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Espectro

09 Sep

Sombras lúgubres, noche impregnada de tormenta descarnada, aroma a cenizas y velas de funeral; el recuerdo vive de una memoria enferma, del odio y la venganza que desean por su mano apuñalar el corazón que un día amaron. Somos testigos secretos de un vendaval cargado de sentimientos y culpabilidad.

Ropas raídas, rostro congelado en rictus de amargura, recuerdos que se repiten cada noche como una cadena perpetua, cuyos grilletes no son lo más descorazonador de un amor cadáver, momificado y profanado por el tiempo y el olvido que no perdonan. No hay final, tan sólo una secuencia continua de horrores insensibles.

Y así, el tiempo se hace suspiros de bruma y seda, el único asidero en el que reposar una eternidad compleja y desbaratada, sin nada mejor que hacer que vagar buscando respuesta en esas sábanas donde años atrás cohabitaba el pecado y los labios de Hécate se transformaban en un elixir de ambrosía en donde beber y perder toda noción de lógica.

Esta inmortalidad odia la vida, se esconde en esquinas negras, donde la luz jamás llegue, donde la cordura de unas palabras rotas termine por desmontar lo poco que queda de un corazón reducido a la mínima expresión. La espesura de lo tétrico embriaga, sería una negligencia no terminar de abrir las venas para poder decir adiós en brazos de la oscuridad.

Lo macabro de un andar pesado, arrastrando cadenas de culpabilidad, trazando puñaladas en el corazón, certeras como estrellas fugaces en la noche, una noche que se hace cada vez más impía y aunque su amor es incondicional, el pesar solamente conoce de su frío tacto y de lo inmisericorde de su juicio.

No hay tumba capaz que recoja todo este dolor, no hay rosas escogidas con mimo que dignifiquen esta (no) existencia. La prueba de que el amor nunca muere es esta, la simiente de aquello que germinó hoy ha crecido hasta convertirse en un monstruoso tejo de ramas secas que deambula por la noche encadenado a la esperanza, deseando murmurar de una vez por todas: Fin.

Esta aciaga batalla se extiende con años de vacío y una eternidad de desdichas, no creer se convirtió en el sacramento más acertado cuando había que afrontar la certeza de que no hay más que una nada programada al anochecer y que se desvanece cuando el Sol rompe el fecundo imperio de estas tinieblas tan exquisitas como letales.

Objetivo, encontrar unas últimas palabras como medio para hallar la esquiva paz que niega la oscuridad. Pecados de inocencia, habéis regalado un limbo infinito en el que degustar cada matiz de sabor, como si un segundo sin su tacto fuese en sí mismo un precipicio por el que despedir su recuerdo y el alma que va presta tras de él.

Espectro, por obra y gracia de su ausencia, de su silencio, de su elegancia victoriana, de su increíble encantamiento, de su incomparable identidad y por qué no, de su mirada, la cual es ya un océano en el que zozobrar el olvido. Gracias por tu caricia, entre mármol blanco, alfombras persas, libros viejos y flores secas; gracias por no mirar atrás, ya que el corazón marchó en tus manos.

Lo único que no debo hacer es olvidar.

Espectro

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2 comentarios

Publicado por en 9 septiembre, 2015 en Mis Relatos

 

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2 Respuestas a “Espectro

  1. Isa

    9 septiembre, 2015 at 22:34

    Magnífico relato, Hades. Y que por mucho tiempo sigas deleitándonos con ellos. Un abrazo.

     

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