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Archivo de la etiqueta: Pintura

Franz von Stuck

Tettenweis (Alemania 🇩🇪), 23 de Febrero de 1863 – Munich (Alemania 🇩🇪), 30 de Agosto de 1928.

Artista completo, pintor, grabador, escultor y arquitecto, Von Stuck destacó principalmente en pintura, siendo muy famoso en vida por su estilo personal de figuras poderosas inspiradas principalmente en la mitología. Tras su muerte, cayó en el olvido durante la época de la Primera Guerra Mundial, gozando de cierta fama años cuando los nazis se apoderaron de Alemania y fue citado como ejemplo de los valores germanos. A partir de 1960, ha sido reconocido justamente como el gran artista que fue.

La caza salvaje (1887).

El Guardián del Paraíso (1889).

Estanque de truchas (1889).

Lucifer (1890).

Perdido (1890).

El asesino (1891).

El pecado (1893).

El beso de la Esfinge (1895).

Amazona luchando (1896).

El balancín (1898).

La caza salvaje (1899).

Romance (1900 – 1902).

Amazona herida (1903).

Esfinge (1904).

Lucha por la mujer (1905).

Salomé (1906).

Infierno (1908).

Disonancia (1910).

La danza (Circa 1910).

Retrato de Gertrud Littmann (1911).

Estrellas fugaces (1912).

Circe (Circa 1913).

Hércules y la Hidra (1915).

Retrato de Mary en una silla roja (1916).

Gólgota (1917).

Sísifo (1920).

Pigmalión (1926).

Viento y ola (Circa 1927). *Obra inacabada.

 
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Publicado por en 18 marzo, 2020 en Arte, Cultura

 

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Karl Wilhelm Diefenbach

Hadamar (Alemania 🇩🇪), 21 de Febrero de 1851 – Capri (Italia 🇮🇹), 15 de Diciembre de 1913.

Diefenbach durante su vida estuvo involucrado en movimientos sociales pacifistas, con especial incidencia en la armonía con la naturaleza (objeto de muchas de sus pinturas), naturismo, vegetarianismo y el rechazo de la monogamia y la religión (aunque era seguidor de la Teosofía) en general. Desde el punto de vista pictórico, es un relativamente desconocido pero gran representante del Simbolismo alemán.

La aparición (Circa 1890).

Cristo en la Cruz (1891).

La despedida (1892).

Autorretrato (1895).

La danza de las hadas (1895).

Martirizado y crucificado, hijo Helios (1895).

Preguntando a las estrellas (1895).

Colosos de Memnón durante una tormenta de arena (1896).

Chica con una flor (1898).

Gaviota entre las cañas (1899).

Visión (1899).

La Esfinge con Ondina (1902).

La gruta azul en Capri (1902).

La Isla de los Muertos (Circa 1905).

Atardecer en Capri (1911).

Ciervo moribundo (1913).

El rescate (1913).

Esfinge (1913).

Soledad (1913).

Niño tocando el violín (Circa 1913).

 
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Publicado por en 29 enero, 2020 en Arte, Cultura

 

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Glorificar

Miradas que ascienden para elevar el espíritu.

Fotografía y retoques por La Exuberancia de Hades (Catedral Vieja de Salamanca).

 
 

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Creencia o adivinación

Estos baños de sangre describen con precisión cada resquicio de cordura olvidada en un clímax cautivador, mientras opaco y sincero desciende el espíritu de la verdad con las alas plegadas y el horror en los labios más dulces que jamás hayamos probado.

La victoria no es óbice para el invierno más largo nunca ante experimentado en el corazón, aquel que juró tres veces a la escarcha que enterraría hasta el último remanente de libertad bajo su aliento gélido. Aun así, sin dudar, no tardamos en besar su perdición.

Una exagerada oda de exaltación a la confusión se muestra de perfil, de mirada perdida y sentimiento conciso, al tiempo que el río de su tristeza no deja de fluir por entre tus venas. El paisaje parece prometedor entre tanta soledad (no) compartida.

La esperanza, como el elixir abandonado, se muestra con toda su crudeza, vibrando al ritmo de sus caderas. Es la perversión la que desnuda la noche, dibujando con el dedo una colina de piel y estrellas sobre la que reposar el ansia mutua.

Soñamos a base de surrealismo y tiempo perdido y derretido entre los dedos, confesiones a la eternidad y huecos vacíos en el corazón, como un rompecabezas a medio hacer, intentamos rellenar esos huecos con intentos de creer en lo imposible.

No sé si veremos llegar antes la cordura o el abismo tras su ausencia, pero no es más seguro que nos debemos a un último intento de creer o adivinar que es posible.

John William Waterhouse – La bola de cristal (1902).

 
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Publicado por en 15 enero, 2020 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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Feliz Navidad – Happy Christmas 2019

Feliz Navidad & Año Nuevo para todos, Happy Christmas & Prosperous New Year.

Fra Angelico – La Anunciación (1425 – 1426).

 
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Publicado por en 20 diciembre, 2019 en Arte, Cultura, Entretenimiento

 

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Carl Gustav Carus

Leipzig (Alemania 🇩🇪), 3 de Enero de 1789 – Dresde (Alemania 🇩🇪), 28 de Julio de 1869.

Pintor , psicólogo y naturalista, Carus destacó en el terreno del arte por su pintura paisajista bajo la tutela del gran Caspar David Friedrich, del cual se nota una gran influencia, sintiendo especial predilección por los paisajes románticos (ruinas, noches con Luna, arquitectura gótica, naturaleza). En el terreno puramente científico, originó el concepto de arquetipo de vertebrado, idea fundamental en el posterior desarrollo de la Teoría de la Evolución de Charles Darwin.

Ruinas de Eldena con cabaña en Greifswald a la luz de la Luna (1819 – 1820).

Montículo de la Edad de Piedra (Circa 1820).

Vista de Dresde al atardecer (1822).

Dos hombres ante una cascada al atardecer (1823).

El Castillo Imperial (1824).

Mujer en balcón (1824).

Pozo minero cubierto de maleza (Circa 1824).

La música (1826).

Ventanas góticas en las ruinas del Monasterio de Oybin (Circa 1828).

Habitación balconada con vistas a la Bahía de Nápoles (1829 – 1830).

Pescadores italianos en la Bahía de Nápoles (1828 – 1829).

Paisaje a la luz de la Luna (Circa 1830).

Plaza iluminada por la Luna frente a una iglesia gótica (Circa 1830).

Vista del Coliseo por la noche (Circa 1830).

Vista sobre Dresde desde la terraza de Brühl (Circa 1830 – 1831).

Noche de Luna frente al mar italiano con un lector ante una ventana gótica (1832).

Luna llena italiana (1833).

Castillo Milkel a la luz de la Luna (1833 – 1835).

Robles junto al mar (1834 – 1835).

Casa de Carus en Pillnitz (1835).

Iglesia gótica sobre copas de los árboles a la luz de la luna (Circa 1840).

Vista de Florencia (1841).

Puerto de Copenhague a la luz de la Luna (1846).

Fausto en su estudio (1851).

El sueño de Fausto (1852).

Abadía de Tintern (Desconocida).

Luna llena en Pillnitz (Desconocida).

Puerta de una iglesia gótica a la luz de la Luna (Desconocida).

 
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Publicado por en 20 noviembre, 2019 en Arte, Cultura

 

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Opaco, herido y decadente (Y tenía corazón)

El ritmo de una noche en picado desciende en barrena sobre el ánimo, siempre tan a medio camino entre la gloria y la inmolación. Es cruel pensar que nada tendría sentido sin estas llamas carbonizando cada resquicio de piel sin cicatrices, nada, salvo tu corazón.

Vacíos, a resguardo de la nada que tanto empatiza con aquellos que yacen acabados sin esperar el tren que nunca pasará. Nos aceleramos, creemos que podremos sobrellevar estas veinticuatro horas con sabor a infierno en las lenguas y a miedo en tu mirada.

El fantasma que deja su perfume de cripta en derredor, visita cada noche el bosque de ahorcados por amor, cuya espera desintegra la esperanza, sin más intención que la de acabar contigo, en silencio, a media noche y duermevela. Estamos implicados en una oda a la vorágine.

Esta deliciosa penumbra desnuda nuestros deseos, y en ninguno de ellos estás tú. Como un recuerdo remoto al que cuesta un océano trasladarse, es la memoria que niega la evidencia de la férrea sangre en las manos y el dulce carmín en los labios morados.

El otoño, opaco, herido y decadente arrastra el odio paso a paso hasta la abandonada tumba de la indiferencia, alegre por ser el centro de atención de un paraíso en llamas y un Hades aterido de la imposibilidad de remontar de semejante destrozo silente.

Ya viene, siempre solícita, la noche de lluvia que pregunta si ella tenía corazón, o solamente fue el recuerdo el que destapó por un evasivo instante el cofre de las esencias olvidadas y el consiguiente diluvio de lágrimas al descubrir la polvorienta verdad. Viene para quedarse.

Como un rito inacabado o una plegaria a la nada en el desierto, la verdad se antepuso a todo. ¿Ella tenía corazón?, sí, y tenía corazón, pero también el mío, y eso ya es para siempre.

Edvard Munch – El beso de la muerte (1898).

 
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Publicado por en 6 noviembre, 2019 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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