 
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Publicado por en 12 octubre, 2016 en Mis Relatos

 

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Perdóname por asesinar la noche

Llegó el atardecer, disuelto entre rojo y dorado en el horizonte, para dar paso a la noche; traición vestida de negro y promesas tatuadas con palabras ávidas de condena y regocijo al mismo tiempo. He aquí el momento de exterminar sin vacilación tanta insatisfacción perdida en sus brazos sin fin y en su dialéctica sin igual.

Perdóname por asesinar la noche, es lo único que te puedo decir porque lo inevitable de este acto visceral se impone sobre el resto de cosas. Se acabó lo de perder la cabeza entre el espacio que hay entre las estrellas y yo, se acabó el regurgitar deseos a firmamentos ajenos y distantes, incapaces de sentir lo más mínimo por todo lo que queda debajo de ellos mismos.

Si mancho mis manos con sangre es para olvidar y romper con esta tónica demasiado amarga y sobrecargada de melancolía. Decir adiós a la oscuridad nunca fue tan difícil, rosas en su honor, culpabilidad en el corazón, nada nuevo; todo diferente cuando el telón es ya lo único que separa tu fría caricia de mi pecho conmocionado.

Mi reino por una madrugada tan aterradora como la que pintan mis deseos, y aquí, en mitad de un crimen metafórico, entrego mi alma al abismo de la irracionalidad, entre ángeles impertérritos y demonios sedientos de unas últimas gotas de desesperanza con amargo sabor a angustia y enquistada distancia.

Sentimientos crípticos, densos y húmedos como una noche tropical se acumulan a mi alrededor sin dar respiro, y es ahora cuando todo debe terminar para que la luz se abra paso entre este desgarro emocional y pueda levantarme en armas (de espinas y rosas), para así rasgar estos tupidos velos de terciopelo negro que separan mi locura de tu sensatez.

Una vez más te pido perdón por ajusticiar la noche pero es que ya pasamos demasiado tiempo bajo su sombra y yo solamente quería ver de nuevo tus ojos.

Noche oscura

 
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Publicado por en 14 septiembre, 2016 en Mis Relatos

 

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Víboras

Déjame olvidarte como papel mojado navegando sin rumbo por el mar, haz que el peso de mis manos entregue tu recuerdo a lo más hondo del abismo. Arrojar flores a esta naturaleza marchita que hemos engendrado sería únicamente un último acto de desagravio cuando la despedida ya se ha sentado en nuestro salón de invitados.

Vamos a cesar esta angustia, vaciar de una vez el pesar de tu pecho en un abismo de sangre y miserias que te envuelven y reconcomen internamente. No queda más razón que la propia nada y su íntimo delimitar con tus labios y el veneno que allí guardas como éxtasis para almas decrépitas y sentenciadas.

He mantenido enterrados estos demonios que hoy nos asolan por miedo a que llegase el día en el que decir no a toda esa plaga de rencores que guardas. Medianoche de Infierno para el corazón, y una tensa mueca en los labios para dictar punto y final a esta función de terror y risas nerviosas. En frías y otoñales manos encomiendo mi (des)amor.

Lo oculto de tu miseria hace todavía más evidente mi desprecio. Sombra purgando tu odio en brazos de la soledad y otros desastres con los que justificar tu derrumbamiento, como la caída del hijo pródigo. Simplemente el cielo se olvidó de ti, mientras a tu alrededor construías un inmenso pandemonio.

Eres viejo lastre de un caos interrumpido por baches de ausencia y calma irritante, ahora sí, perdóname porque ya no hay más ganas de prestar atención a tus desvaríos y falsa sensación de superioridad. En tu vieja prisión de decadencia y mentiras fáciles nunca has sido libre, todo lo contrario que los corazones rotos que dejaste por el camino. Sí, yo, libre por fin, libre de ti.

Peter Paul Rubens - Cabeza de Medusa

Peter Paul Rubens – Cabeza de Medusa (1618).

 
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Publicado por en 20 julio, 2016 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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