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Gusto por lo siniestro

16 Abr

El sabor de la condena impregna las lenguas de los amantes y cuando el Sol se derrumba tras las montañas, el terror en su esencia más pura se desparrama por la alcoba. No temas pues estamos muriendo de desesperación y todas las noches a partir de ahora, guardarán nuestra efigie y retrato en color sepia como símbolo del amor perdido y para mostrar el resultado del deseo por una lujuria siniestra que aniquila nuestra piel con el peso del último anhelo. Asfixiadas respiraciones de vaho en mitad de un invierno crudo, donde el corazón enclaustrado se siente preso de un campo de concentración y la última verja del recinto, solo impide el no caer en los suaves brazos del suicidio. Ven conmigo que la última estación de esta oscura Navidad en ruinas, espera a los que aún desean creer en ella.

Capta el brillo de mis ojos en una esmeralda, estoy esperando el momento final, el de sublimar lo bello y lo siniestro, cayendo en paz en un mar de sangre porque el infierno ya no arde, olvida todas las mentiras, solo congela el sentimiento, por eso es tan terrible, el verdadero Hades es aquel que te impide sentir algo, olvidando de esa forma que las estrellas aún destellan de divinidad en el firmamento. Ahora di adiós mi amor, la bola de cristal ha rodado y caído al suelo, rota en mil pedazos, ya no veremos más el futuro, solo un presente cargado de tinieblas que profanar a la luz de los astros. Dormiremos el sueño de los condenados en la profundidad de la cripta de los perdidos y por siempre seremos felices en un mundo que ha vencido a la muerte y la ha sustituido por eternidad.

Mi Julieta gótica, perdida en calles repletas de incertidumbre, te desmoronas como un castillo de naipes en donde todas las cartas son corazones partidos que se desparraman heridos por bares bohemios carentes del calor de ese fuego interior tuyo, que arde con la fuerza de una llama azul, sabiendo besar como la más cálida de las caricias. Eres fuego fatuo en el cementerio, alumbrando ese mutismo que me rodea en noches vacuas cuando la esperanza se acurruca en una esquina a llorar en silencio porque se ha perdido a sí misma. Aleja el lado fúnebre de este cuento, cambia lo escrito, que Drácula no se desintegre ante el primer rayo de Sol, que el destino jamás me aleje de mi Musa, óyeme porque te estoy gritando tan solo con una mirada cargada de ira contenida.

Bebiendo absenta para olvidar, en donde los terrones de azúcar se disuelven y son incapaces de endulzar el amargor de unas lágrimas esmeralda, vertidas hace ya tanto tiempo, que la memoria se pierde en un laberinto de hiedra y mentiras. De un solo trago se bebe todo este suplicio anisado que deja en la boca el verdadero gusto por lo siniestro, en donde somos capaces de emocionarnos al ver una rosa marchita sobre la tapa de un ataúd vacío, ya no hay miedo por exponer de cuerpo presente el sentimiento en el cuarto de invitados: Locura y Soledad. Oigo por el pasillo de la vieja mansión, el correr del espectro de la dama que (No)vive conmigo, deja que me quite mi roído sombrero de copa y te haga una devota reverencia como cada medianoche, porque eres mi amor de las sombras.

He terminado de escribir con pluma y tinta el relato de la angustia y cerrado por fin el libro de los sueños perdidos en el tiempo, esos anhelos que no han podido nacer y ahora danzan alrededor de la luz como doradas llamas, puras y libres de mácula alrededor del calor de la inocencia, una vez superado el horror de morir en ese camino hecho tenebroso túnel. A través de la ventana, la nieve cae y la inspiración se pierde en la noche, un último paseo antes de apagar la luz, un póstumo recuerdo para no olvidar que lo siniestro envuelve mi cara con un velo cruel que se desgarra en cada alba y ver de esa forma, aquella luz que me acompaña cuando caigo rendido a los pies de su Memoria. Me miro en el espejo pero este no me devuelve la mirada, solo mis ojos observando el rincón de la esperanza que hoy brilla gracias a una sencilla llama que refulge durante unos segundos antes de desaparecer… En mis sueños.

El amor jamás cae en el olvido. Lo sé, porque el amor de mi amor es inmortal.

 
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Publicado por en 16 abril, 2012 en Mis Relatos

 

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