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Archivo de la etiqueta: Divagaciones

Parabellum

La guerra está hecha para los valientes, o al menos para aquellos suficientemente insensatos para perder del todo el juicio por una causa de dudosa razón de ser y estar. El riesgo, ya se mide a seis pies bajo tierra de este amor.

Aquí estamos frente a frente, a ras de vena, el tintero, la sangre el arma que escribe ese adiós con sabor a metal y destrozo, midiendo cada latido como la distancia que separa tu raciocinio del mío trastornado y anclado en una sola sensación.

Atrás las noches, las luces, las miradas perdidas en lo superficial de la discrepancia, y el corazón enterrado a plomo en el asfalto. Insensibles, hieráticos, anclados en un momento pasado que arrastra tras de sí todo el presente.

Esta oportunidad se medía en las ganas de pervivir cuando todo gritaba en contra. Cada frustración, un disparo que muerde por dentro y retuerce por fuera; el infierno en contra y la pasión desatada entre sábanas que resoplan.

Vacía el cargador de besos y fuego, exhaustos, ya hemos impactado en el silencio, esta es la sensación que buscaba. Una derrota total, para ti, para mí. Y por fin, esa tentación indispensable que sentir al caer el día para mantener caliente el recuerdo.

¿Para cuándo la revancha? Otra oportunidad más, sentir.

Si vis pacem, para bellum.

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Publicado por en 16 enero, 2019 en Mis Relatos

 

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Hubo que decir que no

Hubo que decir que no en el mismo instante en que el cabaret de cuatro paredes en el que nos habíamos visto tan (des)envueltos se desvistió de alegría para tornarse en un cadáver sin rumbo que era incapaz de dar una respuesta a tanto silencio incómodo.

Hubo que decir que no por la salud mental, por el corazón impaciente, convaleciente y hastiado. Las palabras, los gestos, ausentes cedieron su trono al olvido, sin resentimiento, pero también sin ganas. Diluido todo en un pérfido juego del gato y el ratón en el que la oportunidad perdida devora a ambos protagonistas.

Hubo que decir que no, sin prisa, con el desgaste de un calendario que día a día entregaba una lápida más que amontonar sobre la ilusión y el tedio a partes iguales. Esperando o desesperando, dos caras de una misma moneda oxidada, tornando este bloqueo emocional en ganas de perturbar tu corazón helado al ritmo de la noche.

Hubo que decir que no, sin arrepentimiento, ni como un órdago a lo impensable, que por creer serlo, se presentó con vino y flores a las puertas de nuestra mesa reservada. Persistieron las ganas, desnudas de entusiasmo, quedó el cielo como meta y el Tajo como límite en el que ahogar lo tóxico de la impaciencia.

Este hueco que quedó se inunda, día a día, litro a litro, el silencio que regalaste es un motivo más para poner en cuarentena tu tacto deliciosamente despreocupado y sutil. Corazón, unas veces se dice adiós, otras simplemente no hace falta.

Edvard Munch – Melancolía (1894 – 1896).

 
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Publicado por en 5 diciembre, 2018 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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Sí, quiero

El doble chasquido de la puerta al cerrar desnuda definitivamente la incertidumbre que hasta ese momento se había movido furtiva y reacia a manifestarse. Es la doble sensación de derrota la que palpa tu pecho para comprobar si el pulso al que te habías abandonado durante tanto tiempo ha huido para no volver.

El juego de labios se retuerce y las manos que contemplaban el Edén con su tacto se desvanecen en un hirviente y doloroso mar de olvido y desesperación. Las sonrisas pasadas que se alimentaban de fe, ahora contorsionan de imposibilidad, meciéndose entre la tempestad sin ánimos de revancha.

En este jardín de rosas secas las espinas son lo único que te devuelve a la realidad. Pero cuando la sangre se convierta en el abono para hacer crecer un resquicio de certidumbre, sabes que todo está condenado y desencadenado para un final crudo y un nuevo comienzo tan inesperado como indeseable.

Si el amor es lo único cierto, nadamos ya en un abismo de dudas. Es el cuento de nunca acabar que da vueltas y vueltas en tu cabeza, volviendo siempre al mismo punto de partida, a la exacta frustración con la que todo empezó y en la que todo acabará el día que digas “sí, quiero” a la resignación.

Quisiera que la verdad se filtrase tozuda entre esta impasible oscuridad. ¿Será posible guardar con aplomo la compostura ante la elección y su consecuencia, ante el beso y su sabor, ante su abrazo y la sublimación posterior? No, no es posible más… La fachada se derrumba y con ella la ansiada liberación.

Como monumentos de siglos pasados, nos mantenemos en pie por la persistencia de la memoria que no se resigna a caer. Con el paso del tiempo, las grietas que cubren nuestro lienzo particular se hicieron signo de resistencia, sí, de querer hasta el final.

Gustave Courbet – Los felices amantes (Circa 1844).

 
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Publicado por en 28 noviembre, 2018 en Arte, Cultura, Mis Relatos, Sin categoría

 

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Dime corazón si en el olvido hay lugar para los dos

Dime corazón si en el olvido hay lugar para los dos, porque si hay que callar para siempre, no esperes que silencie estos labios ante la avalancha que está por venir.

Hay una oscuridad aquí cerca que debemos sentir, no obstante, puede que sea la última que abandonemos su calor para adentrarnos en el frío de la ausencia.

¿No ves estas heridas?, están hechas a medida para ti y para mí, y aun así seguimos azuzando con sal su dolor y con erráticas fantasías el recuerdo de ese pasado secuestrado que no volverá.

La noche eclipsa la inspiración que como unos viejos amantes, reconocen la derrota ante la adversidad y lo afrontan con una sonrisa amplia y el cianuro más dulce.

Aquí, con las manos rojas y el corazón negro, lúgubres herejes que sabemos que la escapatoria es difusa y la solución no se encuentra en turbios posos de rencor.

Nos queda una oportunidad para el milagro y así resurgir en mitad de una Luna llena de Grimshaw, plenos y con las expectativas exorbitadas como Venus en Mayo.

Hagamos de este epílogo algo épico digno de recordar y escucha, porque si vamos a volver ser mártires del azar del amor, que nos atrape libres de toda efímera duda.

Dime corazón, sin mirarme, sólo dime que a veces lates al mismo ritmo que yo.

René Magritte – Los amantes (1928).

 
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Publicado por en 3 octubre, 2018 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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Es

No es posible contabilizar las lágrimas a través de la lluvia, igual que no es posible determinar la próxima vez en la que podré indagar los dictámenes del infierno a través de tus ojos. Estos sentimientos rezagados anegan de silencio la cripta en donde una vez descargamos las ganas de caer en nuestra propia fantasía.

Con la mesa puesta y el corazón sobre ella, a cuchillo y tenedor esperamos y esperamos la mesura que no vendrá, el recuerdo que lo cambie todo, ese significado oculto tras el pincel que pinte un retrato lo más acertado posible al sin sentido, para que la niebla que entierra en preguntas sin respuesta estos besos sea bendecida con silencio.

Un momento antes de la tormenta el corazón se acelera, lo que está por llegar quiere cambiarlo todo por un beso en los labios y un adiós con sabor a infinito. Será que el día se resiste a morir para brindarnos unas horas más en el paraíso, y es que si la eternidad de su vacío está tras la puerta, que espere ahí.

Muecas exageradas y retorcidas en la oscuridad, me transformo sin remedio con el devenir insustancial de las horas. Este silencio incómodo conspira contra la cordura, derivándome a un estado de alerta permanente en el que cada rincón puede ser el lugar preciso en donde hallar la magia que creía haber encontrado y ahora se ausenta sin fecha de retorno.

No es que sea reacio a morir de (des)amor, sólo que el tiempo que discurra hasta la certeza imposible de tu abrazo, prefiero pasarlo allí donde la piel se funde y el juicio se pierde. La gente quizás hablará, haremos oídos sordos; y el camino, allí, se abrirá entre la incertidumbre que provoca lo imprevisible de un único sentir a medianoche.

No será lo que tenga que ser, ya es.

 
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Publicado por en 26 septiembre, 2018 en Cine, Mis Relatos

 

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A propósito del olvido

A propósito del olvido que obró el milagro de convertir las lágrimas en sangre y los recuerdos en efímeras efigies de éxtasis que se debaten entre lo trágico y lo divino.

A propósito de ti, que cincelaste el miedo en ganas de hundir el Infierno que guardamos todos en nuestro interior a un rincón todavía más profundo de la carne y el alma.

A propósito de mí, que clamé para derrotar la tempestad y con ella perdí la cordura y la pasión que un día juró que lo perfecto sería un juego terrible en el que ganar o perderlo todo.

La tormenta define el camino y este se bifurca para hacer de esta emoción un laberinto inabarcable de pretensiones que deambulan por suelos mojados y resbaladizos sentimientos.

De camino a casa, miras atrás por hallar un resquicio de esperanza que te obligue a recuperar un momento de ilusión que mantener vivo al caer a plomo sobre ti el amanecer.

Llega el momento en el que sólo quiero distinguir su rostro entre la niebla que se arremolina a mi alrededor como una musa insuflando su inspiración. Llegará el día, llegará el momento.

Y en un último gesto calculado de ira, como un relámpago degollando la noche, nos presentamos ambos observando paisajes nocturnos como en un déjà vu, levantamos un dedo al recordar al fin… A propósito del corazón entre las manos, a propósito del olvido (que ya no es más).

Brassaï (Gyula Halász) – Pareja bajo una farola (Circa 1932).

 
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Publicado por en 29 agosto, 2018 en Arte, Mis Relatos

 

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Amor & Odio

Te despiertas cada día con la sensación de que el mundo es un lugar muy opresivo reducido a suburbios de desesperación que empequeñecen sin parar. Un abrazo reventando esperanzas como cristales rotos de espejos que ya sólo reflejarán cientos de formas de romperte el corazón, para no volver a la cordura ni la vista atrás a tu pequeño reino sin trono.

¿Hay amor aquí o es un espejismo para el autoengaño más cruel que nunca se ha visto? Alimentando esperanzas día tras día sobre un terreno yermo y perdido de la moda del momento, el último grito aquí sólo proclama el nombre de la frustración, ese que cala cada esquina con su pérfido veneno.

Los sin corazón caminan como zombis, presas de sus propios pecados, poniéndose al alcance de sus depredadores, y estos no harán más que alimentarse de los despojos esqueléticos que subviven a base de la inercia adicta que roe como una termita, todo rastro de dignidad e inocencia a cambio de una máscara de efímera y feliz anestesia.

Odio, porque es la llave que abre todas las puertas del Infierno y nos envía a sus criaturas entre rescoldos tan implacables como abrasadores. Cuando llegue la hora del exterminio no querrás estar de rodillas rezando a tu patrón del mal, ni al falso santo del barrio. Si el respeto se gana con sangre, mira un poco por encima del hombro y verás quien se baña en él.

Ofrece cristalino descanso y una cura perpetua para acabar esta historia de una vez por todas, y un billete de ida sin retorno, puesto que lejos de esta podredumbre, cualquier erial es un paraíso en el que buscar la manzana prohibida y volver a caer en este limbo sin salida. Hay que darse prisa porque el final del día está aquí.

 
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Publicado por en 2 mayo, 2018 en Música, Mis Relatos

 

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