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Archivo de la categoría: Cultura

Alberto Durero – Apocalipsis

El Apocalipis de Alberto Durero (Die heimlich offenbarung iohannis) es una famosa serie de quince xilografías de Alberto Durero de escenas del Libro del Apocalipsis, publicadas en 1498, que rápidamente le dio fama en toda Europa. La serie probablemente fue cortada en bloques de madera de pera y se basó en consejos teológicos, particularmente de Johannes Pirckheimer, el padre del amigo de Durero Willibald Pirckheimer. El trabajo en la serie comenzó durante el primer viaje de Durero a Italia (1494 – 1495), y el set se publicó simultáneamente en latín y alemán en Núremberg en 1498, en un momento en que gran parte de Europa anticipaba un posible Juicio Final en 1500. La impresión más famosa de la serie es Los cuatro jinetes del Apocalipsis (Circa 1497 – 1498), refiriéndose a Apocalipsis 6: 1-8. El diseño del ciclo con las ilustraciones en el anverso y el texto en el reverso sugiere el privilegio de las ilustraciones sobre el texto. La serie le dio a Durero fama y riqueza, así como cierta libertad del sistema de mecenazgo, lo que, a su vez, le permitió elegir sus propios temas y dedicar más tiempo al grabado. En 1511, Durero publicó la segunda edición del Apocalipsis en una edición combinada con su Vida de la Virgen y Gran Pasión. También se produjeron y vendieron impresiones individuales.

El Martirio de San Juan. 

La visión de los siete candelabros de San Juan.

San Juan arrodillado ante Cristo y los Veinticuatro Ancianos.

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.

La apertura del quinto y el sexto sello.

Cuatro ángeles deteniendo los vientos, y la marca del elegido.

El himno de adoración al Cordero.

La apertura del séptimo sello y el águila del dolor.

Los cuatro Ángeles de la Muerte.

San Juan comiendo el libro.

La mujer del Apocalipsis y el dragón de siete cabezas.

San Miguel luchando contra el Dragón.

La Ramera de Babilonia.

La bestia con cuernos de cordero y la bestia con siete cabezas.

El ángel con la llave del abismo sin fondo.

 
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Publicado por en 24 junio, 2020 en Arte, Cultura

 

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Románico puro

Lo didáctico de la pintura en tiempos de tinieblas.

Fotografía y retoques por La Exuberancia de Hades (Ábside de la Iglesia de Santa María de Tahull, Siglo XII – MNAC de Barcelona).

 
 

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Lux

De este atardecer se deduce que las llamas entre las que se consume el horizonte son ese fuego fatuo que, actuando a modo de presagio, predice la sangre que será entregada entre nuestros dedos. Como el susurro de un fantasma en la madrugada, mezclamos imprudentemente terror con el morbo a lo desconocido.

Con nuestro castillo en ruinas y el corazón en las catacumbas, la huida del Sol se hace precipitada. Agotados de tener la paciencia de soportar un instante más en el lado oscuro de la Luna, junto a todos esos espectros del pasado que yacen como juguetes rotos, paisaje de un recuerdo para no volver que siempre se expresa a gritos de rencor.

Aquí vienen ya, las constelaciones cargadas en lágrimas tan punzantes como estrellas inmersas en la noche. El único tatuaje que necesita la piel es el de los labios en la oscuridad, con el sabor tan inconfundible de los momentos que se debaten entre lo humano y lo divino. La única cicatriz sobre la piel que sea la del amor que nunca fue.

Postrados y sedientos de muerte, estos espíritus brillan con luz negra en la más profana de las noches. Es el paisaje que hemos creado entre momentos de indecisión y locura, cuando la valentía se desmoronaba, un resquicio de iluminación que volvía a poner el camino frente a nosotros, como oasis en el desierto.

Quedamos a la espera de que lo mejor está por llegar, del fulgor entre la niebla que se atreva a redirigir está esperanzadora deriva a un puerto seguro. Como dioses olvidados que se arremolinan en el torbellino de su viejo panteón, aguardando que alguien los rescate de su silenciosa irrelevancia, aguardamos, esperamos esa señal que lo cambie todo, una luz.

Andy Kehoe – Together in the Maelstrom (2017).

 
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Publicado por en 3 junio, 2020 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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Iglesias de Madrid: Parroquia Virgen de la Paloma

La Iglesia de la Paloma es el nombre popular que recibe la Iglesia de la Parroquia de San Pedro el Real, un templo católico situado en la ciudad de Madrid, en la Calle de la Paloma. La iglesia es anexa al Colegio La Salle la Paloma (Fundación Lara).

Portada principal de la Parroquia Virgen de la Paloma.

Historia.

La iglesia toma su nombre popular de la citada imagen mariana y ésta de la calle de la Paloma, donde fue hallado el cuadro a finales del Siglo XVIII. Según la tradición, el lienzo fue encontrado en un corral de esta vía madrileña y entregado a Andrea Isabel Tintero, vecina de la zona, quien, después de enmarcarlo, decidió exhibirlo en el portal de su casa.

La imagen empezó a ser venerada por los vecinos del barrio, extendiéndose su culto a toda la ciudad e, incluso, a la realeza. La tradición sostiene que la reina María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, era devota de la misma.

En 1796 fue erigida una pequeña capilla, para custodiar la imagen. Fue realizada por el arquitecto Francisco Sánchez, discípulo de Juan de Villanueva.

Vista general del interior de la Parroquia Virgen de la Paloma.

Edificio.

La iglesia actual se alza sobre el solar de la primitiva capilla erigida a finales del Siglo XVIII. Ésta fue derribada en el año 1896 y sustituida por un edificio más amplio, construido en estilo neomudéjar, con algunos elementos neogóticos. Se inauguró el 23 de Marzo de 1912, con asistencia al acto de los Reyes de España, Don Alfonso XIII y Doña Victoria Eugenia.

Se debe al arquitecto Lorenzo Álvarez Capra, quien trazó una planta de cruz latina, con dos naves laterales y una central, presidida por el altar mayor (donde se encuentra el lienzo de la Virgen de la Paloma).

Su fachada principal está integrada por un cuerpo central con pórtico, a cuyos lados se elevan dos torres gemelas. Los materiales empleados son el ladrillo rojo y la piedra, localizada en algunos elementos aislados, caso del citado pórtico. Las vidrieras blasonadas ostentan los escudos de sus donantes, entre los que destacan los pontificios y los cinco de la Casa Real sobre el altar mayor.

En 1978 se promovió su restauración, que fue llevada a cabo por el arquitecto Antonio Ábalos Culebras, adaptándose así a la nueva pastoral de la parroquia, según el espíritu del Concilio Vaticano II.

Altar mayor.

Baptisterio octogonal.

Pila de agua bendita.

Historia del cuadro.

Según un informe escrito en 1791 por el Marqués de Casa García Postigo, alcalde de Madrid, el lienzo, que representa a Nuestra Señora de la Soledad, fue encontrado o regalado a unos niños para que jugaran con él en un solar contiguo a la calle de la Paloma. Habitaba en esta Isabel Tintero, quien viendo la escena lo recuperó, limpió, enmarcó y colocó en el portal de su casa. La veneración que le profesaba Tintero a la imagen se amplió con fervor a los vecinos del lugar.

… resulta que la expresada Isabel Tintero, mujer de Diego Charco, de ejercicio cochero, viendo a principios del año 1787 que unos muchachos llevaran arrastrando como por juguete un lienzo de Ntra. Sra. de la Soledad, lo arrebató de las manos de aquellos, lo hizo retocar y lo colocó en marzo del propio año en el portal de su misma casa, y esmerándose en su culto, le ha promovido con tanto fervor que ha conseguido extender su particular devoción; de modo que se hallan alumbrándola varios faroles y lámpara a expensas de personas de primera clase, además de las muchas velas que la devoción de los fieles la presentan, reconocidos a los singulares beneficios que dicen haber conseguido ellos por intercesión de esta su Poderosa Madre, y en señal de este reconocimiento se ven las paredes de la actual Capillita llenas de presentallas. (…) A impulsos de esta devoción se reza el Rosario todas las noches ante esta santa Imagen, cubriendo el Concurso gran parte de la calle… 

Como fuera que a tal Virgen se le atribuyesen varios milagros, su culto se extendió rápidamente, llegando su devoción a la Casa Real. Se dice que María Luisa de Parma (esposa de Carlos IV de España) fue muy devota de esta imagen, tras obtener de la Virgen de la Paloma la curación de su hijo, el futuro Fernando VII de España.

Al quedarse pequeño el portal para la cantidad de gente que acudía, Isabel Tintero decide utilizar una habitación de su propia casa, pero aun así no es suficiente y se inician los trámites para levantar una pequeña capilla en un erial de la misma calle. Realiza el proyecto Francisco Sánchez, discípulo de Ventura Rodríguez, concluyéndose la capilla en 1795. La capilla, dedicada a Nuestra Señora de la Soledad, se construyó con el apoyo de la Casa Real. Si bien dedicada a Nuestra Señora de la Soledad, fue popularmente conocida como “de la Paloma” por estar situada en la calle de tal nombre.

Cuando se produce la invasión francesa, es la propia Isabel quien esconde el cuadro y las joyas de la Virgen durante la ocupación. Isabel muere en 1813 y aunque su deseo era ser enterrada en la capilla, no se consiguió el permiso y fue enterrada en el Cementerio Sacramental de San Isidro. Sus restos fueron trasladados finalmente a la parroquia el 30 de Marzo de 1996, cumpliéndose así su voluntad de estar a los pies de la Virgen.

El 15 de Agosto, fecha que coincide con la Asunción de María, se celebra la misa solemne en la iglesia. Después de que un bombero (de cuyo cuerpo es, también, patrona) tenga el honor de descolgar del retablo el cuadro se celebra una procesión en presencia del arzobispo o un obispo auxiliar, el alcalde de Madrid, representantes del cuerpo de bomberos, personalidades y numeroso público que recorre las calles del barrio de La Latina. Finalizada la procesión, serán de nuevo los bomberos los encargados de colocar el lienzo de la Paloma en su altar.

Cuadro de la Virgen de la Paloma.

Fotografías realizadas por La Exuberancia de Hades (Julio 2019).

Fuentes: Wikipedia, Parroquia Virgen de la Paloma, elaboración propia.

 

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El Jardín de las Delicias

El Jardín de las delicias es la creación más compleja y enigmática del Bosco. Para Falkenburg, el tema general del Jardín de las delicias es el destino de la humanidad, el mismo que el del Carro de heno, aunque el Bosco lo visualice de distinta manera, mucho más explícita en la tabla central del Carro de heno que en la del Jardín. Para aproximarnos al significado de la obra, es necesario identificar lo que se representa en cada tabla. En el tríptico cerrado el Bosco reprodujo en grisalla el tercer día de la Creación del mundo, cuando se separaron las aguas de la tierra y se creó el Paraíso terrenal. Arriba, a la izquierda, aparece Dios Padre como Creador, según indican dos inscripciones en latín, una en cada tabla: Él mismo lo dijo y todo fue hecho; Él mismo lo ordenó y todo fue creado (Salmos 33, 9 y 148, 5). En el tríptico abierto, de brillantes colores que contrastan con la grisalla, el pintor incluyó tres escenas que tienen como único denominador común el pecado, que se inicia en el Paraíso del panel izquierdo, con Adán y Eva, y recibe su castigo en el Infierno del panel derecho. El panel central muestra un Paraíso engañoso a los sentidos, un falso Paraíso entregado al pecado de la lujuria. Contribuye también a ese engaño el hecho de que esta tabla central parezca una continuación de la del Paraíso terrenal, al utilizar el pintor un paisaje unificado, al que dota de una línea de horizonte muy elevada que favorece el amplio desarrollo de la composición, distribuida en tres planos superpuestos, tanto en estas dos tablas del Paraíso y el Jardín como en la del Infierno.

Aunque el pecado es el nexo que une las tres escenas representadas, es necesario profundizar más en la iconografía de la tabla del Paraíso para poder avanzar en su significado. Al comienzo del proceso creativo el Bosco había incluido la Creación de Eva en la tabla izquierda, pero en una segunda fase la sustituyó por la Presentación de Eva a Adán por Dios Padre. Este tema, muy poco frecuente, se asocia a la institución del Matrimonio, como se detalla en los textos de Falkenburg y Vandenbroeck (El Bosco, 2016). Para este último autor, la tabla central representaría el falso Paraíso del amor al que en los Siglos XV y XVI se denominaba Grial –distinto al del ciclo del Rey Arturo-, y que supondría una interpretación del mandato instituido por Dios en el matrimonio: Creced y multiplicaos, en clave lujuriosa. Los hombres y las mujeres que el Bosco representó en el Jardín creen vivir en un Paraíso para amantes, pero este es falso, y no tienen más destino que el del castigo en el Infierno. El mensaje que se transmite -enormemente pesimista- es el de la fragilidad y el carácter efímero de la felicidad o el goce de esos placeres pecaminosos.

En el panel central que da nombre al tríptico, el Bosco ha representado un gran número de figuras humanas desnudas, salvo la pareja del ángulo inferior derecho, que se suele identificar con Adán y Eva tras su expulsión del Paraíso. Hombres o mujeres, blancos o negros, aparecen en general en grupos o en parejas, manteniendo relaciones -algunas contra natura- con una fuerte carga erótica alusiva al tema que domina la tabla, el pecado de la lujuria. Los animales, reales o fantásticos, muestran dimensiones muy superiores a las normales. De entre ellos se ha hecho hincapié en los dos búhos (en realidad un cárabo y un mochuelo), que evocan la maldad. En posición frontal, dirigen su inquietante mirada al espectador a uno y otro extremo de la tabla, en un plano algo retrasado respecto al inicio del cuadro. Tampoco faltan las plantas o frutas, que presentan en muchos casos una escala mayor de lo habitual. Por toda la composición se esparcen frutos rojos que contrastan con otros azules, grandes y pequeños, los dos colores dominantes en la escena. A diferencia de la aparente confusión que reina en el primer plano, en el plano medio y en el del fondo se impone la geometría. En el primero, el Bosco ha representado un estanque lleno de mujeres desnudas. A su alrededor, en sentido contrario al de las agujas del reloj, gira un grupo de hombres sobre distintas cabalgaduras -algunas de ellas exóticas o fantásticas- que se han asociado con distintos Pecados Capitales. Al fondo de la escena, el Bosco ha incluido cinco construcciones fantásticas sobre el agua, la central similar a la fuente de los Cuatro Ríos del panel del Paraíso, aunque resquebrajada para simbolizar su fragilidad, así como el carácter efímero de las delicias de las que gozan los hombres y mujeres que pueblan este jardín. La lechuza representada en el interior de la fuente en la tabla del Paraíso se sustituye aquí por figuras humanas en actitudes sexuales explicitas.

En el panel derecho se representa el Infierno, el más impresionante de los conocidos del pintor, denominado en ocasiones Infierno musical por la importante presencia que tienen estos instrumentos a la hora de torturar a los pecadores que se dejaron llevar por la música profana. Si en el panel central dominaba la lujuria, en el Infierno se castigan todos los Pecados Capitales. Buen ejemplo de ello es el demonio teriomórfico, con cabeza de pájaro -una especie de búho-, sentado sobre una suerte de silla-orinal infantil, que devora hombres al tiempo que los expulsa por el ano -son los avaros-. A los glotones -a la gula- alude sin duda la escena de taberna situada en el interior del hombre-árbol, donde los personajes desnudos sentados a la mesa esperan a que los demonios les sirvan sapos y otros animales inmundos, al igual que el suplicio del agua helada se destina a los envidiosos. Tampoco faltan castigos para los vicios censurados por la sociedad de la época, como el juego, o para algunas clases sociales, como el clero, tan desprestigiado entonces, según se constata en el cerdo con toca de monja que abraza a un hombre desnudo en el ángulo inferior derecho de la tabla.

Aunque este tríptico del Prado no está firmado, nunca se ha puesto en duda su atribución al Bosco. Sobre su datación, en cambio, no ha existido unanimidad. El resultado de la dendrocronología permitiría que se hubiera hecho en los primeros años de actividad del pintor, hacia 1480 – 1485, como ha afirmado sin fundamento Vermet. Su proximidad estilística al Tríptico de la Adoración de los Magos del Prado, que desde el año 2004 -cuando Duquenne identificó a sus comitentes como Peeter Scheyfve y Agneese de Gramme, de Amberes-, puede datarse con seguridad hacia 1494, confirma que debió ejecutarse en la década de 1490 y no con posterioridad a 1505, como sostuvieron la mayoría de los estudiosos antes del hallazgo de Duquenne. Recientemente se ha afirmado que tuvo que hacerse a partir de 1494 por considerar que la imagen de Dios Padre creando el mundo en el reverso de las tablas debió inspirarse en el grabado de Michel Wolgemut y con el mismo texto de los Salmos incluido en la Schedelsce Weltchronik de Hartman Schedel, editada en Núremberg en 1493.

Gracias a las investigaciones realizadas en 1967 por Gombrich y Steppe se pudo vincular el Jardín de las delicias a la familia Nassau. Por el relato de Antonio de Beatis, que acompañó como secretario al cardenal Luis de Aragón en su viaje a los Países Bajos, consta que el 30 de julio de 1517 la obra se encontraba en el Palacio de Coudenberg en Bruselas, propiedad de los Nassau, donde De Beatis pudo admirarla. Dada la datación tardía que se le otorgaba entonces, posterior a la muerte de Engelbrecht II de Nassau en 1504, se juzgó que el comitente había sido Hendrik III de Nassau (1483-1538), sobrino y heredero de Engelbrecht. Ahora, tras confirmarse que la obra debió ejecutarse en la década de 1490, se corrobora que quien se la encargó al Bosco fue Engelbrecht, que debió destinarla al ya citado Palacio de Coudenberg.

En definitiva, es una obra de contenido simbólico, sobre el que se han ofrecido variadas interpretaciones, como El carro de heno o la Mesa de los pecados capitales, obras, todas ellas, adquiridas por el rey Felipe II de España, gran admirador del pintor, y guardadas durante algún tiempo en el Monasterio de El Escorial. Obedece a una intención moralizante y satírica que iba a hacer fortuna ya en su época, como demuestra la temprana aparición de copistas e imitadores. Considerada como una de las obras más fascinantes, misteriosas y atrayentes de la historia del arte, el cuadro forma parte de los fondos de exposición permanente del Museo del Prado de Madrid, donde ingresó como depósito del Patrimonio Nacional en 1939.

El Jardín del Edén.

El Jardín de las Delicias.

Infierno.

Fuentes: Museo del Prado, elaboración propia.

 
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Publicado por en 20 mayo, 2020 en Arte, Cultura, Historia

 

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