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Majestad en ruinas

15 Jul

Frecuencias distorsionadas entre sombras, voces con eco arrancando la agonía de la que nos enamoramos cada noche al caer en el dulce mundo de los sueños. Sin abrazos, en soledad; glacial es la ausencia que aterra la perfidia de la mayor de las hecatombes: Coser el corazón a la espalda del desamor.

Vuelve el desastre, lame mis heridas, besa los rescoldos de mi rencor para alzar su boca triunfante a un cielo negro sin estrellas. Son deseos los que esconden el poder perderlo todo al amanecer. Sentir no hace más que doler y yo ya me estoy derrumbando en un suelo tan helador como la angustia que atenaza y congela mi cuerpo.

La majestuosidad de lo tétrico, del mármol blanco tocado por la Luna, son mis gritos de desesperación los que alimentan esta noche, los que hacen que olvidar sea una pesadilla sin nombre capaz de torcer (y retorcer) la más intensa de las sonrisas. Realmente no sabemos cuándo será la caída, solamente podemos calcular su estropicio cuando el huracán pase.

Arrasado por dentro y por fuera, en este erial de locura me desenvuelvo sin remordimientos, con ansias de bañarme en una laguna de lágrimas. Incapaz de ahogarme con las mentiras que desean que trague, resisto envuelto entre trazas de desidia y pinceladas de furia, plasmando un lienzo terrible de difícil exposición.

Como un Dorian Gray desmadejado, entrego mi amor al corazón que sepa apuñalarme de forma más certera con la palabra verdadera y el hecho de la imposibilidad, para así dejarme sin palabras, entre orquídeas marchitas y promesas caducas. Me difumino, así de fácil, me difumino entre el recuerdo de tu tacto y el adiós de mi entereza.

Besos guardados como reliquias, nunca el carmín pudo tatuar de forma tan permanente allí donde dejó el estampado escarlata de su voluntad. Condené mi existencia en pos de la belleza aunque mi alma solamente pertenece a tu mirada, a tu presencia. Y aquí, desplomado, espero tu retorno, rescátame del Infierno porque ya me he cansado de arder en soledad.

Vuelve, antes de que sea tarde, antes que no quede de mí más que el destello de tu memoria. En la excelencia de tu abrazo verteré la esperanza de ver nuestros sueños volar, mirada opaca, labios de dulce silencio… Oscuridad. Y recuerda: Un corazón ardiente siempre va de cabeza y sin miedo a la boca del dragón. Incendio por y para la pasión.

Abadía en el robledal

Caspar David Friedrich – Abadía en el robledal (1809 – 1810).

 
2 comentarios

Publicado por en 15 julio, 2015 en Arte, Cultura, Mis Relatos

 

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2 Respuestas a “Majestad en ruinas

  1. Isa

    15 julio, 2015 at 12:51

    Relato evocador, sublime. Gracias por ofrecernos el placer de leer tus creaciones. Besos.

     

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