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La Tumba de Alejandro Magno

17 Abr

La Tumba de Alejandro Magno, también conocida como el Soma, es el lugar en el que estaría enterrado el célebre Alejandro III de Macedonia (hijo y sucesor de Filipo II de Macedonia), el cual logró amasar un imperio que se extendía desde el Danubio hasta el Norte de la India (Himalaya).

Alejandro Magno

Imperio de Alejandro Magno

Imperio de Alejandro Magno en su máxima extensión.

Alejandro Magno (nacido el 20 ó 21 de Julio del 356 a.C.) falleció a los 32 años en Babilonia entre el 10 – 13 de Julio del año 323 a.C. según el calendario juliano. Se cree que la causa de la muerte fue la malaria que pudo haber contraído de las picaduras de mosquitos de pantanos de la zona, aunque se ha sugerido la posibilidad de que fuese envenenado pero sus síntomas consecuencias coinciden de forma más clara con la malaria que con algún tipo de veneno. Una vez difunto, el cuerpo de Alejandro conservado en miel, se colocó en un sarcófago antropomorfo de oro, que se puso a su vez en otro ataúd de oro y se cubrió con una capa púrpura. Pusieron este ataúd junto con su armadura en un carruaje dorado que tenía un techo abovedado soportado por peristilos jónicos. La decoración del carruaje era muy lujosa y fue descrita por Diodoro con gran detalle.

Mary Renault nos resume así las palabras de Diodoro:

“El féretro era de oro y el cuerpo que contenía estaba cubierto de especias preciosas. Los restos mortales estaban cubiertos de un paño mortuorio púrpura bordado en oro, sobre el cual se exponía la panoplia de Alejandro. Encima, se construyó un templo dorado. Columnas jónicas de oro, entrelazadas con acanto, sustentaban un techo abovedado de escamas de oro incrustadas de joyas y coronado por una deslumbrante corona de olivo en oro que bajo el sol llameaba como los relámpagos. En cada esquina se alzaba una Victoria, también en noble metal, que sostenía un trofeo. La cornisa de oro de abajo estaba grabada en relieve con testas de íbice de las que pendían anillas doradas que sustentaban una guirnalda brillante y policroma. En los extremos tenía borlas y de éstas pendían grandes campanas de timbre diáfano y resonante. Bajo la cornisa habían pintado un friso. En el primer panel, Alejandro aparecía en un carro de gala, “con un cetro realmente espléndido en las manos”, acompañado de guardaespaldas macedonios y persas. El segundo representaba un desfile de elefantes indios de guerra; el tercero, a la caballería en orden de combate, y el último, a la flota. Los espacios entre las columnas estaban cubiertos por una malla dorada que protegía del sol y de la lluvia el sarcófago tapizado, pero no obstruía la mirada de los visitantes. Disponía de una entrada guardada por leones de oro. Los ejes de las ruedas doradas acababan en cabezas de león cuyos dientes sostenían lanzas. Algo habían inventado para proteger la carga de los golpes. La estructura era acarreada por sesenta y cuatro mulas que, en tiros de cuatro, estaban uncidas a cuatro yugos; cada mula contaba con una corona dorada, un cascabel de oro colgado de cada quijada y un collar incrustado de gemas”.

Mary Renault, Alejandro Magno.

Catafalco de Alejandro Magno

Catafalco de Alejandro Magno.

Se sabe históricamente que el cuerpo de Alejandro tras su momificación en Babilonia, fue enviado en un gran carro ceremonial hacia Macedonia. En el camino, el regio cargamento fue interceptado por Ptolomeo, uno de sus generales, que se había apropiado de Egipto, y llevado al país del Nilo como un valioso instrumento simbólico de legitimación. Ptolomeo, instaló el cuerpo en Menfis (Tumba Menfita), adaptando una tumba vacía que había sido preparada para el último faraón nativo de Egipto, Nectanebo II, mientras le preparaba una sepultura a su altura en Alejandría, la gran capital que debía potenciar Alejandro con su presencia post mortem. El lugar propuesto para la tumba era una capilla dentro del templo del Serapeo de Saqqara, en la necrópolis de la antigua Menfis, encontrándose al final de una larga avenida de esfinges.

La fecha exacta en la que Ptolomeo II Filadelfo transfirió la tumba de Alejandro a la nueva capital, Alejandría (Tumba Alejandrina), que había sido fundada por Alejandro en el 331 a.C., se desconoce, pero probablemente fue poco después de que Ptolomeo muriera en el 282 a.C. Esta primera tumba alejandrina fue reemplazada por un magnífico mausoleo en el centro de Alejandría, hacia el 215 a.C., por el nieto de Filadelfo, Ptolomeo IV Filopator. En el 89 a.C., uno de los últimos Ptolomeos, Ptolomeo XI fundió el ataúd de oro macizo, del que Diodoro Sículo dijo que estaba repleto de las más ricas especias aromáticas, y que el cuerpo fue colocado en otro sarcófago. Este Ptolomeo usó el oro de la tumba para pagar a sus soldados y sustituyó el ataúd que destruyó por uno de vidrio-cristal, pero debido a este hecho, se ahogó en una batalla naval contra fuerzas rebeldes ese mismo año. Se creyó que fue un castigo divino por haber fundido el ataúd para pagar sus deudas.

La tumba de Alejandro fue uno de los lugares más célebres de la Antigüedad, un punto importante del turismo grecorromano, y, entre el 300 a.C. y el 400 d.C. de nuestra era, la visitaron multitud de personajes importantes de la época, incluidos los césares romanos. En el 48 a.C., Julio César llegó a Egipto después de haber perseguido a su enemigo Pompeyo y tuvo la oportunidad de visitar la tumba de su héroe, Alejandro, situada en la cámara funeraria excavada en la roca tras el mausoleo de Soma (nombre que recibió el mausoleo, que significa cuerpo en griego). En el 30 a.C., Octavio Augusto llegó a Alejandría e hizo  la que sería la más famosa visita a la tumba de Alejandro. Augusto ordenó que le sacaran el sarcófago de la cámara funeraria. Coronó a la momia y echó flores por su cuerpo, pero rompió una parte de su nariz en un descuido. A través de los siglos, varios de los emperadores romanos que le sucedieron rindieron homenaje a la momia de Alejandro, entre ellos Germánico (19 d.C.), Calígula, el cual ordenó que le trajeran la coraza de Alejandro situada en su tumba para usarla como apoyo en sus actuaciones. Vespasiano y Tito en el 69 d.C. también visitaron los restos del rey macedonio, así como Adriano (130 d.C.), Septimio Severo (200 d.C., el cual ordenó que la tumba fuese sellada horrorizado por su fácil acceso) y Caracalla en el 215 d.C., éste emperador dejó en la sepultura su anillo y cinturón como tributo a Alejandro Magno.

Hacia la mitad del Siglo III, el Imperio Romano entró en un período de crisis y en inminente colapso. Al principio Alejandría estaba poco afectada por estos problemas, pero en el 262 d.C., las legiones locales apoyaron una rebelión del gobernador de Egipto, al que declararon como su emperador. La insurrección fue reprimida brutalmente. Probablemente hubo enfrentamientos en y alrededor de Alejandría y partes de la ciudad fueron destrozadas. En el 365 d.C., Alejandría fue golpeada por un gran terremoto seguido de un tsunami gigantesco, que provocó estragos en las regiones costeras y ciudades portuarias de todo el Mediterráneo oriental. En Alejandría los barcos fueron levantados hasta los tejados de los edificios que quedaron. Ésta es la ocasión más probable de la destrucción del mausoleo del Soma. Un cuarto de un siglo después, en una recién reconocida referencia, Libanio de Antioquía mencionó en un discurso dirigido al emperador Teodosio, que el cadáver de Alejandro estaba expuesto en Alejandría. Esto concordaría con la cámara sepulcral que habría sido excavada bajo los escombros de las ruinas. También proporciona el dato de que el cadáver podría haber sido retirado y separado del sarcófago, lo que explicaría por qué fue encontrado desocupado por la expedición de Napoleón. Aproximadamente un año después, Teodosio publicó una serie de decretos para prohibir el culto a los dioses paganos, entre los que el de Alejandro destacaba. En Alejandría, los cristianos causaron disturbios y destruyeron el Serapeo, el principal templo pagano. Éste es el punto donde el continuado culto al cadáver del fundador habría llegado a ser excesivo para las autoridades alejandrinas. Nos encontramos ante la época en que los restos de Alejandro desaparecen finalmente de la historia.

Al final del siglo IV o a comienzos del V, Juan Crisóstomo afirmó en un sermón que la tumba de Alejandro era entonces “desconocida para su propio pueblo”, en otras palabras, para los paganos de Alejandría. Algunas décadas después Teodoreto puso a Alejandro en una lista de hombres famosos cuyas tumbas eran desconocidas.

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El Sarcófago de Alejandro es un sarcófago de piedra que data de finales del Siglo IV a.C. y que estaba adornado por bajorrelieves de Alejandro Magno. El Sarcófago de Alejandro es uno de los cuatro grandes sarcófagos encontrados en parejas que se desenterraron en la necrópolis cercana a Sidón (Líbano), en 1887. Al principio se creyó que podía haber sido el sarcófago de Abdalómino († 311 a.C.), el rey de Sidón elegido por Alejandro inmediatamente después de la Batalla de Issos (331 a.C.). Karl Schefold demostró de manera convincente que se hizo después de la muerte de Abdalónimo, a pesar del estilo clásico no influenciado por Lisipo. Seis escultores jonios firmaron la obra en dialecto ático. El sarcófago se construyó con mármol del Pentélico que aún conserva rastros de policromía, con forma de templo griego. En un lado de la pieza, los relieves muestran a Alejandro luchando contra los persas en la Batalla de Issos. El lado opuesto muestra a Alejandro y los macedonios cazando leones junto con Abdalónimo y los persas. Los lados más cortos representan una escena en la que Abdalónimo caza una pantera, y una batalla, posiblemente la de Gaza.

Existen un par de referencias a una mezquita o tumba de Alejandro en textos árabes que datan de los siglos IX y X, pero seguramente éstas hacen alusión al sarcófago vacío y al edificio que lo albergaba. Éste último era probablemente la Mezquita Atarina (en donde el sarcófago fue encontrado en 1798) o al menos un edificio religioso anterior ubicado en el mismo lugar, puesto que la mezquita vista por Napoleón había sido reconstruida a partir de elementos arquitectónicos antiguos en el siglo XI. Información crucial es aportada por el mapa de Braun & Hogenberg, de alrededor de 1575, que muestra un edificio con un minarete y una pequeña capilla en el mismo lugar que la Mezquita Atarina. Es bastante significativo que la mezquita esté situada en el centro exacto del mapa, así como también lo es que la capilla esté rotulada con las palabras latinas Domus Alexandri Magni, que significan “La casa de Alejandro Magno”. Continuando con sus visitas a Alejandría alrededor de 1517, León el Africano afirmó que la tumba de Alejandro existía “en una pequeña casa con la forma de una capilla”. Todo esto tiende a confirmar que lo que fue reconocido como la tumba de Alejandro durante la Edad Media, no era sino el sarcófago vacío emplazado en la capilla.

Después de que los británicos transportaron el sarcófago a Inglaterra entre 1802 y 1803, la Mezquita Atarina se deterioró rápidamente, y pocas décadas después había desaparecido. Sin embargo, en 1823 Mohammed Ali edificó una mezquita dedicada a Nabi Daniel (el Profeta Daniel) a algunos cientos de metros al este, al pie del montículo Kom el-Dikka.

Mezquita Atarina

Mezquita Atarina (Vivant Denon, 1805).

Actualmente se sabe de un antiguo cuerpo momificado proveniente del centro de Alejandría y este corresponde al Siglo IV, la época en la que el cristianismo triunfó sobre el paganismo en la ciudad y en la que el cuerpo de Alejandro desapareció misteriosamente. Se trata, según afirmaba la Iglesia Alejandrina, de los restos de San Marcos El Evangelista, el fundador de la comunidad cristiana de Alejandría. Sin embargo, antiguos escritores cristianos como Doroteo, Eutiquio y el autor del Cronicón Pascual, aseguran que el cuerpo de san Marcos fue quemado por los paganos. Un documento apócrifo conocido como “Los Hechos de San Marcos”, al parecer escrito por un autor anónimo en la Alejandría del Siglo IV, afirma que una tormenta milagrosa atemorizó a los paganos y permitió a los cristianos salvar el cuerpo del santo de las llamas. No obstante, esto parece ser una invención para dar credibilidad a la existencia de su tumba. En el 828 d.C., dos mercaderes lograron sacar de la ciudad la ricamente perfumada momia sin ser descubiertos por los oficiales del puerto, y navegaron con ella hasta su ciudad de origen, Venecia. La momia descansa desde hace siglos en una cripta ubicada debajo de la iglesia construida por los venecianos con tal propósito, la Basílica de San Marcos. Un estudio científico de estos restos podría revelar el secreto de su origen y establecer si el cuerpo es lo suficientemente antiguo como para corresponder con el de Alejandro Magno. Así mismo, sería posible reconstruir sus rasgos faciales a partir de su cráneo, e inspeccionar sus huesos en busca de signos de las múltiples heridas de Alejandro, en particular el flechazo que recibió en el pecho, el que, según se dice, se insertó en su esternón.

Según el investigador Andrew Chugg, el cadáver de Alejandro Magno fue disfrazado de San Marcos para evitar su destrucción durante las insurrecciones cristianas que marcaron el triunfo del Cristianismo y que en Alejandría fueron excepcionalmente violentas. “Existe una gran posibilidad de que alguien de la jerarquía eclesiástica, incluso el propio Patriarca, decidiera hacer que los restos de Alejandro pasasen por los de San Marcos. Además, ambos cuerpos fueron momificados con lino y uno desapareció al mismo tiempo que apareció el otro”.

Mosaico de Alejandro Magno

Alejandro combate contra el rey persa Darío III en la Batalla de Issos. Detalle del mosaico de la Casa del Fauno de Pompeya (Museo Arqueológico Nacional de Nápoles).

Fuentes: Wikipedia, arquehistoria.com, Exploradores S.A, elaboración propia.

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