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Archivo de la categoría: Cultura

Henri Matisse

Le Cateau-Cambrésis (Francia 🇫🇷), 31 de Diciembre de 1869 – Niza (Francia 🇫🇷), 3 de Noviembre de 1954.

Henri Matisse es uno de los artistas más destacados del Siglo XX junto a Pablo Picasso. Pintor, grabador, escultor; destacó por su dibujo alegre y un intenso uso del color, aunando influencias muy dispares a lo largo de su obra. Nos encontramos por lo tanto ante una de las figuras centrales del Arte Moderno.

Mujer leyendo (1894).

Olla azul y limón (1897).

Jarrón con girasoles (1898).

Estudio de un desnudo (1899).

Vajilla sobre una mesa (1900).

Jardines de Luxemburgo (1901).

Notre-Dame al final de la tarde (1902).

Carmelita (1904).

Lujo, calma y voluptuosidad (1904).

Plaza des Lices, Saint-Tropez (1904).

Los tejados de Collioure (1905).

Mujer con sombrero (1905).

Naturaleza muerta con tulipanes (1905).

Retrato de Madame Matisse, la raya verde (1905).

Ventana abierta, Collioure (1905).

La alegría de vivir (1905 – 1906).

Autorretrato con camiseta de manga corta (1906).

Jarrón, botella y fruta (1906).

Desnudo azul (1907).

Armonía en rojo (1908).

Juego de bolos (1908).

La conversación (1908 – 1912).

La danza (1909).

Naturaleza muerta con la danza (1909).

Música (1910).

Naturaleza muerta sevillana (1910 – 1911).

El estudio rojo (1911).

Estudio rosa (1911).

Paisaje marroquí (1913).

Retrato de la mujer del artista (1913).

El pintor con su modelo (1916 – 1917).

Autorretrato (1918).

El torso de yeso (1919).

Mujer ante una pecera (1922).

Retrato de mujer joven, Delectorskaya (1935).

Mujer joven con blusa azul, retrato de Lydia Delectorskaya (1936).

Como si ella nunca me hubiese visto (1943).

Polinesia, el cielo y el mar (1946).

Icarus (1947).

Retrato de Lydia Delectorskaya (1947).

Autorretrato (1948 – 1952).

El periquito y la sirena (1952).

La tristeza del rey (1952).

El caracol (1952 – 1953).

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Publicado por en 13 diciembre, 2017 en Arte, Cultura

 

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Alberto Durero

Núremberg (Alemania 🇩🇪), 21 de Mayo de 1471 – Núremberg (Alemania 🇩🇪), 6 de Abril de 1528.

Alberto Durero es unánimemente considerado uno de los artistas más completos del Renacimiento europeo y sin duda el más destacado en Alemania. Dotado de una gran habilidad, se prodigó en diversas ramas del arte como la pintura, el grabado, el dibujo e incluso escritos sobre arte en general; siempre con éxito y además influyendo a otros artistas muy posteriores a él. Su legado artístico es por lo tanto indudable.

Autorretrato a la edad de trece años (1484).

Autorretrato (1493).

Patio del Castillo de Innsbruck (1494).

San Jerónimo (1495).

Autorretrato (1498).

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis (1498).

Lamentación por Cristo (1498 – 1500).

Madonna Haller (Circa 1498).

Retrato de Oswolt Krel (1499).

Autorretrato (1500).

Némesis (Circa 1501).

Liebre joven (1502).

La gran mata de hierba (1503).

Adán y Eva (1504).

Retrato de una joven veneciana (1505).

Salvator Mundi (Circa 1505).

Fiesta del Rosario (1506).

Jesús entre los doctores (1506).

Adán y Eva (1507).

Anciana con monedero (1507).

Manos que oran (1508).

La Expulsión del Paraíso (1510).

Adoración de la Trinidad (1511).

Caballero, la Muerte y el Diablo (1513).

Melancolía I (1514).

San Jerónimo en su estudio (1514).

Rinoceronte (1515).

La Virgen con el Niño (1516).

Retrato de Jakob Fugger (Circa 1519).

Retrato de Maximiliano I (1519).

Retrato de un hombre (1521).

Los Cuatro Apóstoles (1526).

 
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Publicado por en 15 noviembre, 2017 en Arte, Cultura

 

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Fotografía espírita

La fotografía espírita o fotografía de espíritus es un tipo de fotografía cuyo intento principal es el de capturar imágenes de fantasmas y otras entidades espirituales. Tiene una larga historia que se remonta a finales del Siglo XIX, principalmente con el auge de las sesiones espiritistas o séances en reuniones de sociedad. Estaba practicada esencialmente por pseudocientíficos agrupados en asociaciones, y en algunos casos por meros aficionados.

La fotografía de espíritus fue utilizada por primera vez por William H. Mumler en la década de 1860. Mumler descubrió la técnica por accidente, después de observar un efecto de doble exposición en una foto. Al ver que había un mercado para ello, Mumler comenzó a trabajar como un médium, tomando fotografías de personas y adulterando los negativos para añadir a perdidos a seres queridos en ellos (en su mayoría utilizando otras fotografías como base). El fraude de Mumler fue descubierto después de que puso como espíritus en sus fotografías falsas a residentes de Boston perfectamente identificables.

Otros fotógrafos espírita también comenzaron a vender las fotografías, como por ejemplo Fred A. Hudson, que tomó muchas fotografías de espíritus para espiritistas en 1872. Desde la década de 1880 hasta principios del Siglo XX, la fotografía espírita siguió siendo popular, con defensores notables de este método como Arthur Conan Doyle y William Crookes. William Stainton Moses, otro espiritualista, afirmó que la fotografía de espíritus operaba por medio de una sustancia líquida viscosa llamada ectoplasma, en el que los espíritus toman forma. Algunos autores espiritualistas escribieron libros apoyando este tipo de fotografía como es el caso de Georgiana Houghton y su Chronicles of the Photographs of Spiritual Beings and Phenomena Invisible to the Material Eye (1892) y James Coates con Photographing the Invisible (1911).

Uno de los fotógrafos espírita más tardíos fue William Hope (1863 – 1933). El célebre investigador psíquico Harry Price reveló que las fotografías de Hope eran fraudes. El investigador examinó las placas fotográficas que William Hope iba a utilizar (marcadas a pedido con la insignia del Dry Plate Co.), y secretamente imprimió doce puntos con una aguja. Harry Price examinó los movimientos del fotógrafo, asunto para nada sencillo en un cuarto apenas iluminado por una luz roja. Creyó detectar un pequeño acto de ilusionismo, por el cual William Hope cambiaba las placas colocando unas de su propia cosecha. Finalmente cuando las fotografías fueron reveladas mostraron la presencia asombrosa de un espíritu, y una placa sin los puntos marcados con la aguja.

Hope todavía tuvo cierto reconocimiento de otros espiritualistas como Charles Lakeman Tweedale autor de Man’s Survival After Death (1920), así como del autor y espiritualista Arthur Conan Doyle, que se negaron a aceptar ninguna evidencia de que las fotografías de Hope eran productor un fraude, tomándose un gran esfuerzo a limpiar su nombre, incluyendo la redacción de un libro de apoyo a su fotografía espírita, The Case for Fotografía Spirit (1922).  En su libro Cincuenta años de investigación psíquica, Price elaboró un listado de muchos fotógrafos espírita que habían realizado fraudes. Price, el cual había pasado la mayor parte de su vida al estudio de los fenómenos psíquicos escribió que “No hay ninguna evidencia de que una fotografía espíritu nunca se ha producido”. Lo que es también la opinión de la mayoría de los investigadores psíquicos”.

Harry Price.

Otros fotógrafos espírita desenmascarados por Price como farsantes son David Duguid y Edward Wyllie. Ronald Pearsall expuso los trucos de la fotografía espírita en su libro The Table-Rappers (1972).

Fotografía realizada por William Hope en la que aparece el supuesto fantasma flotante de una mujer entre una pareja mayor.

Fotografía realizada por William Hope en el que una mesa levita por la acción de un brazo fantasmal.

Famosa fotografía de William H. Mumler en la que aparece Mary Todd Lincoln con el supuesto fantasma de su marido, Abraham Lincoln.

Fotografía realizada con doble exposición por G. Maerkl en la que un supuesto fantasma ataca con una espada a un hombre.

Fotografía realizada por Eugène Thiébault de Henri Robin atacado por un fantasma.

Fotografía de David Duguid en el que aparece Mora Duguid acompañada de un supuesto fantasma flotante.

Fotografía de Edward Wylie en el que aparece Miss Bentley y el supuesto espíritu de su hermana fallecida.

Helen Duncan en trance con “fantasmas” y un supuesto ectoplasma fluyendo de ella.

Otras fotos.

*Las dos primeras fotos de esta galería pertenecen también a William Hope.

Fuentes: Wikipedia, Google (fotografías), Daily News, London Stereoscopic Company, Museo de Orsay, elaboración propia.

 

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Les Diableries

Con el nombre de Les Diableries se conoce a un grupo de tarjetas estereoscópicas publicadas en París desde 1860 hasta 1900 aproximadamente. Su originalidad radica sobre todo en la temática que tratan y en la tecnología de la época utilizada para su realización. Estas tarjetas fotográficas retratan escenas cotidianas en el Infierno en donde los esqueletos, demonios, ninfas, sátiros y otros seres campan a sus anchas, reflejando a modo de sátira la corrupción y decadencia del Segundo Imperio francés (1852 – 1870) de Napoleón III y también del declive en el estilo de vida de la burguesía.

Se sabe de al menos tres escultores que han creado viñetas de la serie: Louis Alfred Habert, Pierre Adolph Hennetier y Louis Edmond Cougny. La serie fue originalmente publicada por François Benjamin Lamiche pero más tarde se hizo cargo y se expandió gracias el editor Adolph Block. Un total de 72 escenas fueron publicadas por Block. Muchas “stereoviews” salieron a la luz más tarde aunque eran de menor calidad, en este caso fueron publicadas por un competidor de Adolph Block llamado Jules Marinier. Por lo herético y subversivo de las imágenes, Les Diableries fueron publicadas de manera anónima.

Las escenas representadas en estas Diableries fueron esculpidas en barro, sobre una mesa, y posteriormente se fotografiaron con una cámara estéreo. El resultado se imprimió en fino papel a la albúmina, aplicándose acuarelas en la parte posterior de las impresiones, y enmarcándose todo el conjunto en cartón grueso sin respaldo. El resultado, preparado para ser visto a través de un estereoscopio, es una escena en tres dimensiones, que se colorea de manera sorprendente al encender una luz detrás. Los ojos de los esqueletos resaltan tanto contra la luz porque están perforados y rellenos con gel o barniz de color rojo y verde.

La estereoscopía es cualquier técnica capaz de recoger información visual tridimensional y/o crear la ilusión de profundidad mediante una imagen estereográfica, un estereograma, o una imagen 3D (tridimensional). La ilusión de la profundidad en una fotografía, película, u otra imagen bidimensional se crea presentando una imagen ligeramente diferente para cada ojo, como ocurre en nuestra forma habitual de ver.

Reproducción del estereoscopio de Oliver Wendell Holmes, creado originalmente alrededor de 1860.

Diferencia entre una “Diableries” con su aspecto normal y vista con el estereoscopio.

Más información en: Diableries, Stereoscopic Adventures in Hell por Denis Pellerin, Brian May, Paula Fleming (2013).

Galería de Diableries en orden numérico aquí.

Durante finales del Siglo XIX también se pusieron de moda en París unos cabarets con decoración muy similar a la mostrada en Les Diableries.

Galería con algunos ejemplos de Les Diableries.

Nota: Todas las fotografías son propiedad de sus autores y únicamente se exponen aquí con fines culturales y divulgativos.

Fuentes: Wikipedia, Las Gatas Madrileñas, London Stereoscopic Company (Diableries, Stereoscopic Adventures in Hell por Denis Pellerin, Brian May, Paula Fleming), Cine-Graphics, Google & Pinterest (fotografías), elaboración propia.

 
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Publicado por en 27 septiembre, 2017 en Arte, Cultura, Entretenimiento, Esoterismo, Historia

 

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Tiziano

Pieve di Cadore (Italia 🇮🇹), Circa 1488 – 1490 – Venecia (Italia 🇮🇹), 27 de Agosto de 1576.

Tiziano Vecellio es sin duda uno de los grandes maestros de la pintura del Renacimiento y uno de los mayores exponentes de la conocida Escuela Veneciana. Su obra se caracteriza por un vívido uso del color y la luminosidad, dotado además de una pincelada ligera pero a la vez muy precisa en detalles. La capacidad de Tiziano de ejecutar temas mitológicos, retratos, paisajes o temática religiosa le convierten en uno de los artistas más versátiles de la historia de la pintura.

Ariosto (Circa 1510).

Retrato de mujer (La schiavona, 1510 – 1512).

Noli me tangere (Circa 1512).

Amor sagrado y amor profano (1515).

Flora (1515).

La Asunción de la Virgen de Santa María dei Frari (1516 – 1518).

La bacanal de los andrios (1518 – 1519).

Ofrenda a Venus (1518 – 1519).

Baco y Ariadna (1520 – 1523).

Andrea Gritti, Dux de Venecia (1523 – 1538).

Carlos V con un perro (1533).

Magdalena penitente (1533).

Venus de Urbino (1538).

Alocución del Marqués de Vastos a sus soldados (1540 – 1541).

Carlos V a caballo en Mühlberg (1548).

Emperatriz Isabel de Portugal (1548).

Sísifo (1548 – 1549).

El caballero del reloj (1550).

Salomé con la cabeza del Bautista (Circa 1550).

Felipe II (1551).

Dánae recibiendo la lluvia de oro (1553).

Venus y Adonis (1554).

Venus recreándose con el Amor y la Música (Circa 1555).

Entierro de Cristo (1559).

El rapto de Europa (1560 – 1562).

Oración en el huerto (1562).

Alegoría del Tiempo gobernado por la Prudencia (Circa 1565 – 1570).

Ecce Homo (1565 – 1570).

Autorretrato (1567).

La Piedad (1576).

 
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Publicado por en 29 agosto, 2017 en Arte, Cultura

 

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Yūrei & Gaki, fantasmas japoneses

Yūrei y Gaki son figuras pertenecientes al folclore japonés y que guardan una importante analogía con las leyendas de fantasmas y malos espíritus occidentales.

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Sawaki Sūshi – Yūrei (1737).

Yūrei.

Los yūrei (幽霊) son fantasmas japoneses. Como sus similares occidentales, se piensa que son espíritus apartados de una pacífica vida tras la muerte debido a algo que les ocurrió en vida, falta de una ceremonia funeraria adecuada, o por cometer suicidio. Usualmente aparecen entre las dos de la madrugada y el amanecer, para asustar y atormentar a aquellos que les ofendieron en vida, pero sin causar daño físico.

Tradicionalmente, son femeninos, y están vestidos con una mortaja, un kimono funerario, blanco y abrochado al revés. Normalmente carecen de piernas y pies (en el teatro tradicional se simula esto con un kimono más largo de lo normal), y frecuentemente están acompañados por dos fuegos fatuos (hi-no-tama), de colores azul, verde o púrpura. Estas llamas fantasmales son partes separadas del fantasma más que espíritus independientes. Los yūrei también suelen tener un trozo triangular de papel o tela (hitaikakushi (額隠?), en su frente. La mayoría de estos fantasmas son representados con cabello largo y negro, siendo otra de sus características principales. Como muchos monstruos del folklore japonés, los yūrei pueden ser repelidos con ofuda (御札?), escrituras sintoístas santificadas.

Dentro de los yūrei hay varias categorías de fantasmas, dependiendo principalmente del modo en el murieron en vida o por su razón en volver a la tierra.

  • Onryō: Son fantasmas vengativos que vuelven del purgatorio por un mal hecho a ellos durante su vida.
  • Ubume: Es el fantasma de una madre que murió durante el parto, o murió dejando niños pequeños. Estos yūrei suelen regresar para cuidar de sus hijos y a menudo les traen dulces.
  • Goryō: Son fantasmas vengativos de la clase aristocrática, en especial aquellos que fueron martirizados.
  • Funayūrei: Son los fantasmas de los que fallecieron en el mar.
  • Zashiki-warashi: Son fantasmas de niños, más traviesos que peligrosos.
  • Fantasmas guerreros: Veteranos de las guerras Genpei que cayeron en batalla. Aparecen casi exclusivamente en el teatro Nō.
  • Fantasmas seductores: Es el fantasma de un hombre o una mujer quienes después de muertos inician un romance con un humano vivo.

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Maruyama Okyo – El fantasma de Oyuki (1750). Esta es la primera representación artística de un yūrei tradicional.

Algunas de las historias de yūrei más conocidas son:

  • Okiku: Se dice que se aparece en el Castillo de Himeji. La historia cuenta que hace doscientos años, vivía un jefe de policía llamado Aoyama Shuzen que se alojaba en la calle Bansho, en Tokio. Su trabajo consistía en capturar ladrones y pirómanos, y era hombre violento y cruel, sin atisbo de corazón o compasión. Shuzen tenía en su casa una sirviente llamada Okiku. Ella se había educado en su familia desde la infancia y conocía bien el temperamento de su amo. Un día, por accidente, rompió un plato de preciosa porcelana de un conjunto formado por diez. Sabía que pagaría por este descuido, pero pensó que si intentaba esconderlo el castigo sería mucho peor. Así que temblando de miedo, fue a ver a la mujer de su amo y le confesó lo que había hecho. Cuando Shuzen volvió y vio que uno de sus platos preferidos estaba roto, montó en cólera, la ató y la golpeó y cada día le cortaba un dedo. Okiku, agonizante, no podía hacer nada apenas, pero logró finalmente desatarse y escapar al jardín y se tiró a un pozo para ahogarse. Desde ese día, cada noche una voz sale del pozo y cuenta: “Un plato, dos platos, tres platos… hasta nueve, y luego se echa a llorar. Okiku pertenece a la leyenda Banchō Sarayashiki (番町皿屋敷).
  • Oiwa: Es un onryō, fantasma que busca venganza. Su fuerte pasión por la venganza le permite atravesar el puente de regreso al mundo de los vivos. Oiwa comparte las características más comunes del fantasma japonés, incluyendo el vestido blanco que representa el kimono que habría vestido, el cabello largo y desordenado y la cara blanca/violácea propia del fantasma en kabuki. Hay también rasgos específicos que la separan de otros onryō. El rasgo más famoso es su ojo derecho, que cuelga como resultado del veneno que le dio Iemon. Este rasgo es exagerado en kabuki para darle a Oiwa su apariencia particular. Oiwa es también parcialmente calva a consecuencia del veneno que tomó. En una escena espectacular de la obra de kabuki, la Oiwa de carne y hueso se sienta en frente del espejo y peina su cabello que se cae por efecto del veneno. Su cabello se acumula en montones de gran altura, efecto producido por alguien sentado debajo del escenario que empuja más y más cabello a través del suelo. Oiwa aparece en la obra Yotsuya Kaidan, la más famosa historia japonesa sobre fantasmas, escrita en 1825 por Tsuruya Nanboku IV.
  • El famoso Bosque de Aokigahara, situado en la falda Noroeste del Monte Fuji, es una localización popular para el suicidio en Japón y cuenta con numerosas leyendas de apariciones fantasmales y otros fenómenos extraños.  

La forma más fácil de exorcizar un yūrei es ayudar a cumplir su propósito. Cuando la razón de la fuerte unión del espíritu a la tierra y la emoción se ha ido, el yūrei está satisfecho y puede seguir adelante. Tradicionalmente esto se logra por miembros de la familia ejerciendo venganza sobre el yūrei acosador, o cuando el fantasma consuma su pasión/amor con su amante previsto, o cuando sus restos se descubren y se les da un entierro adecuado con todos los ritos necesarios realizados. Las emociones del onryō son particularmente fuertes, y ellos son los menos propensos a ser pacificado por estos métodos de “exorcismo”.

Monjes budistas y ascetas son en ocasiones contratados para llevar a cabo rituales en aquellas muertes inusuales o desgraciadas que pueden llevar a la aparición de un fantasma vengativo, de un modo similar a un exorcismo. En ocasiones estos fantasmas son deificados para aplacar sus espíritus.

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Tsukioka Yoshitoshi – Shimobe Fudesuke y el fantasma de la mujer en la cascada (Circa 1865).

Tsukioka Yositoshi - Yūrei

Tsukioka Yositoshi – Yūrei (Desconocida).

Con el nombre de Yurei-zu (幽霊図) se conoce al género japonés que consiste en pinturas o grabados de fantasmas, demonios y otros seres sobrenaturales. Estas obras alcanzaron su cumbre de fama durante mediados y finales del Siglo XIX.

Los yūrei han sido protagonistas de multitud de películas japonesas de gran éxito dentro y fuera del país nipón. El Círculo (Ringu リング, 1998), Dark Water (仄暗い水の底から, 2002), Ju-on: The Grudge (呪怨, 2003), son algunas de las más destacadas, entre otras.

Gaki.

En el marco de las mitologías budista, hinduista y jaina, un preta es un tipo de espíritu atormentado (el alma de un fallecido) que soporta más sufrimientos que los humanos, particularmente del hambre y de la sed en un grado extremo. La palabra sánscrita preta deriva de pra-ita, literalmente “alguien que se ha ido”. Originalmente se refería a los espíritus de los muertos. Más tarde en la época puránica y budista, el término quedó confinado a un tipo de espíritu malvado e infeliz.

En la mitología budista, el reino de los pretas, también conocido como el “reino de los espíritus hambrientos”, se basa en el estado de ser posesivo y en el deseo. A partir del chino se traducen a menudo como ‘espíritus hambrientos’, lo que a su vez deriva de las fuentes indias tardías, generalmente seguidas por el budismo Mahāyāna. En textos más antiguos del budismo (como el Petavatthu), son mucho más variados. Las descripciones de abajo se aplican principalmente a su contexto restringido.

Se cree que un preta fue una persona envidiosa o avara durante su vida previa como ser humano. Como resultado de su karma, padece un hambre insaciable de una sustancia determinada o por un objeto (tradicionalmente, algo repugnante o humillante, como cadáveres humanos o materia fecal, aunque en historias más recientes puede ser cualquier cosa estrambótica). En las versiones tibetanas del texto Bhavacakra son dibujados con cuellos delgados para representar esta condición.

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Representación treadicional de un Gaki.

En Japón, la palabra preta es traducida como gaki 餓鬼 (fantasma hambriento). Desde el año 657, algunos budistas japoneses guardan un día especial a mediados de Agosto para recordar a los gaki. Se cree que, a través de ofrendas y oraciones (segaki), los pretas pueden ser liberados de su tortura eterna. Considerados la reencarnación de aquellas personas que fueron codiciosas durante su vida que renacen como fantasmas famélicos con grandes vientres hinchados pero completamente vacíos, una joroba, una pequeña boca fruncida y un delgado cuello por el cual se hace imposible tragar. Invisibles al ojo humano en principio, merodean alrededor de las casa y buscan desechos en callejones y cementerios, devorando cosas repugnantes como cosas repugnantes como cuerpos en descomposición o heces de animales, también son notorias sus ansias por la sangre, pero por más que lo intenten no logran ingerir nada.

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Pergamino japonés que muestra a fantasmas hambrientos y la manera de aplacarlos (Museo Nacional de Kioto, Siglo XII).

Fuentes: Wikipedia, elaboración propia.

 

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El Arca de la Alianza

La palabra hebrea aron, usada para denotar el Arca de la Alianza, no nos recuerda una construcción grande, como en el caso del Arca de Noé, sino más bien un cofre o baúl. Generalmente el texto sagrado determina el uso de la palabra; así leemos del Arca del Testimonio (Éxodo 25, 16.22; 26, 33, etc.), el Arca del Testamento (Éxodo 30, 26), el Arca de la Alianza de Yahveh (Números 10, 33; Deuteronomio 10, 8, etc.), el Arca de la Alianza (Josué 3,6, etc.), el Arca de Dios (1 Samuel 3,3, etc.), el Arca de Yahveh (1 Samuel 4, 6, etc.). De todas estas expresiones, la que se ha vuelto más familiar es el “Arca de la Alianza”.

El Arca de la Alianza era una especie de cofre que medía dos codos y medio de largo, codo y medio de ancho y medio codo de alto (medida de longitud equivalente a 45 centímetros). Estaba hecha de madera de acacia, revestida por dentro y por fuera con el oro más puro y tenía a su alrededor una moldura o reborde de oro. Para transportarla tenía en las cuatro esquinas, probablemente en el borde superior, cuatro anillas doradas, a través de las cuales se pasaban dos varales de madera de acacia revestidos de oro, los cuales debían permanecer siempre en las anillas, aun cuando el Arca fuese colocada en el Templo de Salomón. La tapa del Arca, llamada “propiciatorio” (la palabra hebrea correspondiente significa tanto “cubrir” como “hacer la expiación”), era también del oro más puro (Éxodo 25, 10-17).

Sobre el propiciatorio se colocaron dos querubines de oro macizo, uno de cara al otro, con las alas extendidas de modo que cubrieran ambos lados del propiciatorio. Es imposible determinar qué eran exactamente estos querubines; sin embargo, por la analogía con el arte religioso egipcio, se puede suponer que eran imágenes de personas aladas, arrodilladas o de pie. Vale la pena señalar que ésta es la única excepción a la Ley que prohibía a los israelitas hacer imágenes talladas, una excepción tanto más inofensiva a la fe de los israelitas en un Dios espiritual porque el Arca regularmente se mantendría detrás del velo del santuario.

La forma del Arca de la Alianza probablemente fue inspirada por algún artículo del mobiliario de los templos egipcios; pero no debe ser representada como uno de aquellos bari sagrados, o bricbarcas (barco de tres palos), en los que se transportaba solemnemente en procesión a los dioses egipcios; probablemente fue modelada como el patrón de las naos de oro, plata o madera preciosa que contenían las imágenes de los dioses y emblemas sagrados. Según algunos historiadores de Israel modernos, el Arca, de todos modos análoga a los bari usados en la riveras del Nilo, contenían los objetos sagrados venerados por los hebreos, quizás alguna piedra sagrada, meteórica u otra. Tal declaración procede de la opinión que durante su vida nacional temprana los israelitas eran dados no sólo a la idolatría, sino a su forma más tosca, el fetichismo; que primero adoraron a Yahveh en las cosas inanimadas, luego lo adoraron en el toro, como en Dan y Betel, y que sólo alrededor del Siglo VII se elevaron a su concepción de un Dios invisible y espiritual. Pero esta descripción de la historia religiosa israelita no concuerda con las conclusiones más recientes derivadas de los textos. La idolatría de los hebreos no se puede probar más que su politeísmo; por lo tanto el Arca, lejos de ser vista como en la opinión antedicha, debe más bien ser considerada como una señal de la elección que Yahveh había hecho de Israel como su pueblo, y un signo visible de su presencia invisible en medio de su amada nación.

Arca de la Alianza

Réplica del Arca de la Alianza realizada por la empresa Hasbro (Transformers).

Al principio el Arca estaba destinada a contener el testimonio, es decir, las Tablas de la Ley (Éxodo 40, 20; Deuteronomio 10, 5). Luego se le ordenó a Moisés colocar en el tabernáculo, cerca del Arca, una vasija dorada conteniendo un gomor de maná (Éxodo 16, 34), y la vara de Aarón que había florecido (Números 17, 23). Según el autor de la Epístola a los Hebreos (9,4) y las tradiciones judías, éstas fueron puestas dentro del Arca misma. Algunos comentadores, con Calmet, afirman que el libro de la Ley escrito por Moisés había sido asimismo incluido en el Arca; pero el texto dice sólo que el susodicho libro estaba colocado “al lado del Arca” (Deuteronomio. 31,26); además, no está claro cómo se debe interpretar este libro, si era el Pentateuco completo, o el Deuteronomio, o parte de él, aunque el contexto parece favorecer las últimas interpretaciones. Como quiera que sea, sabemos por 1 Reyes 8,9, que cuando el Arca fue colocada en el Templo de Salomón, contenía sólo las Tablas de la Ley.

La parte más sagrada del Arca parece haber sido el oráculo, es decir, el lugar desde donde Yahveh hacía sus prescripciones a Israel. “Allí”, el Señor le había dicho a Moisés, “me encontraré contigo, desde encima del propiciatorio, de en medio de los dos querubines colocados sobre el arca del Testimonio, te comunicaré todo lo que haya de ordenarte para los israelitas. (Éxodo 25, 22). Y de hecho leemos en Números 7, 89 que Moisés “entraba a la Tienda del Encuentro para hablar con Él, oía la voz que le hablaba de lo alto del propiciatorio que está sobre el arca del Testimonio, de entre los dos querubines.”

Yahveh solía hablar a su siervo en una nube sobre el oráculo (Levítico 16, 2). Probablemente, ese era también el modo en que se comunicaba con Josué después de la muerte del primer líder de Israel (Josué 7, 6-11). El oráculo era, por así decirlo, el corazón mismo del santuario, el lugar de la morada de Dios; de ahí que leemos en algunos pasajes del Antiguo Testamento que Yahveh “se sentaba sobre (o más bien, por) el querubín”.

En los últimos años de la historia de Israel los rabinos judíos, con motivo de la reverencia a la santidad de Dios, evitaban pronunciar cualesquiera de los nombres que designaban a la Divinidad en el lenguaje hebreo, tales como El, Elohim, etc., y mucho menos Yahveh, el nombre inefable, es decir, un nombre impronunciable para ninguna lengua humana; en lugar de éstos, ellos usaban metáforas o expresiones que hacían referencia a los atributos divinos. Entre éstos, se volvió muy popular la palabra shekinah, la cual significaba la presencia divina (de shakhan, habitar), de ahí la gloria divina, y había sido sugerida por la creencia en la presencia de Dios en una nube sobre el propiciatorio. El Arca no sólo significaba la presencia en medio de su pueblo, sino que también indicaba las empresas belicosas de Israel; en consecuencia, no podía caer un mayor mal sobre la nación que la captura del Arca por sus enemigos como vemos que sucedió hacia el final del período de los Jueces y quizás también en la toma de Jerusalén por el ejército babilonio en 587 a. C.

Biblia de Maciejowski - David llevando el Arca a Jerusalén

Biblia de Maciejowski – David llevando el Arca a Jerusalén (Siglo XIII).

Las muy ricas horas del Duque de Berry – El Arca transportada al templo (Siglo XV).

Historia.

Según la narrativa sagrada registrada en Éxodo 25, 10-22, Dios mismo había dado la descripción del Arca de la Alianza, así como la del tabernáculo y todos sus accesorios. La orden de Dios fue cumplida al pie de la letra (Éxodo 37, 1-9) por Besalel, uno de los hombres diestros nombrados “para concebir y realizar proyectos en oro, plata y bronce, para labrar piedras de engaste, tallar la madera y ejecutar cualquier otra labor de artesanía” (Éxodo 35, 32-33). Ese día Dios mostró su complacencia al llenar el tabernáculo del testimonio con su gloria, y al cubrirla con la nube que desde entonces sería para su pueblo una señal que los guiaría en sus viajes. No todos los levitas estaban autorizados a guardar el santuario y el Arca, sino que este oficio se le confió a los parientes de Quehat (Números 3, 28).

Durante la vida en el desierto, cuando se levantaba el campamento, Aarón y sus hijos iban al tabernáculo de la alianza y al Santo de los Santos, descolgaban el velo protector que colgaba en la puerta, cubrían con él el Arca del Testimonio, le ponían una cubierta de cuero fino, luego un paño todo de púrpura, y le ponían los varales (Números 4, 5-6). Cuando el pueblo plantaba sus tiendas para acampar por algún tiempo en algún lugar, todo se colocaba de nuevo en su orden usual. Durante los viajes el Arca iba antes que el pueblo; y cuando era levantada ellos decían: “Levántate, Yahveh, que tus enemigos se dispersen, huyan delante de ti los que te odian.” Y cuando se detenían decían: “Vuelve, Yahveh, a las miríadas de Israel.” (Números 10, 33-36). Así el Arca presidía sobre todos los viajes y estaciones de Israel durante su vida nómada en el desierto.

Como se ha dicho antes, el cofre sagrado era el signo visible de la presencia y protección de Dios. Esto se mostró del modo más impactante en diferentes circunstancias. Cuando los espías que habían sido enviados a explorar la Tierra Prometida regresaron y dieron su informe, surgieron murmuraciones en el campamento, que ni las amenazas ni incluso la muerte de los autores pudieron calmar. Contra la voluntad de Dios, muchos israelitas subieron a la montaña para enfrentarse a los amalecitas y cananeos: “ni el arca de la alianza de Yahveh ni Moisés se movieron del campamento” (Números 14, 44). Y los enemigos bajaron y batieron y destrozaron a los presuntuosos hebreos a quienes Dios no ayudaba. Las próximas dos manifestaciones del poder de Yahveh a través del Arca ocurrieron bajo el liderazgo de Josué. Cuando el pueblo estaba a punto de cruzar el Jordán, “los sacerdotes llevaban el arca de la alianza a la cabeza del pueblo. Y en cuanto los que llevaban el arca llegaron al Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca tocaron la orilla de las aguas… las aguas que bajaban de arriba se detuvieron y formaron un solo bloque a gran distancia… mientras que las que bajaban hacia el mar de la Arabá, o Mar de la Sal, se separaron por completo, y el pueblo pasó frente a Jericó. Los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza de Yahveh se estuvieron a pie firme, en seco; en medio del Jordán, hasta que toda la gente acabó de pasar el Jordán.” (Josué 3, 14-17).

Pocos días después, Israel sitió a Jericó. Por orden de Dios el Arca fue cargada en procesión alrededor de la ciudad durante siete días, hasta que las murallas se derrumbaron al sonido de las trompetas y los gritos del pueblo, dándole así al ejército atacante una abertura al lugar (Josué 6, 6-21). Luego, después de tomar e incendiar a Ay, vemos que el Arca ocupa el lugar más prominente en la solemne reunión del pueblo realizada entre el Monte Garizim y el Monte Ebal (Josué 8, 33).

Arca de la Alianza cubierta

El arca cubierta es portada por sacerdotes levitas con varas de oro, mientras otros sacerdotes hacen sonar las trompetas durante el asedio de Jericó (Grabado del Siglo XVIII).

Al establecerse los israelitas en la Tierra Prometida, se hizo necesario escoger un lugar para erigir el tabernáculo y mantener el Arca de la Alianza; se seleccionó a Silo, en el territorio de Efraín, cerca del centro del territorio conquistado (Josué 18, 1). Allí, de hecho, encontramos la “Casa del Señor” (Jueces 18, 31; 20, 18), durante el período obscuro que precedió al establecimiento del Reino de Israel, con su sumo sacerdote, a cuyo cuidado se había confiado el Arca. ¿Se quedó permanentemente en Silo el precioso paladión de Israel, o era sacado de allí cuando una emergencia lo requería, como, por ejemplo, durante expediciones guerreras? Este punto apenas se puede afirmar. Sea como fuere, la narrativa que cierra el Libro de los Jueces supone la presencia del Arca en Betel. Es cierto que algunos comentadores, siguiendo a San Jerónimo, traducen aquí la palabra Betel como si fuese un nombre común (casa de Dios); pero su opinión parece apenas reconciliable con los otros pasajes donde se halla el mismo nombre, pues los mismos se refieren indudablemente a la ciudad de Betel.

Este no es el lugar para discutir en detalle las diversas explicaciones presentadas para zanjar la dificultad; base decir que no autoriza al lector a concluir, como han hecho muchos, que probablemente existían varias Arcas dispersas por el territorio de Israel. Este señalamiento, de que el Arca era transportada aquí y allá según lo requirieran las circunstancias, es demostrado por lo que leemos en la narración de los eventos que produjeron la muerte de Elí. Los filisteos le habían hecho la guerra a Israel, cuyo ejército en el primer encuentro le dio la espalda al enemigo, fueron derrotados completamente y sufrieron grandes pérdidas. A partir de esto los ancianos del pueblo sugirieron que el Arca de la Alianza fuese traída ante ellos para salvarlos de manos de sus enemigos. Así que el Arca fue traída de Silo y la recibieron en el campamento tales aclamaciones de los israelitas que los corazones de los filisteos se llenaron de pánico. Confiando en que la presencia de Yahveh en medio de su ejército significaba cierta victoria, el ejército hebreo emprendió de nuevo la batalla, para encontrarse con una derrota aún más desastrosa que la primera, y lo que completó la catástrofe fue que el Arca de Dios cayó en manos de los filisteos (1 Samuel 4).

Según la narrativa bíblica, comenzaron para el cofre sagrado una serie de memorables peregrinaciones a través de las ciudades del sur de Palestina, hasta que fue llevada solemnemente a Jerusalén, y nunca más regresó a su antiguo lugar en Silo. Los filisteos opinaron que la toma del Arca significaba una victoria de sus dioses sobre el Dios de Israel, por lo tanto la llevaron a Asdod y la colocaron como un trofeo en el templo de Dagón. A la mañana siguiente hallaron que Dagón había caído de bruces en tierra delante del Arca; lo levantaron y lo colocaron de nuevo en su lugar, y a la mañana siguiente hallaron de nuevo a Dagón en el piso, malamente mutilado. Al mismo tiempo una cruel enfermedad (quizás la plaga bubónica) azotó a los asdodeos, mientras que una terrible invasión de ratas afligió a todo el territorio circundante. Muy pronto se le atribuyeron estos castigos a la presencia del Arca dentro de las paredes de la ciudad, y los consideraron como un juicio directo de Yahveh. Por lo tanto la asamblea de los gobernantes filisteos decidió remover el Arca de Asdod y llevarla a otro lugar. Fue llevada sucesivamente a Gat y a Ecrón, a donde el Arca llevó consigo los mismos azotes que habían causado su remoción de Asdod. Finalmente, luego de siete meses, por sugerencia de sus sacerdotes y adivinadores, los filisteos decidieron renunciar a su pavoroso trofeo.

James Jacques Joseph Tissot - Moisés y Josoué arrodillados ante el Arca (Circa 1896 - 1902)

James Jacques Joseph Tissot – Moisés y Josoué arrodillados ante el Arca (Circa 1896 – 1902).

La narrativa bíblica adquiere aquí un interés especial para nosotros, por la visión que obtenemos del espíritu religioso entre los pueblos antiguos. Construyeron una carreta nueva, tomaron dos vacas que estaban criando, las uncieron a la carreta y encerraron sus becerros en el establo. Pusieron el Arca sobre la carreta, junto con una pequeña caja que contenía ratas doradas e imágenes de sus tumores. Entonces las vacas por sí mismas tomaron el camino derecho hacia el territorio de Israel. Tan pronto los betsemitas reconocieron el Arca sobre la carreta que venía hacia ellos, fueron gozosos a su encuentro. Cuando la carreta llegó al campo de un cierto Josué, se detuvo allí, y como allí había una gran piedra, astillaron la madera de la carreta y ofrecieron las vacas en holocausto a Yahveh. Con este sacrificio terminó el exilio del Arca en la tierra de los filisteos. Sin embargo, el pueblo de Bet Semes no disfrutó por largo tiempo la estancia del Arca entre ellos. Algunos de ellos no se alegraron cuando la vieron, por lo cual Dios los castigó severamente: setenta hombres fueron castigados por su atrevimiento (el texto generalmente aceptado dice setenta hombres y cincuenta mil del pueblo, pero esto es apenas creíble pues Bet Semes era sólo un pequeño lugar en el campo). Asustados por esta señal de la ira divina, los betsemitas enviaron mensajeros a los habitantes de Quiryat Yearim para decirles que los filisteos habían devuelto el Arca, y los invitaron a llevarla a su propio pueblo. Así los hombres de Quiryat Yearim vinieron y se llevaron el Arca a la casa de Abinadab, a cuyo hijo Eleazar consagraron a su servicio (1 Samuel 7,1).

El texto hebreo real, así como la Vulgata y todas las traducciones que dependen de ella, insinúan que el Arca estaba con el ejército de Saúl en la famosa expedición contra los filisteos, narrada en 1 Samuel 14. Este es un error debido probablemente a algún escriba quien, por razones teológicas, sustituyó el “Arca de Dios” por el efod. La traducción griega da aquí la variante correcta; en ningún otro sitio, de hecho, en la historia de Israel, oímos del Arca de la Alianza como un instrumento de adivinación. Por lo tanto, se puede afirmar con certeza que el Arca permaneció en Quiryat Yearim hasta la época de David. Es natural que después que ese príncipe tomó a Jerusalén y la hizo capital de su reino, el desearía hacerla también su centro religioso, con cuyo propósito desearía llevar allí el Arca de la Alianza. De hecho, el Arca indudablemente gozaba de gran veneración entre el pueblo; era vista como el paladión con el cual se asociaba hasta ese entonces tanto la vida religiosa como política de Israel. Por lo tanto, nada pudo realizar más adecuadamente el deseo de David que tal traslado.

Benjamin West - Josué pasando el Río Jordán con el Arca de la Alianza

Benjamin West – Josué pasando el Río Jordán con el Arca de la Alianza (1800).

Leemos en la Biblia dos relatos de tan solemne evento: el primero se halla en el capítulo 6 del Segundo Libro de Samuel; en el otro, de fecha muy posterior, el cronista recopiló la mayor parte del relato anterior con algunos elementos que reflejan las ideas e instituciones de su propio tiempo (1 Crónicas 13). Según la narración de 2 Samuel 6, que es la que seguiremos, David fue con gran pompa a Baalá de Judá, o Quiryat Yearim, para llevarse de allí el Arca de Dios. Fue puesta sobre una carreta nueva y sacada de la casa de Abinadab. Ajyó y Uzzá, hijos de Abinadab, guiaban la carreta, el primero al frente y el segundo al lado, mientras que el rey y el pueblo que estaban con él, escoltaban el cofre sagrado bailando, cantando y tocando instrumentos. Sin embargo, ese día, como el de la venida del Arca a Bet Semés, fue entristecido por la muerte. En cierto punto de la procesión los bueyes resbalaron, Uzzá inmediatamente extendió la mano para sujetar el Arca, pero cayó muerto al instante. David, asustado por este incidente, y ahora renuente a llevar el Arca a Jerusalén, la hizo llevar a la casa de Obededom de Gat, que estaba probablemente en las cercanías de la ciudad. La presencia del Arca fue una fuente de bendición para la casa donde estaba.

Estas noticias animaron a David a completar la obra comenzada. Tres meses después del traslado, por lo tanto, vino de nuevo con gran solemnidad y removió el Arca de la casa de Obededom a la ciudad, donde fue colocada en su lugar en medio del tabernáculo que David había hecho levantar para ella. Una vez más fue sacada el Arca de Jerusalén cuando David tuvo que huir debido a la rebelión de Absalón. Mientras el rey estaba en el valle del Cedrón, el pueblo pasaba ante él hacia el desierto. Entre ellos estaban Sadoq y Abiatar, llevando el Arca; cuando David los vio, les ordenó devolver el Arca a la ciudad: “Si he hallado gracia a los ojos de Yahveh, me hará volver y me permitirá ver el Arca y su morada”. Cumpliendo esta orden, Sadoq y Abiatar devolvieron el Arca a Jerusalén (2 Samuel 15, 24-29). Sin embargo, la tienda que David había levantado para guardar el Arca no sería su última morada. El rey de hecho había pensado en un templo más digno de la gloria de Yahveh. Aunque la construcción de ese edificio sería obra de su sucesor, David mismo se tomó a pecho la consecución y preparación de los materiales para su erección.

Desde el mismo comienzo del reinado de Salomón, éste mostró la mayor reverencia hacia el Arca, especialmente después del misterioso sueño en que Dios le contestó su petición de sabiduría prometiéndole sabiduría, riquezas y honor, él ofreció holocaustos y sacrificios de comunión ante el Arca de la Alianza de Yahveh. (1 Reyes 3, 15). Cuando el Templo y todos sus accesorios hubieron sido terminados, Salomón, antes de la dedicación, reunió a los ancianos de Israel, para que trasladaran solemnemente el Arca desde el lugar donde David la había colocado hasta el Santo de los Santos. De vez en cuando se sacaba de allí, ya sea para acompañar expediciones militares, o para aumentar el esplendor de las celebraciones religiosas, quizás también para cumplir los deseos impíos de reyes malvados. No importa cómo haya sido, el cronista nos dice que Josías ordenó a los levitas regresarla a su lugar en el Templo, y les prohibió sacarla de allí en el futuro (2 Crónicas 35, 3). Pero la memoria de este carácter sagrado pronto pasaría. En una de sus profecías referentes a los tiempos mesiánicos, Jeremías anunció que sería olvidada completamente: “no se hablará más del Arca de la Alianza de Yahveh, no vendrá en mientes, no se acordarán ni se ocuparán de ella, ni será reconstruida jamás.” (Jeremías 3, 16).

James Jacques Joseph Tissot - El Arca de la Alianza

James Jacques Joseph Tissot – El Arca de la Alianza (Circa 1896 – 1902).

Localización actual.

Oculta en el Monte Nebo: Antes de la invasión de los babilonios se dice que el Profeta Jeremías la hizo enterrar en el Monte Nebo (Jordania).

Llevada a Zimbabue: La tribu africana Lemba, la cual presume de ascendencia israelita, ha afirmado en sus tradiciones que sus antepasados, cuando llegaron al sur de África, trajeron consigo una reliquia sagrada llamada Ngoma lungundu o “la voz de Dios”, la cual estuvo un tiempo escondida en una cueva profunda en las montañas Dumghe, su hogar espiritual hasta que fue llevada a un museo, donde se encuentra actualmente.

Oculta en la Iglesia de Santa María de Sion en Aksum: En 1989, un periodista británico, Graham Hancock, aseguró que la legendaria arca perdida no se encontraba perdida, sino a salvo en un templo de Etiopía. Posteriormente han aparecido pruebas arqueológicas que han sustentado esta teoría. Esta teoría se basa en relatos pertenecientes a la iglesia cristiana Copta en Etiopía, que indican que el arca de la Alianza habría sido trasladada secretamente hacía más de 1000 años. Cuenta el libro sagrado de Etiopía, el Kebra Nagast, que en tiempos de Salomón, la Reina de Saba visitó Jerusalén atraída por la sabiduría de su Rey. La Reina de Saba comenzó a ejercer una irresistible atracción sobre el hijo de David, quien pese a sus riquezas e inteligencia no lograba seducir a la bella soberana. Llegaba la hora de que partiera Saba y Salomón consiguió arrancarle una promesa: que en el caso de que se llevase consigo algún bien preciado del reino, consentiría a cambio yacer con él una sola noche. La víspera del viaje, Salomón ofreció a su invitada una cena de exquisitos manjares. Astutamente ordenó que se sazonaran con abundante sal y picantes especias. Tras los postres, la reina tuvo que beber abundante agua para calmar la sed. La reina de Saba cumplió y de aquella única unión nació Menelik I, futuro rey de Etiopía. Relatos indican que años más tarde el joven Menelik fue enviado para recibir educación a casa de su padre en Jerusalén. Pocos años después, a pesar de los esfuerzos de Salomón para que su hijo se quedara, Menelik regresó a Etiopía. La tradición cuenta que, seducido por sus ayudantes, se llevó consigo el arca (algunas teorías postulan que para poder llevarse el arca existió un posible cambio del arca original por el de una copia del arca que Menelik debía llevarse; siendo posiblemente que esa copia sea el arca que se dice fue ocultada en Jordania; otras teorías, en cambio, postulan la posible existencia de dos arcas originales o que tenían la misma importancia, en donde en cada una se guardó posiblemente una de las Tablas de la Ley, siendo una de ellas la que fue llevada a Etiopía). Posteriormente los relatos indican que permaneció primeramente en un templo en la isla de Elefantina del río Nilo. Luego se relata cómo el arca de la Alianza habría sido colocada en una especie de tabernáculo en la isla de Tana Cherkos (Tana Kirkos), ubicada en el lago Tana (lago Tano), donde permaneció durante 800 años. Los relatos señalan que pasado estos 800 años, el rey Ezana de Etiopía decidió trasladar el arca a Axum, siendo finalmente guardada en la Iglesia de Nuestra Señora de Sion. Según los etíopes, es el lugar en donde hasta hoy en día aún permanece y es cuidada por un sacerdote. Este sacerdote, según sus tradiciones, sería un descendiente de uno de los levitas, quienes ayudaban a trasladar y cuidar el arca en sus viajes. Este sacerdote es la única persona a quien se le permite ver el arca de la Alianza guardada en la iglesia de Nuestra Señora de Sion, al igual que ocurría con los levitas según la tradición judía; es por ello que no se ha podido ratificar su permanencia real en esta iglesia, aunque todas las pruebas arqueológicas indicarían que esta teoría sería auténtica. Escondida en el Pozo del Dinero de la Isla del Roble: Una teoría (de la que no hay muchas pruebas) asegura que después de la Tercera Cruzada, los Caballeros Templarios (lo más probable es que haya sido un grupo francés de esta orden) se la habrían llevado a Escocia, donde la familia noble Sinclair los habría ayudado a trasladarla a un lugar más alejado y por tanto más seguro. Este lugar sería una isla cerca de Nueva Escocia llamada Isla del Roble o Oak Island (en inglés). En esa isla se encuentra un pozo, apodado el pozo del dinero, famoso por la inaccesibilidad de su fondo y el misterio que lo rodea, ya que nadie sabe con certeza quién lo construyó o cuándo, aunque se propone que fueron integrantes de la flota naval francesa, cosa que sería viable dada la gran influencia templaria en esa zona.

Iglesia de Santa María de Sion

Oculta bajo el Monte Calvario: Ron Wyatt (1933-1999), un arqueólogo bíblico aficionado famoso por afirmar haber descubierto numerosos lugares y artefactos relacionados con la arqueología bíblica, la ubica en lo que se denomina el Jardín de la Tumba, en el Monte de la Calavera de Jerusalén. Su descubrimiento ha sido desmentido por científicos, historiadores y eruditos bíblicos por varios motivos como la total ausencia de pruebas (grabaciones o fotografías) y dar una descripción demasiado parecida a la ofrecida por el libro del Éxodo, pese a los miles de años transcurridos sin restauración ni mantenimiento alguno, además de discordar con la descripción existente en el Deuteronomio. Sin embargo, el trabajo de Wyatt sigue teniendo algunos seguidores entre grupos fundamentalistas cristianos.

Escondida en el Pozo del Dinero de la Isla del Roble: Una teoría (de la que no hay muchas pruebas) asegura que después de la Tercera Cruzada, los Caballeros Templarios (lo más probable es que haya sido un grupo francés de esta orden) se la habrían llevado a Escocia, donde la familia noble Sinclair los habría ayudado a trasladarla a un lugar más alejado y por tanto más seguro. Este lugar sería una isla cerca de Nueva Escocia llamada Isla del Roble. En esa isla se encuentra un pozo, apodado el pozo del dinero, famoso por la inaccesibilidad de su fondo y el misterio que lo rodea, ya que nadie sabe con certeza quién lo construyó o cuándo, aunque se propone que fueron integrantes de la flota naval francesa, cosa que sería viable dada la gran influencia templaria en esa zona.

Oculta dentro del Templo de Jerusalén: Un grupo de rabinos afirma que tras la caída de Jerusalén, que devino en la destrucción y saqueo del Primer Templo a manos babilónicas, el arca habría sido enterrada en el monte Moriá, donde se habría ubicado el antiguo templo. Según estos religiosos, el cofre sagrado no se menciona entre los tesoros devueltos por los persas, por lo que debió sobrevivir al saqueo al ser enterrado por los levitas. Estos habrían muerto en la caída de la ciudad sin dar la ubicación del arca. Hoy su búsqueda es casi imposible porque en ese sitio se alza el Domo de la Roca. En una entrevista para The Telegraph, el rabino Chaim Richman, director del Instituto del Templo cuya finalidad es fomentar la reconstrucción del Templo de Salomón en Israel, señaló que el Arca del Pacto o Arca de la Alianza estaría oculta a un kilómetro de allí, en cámaras subterráneas, cavadas en los días de Salomón.

Indiana Jones En Busca del Arca Perdida

El Arca de la Alianza tal y como fue representada en la famosa y aclamada película de Indiana Jones En Busca del Arca Perdida (1981).

Fuentes: Enciclopedia Católica Online, Wikipedia, elaboración propia.

 

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