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Descanso

Hay momentos en los que uno debe parar y descansar, a veces rodeado solamente de perfecta y salvaje belleza.

Fotografía y retoques por La Exuberancia de Hades (Madrid).

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Publicado por en 28 marzo, 2018 en Mis Fotografías, Naturaleza

 

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El Apostolado del Prado (José de Ribera)

Xátiva (España 🇪🇸), 12 de Enero de 1591 – Nápoles (Italia 🇮🇹), 2 de Septiembre de 1652.

José de Ribera es, cronológicamente, el primero de los grandes maestros españoles que surgieron en las décadas centrales del Siglo XVII. Cultivó un estilo naturalista y tenebrista propio de Caravaggio en sus inicios, para después variar hacia una estética más colorista y con mayor luminosidad. Dotado de una extraordinaria habilidad para el dibujo y la plasmación mediante ello de diferentes texturas, Ribera es sin duda uno de los pintores españoles más destacados de su época.

El Apostolado del Prado es un conjunto de 11 obras realizadas por José de Ribera, “El Españoleto (Lo Spagnoletto)”, cuya temática común son los Apóstoles y Cristo Salvador. De características y dimensiones muy parecidas fueron pintadas al óleo sobre lienzo entre los años 1630 – 1635, aunque la datación de algunas de las pinturas es debatida y parece algo posterior en ciertos casos concretos como en San Andrés.

En su origen la serie constaba de 13 cuadros (12 apóstoles más la figura de Cristo) pero las telas de San Matías y San Juan Evangelista están perdidas. El Apostolado de Ribera se cita por primera vez en las Colecciones Reales a finales del Siglo XVIII y está integrada por cuadros de muy distinta calidad, de manera que se mezclan en ellas obras con amplia intervención del taller con piezas que son elaborados estudios de gran precisión retratística en los que el pintor ha acertado a legarnos auténticos arquetipos de Apóstoles.

Actualmente esta serie de pinturas se conserva en el Museo del Prado de Madrid.

El Salvador (Circa 1630).

San Pedro (Circa 1630).

San Pablo (1630 – 1635).

San Bartolomé (1630 – 1635).

San Felipe (1630 – 1635).

San Judas Tadeo (1630 – 1635).

San Simón (1630 – 1635).

Santiago el Mayor (1630 – 1635).

Santiago el Menor (1630 – 1635).

Santo Tomás (1630 – 1635).

San Andrés (1641).

 
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Publicado por en 21 marzo, 2018 en Arte, Cultura, Historia

 

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Spring Heeled Jack

Spring Heeled Jack (Jack “Piedemuelle” o Jack el Saltarín) es una famosa y misteriosa entidad del folclore inglés y más en concreto de la época victoriana. Su primer avistamiento data de 1837, más tarde se reportaron frecuentes observaciones en Londres y sus suburbios, Sheffield, Liverpool, Midlands y Escocia.

Spring Heeled Jack fue muy famoso en su época debido a su extraña apariencia y a su aparente capacidad de dar saltos increíbles, muy por encima de las posibilidades de una persona. Según testigos diversos, este ser era descrito con una apariencia espantosa y aterradora, una fisionomía diabólica que incluía garras metálicas afiladas en sus dedos y ojos que “parecían bolas de fuego rojo2. Un informe afirmaba que, bajo una capa negra, llevaba un casco y una prenda ajustada blanca como “hule”. Muchas historias mencionan también un aspecto demoníaco. Se decía que Spring Heeled Jack era alto y delgado, añadiendo algunos informes que podía exhalar llamas azules y blancas. Al menos dos personas afirmaron que podía hablar un inglés comprensible.

Precedentes.

A principios del Siglo XIX, había numerosos informes de fantasmas que acechaban las calles de Londres, todo unido al auge de la Metapsíquica y a multitud de reuniones (séances) en donde se pretendía contactar con los espíritus. Estas figuras humanas se describían como pálidas; creyéndose que acechaban y perseguían a peatones solitarios. Las historias contadas de estas figuras formaron parte de una tradición distinta del fantasma en Londres que, algunos escritores han discutido, formaron la creación de la leyenda posterior de Spring Heeled Jack.

La más importante de estas primeras entidades fue el Fantasma de Hammersmith, que entre 1803 – 1804 fue reportado en Hammersmith en las franjas occidentales de Londres; más tarde reaparecería en 1824. Otra aparición, el conocido como Fantasma de Southampton, también fue reportado como autor de varias agresiones a distintos individuos en la noche. Este espíritu en particular llevaba muchas de las características de Spring Heeled Jack, y se decía que podía saltar de casa en casa y que medía unos 3 metros de altura.

Spring Heeled Jack en una ilustración de un Penny Dreadful (1904).

Informes iniciales.

Los primeros avistamientos atribuidos a Spring Heeled Jack se produjeron en Londres en 1837 y el último parece que se produjo en Liverpool en 1904. Según muchos relatos posteriores, en Octubre de 1837, una niña con el nombre de Mary Stevens se dirigía a Lavender Hill donde trabajaba como sirvienta después de visitar a sus padres en Battersea. En su camino a través de Clapham Common, una extraña figura saltó sobre ella desde un callejón oscuro. Después de inmovilizarla con sus brazos, comenzó a besarle el rostro mientras rasgaba su ropa y tocaba la carne de la muchacha con sus garras, que según su declaración, eran “frías y húmedas como las de un cadáver”. En pánico, la chica gritó, haciendo que el atacante huyera rápidamente de la escena. La conmoción trajo a la escena de los hechos a varios residentes que inmediatamente lanzaron una búsqueda para dar con el agresor, que no pudo ser encontrado.

Al día siguiente, se dice que el personaje “saltador” eligió a una víctima muy diferente cerca de la casa de Mary Stevens, inaugurando un método que volvería a aparecer en informes posteriores: Saltó en el camino de un carro que pasaba en ese momento, haciendo que el cochero perdiese el control del mismo y resultase gravemente herido. Varios testigos alegaron que el extraño individuo escapó saltando sobre una pared alta de unos 2,7 metros mientras reía de forma aguda y balbuceaba palabras ininteligibles. Poco a poco, la noticia del carácter extraño de estos ataques y de su autor se extendió, y pronto la prensa y el público le dieron el conocido nombre de Spring Heeled Jack.

En los primeros informes, la representación de Spring Heeled Jack era más parecida a las de los demonios tradicionales.

Reconocimiento oficial.

Pocos meses después de estos primeros avistamientos, el 9 de Enero de 1838, Sir John Cowan (Lord Mayor de Londres) reveló en una sesión pública celebrada en Mansion House una queja anónima que había recibido algunos días antes, y que había retenido con la esperanza de obtener más información. El remitente, que había formado de la carta como “un residente de Peckham”, escribió lo siguiente:

“Parece que algunos individuos (de, como cree el autor, las mejores clases) han hecho una apuesta con un compañero travieso y temerario, sobre que no se atrevería a encargarse de visitar muchos de los pueblos cercanos a Londres con tres disfraces diferentes: un fantasma, un oso y un diablo; y más aún, que no entraría en los jardines de la gente con el objeto de alarmar a los habitantes de la casa. La apuesta, sin embargo, ha sido aceptada, y el infantil villano ha logrado hacer desmayar a siete señoras, dos de las cuales probablemente no se recuperarán, sino que se convertirán en cargas para sus familias. En una casa el hombre tocó el timbre, y cuando la sirviente fue a abrir la puerta, encontró a este animal vestido de forma no menos espantoso que un espectro. La consecuencia fue que la pobre chica se desvaneció inmediatamente, y nunca desde este momento ha recuperado la razón. El asunto ha continuado por algún tiempo y, aunque resulte extraño, los periódicos siguen en silencio al respecto. El autor tiene razones para creer que tienen la historia completa en la punta de sus dedos pero, debido a motivos interesados, han sido convencidos para permanecer en silencio”.

Aunque el Lord Mayor parecía bastante escéptico, un miembro de la audiencia confirmó que “jóvenes criadas de Kensington, Hammersmith y Ealing cuentan espantosas historias sobre este fantasma o diablo”. El asunto fue publicado en The Times el 9 de Enero y en otros diarios nacionales el 10, y al día siguiente (11 de enero) el Lord Mayor enseñó a un abarrotado auditorio una pila de cartas procedentes de varios lugares de Londres y alrededores quejándose de parecidas “bromas malvadas”. La cantidad de cartas que llegó a Mansion House sugiere que las historias estaban muy difundidas en los suburbios londinenses. Un remitente afirmaba que varias jóvenes de Hammersmith habían sido asustadas hasta “estados peligrosos”, y algunas “gravemente heridas por una especie de garras que el desaprensivo llevaba en las manos”. Otro afirmaba que en Stockwell, Brixton, Camberwell y Vauxhall varias personas habían muerto de miedo y obras había sufrido ataques; mientras, otro contaba que el bromista había sido visto repetidas veces en Lewisham y Blackheath.

El propio Lord Mayor tenía dos opiniones sobre el asunto: pensaba que se habían hecho “las mayores exageraciones” y que era bastante imposible “que el fantasma realice las proezas de un demonio sobre la tierra”, pero por otra parte alguien en quien confiaba le había hablado de una criada en Forest Hill que había sido asustada hasta sufrir un ataque por una figura con piel de oso, por lo que estaba seguro de que la persona o personas involucradas en esta “exhibición de pantomima” serían atrapadas y castigadas. Se ordenó a la policía que buscase al individuo responsable, y se ofrecieron recompensas.

Spring Heeled Jack saltando sobre una reja, ilustración del serial Spring-heel’d Jack: The Terror of London (Siglo XIX).

Los informes de Scales y Alsop.

Quizá los más famosos incidentes relacionados con Spring Heeled Jack sean los supuestos ataques que sufrieron dos adolescentes, Lucy Scales y Jane Alsop. El de Alsop fue ampliamente cubierto por los periódicos de la época, mientras que sólo uno informó del de Scales, presumiblemente porque Alsop procedía de una familia bien acomodada y Scales de una familia de comerciantes. Este influjo mediático alimentó la histeria colectiva que ya de por sí envolvía el caso.

Se informó que el 20 de Febrero, la joven de 18 años Jane Alsop abrió la puerta del hogar paterno en el distrito londinense de Bow a un hombre que afirmaba ser oficial de policía, quien le pidió que trajese una luz porque él y otro oficial habían “atrapado a Spring Heeled Jack aquí en la calle”, pero este hombre lo que hizo fue atacarla repentinamente, rasgándole el vestido y tirándole del pelo hasta que otros miembros de la familia acudieron a ayudarla. Alsop contó a los investigadores de la policía de Lambeth que “llevaba una especia de casco, y un disfraz blanco ajustado con aspecto de hule. Su cara era espantosa y sus ojos como bolas de fuego. Tenía garras en las manos de algún material metálico, y vomitaba llamas azules y blancas”.

El informe de Scales es como sigue: Cinco días después, el 28 de Febrero de 1838, la muchacha de 18 años Lucy Scales y su hermana volvían a casa tras visitar a su hermano, un carnicero que vivía en una zona respetable de Limehouse. Ligeramente adelantada a su hermana, Lucy estaba a mitad de camino de Green Dragon Alley cuando un personaje que parece que había estado esperando en un rincón del pasaje apareció y la atacó. La figura respiró fuego en la cara de Lucy y entonces huyó mientras la muchacha caía al suelo, presa de violentos espasmos que duraron varias horas. Unos pocos días después, el 6 de Marzo, Lucy y su hermana prestaron declaración en la comisaría de policía de Lambeth Street acompañadas por su hermano, William. El muchacho afirmó que en la noche en cuestión había oído los fuertes gritos de una de sus hermanas momentos después de que habían salido de su casa y corriendo por el callejón del Dragón Verde encontró a su hermana Lucy en el suelo en mitad de un ataque, con su otra hermana tratando de sostenerla y apoyarla. La hermana describió al agresor de Lucy como de aspecto alto, delgado, cubierto con un gran manto o capa y llevando una pequeña lámpara o linterna similar a las usadas por la policía. El individuo no habló ni trató de poner las manos sobre ellos, sino que caminó rápidamente lejos de la escena del crimen. Todos los esfuerzos realizados por la policía para descubrir al autor de estos y otros ultrajes similares fueron en vano; varias personas fueron interrogadas pero liberadas finalmente sin cargos.

La leyenda se extiende.

The Times informó del supuesto ataque sobre Jane Alsop bajo el titular “Atrocidad en Old Ford”. A esto siguió el relato del juicio de un tal Thomas Millbank, quien, inmediatamente tras el ataque sobre Jane Alsop, se había jactado en el Morgan’s Arms de ser Spring Heeled Jack. Fue arrestado y juzgado en la corte de Lambeth Street. El oficial que le arrestó fue James Lea, que antes había atrapado a William Corder, el asesino de Red Barn. Millbank había estado vistiendo un mono blanco y un abrigo, que había dejado fuera de la casa, donde también se halló la vela que había dejado caer. Eludió la condena sólo porque Jane Alsop insistió en que su atacante había respirado fuego, y Millbank admitió que no podía hacer tal cosa. La mayoría de los demás relatos fueron escritos mucho más tarde de la fecha, no mencionándolos los periódicos contemporáneos.

Tras estos incidentes, Spring Heeled Jack se convirtió en uno de los personajes más populares de la época. Sus supuestas “hazañas” fueron recogidas por los periódicos y se convirtió en protagonista de varios penny dreadfuls y obras teatrales representadas en los teatros baratos que abundaban por entonces. Pero, a medida que crecía su fama, los informes sobre sus apariciones se hicieron más infrecuentes. Sin embargo, en 1843 una oleada de avistamientos volvió a inundar el país. Un informe de Northamptonshire le describía como “la misma imagen del propio diablo, con cuernos y ojos en llamas”, y en Anglia Oriental las noticias de ataques sobre conductores de coches de correo se volvieron comunes.

Spring Heeled Jack representado en un Penny Dreadful de (Circa 1860).

Últimos informes.

A principios de los años 1870, Spring Heeled Jack fue supuestamente visto de nuevo en varios lugares distantes entre sí. En Noviembre de 1872, el News of the World informó que Peckham estaba en estado de shock debido a lo que se conocía como “Fantasma de Peckham”, una figura misteriosa, de apariencia “bastante alarmante”. El editorial señalaba que no era otro que “Spring Heeled Jack, quien aterrorizó a la anterior generación”. Historias parecidas fueron publicadas en las Illustrated Police News. En Abril y Mayo de 1873 sucedieron numerosos avistamientos del “Fantasma del Parque” en Sheffield, que los lugareños llegaron a identificar con Spring Heeled Jack.

A esta noticia siguieron más supuestos avistamientos hasta Agosto de 1877, siendo uno de los más notables el protagonizado por un grupo de soldados del cuartel de Aldershot. Un centinela de servicio en el Campamento Norte miraba a la oscuridad, donde le había llamado la atención una peculiar figura brincando por la carretera hacia él. El soldado le dio el alto, que fue ignorado, y la figura desapareció de la vista unos momentos. Cuando el soldado volvía a su puesto, la figura reapareció junto a él y le propinó varias bofetadas con “una mano tan fría como la de un cadáver2. Uno de los guardias le disparó, sin efecto visible, si bien algunas fuentes afirman que el soldado pudo haberle disparado cartuchos de fogueo, usados sólo para hacer disparos de advertencia.

En otoño del mismo año, Spring Heeled Jack volvió a ser visto en Newport Arch (Lincolnshire), llevando una piel de oveja. Una multitud enfadada le habría perseguido y acorralado, y al igual que en Aldershot, le habrían disparado sin lograr efecto alguno. Muchos testigos afirmaron que los disparos le alcanzaron, sonando como si golpeasen un objeto metálico hueco como un “cubo vacío”. Como de costumbre, se decía que hizo uso de sus habilidades saltarinas para escapar de la multitud y desaparecer una vez más.

A finales del Siglo XIX, los supuestos avistamientos de Spring Heeled Jack se fueron desplazando hacia el oeste de Inglaterra. En Septiembre del 1904, en Everton, al norte de Liverpool, Spring Heeled Jack habría aparecido en el tejado de la Iglesia de San Francisco Javier, en Salisbury Street. Los testigos contaron que súbitamente saltó y cayó al suelo, aterrizando tras una casa cercana. Cuando corrieron a este punto, sigue la historia, se enfrentaron a un hombre alto y musculoso, vestido completamente de blanco y llevando un casco “con forma de huevo”, que les esperaba de pie. Rió histéricamente a la multitud y se abalanzó sobre ella, haciendo que varias mujeres se desmayasen. Librándose de ellos de un salto gigante, desapareció tras las casas vecinas.

El 18 de Junio de 1953, una figura parecida a algunas descripciones de Spring Heeled Jack fue avistada en un pecán en el patio de un edificio de apartamentos de Houston (Texas). Hilda Walker, Judy Meyers y Howard Phillips describieron a un hombre con “capa negra, pantalones ajustados y botas altas”, además de “ropas ajustadas grises o negras”.

Spring Heeled Jack en un Penny Dreadful de 1886.

Teorías.

Como finalmente nadie pudo atrapar o identificar nunca al conocido como Spring Heeled Jack, lo que combinado con las extraordinarias habilidades que se le atribuyen y el largo periodo durante el que se informó de avistamientos, ha llevado a la exposición de todo tipo de teorías sobre su naturaleza e identidad. Mientras varios investigadores buscan una explicación racional a estos sucesos, otros autores exploran los detalles más fantásticos de las historias para proponer varias teorías paranormales diferentes.

  • Escépticas.

La explicación más extendida a este respecto es la de la histeria colectiva y al de un mito o leyenda urbana exagerada y ampliada por los propios testimonios de la época. Tampoco se puede descartar el hecho de que Spring Heeled Jack no fuese una sola persona sino varias, el propio Lord Mayor acusaba a un grupo de jóvenes aristócratas envueltos en una irresponsable apuesta como culpables de las andanzas macabras de Jack.

En 1840, diversos rumores pusieron su foco sobre el noble irlandés Henry de La Poer Beresford, tercer Marqués de Waterford. El marqués apareció frecuentemente en noticias de finales de los años 1830 por reyertas de borrachos, bromas crueles y vandalismo, y se decía que hacía cualquier cosa por una apuesta. Su comportamiento irregular y su desdén hacia las mujeres le ganaron el apodo de “El Marqués Loco”, y también se sabe que estuvo en la zona de Londres en la época en la que ocurrieron los primeros incidentes. Pero The Waterford Chronicle pudo informar de su presencia en la baile del día de San Valentín en el castillo Waterford, dándole una coartada para los ataques sobre Jane Allsop y Lucy Scales que son cruciales para la supuesta existencia de Jack. Sin embargo, en 1880 fue calificado de culpable por el reverendo E. C. Brewer, quien aseguró que el marqués “solía entretenerse abalanzándose sobre viajeros desprevenidos, asustándolos, y de cuando en cuando otros han seguido su ridículo ejemplo”. En 1842 el marqués de Waterford se casó y se estableció en Curraghmore House (Irlanda), y se sabe que llevó una vida ejemplar hasta su muerte en accidente ecuestre en 1859. Spring Heeled Jack siguió activo varias décadas después, lo que lleva a los partidarios de su culpabilidad a la misma conclusión que Brewer.

  • Paranormales.

Demonio: Invocado accidentalmente o no por practicantes de ocultismo de la época.

Visitante de otra dimensión: Ser que podría haber entrado en nuestro plano a partir de una puerta dimensional.

Entidad extraterrestre: Creencia que explicaría los brillantes ojos de Spring Heeled Jack y su flamígera respiración, además de su agilidad sobrehumana.

Fuentes: Wikipedia, RPartridge (ilustración moderna), elaboración propia.

 
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Publicado por en 14 marzo, 2018 en Criptozoología, Historia

 

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Epitafios

Palabras, son sólo palabras sin respuesta escritas en el éter, como súplicas desesperadas ante un caos viviente que se derrama sobre la piel. Así es cómo la mácula anega cada rincón, cada lugar en el esconderse del vendaval despertado.

Se deshace la conciencia entre lo bueno, lo malo y aquello por hacer y cuyo devenir es simple y condenadamente fracasado. No hay resquicio de valentía al que aferrarse aquí, ni ganas quedan de adivinar que el siguiente paso es una caída a los infiernos.

Puesto que estas heridas son autoinflingidas, no perdamos más tiempo en acabar de una vez por todas. Tan simple como cortar del hilo pendiente y cerrar de par en par cada puerta que esperaba tu regreso, a cal y canto.

En este ambiente trágico que se esperanza con señales difusas y promesas vacías, cabría destacar el influjo que hace el desencanto en esta farsa desafinada. Cuando el corazón se eclipsa en su propia estupidez arruina cualquier bacanal que se precie.

Esta locura de inspiración no tiene nombre, ni ganas de inflamar el ego a alguien lo suficientemente necio como para creerse responsable de unas palabras y un sentir que traspasan más allá de las simples letras.

Epitafios, vuelven a ser sólo eso, resquicios elegantes que definen un momento en lo inevitable, esbozando trazos de un todo borroso con ánimos de eternidad. Así, con sobriedad y elegancia indisimulada, damnatio memoriae al sentir.

Caspar David Friedrich – Cementerio bajo la nieve (1826).

 
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Publicado por en 7 marzo, 2018 en Arte, Mis Relatos

 

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Una reflexión para tu adiós

No tienes nombre, pero en tu cara veo muchos rostros (poco) conocidos, y es que llega el día en el que te percatas, cual revelación contundente, de que llega el momento de enterrar entre añicos y olvido esos vestigios de irracionalidad con semblantes a tachar.

Todo llega con conocimiento de causa, la cual se desnuda para mostrar sus cicatrices indómitas tras una sonrisa de fácil respuesta. No te preocupes, no fue nada, algo frágil y unívocamente fugaz, niebla dispersa con sabor a rancia imposibilidad, es el fin.

Aunque nos negamos a perder, no tardamos en percatarnos de que esta vez debemos ser derrotados, puesto que sólo en la pérdida seremos capaces de vislumbrar el verdadero camino tras el frondoso veto y velo de la oscuridad.

Se deslizan las palabras como los pensamientos, sin adornos, en un simbolismo raquítico que sin embargo es implacable con el corazón. Ser y destino de hábito negro y prófuga acción, redescubriendo promesas indefinidas, dando fin sin tormento, ¿lo ves? Yo ya sí.

Ciertamente, con exuberante voluptuosidad y envenenada complacencia, taponamos uno tras otro esos recovecos de locura. Y ahora que la hemorragia se detiene, queda por ver cómo ha sobrevivido la piel, el desconcierto y el alma, a tanta mácula.

No importa si no se entiende el mensaje, el corazón traduce lo que la mente lógica pone en duda por un instante. Sin más alardes que la propia y ya monolítica intención, es una reflexión para tu adiós y la única pregunta que perfora el aire es: ¿por qué tardamos tanto?

 
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Publicado por en 28 febrero, 2018 en Mis Relatos

 

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John Martin, pintor del Apocalipsis

Haydon Bridge (Reino Unido 🇬🇧), 19 de Julio de 1789 – Isla de Man 🇮🇲, 17 de Febrero de 1854.

Pintor, ilustrador y grabador, John Martin es famoso por sus pinturas apocalípticas, basadas en textos bíblicos y en el poema del Paraíso Perdido de John Milton. Célebre en su época, inspiró a un gran número de artistas en su tiempo, aunque tras su muerte su obra fue relegada para finalmente ser reconocida a partir del Siglo XX.

Sadak en busca de las aguas del olvido (1812).

Josué ordenando al Sol detenerse sobre Gabaón (1816).

El bardo (1817).

El Festín de Baltasar (1820).

La destrucción de Pompeya y Herculano (1822).

La expulsión de Adán y Eva del Paraíso (1823).

La Séptima Plaga (1823).

Calvario (1830 – 1840).

La Caída de Babilonia (1831).

El Diluvio (1834).

Destrucción de Tiro (1840).

Ángeles caídos en el Infierno (1841).

La Ciudad Celestial y el Río de la Vida (1841).

Pandemonium (1841).

Las llanuras del Cielo (1851 – 1853).

Destrucción de Sodoma y Gomorra (1852).

El Gran Día de su Ira (Circa 1853).

El Juicio Final (1853).

 
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Publicado por en 21 febrero, 2018 en Arte, Cultura

 

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Todo al rojo

Si vienes a jugar has de saber que tengo todas las de perder, mientras que tú ganarás un muerto viviente con el corazón incendiado en excelsa llama azul.

Pero no me importa.

Y es que el precio la victoria es la destrucción, el caos y el sentimiento de condena que arrastra la inquietud entre crueles rocas afiladas.

Vienen las sonrisas, el encantamiento que se convierte en maldición, el amanecer que torna en una noche sepulcral y parece que nada llena sin ese tacto pleno.

Así de fácil, con una mala mano, una eterna desgracia. Querer no es poder, y así estamos, entre la intención y el precipicio que le precede.

Somos limbo, de palabras bloqueadas, de disimulos fugaces y efímeros momentos de veneno sin antídoto, de pesadillas sin intención de despertar.

¿Qué hacemos?, este laberinto es nuestro callejón sin salida aquí y ahora, mañana veremos, veremos cómo estamos perdidos y con las manos vacías.

Una y otra vez, jugando de antemano con la apuesta perdida, una y otra vez víctimas del destino y sus muecas de burla.

Pero no me importa.

Con todo el rencor del mundo, aquí parados en el tiempo. Seguramente no desista hasta que gane o lo perdamos todo… Yo apuesto, todo al rojo (es lo único que sí me importa).

PD: Y de regalo una mirada, de esas que digan que si hay que quemarse alguna vez así, que de mí no queden ni las cenizas.

 
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Publicado por en 14 febrero, 2018 en Mis Relatos

 

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