Aquí es cuando esta dualidad queda mostrada sin discusión. El lado diestro se mantiene estoico entre el mar de calma, mientras que el siniestro, se hace ver frustrado y aburrido de sí mismo, creyendo que su cabeza está coronada por una tiara de cenizas hechas a base de olvido.

Repetición, como modelo a seguir, por no ver que en derredor se derrumba cada pilar, para crear una obra culmen a base de escombros y medios instantes de preclara lucidez en la oscuridad. Con la mirada puesta en el horizonte da espacio para ahogar cada una de las miserias que lleven grabadas un nombre para olvidar.

Mea culpa al atardecer, en el momento preciso en el que desaparecen las ganas de seguir creyendo lo que no se es. Y un acertado brindis porque todos los miedos sean incapaces de conquistar todo aquello que ya hemos derrotado hace tiempo.

Jean-Baptiste Carpeaux - Soledad en el bosque

Jean-Baptiste Carpeaux – Soledad en el bosque (1850 – 1875).

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