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Trono y corona para el dios del Inframundo

17 Jun

Ni un día he dejado de odiarte, Infierno y prisión de los siglos por los siglos, encerrona de un ocaso por determinar y una plegaria por susurrar. Siento la rabia crecer, la frustración mecer la cuna de la irracionalidad, distorsionado en la raíz de mi propia inconsciencia, me debo al caos y a la locura, poniendo énfasis en aquello que debo exhortar, línea roja en donde marco el umbral de tu corazón y el mío, mi salvación, nuestra condena.

El Inframundo es frío, abunda la carne reseca y cuarteada de aquellos que se retuercen en el séptimo círculo, ecos y lamentos que repiten un mantra continuo de terror y hambre por la libertad. Sonrisa trágica en mi cara, muerte en sus miradas, el advenimiento de lo eterno en lágrimas de desgarro, porque nunca una condena a muerte fue tan prematura en su ejecución, silenciosa y decadente, dulce al más exquisito paladar de lo tenebroso.

Cruel, es mi paraíso, mi reino en tu dolor, mi satisfacción en el olvido con el que engalano de rosas una pila de cráneos. Sin rencor, sin arrepentimiento pero sí con una extrema frialdad que resalte cada milímetro de desprecio que destila de estos muros, cada gota que llena Estigia con sus lamentos líquidos es un toque de gracia, una bendición sagrada que reverenciar. La oscuridad está de vuelta, su experiencia se basa en siglos de silencio y recuerdos rotos.

Trono y corona para el dios del Inframundo, de rodillas la progenie de la noche, porque incluso las sombras guardan un lugar preciso para cada alma, un rincón para todo suspiro de amor, una condena por cada corazón en estallido, así se edifica un submundo de comprensión y comunión con la faz terrible de la realidad, donde el orden radica en el propio caso y el caos consagra toda sensibilidad que vuele más allá del eco vibrante de la luz.

Ni un día he dejado de amarte, cárcel de ausencia, tragedia majestuosa de delirios tempestuosos, acuarela sanguínea fruto del delirio, poesía muerta en letra invisible, ni un día te olvido. Marchemos al Lete, tú y yo, Perséfone, Venus de mi sangre, busco un lugar de olvido para ambos en donde esparcir nuestros deseos. Dedos que se hunden firmemente en la carne, marchamos, colmamos nuestras ansias de sombras profundas. Finalmente, reinamos.

Una condena siempre es más soportable cuando dos almas están dispuestas a sacrificarlo todo por un mismo fin, aunque la luz hace mucho que dijese adiós y el hambre solamente pueda saciarse entre las frías caricias de la oscuridad más pura, bajo su reino.

Perséfone y Hades

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4 comentarios

Publicado por en 17 junio, 2015 en Mis Relatos

 

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4 Respuestas a “Trono y corona para el dios del Inframundo

  1. Isa

    17 junio, 2015 at 13:20

    Un relato así y algo siempre se remueve por dentro. Muchas gracias, como siempre, un placer leerte.

     
  2. José Luis Bárcenas

    22 junio, 2015 at 22:49

    Al final, todos visitaremos su reino permaneciendo allí durante algunos eones…

     

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