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Archivo de la etiqueta: Romanticismo

Johann Heinrich Füssli

Zúrich (Suiza 🇨🇭), 7 de Febrero de 1741 – Londres (Reino Unido 🇬🇧), 16 de Abril de 1825.

Füssli es uno de los pintores clave de algo que podríamos llamar como “romanticismo oscuro”. Caracterizado por su dramatismo y por poseer influencias del neoclasicismo, la pintura nórdica, el manierismo italiano y la pintura inglesa, tierra en donde asentado, elaboró gran parte de su obra. Su figura fue reivindicada años más tarde de su muerte por expresionistas y surrealistas, ya que consideraban que Füssli es predecesor de sus obras por la exploración de lo irracional que este pintor realizó a lo largo de buena parte de su carrera.

El artista desesperado ante la grandeza de las ruinas antiguas (1778 – 1780).

Juramento en el Rütli (1779 – 1780).

La muerte de Aquiles (1780).

Los dos asesinos del Duque de Clarence (1780 – 1782).

La pesadilla (1781).

Percival liberando a Belisana del encantamiento de Urma (1785).

Próspero (1789).

Autorretrato (1790).

Thor luchando contra la serpiente marina (1790).

Juicio a Titania (1790).

La pesadilla (1790 – 1791).

Falstaff en el cesto de la ropa sucia (1792).

El sueño de Shepherd (1793).

La Creación de Eva (1793).

Odiseo frente a Escila y Caribdis (1794 – 1796).

La bruja nocturna visita las brujas de Laponia (1796).

Desnudo echado mientras una mujer toca el piano (1800).

Silencio (1801).

Ariel (Circa 1800 – 1810).

La loca Kate (1806 – 1807).

Kriemhild muestra el Anillo de los Nibelungos (1807).

Romeo apuñala a Paris ante el féretro de Julieta (Circa 1809).

Lady Macbeth con puñales (1812).

Ariadna, observación de la lucha de Teseo con el Minotauro (1815 – 1820).

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Publicado por en 24 octubre, 2018 en Arte, Cultura

 

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El Holandés Errante

También conocido como Holandés Volador, se trata de un supuesto barco fantasma protagonista de diversas leyendas extendidas a lo largo del mundo. Según la tradición, es un barco que no pudo volver a puerto, condenado a vagar para siempre por los océanos del mundo. El velero es siempre oteado en la distancia, a veces resplandeciendo con una luz fantasmal. Si otro barco lo saluda, su tripulación tratará de hacer llegar sus mensajes a tierra, a personas muertas siglos atrás.

Orígenes.

La primera referencia impresa del barco aparece en Travels en varias partes de Europa, Asia y África durante una serie de treinta años y más (1790) por John MacDonald: “El clima era tan tormentoso que los marineros dijeron que vieron al Holandés Errante (Flying Dutchman). La historia común es que este “holandés” llegó al Cabo en peligro por el clima y quería llegar al puerto, pero no pudo conseguir que un piloto la condujera y se perdió, y desde entonces, con muy mal clima, aparece su visión”.

La siguiente referencia literaria aparece en el Capítulo VI de A Voyage to Botany Bay (1795), también conocido como A Voyage to New South Wales, atribuido a George Barrington (1755 – 1804): “A menudo había oído hablar de la superstición de los marineros respecto de las apariciones y la fatalidad, pero nunca había dado mucho crédito al informe; parece que algunos años desde que un buque de guerra holandés se perdió en el Cabo de Buena Esperanza, y todas las personas a bordo perecieron; su consorte capeó el vendaval y llegó poco después al Cabo. Después de volver a instalarse y regresar a Europa, fueron atacados por una violenta tempestad casi en la misma latitud. En la vigilia nocturna, algunas personas vieron, o imaginaron que vieron, una embarcación que los protegía bajo la presión de una vela, como si quisiera derribarlos: uno en particular afirmó que era la nave que se había hundido en la antigua tempestad, y que sin duda debe ser ella o la aparición de ella; pero cuando se despejó, el objeto, una nube gruesa y oscura, desapareció. Nada podría eliminar la idea de este fenómeno en la mente de los marineros; y, al relatar las circunstancias cuando llegaron al puerto, la historia se extendió como un incendio, y el supuesto fantasma se llamó Holandés Errante. De los holandeses, los marineros ingleses se enamoraron, y hay muy pocos indios, pero lo que tiene alguien a bordo, que finge haber visto la aparición”.

La siguiente referencia literaria introduce el motivo del castigo por un crimen, en Scenes of Infancy (Edimburgo, 1803) de John Leyden (1775 – 1811): “Es una superstición común de los marineros que, en las altas latitudes meridionales de la costa de África, los huracanes son frecuentemente acompañados por la aparición de un barco espectral, denominado el Holandés Errante  … Se supone que la tripulación de este barco debe han sido culpables de algún crimen terrible, en la infancia de la navegación; y haber sido golpeados con peste … y están ordenados aún para atravesar el océano en el que perecieron, hasta que expire el período de su penitencia”.

Thomas Moore (1779 – 1852) coloca la nave en el Atlántico norte en su poema Escrito al pasar la Isla del Hombre Muerto en el Golfo de San Lorenzo, a última hora de la tarde, Septiembre de 1804 : “Deslizándose rápidamente, un Ladrido sombrío / Sus velas están llenas, aunque el viento está quieto, / Y no sopla ni un aliento que sus velas llenen”. Una nota al pie agrega: “Las líneas anteriores fueron sugeridas por una superstición muy común entre los marineros, que llaman a este barco fantasma, creo, el holandés volador”.

Sir Walter Scott (1771 – 1832), amigo de John Leyden, fue el primero en referirse al buque como un barco pirata, escribiendo en las notas a Rokeby; un poema (publicado por primera vez en diciembre de 1812) que el barco era “originalmente un buque cargado de gran riqueza, a bordo del cual se había cometido un horrible acto de asesinato y piratería”, y que los navegantes consideran la aparición del barco como el peor de todos los posibles augurios.

Según algunas fuentes, el capitán holandés del Siglo XVII Bernard Fokke es el modelo para el capitán del barco fantasma. Fokke era famoso por la velocidad de sus viajes de los Países Bajos a Java y se sospechaba que estaba aliado con el Demonio. La primera versión de la leyenda como historia se imprimió en la revista Edinburgh de Blackwood para Mayo de 1821, que pone la escena como el Cabo de Buena Esperanza. Esta historia introduce el nombre Capitán Hendrick Van der Decken para el capitán y los motivos (elaborados por escritores posteriores) de cartas dirigidas a personas fallecidas hace mucho tiempo que se ofrecen a otros barcos para su entrega, pero si son aceptadas traerán infortunio; y el capitán había jurado rodear el Cabo de Buena Esperanza, aunque debería tomar hasta el día del juicio.

Era un barco de Amsterdam y navegó desde el puerto hace setenta años. Su maestro se llamaba Van der Decken. Era un marino acérrimo, y seguiría su propio camino a pesar del diablo. Por todo eso, nunca un marinero debajo de él tenía motivos para quejarse; aunque nadie sabe a qué nivel está a bordo con ellos. La historia es la siguiente: que al duplicar el Cabo pasaron un largo día tratando de capear el Table Bay. Sin embargo, el viento los dirigía, y se fue contra ellos cada vez más, y Van der Decken caminó por la cubierta, maldiciendo al viento. Justo después de la puesta del sol, un barco lo habló y le preguntó si no quería ir a la bahía esa noche. Van der Decken respondió: “Que yo sea eternamente condenado si lo hago, aunque debería ir por aquí hasta el día del juicio”. Y para estar seguro, nunca entró en esa bahía, ya que se cree que él continúa revolcándose en estos mares aún, y lo hará durante el tiempo suficiente. Este barco nunca se ve, pero con mal tiempo junto con ella.

Barcos de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales.

Supuestos avistamientos.

Se han reportado o denunciado muchos avistamientos en los Siglos XIX y XX. Se dijo que Nicholas Monsarrat, el novelista que escribió The Cruel Sea, vio el fenómeno en el Océano Pacífico cuando prestó servicio en el dragaminas HMS Jubilee como oficial de la Royal Navy durante la Segunda Guerra Mundial. No hizo mención de esto en su autobiografía de dos volúmenes u otras obras y HMS Jubilee no existió, de hecho la conexión de Monsarrat probablemente proviene de su libro “Master Mariner”, inspirado en parte en este cuento (vivió y trabajó en Sudáfrica después de la guerra) y en la historia del judío errante. Otro avistamiento fue por el Príncipe Jorge de Gales, el futuro rey Jorge V. Estuvo en un viaje de tres años durante su adolescencia tardía en 1880 con su hermano mayor, el Príncipe Alberto Víctor de Gales y su tutor John Neill Dalton. Se enviaron temporalmente al HMS Inconstant después de que el timón dañado se reparó en su barco original, la corbeta Bacchante de 4.000 toneladas. El registro de los príncipes (indeterminado sobre qué príncipe, debido a una edición posterior a la publicación) registra lo siguiente para las horas previas al amanecer del 11 de Julio de 1881, en la costa de Australia, en el estrecho de Bass entre Melbourne y Sydney.

11 de Julio. A las 4 a. m., El Holandés Errante cruzó nuestros arcos. Una extraña luz roja como la de un barco fantasma resplandeciente, en medio de la cual los mástiles, palos y velas de un bergantín a 200 yardas de distancia se destacaban en un fuerte relieve cuando ella subía a la proa del puerto, donde también el oficial del Desde el puente, la vio claramente, al igual que el guardiamarina del alcázar, que fue enviado inmediatamente al castillo de proa; pero al llegar no había ningún vestigio ni ningún signo de ningún barco material que pudiera verse cerca o directamente en el horizonte, la noche era clara y el mar estaba en calma. Trece personas en total la vieron.

Moderna representación del Holandés Errante para la película Piratas del Caribe – El Cofre del Hombre Muerto (2006).

Explicaciones.

Probablemente la explicación más creíble es un espejismo superior o Fata Morgana visto en el mar. Otro efecto óptico conocido como inminente ocurre cuando los rayos de luz se curvan a través de diferentes índices de refracción. Esto podría hacer que una nave que está justo en el horizonte parezca izada en el aire.

Fata Morgana.

Albert Pinkham Ryder – El Holandés Errante (Circa 1887).

Fuentes: Wikipedia, elaboración propia.

 

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A propósito del olvido

A propósito del olvido que obró el milagro de convertir las lágrimas en sangre y los recuerdos en efímeras efigies de éxtasis que se debaten entre lo trágico y lo divino.

A propósito de ti, que cincelaste el miedo en ganas de hundir el Infierno que guardamos todos en nuestro interior a un rincón todavía más profundo de la carne y el alma.

A propósito de mí, que clamé para derrotar la tempestad y con ella perdí la cordura y la pasión que un día juró que lo perfecto sería un juego terrible en el que ganar o perderlo todo.

La tormenta define el camino y este se bifurca para hacer de esta emoción un laberinto inabarcable de pretensiones que deambulan por suelos mojados y resbaladizos sentimientos.

De camino a casa, miras atrás por hallar un resquicio de esperanza que te obligue a recuperar un momento de ilusión que mantener vivo al caer a plomo sobre ti el amanecer.

Llega el momento en el que sólo quiero distinguir su rostro entre la niebla que se arremolina a mi alrededor como una musa insuflando su inspiración. Llegará el día, llegará el momento.

Y en un último gesto calculado de ira, como un relámpago degollando la noche, nos presentamos ambos observando paisajes nocturnos como en un déjà vu, levantamos un dedo al recordar al fin… A propósito del corazón entre las manos, a propósito del olvido (que ya no es más).

Brassaï (Gyula Halász) – Pareja bajo una farola (Circa 1932).

 
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Publicado por en 29 agosto, 2018 en Arte, Mis Relatos

 

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Lucifer

Puñados de certezas arrojados a la cara con la promesa exacta de que todo lo que empieza acaba, y en tus manos simplemente está la oportunidad de dar un óptimo fin a lo inevitable.

Esta vez el refugio no llega entre las fauces de la oscuridad. La penumbra ciega y nos arrojamos a los brazos de luz, ardiente y plena, como un Sol de madrugada incendiando la noche.

Allí, donde cada palabra no es medida al extremo ni sometida a un riguroso interrogatorio sobre su significado y la reacción (des)medida ante ella, allí es donde vamos a ocultarnos por fin.

A resguardo del bochorno del corazón y el chaparrón de los párpados que sin dueño, entregan sus desvelos a un destino radiante de infinito blanco con ánimo de eternizarse.

Ocupamos hoy el lugar de Lucifer, destronando a la más bella Aurora jamás contemplada por una obra maestra del desastre que retrata nuestros rostros con el ojo de Bouguereau inflamado en inspiración, y es que académicamente somos demasiado imperfectos.

Las puertas del Infierno quedan ya muy lejos, no escucharemos más las voces del averno o quizá es que finalmente no nos percataremos de que todo empezaba y acababa en nosotros mismos, así pues olvida esta soberbia ahora que no somos nada más que rayo y reflejo.

Es el silencio el que marca el ritmo de los latidos, la paz acompañada por las ganas de no decir nunca adiós se aferra, se enrosca, se niega ante sí misma. Queda mucho por aprender, por eso guardemos un minuto de silencio por la reflexión que ansiamos y nunca llega.

Un amanecer ardiendo, lo único que pedimos, que no quede nada, sobre todo consumir los recuerdos que engalanan de deseo y de ganas de caer una vez más entre llamas como lenguas y fuego como piel. Contemplemos atentos, pues alas blancas ya nos rodean a la vez, ¿serán capaces de unirnos hasta la eternidad?

William Blake – Satán en su gloria original (Circa 1805).

 
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Publicado por en 27 junio, 2018 en Arte, Mis Relatos

 

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William Blake

Londres (Reino Unido 🇬🇧), 28 de Noviembre de 1757 – Londres (Reino Unido 🇬🇧), 12 de Agosto de 1827.

Poeta, pintor y grabador, William Blake al igual que otros artistas fue poco conocido en vida pero muy valorado en la actualidad. Su obra pictórica posee rico simbolismo y se encuentra en ella semejanzas e influencias de Miguel Ángel, sobre todo en el volumen de sus figuras. Considerado en su época como un iluminado religioso, fue en realidad un artista visionario y una de las figuras más importantes del arte y la literatura inglesa.

Oberón Titania y Puck con hadas bailando (1786).

El Anciano de los Días (1794).

Elohim creando a Adán (1795).

La canción de Los (1795).

Hécate (Circa 1795).

Ángeles buenos y malos (Circa 1795 – 1805).

La casa de la muerte (Circa 1795 – 1805).

Nabucodonosor (Circa 1795 – 1805).

Libro de Job (1800).

El blasfemo (Circa 1800).

La muerte de la Virgen (1803).

El Gran Dragón Rojo y la mujer revestida en Sol (Circa 1803 – 1805). *Más información aquí.

Los veinticuatro ancianos dejando sus coronas ante el trono de Dios (Circa 1803 – 1805).

Newton (1804).

Escalera de Jacob (1805).

Cristo en el sepulcro custodiado por ángeles (Circa 1805).

El enterramiento (Circa 1805).

El Gran Dragón Rojo y la Mujer revestida con el Sol (Circa 1805).

El Gran Dragón Rojo y la Bestia del Mar (Circa 1805).

El número de la bestia es 666 (Circa 1805).

La Crucifixión (Circa 1805).

San Miguel encadenando a Satán (Circa 1805).

Satán en su gloria original (Circa 1805).

El alma flotando sobre el cuerpo (1805 – 1808).

El fantasma de la pulga (Circa 1819 – 1820).

El Diablo cubre de pústulas a Job (1821).

Cerbero (1824 – 1827).

Las harpías y los suicidas (1824 – 1827).

Abel (1826).

La Resurrección de Lázaro (Desconocida).

 
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Publicado por en 13 junio, 2018 en Arte, Cultura

 

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Cementerio de reyes vikingos

Las puertas de Hel retumban al abrirse entre un estruendo bombástico, es el reino de la infamia el que se vierte desde el abismo hacia el exterior, trayendo consigo una sensación generalizada de pesadumbre ante el épico final que se avecina.

Por el río de la muerte fluyen ya ecos de recuerdo, el de la gloria incandescente que hace arder la avaricia e inflama las ganas de ser destruido entre un mar salvaje de mentiras y acuerdos rotos como corazones que pierden la virginidad ante la traición más cruda.

Y cuando el reloj de arena expire, los cielos se volverán negros como denso plumaje de cuervo, nada importará, no habrá victoria cuando la derrota máxima se cierna sobre todo y todos. Sólo acuérdate en qué rincón guardaste tu última esperanza porque falta nos hará encomendarnos a ella.

En el Náströnd, los viles, la escoria, se pudrirán sobre su arena maldita mientras los tambores de guerra retumban con su ritmo arcaico en los perlados salones infinitos, allí donde sólo el honor te asegura un nombre o el olvido para siempre entre tantas profecías como certezas.

No queda tiempo, seremos historia de un pasado demente que olvida que no hay presente sin raíces hondas que sustenten el pesado y ambicioso futuro. La primavera parece hoy tan lejana en este invierno triple que soñar se antoja utopía, y la miel que calme las heridas un precioso sueño inalcanzable.

El cementerio de reyes vikingos será el trágico y postrero destino, congelado y absorto en un tiempo que no es el suyo, yace desierto de gloria e inundado en silencio, sólo roto por la lacerante ventisca que trae entre sus latigazos helados una súplica: No nos olvidéis, no nos olvidéis al llegar el último final.

Se desenrosca la serpiente, el lobo aúlla, el suelo tiembla, ya está tronando.

“Festr mun slitna, en freki renna – Las cadenas se romperán, y el lobo correrá libre”.

Völuspá.

Johann Heinrich Füssli – Thor luchando contra la serpiente marina (1788).

 
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Publicado por en 30 mayo, 2018 en Arte, Mis Relatos

 

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Epitafios

Palabras, son sólo palabras sin respuesta escritas en el éter, como súplicas desesperadas ante un caos viviente que se derrama sobre la piel. Así es cómo la mácula anega cada rincón, cada lugar en el esconderse del vendaval despertado.

Se deshace la conciencia entre lo bueno, lo malo y aquello por hacer y cuyo devenir es simple y condenadamente fracasado. No hay resquicio de valentía al que aferrarse aquí, ni ganas quedan de adivinar que el siguiente paso es una caída a los infiernos.

Puesto que estas heridas son autoinflingidas, no perdamos más tiempo en acabar de una vez por todas. Tan simple como cortar del hilo pendiente y cerrar de par en par cada puerta que esperaba tu regreso, a cal y canto.

En este ambiente trágico que se esperanza con señales difusas y promesas vacías, cabría destacar el influjo que hace el desencanto en esta farsa desafinada. Cuando el corazón se eclipsa en su propia estupidez arruina cualquier bacanal que se precie.

Esta locura de inspiración no tiene nombre, ni ganas de inflamar el ego a alguien lo suficientemente necio como para creerse responsable de unas palabras y un sentir que traspasan más allá de las simples letras.

Epitafios, vuelven a ser sólo eso, resquicios elegantes que definen un momento en lo inevitable, esbozando trazos de un todo borroso con ánimos de eternidad. Así, con sobriedad y elegancia indisimulada, damnatio memoriae al sentir.

Caspar David Friedrich – Cementerio bajo la nieve (1826).

 
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Publicado por en 7 marzo, 2018 en Arte, Mis Relatos

 

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