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Vampirismo

18 Mar

Introducción.

A lo largo de la historia y en numerosas culturas han aparecido diversas creencias sobre vampiros, tanto en la mitología como en el folclore de pueblos muy diferentes entre sí. Culturas como la mesopotámica, la judía, la griega y la romana, incluyen dentro de su mitología cuentos acerca de entidades demoníacas y espíritus sedientos de sangre que se consideran precursores de los vampiros modernos.

Sin embargo, a pesar de la existencia de mitos acerca de estas criaturas en la Antigüedad, el folclore de la entidad que hoy conocemos como “vampiro” se origina casi exclusivamente a partir de principios del Siglo XVIII en el Sureste de Europa, como las tradiciones orales de muchos grupos étnicos de la región han registrado y publicado. En la mayoría de los casos, los vampiros son seres no muertos malvados, víctimas de suicidio, o brujas, pero también pueden ser creados mediante la posesión de un cadáver por un espíritu malévolo o al ser mordido por un vampiro. La creencia en tales leyendas fue tan habitual en algunas zonas que se registraron casos de histeria colectiva e incluso de ejecuciones públicas de personas sospechosas de ser vampiros.

La universalidad del mito del vampiro ha llevado a algunos autores a relacionar los elementos comunes de estas creencias con los arquetipos universales, especialmente la muerte, y es considerado uno de los elementos ancestrales constituyentes del inconsciente colectivo, en el cual confluyen diversos miedos, como a la oscuridad o la enfermedad. Desde una perspectiva psicoanalítica, el vampiro es considerado una sublimación del narcisismo y el complejo de castración, con una fuerte carga sexual.

Partiendo normalmente del centro y el este de Europa, durante los Siglos XVIII y XIX circularon libremente numerosas leyendas sobre estas criaturas mitológicas, conformando mitos tan completos y numerosos que influyeron definitivamente en el resto de tradiciones europeas, sobre todo gracias a la literatura gótica y los relatos de los escritores irlandeses Bram Stoker y Sheridan le Fanu. Estas tradiciones siguen siendo reinterpretadas en la literatura y el cine en la actualidad.

Otras tradiciones ajenas a la influencia europea, como las propias de Asia, África o la América precolombina, se han combinado con el vampiro europeo, haciendo difícil la distinción entre las creencias autóctonas y las derivadas del intercambio cultural. El folclore propio de poblaciones dispersas en numerosos países, como los romaníes o los judíos, que incluyen tradiciones sobre espíritus malvados similares a los vampiros, han ayudado a expandir el mito hasta conformar un conjunto firme de tradiciones al que se han dedicado muchos estudios desde las más diversas disciplinas.

Un vampiro sería pues, según el folclore de varios países, una criatura que se alimenta de la esencia vital de otros seres vivos (usualmente bajo la forma de sangre) para así mantenerse activo. En algunas culturas orientales y americanas aborígenes, el vampiro es una deidad demoníaca o un dios menor que forma parte del panteón siniestro en sus mitologías. En la cultura europea y occidental, así como en la cultura global contemporánea, el prototipo de vampiro más popular es el de origen eslavo, el de un ser humano convertido después de morir en un cadáver activo o depredador chupasangre.

R. de Moraine - Le Vampire

R. de Moraine – Le Vampire (1864).

Características generales.

“Vampiro” es una palabra que comenzó a ser usada en Europa en el Siglo XVIII y fue incluida por primera vez en el Diccionario de la Real Academia Española en la novena edición de 1843. Tiene origen en el término “vampire” del inglés y francés, proveniente a su vez del término “vampir” en lenguas eslavas y del alemán, derivado del polaco “wampir“, y éste a su vez del eslavo arcaico oper, del cual existen raíces indoeuropeas paralelas en el turco y el persa. Significa a la vez: “Ser volador”, “beber o chupar” y “lobo”. Por otra parte, hace también referencia a cierto tipo de murciélago hematófago. El término inglés deriva (posiblemente a través del “vampyre” francés) del “vampir” alemán, que aparece a principios del Siglo XVIII proveniente del término serbio “вампир/vampir“. La voz serbia wampira (wam = sangre, pir = monstruo) designa al muerto que, de acuerdo con leyendas de la Europa Central, regresa a alimentarse con la sangre y, según ciertas variantes, con la carne de los seres que en vida estuvieron más próximos a él.

La figura del vampiro, como monstruo nocturno, forma parte, para algunos autores, del conjunto de arquetipos universales relacionado con la Muerte. Si bien en la obra de Jung no se hace mención expresa al vampiro, algunos autores lo consideran una de las imágenes ancestrales constituyentes del inconsciente colectivo. Las criaturas sedientas de sangre como espectros nocturnos, íncubos, aparecidos, nigromantes no muertos y hombres lobo emergen de la oscuridad de la sociedad primitiva, transformándose en recuerdo en el presente. Entre ellos, el vampiro es quizás la criatura más universal.

A través de este origen, que puede remontarse a la caza y al miedo a la oscuridad en las sociedades neolíticas, se explica que aparezcan entidades “vampíricas” en tradiciones tan separadas geográficamente. Estas entidades mitológicas, si bien son diferentes en algunos de sus aspectos, mantienen una remarcable unidad en su esencia: Una criatura que vuelve de la muerte para alimentarse del “elixir” de la vida, la sangre.

El mito del vampiro une el mundo de la muerte con el de los vivos. Ambas experiencias, cosmogónicas, están íntimamente unidas a los temores colectivos ante el sufrimiento, la oscuridad, el vacío y la sombra, sentimientos propios de los seres humanos de todas las culturas y épocas, lo que hace que el folclore sobre vampiros vaya evolucionando y releyéndose simbólicamente. Si en la Europa medieval servía como explicación simbólica de la peste, el vampiro sigue siendo actualmente un símbolo del mal y una forma de responder ante la angustia de la muerte, ya deseando su inmortalidad o temiendo su poder. a que el mito del vampiro se nutre simbólicamente de elementos comunes a la naturaleza humana, se comprende la universalidad de su mito y su presencia constante en el folclore, incluso en la literatura y el cine actuales, con frecuentes revisiones del mito desde diversas perspectivas, sea el amor adolescente o la ficción histórica.

La sangre es el elemento central en las tradiciones acerca de vampiros. Como arquetipo, es un símbolo del alma, de la fuerza vital, además de ser central en religiones como el cristianismo. Cuando un vampiro bebe la sangre de sus víctimas consume su energía en beneficio propio, frecuentemente sin violencia, pues la propia víctima no se da cuenta del ataque. Según algunos autores, desde una perspectiva psicoanalítica la mordedura del vampiro está más relacionada con el sexo que con la violencia. Según la interpretación psicoanalítica, otros elementos comunes como los colmillos, la estaca como símbolo fálico y la tradicional muerte del vampiro es una sublimación del narcisismo y el complejo de castración. En el mito del vampiro se construye un doble del hombre y la mujer sin las ataduras morales de la sociedad, un ser totalmente libre, vuelto sobre su libido, que sólo puede ser muerto simbólicamente por el símbolo del padre, la cruz.

Varney The Vampire or The Feast of Blood

Portada de Varney el Vampiro o El Festín de Sangre (Varney The Vampire or The Feast ob Blood), obra escrita por James Malcom Ryner aunque también atribuida por Thomas Preskett Prest y publicada entre 1845 – 1847.

Vampirismo a lo largo de la historia y la geografía mundial.

Antigüedad.

En casi todas las culturas y mitologías alrededor del mundo han aparecido mitos acerca de no muertos consumidores de sangre. Mientras que hoy en día se asocian mayoritariamente a la figura del vampiro, en la Antigüedad el consumo de sangre y la vuelta de la muerte se atribuían a demonios o espíritus, dependiendo de la cultura, que también consumían carne fresca o de cadáveres, como los necrófagos, y causaban plagas o desgracias naturales. Por ejemplo, en Arabia muchos de estos elementos se atribuyeron a los gules, en el Antiguo Egipto a la diosa Sekhmet y en el judaísmo y el cristianismo primitivo al Diablo. De hecho, algunas de estas leyendas podrían haber dado lugar al folclore de la Europa Oriental, a pesar de que no son estrictamente considerados vampiros por la mayoría de los historiadores actuales.

  • Mesopotamia: Fue una zona en la que aparecieron gran número de supersticiones acerca de demonios bebedores de sangre. Los historiadores señalan a Persia como una de las primeras civilizaciones en escribir relatos sobre estos demonios. Se han encontrado en excavaciones fragmentos de cerámica en los que aparecen representadas criaturas tratando de beber sangre de personas.

Lilith: En la antigua Babilonia existían cuentos sobre la mítica Lilitu, que dio lugar a la Lilith (en hebreo לילית) y sus hijas, las Lilim de la demonología judía y la Haggadah. Lilitu era considerada un demonio que subsistía gracias a la sangre de bebés recién nacidos. Sin embargo, su equivalente hebrea también se alimentaba de carne de adultos. La leyenda de Lilith fue originalmente incluida en algunos textos judíos tradicionales. Según la tradición popular medieval, fue la primera mujer de Adán, antes de Eva. En estos textos, Lilith abandonó a Adán para convertirse en la reina de los demonios tras negarse a ser su subordinada y, por tanto, ser expulsada del Edén por Yahvé mismo.

Lilith

John Collier – Lilith (1892).

Lamashtu: Y su equivalente Dimme en Sumeria, es una figura cuya descripción es históricamente más antigua a la de Lilith y que influyó en su posterior mitología. Muchos hechizos la invocaban como “Malvada Hija del Cielo” o de Anu, y era a menudo descrita como una terrorífica criatura sedienta de sangre, con cabeza de león y cuerpo de burro. Como Lilitu, Lamashtu atacaba principalmente a los recién nacidos y sus madres. Se decía que vigilaba con particular atención a las mujeres embarazadas, especialmente durante el parto. Después, arrebataría el recién nacido a su madre para beber su sangre y comer su carne.

  • Grecia y Roma: La mitología grecorromana presenta varios precursores de los vampiros modernos. En la Odisea de Homero se habla de las “sombras de los muertos”. Estos espíritus son atraídos por la sangre. En el relato de Homero, cuando Odiseo viaja al Hades, sacrifica un carnero y una oveja negra para atraer a las sombras y comunicarse con ellas.

Empusa: Empusa era hija de la diosa ctónica Hécate, y era descrita como una criatura demoníaca, con una pata de burro y otra de bronce. Capaz de transformarse en una mujer joven y hermosa, mediante esta argucia conseguía seducir a los hombres para después beber su sangre mientras dormían

Lamia: Lamia, por su parte, era hija del Rey Belo y amante secreta de Zeus. Cuando Hera, la esposa de Zeus, descubre la infidelidad de éste, mató a todos los hijos de la relación. La mortal Lamia, transformada por el dolor en un híbrido entre mujer y serpiente, juró venganza y asesinó a varios niños pequeños mientras descansaban en sus camas por la noche, bebiendo su sangre. Plutarco recoge la leyenda de que Lamia podía sacarse los ojos y volver a ponérselos.

Lamia

John William Waterhouse – Lamia (1909).

Estirge: Al igual que Lamia, las estirges se alimentan de niños, aunque también buscan hombres jóvenes como presa. Se les describe como criaturas con cuerpo de cuervo o de ave en general, y más tarde fueron incorporados a la mitología romana como una especie de ave nocturna que se alimenta de carne humana y sangre

Mormo: Mormo era un espíritu que mordía a los niños con mal comportamiento, compañero de Hécate. El nombre, posteriormente, se amplió para referirse también a una mujer vampiro que asustaba a los niños. Esta referencia se encuentra principalmente en algunas obras de Aristófanes.

  • Tradiciones árabes: Tras la decadencia de la cultura mesopotámica no se recogen más tradiciones acerca de vampiros hasta la recopilación de cuentos conocida como Las mil y una noches, donde se habla de espíritus malignos, vivos o muertos, que se pueden convertir en vampiros. Una de las historias, Historia del príncipe y la vampiro, narra el matrimonio de un príncipe con una vampira, de nombre Nadilla, a la que consigue matar. En otra, Honor de Vampiro, una princesa se casa sin saberlo con un vampiro que le da de comer carne humana, hasta que es capaz de engañarlo y volver con su familia.

Europa.

Europa es el continente con mayor número de tradiciones sobre vampiros. Partiendo normalmente del centro y el Este de Europa, circularon libremente numerosas leyendas sobre estas criaturas mitológicas, algunas de ellas basadas en personajes reales cuya muerte dio lugar a la reinterpretación de viejas tradiciones. Los mitos acerca de vampiros en Europa central son tan completos y numerosos que han configurado el arquetipo del vampiro universal e influido en el resto de tradiciones europeas, especialmente en el Siglo XIX gracias a la literatura gótica y los relatos de Bram Stoker, Sheridan le Fanu y Charles Baudelaire, entre otros.

Durante el Siglo XVIII hubo un frenesí de avistamientos de vampiros en Europa oriental que condujo a frecuentes desenterramientos con el objetivo de identificar y matar a los potenciales no muertos. Algunos gobiernos incluso llegaron a dedicar funcionarios a la tarea de cazar y clavar estacas en los cuerpos de los posibles vampiros. El pánico comenzó con un cúmulo de presuntos ataques de vampiros en Prusia Oriental en 1721 y en los territorios gobernados por la dinastía de los Habsburgo entre 1725 – 1734. Los dos famosos casos de vampirismo, los primeros en ser registrados oficialmente, tienen que ver con los cadáveres de los serbios Petar Blagojević (también conocido como Peter Plogojowitz) y Arnold Paole. Plogojowitz murió con 62 años, pero al parecer regresó después de su muerte para pedir comida a su hijo. Éste se negó y fue encontrado muerto al día siguiente. Supuestamente Plogojowitz regresó después y atacó a algunos vecinos, que murieron a causa de una pérdida masiva de sangre. En el segundo caso, Arnold Paole, un soldado retirado dedicado a la agricultura que al parecer había sido atacado por un vampiro años antes, murió mientras recogía heno. Después de su fallecimiento murieron algunas personas de las cercanías, y el pueblo creyó que sus muertes se debían a un Paole que había regresado para vengarse de sus vecinos. Varios funcionarios del gobierno examinaron los cuerpos y escribieron los correspondientes informes de sucesos, mientras se publicaron libros acerca del caso en toda Europa. Este caso de histeria, al que comúnmente se refieren los historiadores como la “controversia sobre vampiros del Siglo XVIII”, duró una generación. El problema se vio agravado por las epidemias de presuntos ataques de vampiros en zonas rurales, sin duda causadas por la mayor cantidad de supersticiones propias de las comunidades rurales, con exhumaciones de cuerpos y, en algunas ocasiones, clavado de estacas en los mismos. Aunque muchos estudiosos afirmaron durante este periodo que la existencia de vampiros no era más que una leyenda y atribuyeron las noticias de “no muertos” a entierros prematuros o a la rabia, la superstición siguió aumentando. La controversia sólo cesó cuando la emperatriz María Teresa de Austria envió a su médico personal, Gerhard van Swieten, a Moravia para investigar las denuncias de entidades vampíricas. Van Swieten escribió un tratado médico y racionalista, Abhandlung des Daseyns der Gespenster (Discurso sobre la existencia de fantasmas), en el que concluyó que los vampiros no existían y que la histeria era “fruto de la superstición y el barbarismo de gentes simples”. La presencia de cuerpos incorruptos se debía, según su estudio, a la fermentación y a la falta de oxígeno. Animada por esta investigación, la emperatriz aprobó varias leyes para prohibir la apertura de las tumbas y la profanación de los cuerpos. A pesar de esta condena, la figura del vampiro siguió desarrollándose en las obras artísticas y en las supersticiones locales

  • Folclore eslavo: Algunas de las causas más comunes de vampirismo en el folclore eslavo se basan en la figura de un mago de comportamiento inmoral que, tras sufrir una muerte antinatural o prematura, como el suicidio, fallecer excomulgado, ser enterrado sin los adecuados rituales, haber saltado un animal o haber volado un ave sobre el cuerpo o el sepulcro vacío, e incluso por haber nacido con el saco amniótico cubriéndole la cabeza, con dientes, con cola, o haber sido concebido en determinados días, se convertía en vampiro. Relacionado con los vampiros se recoge la figura del lidérc, palabra húngara para referirse a los espíritus nocturnos manifestados en los fuegos fatuos que, o bien provocaban pesadillas, o bien seducían a los hombres para después devorarlos. En el sur de Rusia se consideraba que las personas que hablaban consigo mismas corrían el riesgo de convertirse en vampiros, denominados tradicionalmente wurdalak y que atacaban principalmente a su propia familia. Los vampiros eslavos eran capaces de convertirse en mariposas. Entre las creencias de los pueblos eslavos orientales, especialmente entre los habitantes de las regiones del Norte (es decir, la mayor parte de Rusia), los “no muertos”, a pesar de tener muchas de las características de los vampiros de otros pueblos eslavos, no beben sangre y su nombre no deriva de la raíz común eslava para “vampiro”. Por su parte, las leyendas ucranianas y bielorrusas son más convencionales. En Ucrania, los vampiros no pueden ser descritos como muertos, sino como seres malvados mucho antes de su muerte. En el folclore ucraniano también se describe a los vampiros como personas con el rostro rojo y pequeñas colas. Durante las epidemias de cólera en el Siglo XIX, hubo casos de personas quemadas vivas por sus vecinos, acusadas de ser vampiros. En el folclore de los pueblos eslavos del Sur, se creía que un vampiro debía pasar por varias etapas en su desarrollo. Los primeros cuarenta días se consideraban decisivos para la creación de un vampiro, que comenzaba sólo como una sombra invisible que gradualmente se fortalecía gracias a la sangre que había succionado. Formaba así una masa gelatinosa y deshuesada que evolucionaba hacia la creación de un cuerpo humano casi idéntico al que la persona había tenido en vida. Esta evolución permitía a la criatura abandonar su tumba y comenzar una nueva vida. El vampiro, que era generalmente de sexo masculino, era también sexualmente activo y podía tener hijos, ya sea con su viuda o con una nueva esposa. Estos hijos, llamados dhampiros en romaní o vampirović en serbio, podían también convertirse en vampiros, pero también poseían la habilidad especial de ver y poder matar no muertos, por lo que solían convertirse en eficaces cazadores de vampiros. El mismo talento se atribuía a las personas nacidas en sábado, llamadas sabbatarios, en búlgaro sâbotnichav, y en griego sabbatianoí. Con el fin de conjurar la amenaza de los vampiros y la enfermedad, uno de los métodos consistía en que dos hermanos gemelos dirigiesen una yunta de bueyes con arado e hicieran un surco con ella alrededor del pueblo. Otra tradición popular afirma que debía romperse un huevo y clavarse un clavo en suelo de la casa de una persona fallecida recientemente. Además, dos o tres mujeres ancianas debían internarse de noche en el cementerio después del funeral y clavar cinco espinas o cinco cuchillos viejos en la tumba: uno en el lugar donde se coloca el pecho del cadáver y los otros cuatro en las posiciones de los brazos y las piernas. Otros textos describen la costumbre de subir una colina hacia atrás con una vela encendida y una tortuga para evitar a los vampiros. Alternativamente, se podía rodear la tumba con un hilo rojo de lana, que después se prendía hasta quemarse por completo. Si se escuchaba un ruido por la noche y se sospechaba que un vampiro acechaba furtivamente la casa de alguien, gritar: “Ven mañana, y te daré un poco de sal” o “vamos, amigo, consigue algunos peces, y vuelve”, lograba hacer huir al vampiro.

Histoire des vampires et des spectres malfaisans - Avec un examen du vampirisme

Grabado titulado Histoire des vampires et des spectres malfaisans: Avec un examen du vampirisme. Obra escrita por Jacques Collin de Plancy (1820).

  • Albania: La shtriga es una vampira, similar a la estirge romana, que puede absorber la sangre o “energía vital” de los niños por las noches bajo la forma de un insecto volador, provocando enfermedades graves y eventualmente la muerte. Se la suele representar como una mujer con cabello largo y negro y un rostro totalmente desfigurado.
  • Bulgaria: Los vampiros búlgaros presentan, en las leyendas conservadas, características físicas propias: no tienen sombra ni huesos y no son muertos vivientes, sino almas que luchan contra la muerte. Para que un alma se convierta en un vampiro deben pasar nueve días tras la muerte del huésped y otro periodo de cuarenta días durante los cuales el etéreo vampiro es casi inofensivo, reduciéndose a turbar la tranquilidad de sus vecinos mediante gritos y temblores. Pasado este tiempo, se convierte en una criatura tremendamente poderosa y malvada, por lo que los familiares que sospechaban que un cadáver se había convertido en un vampiro debían contratar a una bruja o a un hechicero para matarlo mientras se desarrollaba, y no después. Según la leyenda, se podía engañar al espíritu y encerrarle en una botella que después sería incinerada.
  • Grecia: De manera muy diferente a sus precursores antiguos, el vampiro griego moderno, llamado βρυκόλακας, vrykolakas o καταχανάδες, katakhanades, en la Isla de Creta, de los que derivan los vârcolac rumanos, eran seres que volvían de la muerte para vengarse de sus familiares, a los que devoraban vivos. En el folclore griego, el vampirismo podía aparecer a través de diversos medios: al ser excomulgado, al profanar una fiesta religiosa, tras cometer un gran crimen o muriendo en la soledad. Otras causas incluyen son que un gato saltase sobre la tumba, comer carne de una oveja muerta por un lobo, y ser maldecido. Se pensaba que los vrykolakas eran indistinguibles de las personas vivas, lo que ha dado lugar a muchos cuentos populares con este tema. Las cruces y el antidoron (pan bendito) de la Iglesia Ortodoxa Griega eran remedios eficaces para protegerse. Por otra parte, para evitar que los vampiros surgieran de los muertos, sus corazones se traspasaban con clavos de hierro mientras estaban en sus tumbas, o sus cuerpos eran quemados y las cenizas esparcidas. Ya que la Iglesia Ortodoxa Griega se oponía a la quema de personas que hubieran recibido el crisma en el rito del bautismo, la cremación fue considerada como el último recurso.
  • Rumanía: En el folclore rumano, los vampiros podían ser moroi (a partir de una palabra eslava, “mare” o “mara“, referido a los espíritus causantes de las “pesadillas”) o strigoi, éste último vivo o muerto. Los strigoi vivos eran brujas que viven con dos corazones o dos almas, a veces ambos, con la capacidad de enviar sus almas por la noche para reunirse con otros strigoi y consumir la sangre de animales y vecinos. Por otro lado, los strigoi muertos eran cadáveres reanimados que succionaban sangre y atacaban a sus antiguas familias. Los strigoi se convierten en no muertos después de su muerte, pero también hay muchas otras formas por las que una persona podía convertirse en un vampiro. Niños que nacieran con el saco amniótico cubriéndoles la cabeza, un pezón de más, cola o abundante pelo, estaban condenados a convertirse en vampiros. El mismo destino se aplica al séptimo hijo de cualquier familia, si todos los hermanos anteriores eran del mismo sexo, así como alguien nacido demasiado pronto o alguien cuya madre se hubiera cruzado con un gato negro. Si una mujer embarazada no comía sal o mantenía amistad con un vampiro o una bruja, su hijo también podía convertirse en un vampiro. Del mismo modo lo harían los hijos nacidos fuera del matrimonio, aunque muchas de estas supersticiones tienen un marcado carácter moralizante. Otros sujetos en riesgo de convertirse en vampiros eran los que muriesen de una manera no natural o antes del bautismo. Por último, un pelirrojo con los ojos azules es considerado un strigoi en potencia. Los vampiros rumanos muerden a sus víctimas en el corazón o entre los ojos. Algunas tumbas eran abiertas cinco o siete años después de la sepultura para comprobar si el cadáver presentaba síntomas de vampirismo, antes de ser lavado y devuelto.

D. H. Friston - Carmilla

Ilustración de D. H. Friston para la novela Carmilla (1872). Obra escrita por Sheridan le Fanu. 

  • Serbia: En el folclore serbio aparece la figura de Sava Savanović, un presunto vampiro que vivía en un viejo molino de agua en el río Rogačica (Zarožje, Bajina Bašta), donde asesinaba a otros campesinos. Se conservan tradiciones de más presuntos vampiros serbios, como Petar Blagojević de Veliko Gradište, muerto en 1724 y uno de los casos paradigmáticos de la histeria sobre vampiros del Siglo XVIII.
  • Alemania: En el folclore alemán aparece la figura del alp, un espíritu normalmente masculino, similar a un íncubo y a un vampiro, capaz de cambiar de forma y poseer otros cuerpos durante la noche. Al contrario que otros vampiros mitológicos, no presenta afinidad con la sangre ni implicaciones de carácter sexual. Respecto a los nachzehrer, a pesar de que han sido considerados tradicionalmente vampiros, son criaturas mitológicas más semejantes a los gules y zombis, pues no se alimentan de sangre sino de cadáveres. Normalmente una persona se convierte en nachzehrer si se suicida, y vuelve de la muerte para devorar a sus familiares, extender plagas y drenar la “fuerza vital” de los vivos. Según la tradición, pueden transformarse en cerdos y descansan en sus tumbas con el ojo izquierdo abierto y el pulgar de una mano sobre la otra. En Pomerania, entre Alemania y Polonia, las leyendas se refieren a los upier, con características similares a los vampiros del folclore eslavo.
  • Escandinavia: En toda la mitología nórdica el único personaje similar a un vampiro es el draugr, un no muerto que habita en las tumbas vikingas y que sólo puede ser destruido por un héroe. En Dinamarca se conservaron tradiciones acerca de una criatura llamada mara, una malvada mujer vampiro capaz de transformarse en forma humana para seducir hombres. En Islandia se recogen dos relatos de espíritus condenados a vagar entre la vida y la muerte y hostiles a los humanos, en la Saga de Grettir y en la Saga Eyrbyggja, aunque ambas tradiciones tienen más relación con el miedo a la muerte que con el mito universal del vampiro.

Draugr

Representación moderna de una Draugr en la serie Juego de Tronos.

  • Gran Bretaña: Posee mitos son similares al folclore posterior al Siglo XVIII acerca de los vampiros en Europa del este, desde donde el mito volvió a Inglaterra y a Alemania, donde fue embellecido y popularizado. Entre estos mitos destacan los del Vampiro del castillo de Alnwick”, en Inglaterra, que relata la historia de un sirviente que, en el Siglo XII, volvió de la muerte para vengarse de sus vecinos mediante una epidemia hasta que su cadáver fue quemado fuera de la ciudad, o el del “Vampiro de la Abadía de Melrose”, un monje que mantenía relaciones sexuales después de morir y cuyas cenizas debieron ser esparcidas para evitar su regreso. La criatura mitológica conocida como Baobhan sith en el folclore de las Tierras Altas escocesas, similar a un súcubo o a una banshee, y el Lhiannan Shee de la Isla de Man, son dos espíritus feéricos con elementos decididamente vampíricos. El caso contemporáneo más paradigmático es el del “Vampiro de Highgate”, un conjunto de rumores y presuntos avistamientos de vampiros que provocaron hasta una «caza» a comienzos de los años 1970 alrededor del cementerio de Highgate, en Londres, dichos hechos inspiraron la película Drácula 73.
  • Otras tradiciones: El leanashe o dearg-due, literalmente “succionador de sangre roja” en gaélico, de Irlanda es un espíritu similar a un vampiro que sale de su tumba y se alimenta de sangre. Se le puede matar colocando piedras en su tumba, impidiendo así que salga. Puede haber contribuido a la creación de los personajes vampíricos de los autores irlandeses Sheridan Le Fanu y Bram Stoker. La Bruxsa de Portugal, que adopta la forma de un pájaro en la noche y asalta a los viajeros, es otro espíritu vampírico femenino hostil a los seres humanos. Entre el pueblo romaní se creía que los mullo (literalmente, “alguien muerto”) regresaban de entre los muertos y provocaban actos malvados, además de beber sangre humana, la mayoría de las veces de un pariente o de la persona que había causado su muerte. Otras posibles víctimas eran aquellos que no respetaran las ceremonias de entierro o guardasen los bienes del difunto en lugar de destruirlos adecuadamente. Las mujeres vampiro podrían regresar, llevar una vida normal e incluso casarse, pero finalmente agotaban al marido con su apetito sexual. Al igual que en otras tradiciones, los vampiros de sexo masculino podían ser padres y los niños, dhampiros, solían convertirse en cazadores de vampiros.

África.

En diversas regiones de África existen cuentos folclóricos en los que aparecen seres similares a los vampiros. En África occidental los “ashanti conservan historias acerca del asanbosam, una criatura arborícola con dentadura de hierro, leyendas compartidas con los dahomey, sobre los obayifo o asiman,criatura semejante a un vampiro capaz de habitar otros cuerpos, especialmente de animales, viajar mediante una luz fosforescente y matar niños bebiendo su sangre. La tradición sobre estas criaturas pasó también a América del Sur, especialmente a Surinam, donde son llamados azeman. Por su parte, Según teorías lasalianas, el Pueblo Ewe habla del adze, que puede tomar la forma de una mariposa y cazar niños. El Pueblo Betsileo de Madagascar habla del ramanga, un vampiro que bebe sangre y come las uñas de los nobles pero no ataca a los campesinos. Entre las tribus pondo, zulúes y xhosa de la parte occidental de la Región del Cabo se conservan tradiciones acerca del impundulu o inyoni yezulu, que adopta la forma de un gran pájaro con garras y es capaz de convocar truenos y relámpagos. La criatura mitológica puede ser convocada por un brujo para atacar a sus enemigos.

Ave martillo

El ave martillo (Scopus umbretta) es considerada una manifestación del impundulu en algunas tradiciones africanas.

América.

En el continente americano también existen tradiciones sobre criaturas que comparten características con los vampiros europeos. En la mitología azteca aparecen las cihuateteo, espíritus con cara esquelética surgidos de mujeres muertas durante el parto que roban los niños y mantienen relaciones sexuales con los vivos, volviéndolos locos. Según algunos estudiosos, esta criatura mitológica dio lugar a la leyenda mexicana de “la Llorona”. El camazotz es un dios-murciélago de la mitología maya, sediento de sangre y similar a un vampiro. En la amazonía brasileña, algunas tribus hablan de una criatura mitológica o criptozoológica llamada zaolas, que se transforma en jaguar y bebe la sangre de sus víctimas humanas.

  • Estados Unidos: En Nueva Inglaterra, a finales del Siglo XVIII y comienzos del XIX, la existencia de los vampiros era una creencia generalizada en partes de Nueva Inglaterra, en particular, en Rhode Island y el Este de Connecticut. La superstición afirmaba que la tuberculosis, conocida en el momento como “consunción”, era contagiada por algún hombre fallecido por la misma enfermedad que volvía de la muerte y visitaba por las noches a su familia.

Mercy Lena Brown

Tumba de Mercy Lena Brown.

  • Bolivia: En Bolivia se conserva la leyenda del abchanchu, una criatura semejante a un vampiro capaz de transformarse en un viajero anciano e indefenso. Cuando otros transeúntes le ofrecen su ayuda, el abchanchu los ataca y bebe su sangre.
  • Caribe: Tanto las soucouyant de Trinidad y Tobago como la Tunda y Patasola del folclore colombiano son mujeres que atemorizan a los campesinos por la noche. El Loogaroo (maligno ser que vive en el día como una mujer (generalmente anciana) en alguna aldea. Por la noche, sin embargo, se dice que ella se despojaría de su piel arrugada, lo pone en un mortero, y luego de este ritual, tendría la capacidad de volar en la forma de una bola de fuego en la oscuridad, en busca de una víctima. Posteriormente, la Soucouyant debe regresar a su piel por la mañana; de lo contrario no será capaz de volver a ella) es un ejemplo de cómo una creencia en vampiros puede ser el resultado de una combinación de supersticiones, en este caso una mezcla entre las leyendas francesas y el vudú africano.

Loogaroo

 

Loogaroo. Ilustración realizada por Alfred Codallo.

  • Chile: Los pueblos mapuches del sur de Chile conservan tradiciones sobre una cambiante sedienta de sangre con el aspecto de una culebra voladora conocida como Piuchén, e igualmente existe la tradición de la transformación de un Calcu (hechicero mapuche) en un ser conocido como Chonchón, el cual puede consumir sangre humana. En varias supersticiones de América del Sur, colgar Aloe vera detrás o cerca de una puerta evitaba que los seres vampíricos entrasen dentro de la casa.
  • México: En la cultura nahua del estado mexicano de Tlaxcala tradicionalmente se ha creído en la existencia de un tipo de vampiro denominado tlahuelpuchi. Según los relatos, se trata de una maldición que afecta a algunos recién nacidos que viven y crecen con normalidad en una familia humana, pero que por la noche son capaces de cambiar de forma y beber la sangre de otros niños. Un tlahuelpuchi femenino es más poderoso que uno varón, y entre sus formas favoritas está la de buitre. Evita el ajo, la cebolla y los metales y tiene que alimentarse de sangre al menos una vez al mes o muere
  • Perú: En las zonas andinas de Perú se conservan leyendas acerca de una criatura llamada pishtaco, similar al bogeyman anglosajón pero con tendencias vampíricas. Normalmente se le describe como un hombre blanco que caza indios para comer su carne y vender su grasa corporal. Algunas tribus confundieron, durante la colonización de América, a los conquistadores españoles con pishtacos.

Asia. Enraizada en el folclore antiguo, la creencia moderna en vampiros se ha extendido por toda Asia, desde cuentos sobre macabras entidades sedientas de sangre en el continente, hasta seres vampíricos de las islas del sudeste de Asia. Además de las referencias mitológicas en la India, otros países asiáticos conservan tradiciones antiguas relacionadas con criaturas no muertas similares a vampiros.

  • China: Los Jiang Shi (literalmente “cuerpo rígido”), a veces llamados “vampiros chinos” por los estudiosos occidentales, son cadáveres reanimados que brincan alrededor de los poblados causando la muerte de seres vivos para absorber su “esencia vital” (qì, 气). La tradición cuenta que se crean cuando el alma de una persona (pò, 魄) no abandona el cuerpo del difunto. Una característica inusual de este vampiro es, además de tener una larga mata de pelo blanco alrededor de sus cabezas, su piel peluda y de color verde-blanca, tal vez derivada de los hongos y mohos que crecen cerca de los cadáveres. Estas criaturas mitológicas, combinadas con elementos típicos de los vampiros occidentales, han protagonizado varias películas de terror orientales.

Jiang Shi

Representación moderna de un Jiang Shi.

  • Filipinas: En Filipinas existen leyendas acerca de mujeres vampiro, seres que pueden separar partes de su cuerpo según su voluntad. Hay dos principales criaturas similares a los vampiros en Filipinas: el mandurugo (en tagalo “succionador de sangre”) y el manananggal (en bisaya “auto segmentador”). El mandurugo es una variedad del aswang o del dila, que adopta la forma de una atractiva mujer de día y por la noche desarrolla alas y una lengua larga, hueca y similar a un hilo, que utiliza para aspirar la sangre de una víctima dormida. El manananggal se describe como una mujer hermosa, capaz de cortar su parte superior del torso con el fin de volar por la noche con enormes alas similares a las de los murciélagos, con preferencia por cazar mujeres embarazadas mientras duermen en sus hogares. Usan una lengua similar a una probóscide alargada para aspirar los fetos y comer las entrañas de la mujer, en particular el corazón y el hígado, además de la flema de los enfermos. Algunas tradiciones explican que estos vampiros van acompañados o pueden transformarse en una criatura similar a un murciélago llamado Wak Wak, que no puede separar su torso pero se alimenta de la misma manera que el mandurugo o el ekek, otro pájaro que hace presa en humanos y tiene grandes garras.
  • Indonesia y Malasia: Los penanggalan de Malasia pueden ser una bella mujer joven o anciana que haya obtenido su belleza a través de la magia negra u otros medios no naturales, o bien una criatura oscura y demoníaca por naturaleza. Es capaz de separar su cabeza, adornada por colmillos de animal, y de hacerla volar por la noche en busca de sangre, por lo general de mujeres embarazadas. Los malasios cuelgan jeruju (cardos) alrededor de las puertas y ventanas de las casas con la esperanza de que una penanggalan no quiera entrar por temor a engancharse los intestinos en las espinas. La leyak es un demonio de similares características del folclore Balinés, mientras que el jenglot lo es de Java. Este último no es tanto un espíritu como un pequeño homúnculo momificado, del tamaño de una muñeca, que se alimenta de sangre. Un ermitaño puede convertirse en un jenglot tras largos años de meditación aislado en una cueva. Por otra parte, una pontianak o hanto kopek, también llamada kuntilanak o matianak en Indonesia, langsuir en Malasia, es una mujer que, tras fallecer durante un parto, se convierte en no muerta y busca venganza aterrorizando a los habitantes de los pueblos. Toma la forma de una atractiva mujer con largo cabello negro que cubre un agujero en la parte posterior de su cuello y que le succiona la sangre a los niños. Llenar el agujero de cabello es el único método para destruirla. Antiguamente, durante los enterramientos se rellenaban las bocas de los cadáveres con perlas de vidrio, se colocaban huevos bajo cada axila, y agujas en las palmas de las manos para evitar que las mujeres muertas durante el parto se convirtieran en langsuir.

Penanggalan

Representación de una Penanggalan.

  • India: En la antiguo folclore sánscrito existen cuentos acerca de los vetalas, similares a los gules de Oriente Medio, que habitan en los cementerios y utilizan los cadáveres como vehículo para internarse en el mundo de los vivos. Aunque la mayoría de las leyendas sobre los vetalas se han recopilado en el Baital Pachisi, una de las más importantes historias sobre estos vampiros está recogida en el Kathasaritsagara, donde se cuenta que el rey Vikramāditya intentaba, por la noche, cazar un esquivo vetala. Éste es descrito como una criatura no muerta que, como un murciélago, se cuelga boca abajo en los árboles cercanos a los lugares de cremación y a los cementerios. Por otra parte, los demonios pishacha, espíritus de hombres malvados regresados de la muerte, y los bhūta o prét, almas de hombres que han muerto prematuramente y deambulan por los cementerios reviviendo cadáveres, además de atacar a los vivos de forma similar a los gules. Presentan también algunas de las características asociadas a los vampiros, como la habilidad para convertirse en animales. En el Norte de la India existen leyendas acerca de los brahma rākshasa, una criatura similar a un vampiro, con la cabeza cubierta de intestinos y una calavera de la que bebe sangre. Los “brahmaraksasas” son bráhmanas (sacerdotes de casta) que han cometido suicidio o algún pecado grave. Otras tradiciones recogen leyendas acerca del pichal peri, una criatura con cuerpo de mujer distinguible por sus pies colocados al revés. Finalmente, los acheri son espectros, similares a los churel, de niñas pequeñas que bajan de las montañas por la noche para infectar con enfermedades a los humanos, especialmente a los niños. La única defensa posible es una banda de tela roja alrededor del cuello, que hace que la criatura la confunda con sangre. La deidad hindú Kālī posee colmillos, viste una guirnalda de cadáveres o calaveras, y tiene cuatro brazos. Está íntimamente relacionada con la sangre y sus templos están ubicados cerca de los lugares de cremación en toda la India. En un relato mitológico, las diosas Kālī y Durgā lucharon contra el demonio Raktavija (en sánscrito “semilla de sangre”), que podría reproducirse a sí mismo a partir de cada gota de su sangre derramada. Kālī bebió toda su sangre sin derramar nada, con lo que pudo ganar la batalla y matar al demonio.

Vetala

Representación de un Vetala.

Kali

Representación de la diosa Kālī

  • Japón: En Japón no se conserva ninguna leyenda nativa sobre vampiros y solo se presenta en las tradiciones el mito de los Jiang Shi (vampiros chinos). Estos vampiros hicieron sus primeras apariciones en el cine a finales de los años 1950. La figura del ente que vuelve de la muerte para vengarse en el folclore japonés es el Onryō, que no tiene más similitudes con el vampiro.

Oceanía. En la mitología de Melanesia se recogen leyendas acerca de la abere, un demonio femenino residente en las marismas que atrae a sus víctimas por su belleza y después las devora. Por otro lado, algunas tribus de Nueva Guinea, como los kombai y los inanwatan, conservan tradiciones acerca del suangi, un brujo-vampiro que consume la sangre y vísceras de sus víctimas, rellenando después los cadáveres con hojas y convirtiéndolos en sus lacayos. Dentro de la mitología aborigen australiana se habla de una criatura llamada Yara-ma-yha-who, un hombre pequeño con cabeza grande y sin dientes, pero con ventosas en los dedos de las manos y los pies. Ataca a los viajeros y bebe su sangre usando las ventosas. Después devora completamente a su víctima para regurgitarla a continuación más pequeña que antes y con la piel más roja.

Origen de un vampiro.

Históricamente es probable que el mito del vampiro en el folclore de muchas culturas desde tiempos inmemoriales, provenga inicialmente de la necesidad de personificar la “sombra”, uno de los arquetipos primordiales en el inconsciente colectivo, según conceptos de Carl Gustav Jung, y que representa los instintos o impulsos humanos reprimidos más primitivos. Así sería la encarnación del mal como entidad y una representación del lado salvaje del hombre o su atavismo bestial, latente en su sistema límbico y en conflicto permanente con las normas sociales y religiosas. Pero el mito, como es conocido en nuestros días, además del citado temor a los bajos instintos es también una combinación compleja de varios temores y creencias humanas que incluyen: la atribución a la sangre de ser fuente de poderío o vehículo del alma, el temor a la depredación y a la enfermedad o a la muerte y a su expresión más palpable como es el cadáver, así como a la fascinación temerosa por la inmortalidad y el instinto de supervivencia. Algunos estudiosos sugieren que el mito del vampiro, sobre todo el que se popularizó en Europa después del Siglo XVII, se debe en parte a la necesidad de explicar, en medio de una atmósfera de pánico colectivo, las epidemias causadas por enfermedades reales que asolaron Europa, antes de que la ciencia lograra explicarlas racionalmente.

En el conjunto de creencias populares se pueden distinguir unas formas básicas, a veces complementarias entre sí, para que un ser humano se convierta en vampiro:

  • Por predisposición desde el nacimiento: En Rumanía tenía más posibilidades de ser un strigoi, el séptimo o duodécimo hijo cuyos hermanos mayores eran todos del mismo sexo. O tener unas marcas de nacimiento como el hueso sacro pronunciado, abundante vello corporal y haber nacido encapuchado, es decir con la cabeza envuelta en parte de la membrana placentaria, o haber ingerido parte de la misma. Entre los eslavos también tenían mayor probabilidad de convertirse en vampiros los nacidos en Sábado Santo.
  • Por muerte prematura o violenta: En la antigua Grecia, en donde se denominaban vrykolakas o brucolacos a los así originados, al igual que entre búlgaros, eslavos y en ciertas culturas africanas y en Indonesia, se creía que los niños, adolescentes y en general las personas que habían tenido una muerte prematura o en circunstancias anormales, por suicidio o violencia, podían convertirse en fantasmas vagabundos o vampiros.
  • Por incumplimiento de rituales funerarios y religiosos: En Grecia, Bulgaria y Rumanía también se creía que alguien se convertía en vampiro después de morir si los que se debían ocupar de preparar y vigilar debidamente el cadáver no realizaban los rituales adecuados o no cumplían bien su tarea, como impedir que un animal, especialmente un perro o gato, e incluso una persona pasen sobre el mismo. Esta creencia es similar en los hindúes que consideraban que los espíritus o Pitrs, en espera de reencarnar, pueden convertirse en vampiros si nadie les recuerda y realiza los shraadh, rituales funerarios de rigor para facilitar su reencarnación.
  • Como maldición por acciones criminales o sacrílegas: En la antigua China también se creía que se convertían en vampiros ciertos criminales, tradición similar a la existente entre los eslavos y los griegos, quienes creían que los vampiros eran brujas o personas que se habían rebelado contra la Iglesia mientras estaban vivos, vendiendo su alma al diablo y que al morir sus cuerpos podían ser poseídos por demonios. En la Europa cristiana y especialmente entre los griegos, esta creencia era reforzada con los conceptos desarrollados por el cristianismo basados en la idea neoplatónica de la vida después de la muerte y la idea de la supervivencia del alma hasta el día del Juicio Final a pesar de la corrupción del cuerpo, de aquellos que murieran arrepentidos de sus pecados y que hubieran recibidos los últimos sacramentos. Por eso, los griegos y eslavos, creían que todos aquellos que no fueran enterrados en tierra consagrada (en particular los suicidas y los excomulgados) o los que no hubieran recibido la extremaunción, tenían la mayor posibilidad de convertirse en vampiros o tympaniaios.
  • Por mordedura de un vampiro: Según casi todas las tradiciones, especialmente entre los eslavos, aquella persona que moría después de ser mordida por un vampiro se convertiría a su vez en uno. Los escritores ocultistas aducen que esta manera solo es posible si hay aceptación por parte de la víctima. Los autores de literatura de ficción le han dado a esta manera una connotación sexual intensa, muy atractiva para propósitos dramáticos.

Vampiro Warhammer

Representación contemporánea de un vampiro para el juego Warhammer.

Características de un vampiro.

La descripción de estas criaturas varía según el folclore de cada región. Además la mayoría de atributos de un vampiro según la cultura contemporánea provienen de la literatura, sobre todo de la novela Drácula y las películas basadas en ella, así como de los cómics y videojuegos, a veces contradiciendo la naturaleza primordial del vampiro tradicional u original. Por eso, de las siguientes características, solo algunas son las esenciales o comunes en el folclore general o como parte de las creencias de ciertas regiones; otras son inventadas por los novelistas y libretistas de cine o diseñadores de videojuegos. Fueron humanos, pero ahora están en un estado intermedio entre la vida y la muerte, de ahí que se les llame no-muertos. Esta naturaleza determina su aspecto físico básico.

  • Entre los eslavos, griegos y pueblos de Europa del Este, un cadáver desenterrado era considerado vampiro si su cuerpo parecía hinchado y le salía sangre (presuntamente de sus víctimas) de la boca o la nariz. También si notaban que sus uñas, pelo y dientes eran más largos que cuando había sido enterrado e incluso poseía un aspecto más saludable de lo esperado, mostrando piel sonrosada y pocos o ningún signo de descomposición.
  • En Transilvania (Rumanía) se consideraba que los vampiros eran flacos, pálidos, y poseían unas largas uñas y largos y puntiagudos caninos (colmillos).
  • En Bulgaria y Polonia se les atribuye tener un solo orificio nasal así como una especie de aguijón en la punta de la lengua.
  • Según la creencia en el folclore rumano, tienen la posibilidad de transformarse en animales como gatos o perros, ovejas y caballos. La forma más mencionada en la ficción popular es la del murciélago y en niebla.

Otras características:

  • Se alimentan principalmente de la sangre de sus víctimas aunque hay descripciones de que también son antropófagos y en algunas culturas se consideraba que la sangre no era la base de su sustento, sino el “fluido vital” humano o la energía psíquica.
  • No se reflejan en los espejos ni tienen sombra, tal vez como una manifestación de la carencia de un alma. Este atributo no es universal, pues por ejemplo el vampiro griego vrykolakas/tympanios poseía tanto sombra como reflejo, pero es muy popular gracias a novelistas como Bram Stoker que lo menciona en su novela Drácula.
  • Los vampiros, por su naturaleza demoníaca o su origen sacrílego, no soportan los símbolos cristianos y por ello pueden ser alejados usando una cruz cristiana o agua bendita, y no pueden cruzar por terrenos consagrados como los de una iglesia.
  • Son indestructibles por medios convencionales y son extremadamente fuertes y rápidos pero se debilitan junto a las corrientes de agua.
  • Aunque en general se supone los vampiros son vulnerables a la luz del sol, entre los eslavos se creía que no solo pueden resistir la luz del sol, sino que en algunos casos podían viajar a otro pueblo y llevar allí una vida normal.
  • Algunas tradiciones sostienen que un vampiro no puede entrar en una casa si no es invitado por el dueño; pero que una vez es invitado puede entrar y salir a placer.
  • En algunas zonas de Europa del Este, se cree que el vampiro es un ser lujurioso que vuelve al lecho conyugal a procrear con su esposa, criaturas con características especiales (que varían en cada región), que se conocen como dhampiros.
  • Tienen una afinidad natural con la magia negra y concretamente con la necromancia, que dominan con mayor facilidad que el hechicero no vampiro más diestro.

Vampiro The Outsider

Ilustración para el cuento El Intruso (escrito en 1921 y publicado en 1926) de H.P. Lovecraft.

Identificación del vampiro.

Existen numerosos y variados rituales que se utilizaban para identificar a un vampiro. La comprobación más socorrida consistía en la exhumación del cadáver sospechoso para verificar directamente si tenía las características tradicionales y destruirlo, práctica que llegó a ocasionar numerosas profanaciones de tumbas. Uno de los métodos descrito por el abate Calmet, citado por el padre Feijoo, para localizar la tumba de uno consistía en guiar a un muchacho virgen montado en un caballo también virgen a través de un cementerio; el caballo se negaría a avanzar sobre la tumba en cuestión. Generalmente se requería que el caballo fuera negro, aunque en Albania era necesario que fuera blanco. Que aparecieran agujeros en la tierra sobre la tumba era tomado como un signo de vampirismo. Otra evidencia de la actividad de un vampiro en la localidad incluía la excesiva lluvia o granizo, así como la enfermedad y muerte de familiares o conocidos, así como del ganado, en los días siguientes a la muerte y enterramiento del sospechoso. Algunos también se manifestaban mediante pequeños actos similares a los de un poltergeist, tales como mover muebles de la casa, producir ruidos y dar golpes (raps).

Dark Shadows

Protección contra un vampiro.

  • En primer lugar hay que tener en cuenta las prácticas preventivas: Para evitar que un muerto se convirtiera en un vampiro, entre los celtas una era una de las prácticas más extendidas era enterrar el cuerpo cabeza abajo, como también colocar hoces o guadañas cerca de la tumba, para evitar que los demonios poseyeran el cuerpo o para apaciguar al muerto y que no se levantara de su ataúd. Con igual propósito los tracios y búlgaros antiguos acostumbraban amputar las extremidades, cortar los talones y tendones de las rodillas o perforar otras partes del cuerpo. En Rodas e isla de Quíos (Grecia) se ponía una cruz de cera entre los labios del cadáver, así como una pieza de cerámica con la inscripción “Jesucristo conquista” para evitar que se convierta en vampiro o vrykolakas. En Europa Oriental, era frecuente introducir un diente de ajo en la boca, y a veces en los nueve orificios corporales, de los muertos así como atravesarles el corazón con un objeto cortopunzante, antes de inhumarlos. En las regiones sajonas de Alemania, se colocaba un limón en la boca del sospechoso de ser un vampiro. Los gitanos clavaban agujas de hierro y acero en el corazón del cadáver y colocaban pequeños fragmentos de acero dentro de la boca, sobre los ojos, en las orejas y entre los dedos durante el entierro. También se introducían espino en el calcetín del muerto, le clavaban una estaca de espino en las piernas o rodeaban la tumba con una barrera de plantas espinosas. En Bulgaria, los arqueólogos han encontrado varios esqueletos de origen medieval con el tórax apuntillado con estacas de hierro, práctica común hasta principios del Siglo XX, realizada para evitar que personajes considerados malvados regresaran convertidos en vampiros. En Polonia, se han encontrado enterramientos en los que los sospechosos de vampirismo eran decapitados y la cabeza colocada entre las piernas.
  • En segundo lugar destacamos los amuletos, talismanes, sustancias y demás objetos protectores: Variados objetos y sustancias, que varían de región en región, son mencionados en las leyendas sobre vampiros por su efecto apotropaico (mecanismo de defensa que la superstición o las pseudociencias atribuyen a determinados actos, rituales, objetos o frases formularias, consistente en alejar el mal o proteger de él o de los malos espíritus o de una acción mágica maligna), es decir por tener la propiedad de alejarlos o destruirlos. En Europa se cree que una rama de rosa silvestre o de espino pueden dañar al vampiro, así como el ajo o el azufre y objetos sagrados como un crucifijo, un rosario o el agua bendita. En algunas regiones de Sudamérica, cuando una mujer deja en la casa a su hijo dormido, pone sal y unas tijeras al lado del niño para ahuyentar a vampiros y brujas. Otros métodos comunes en Europa incluían esparcir semillas de mostaza o arena sobre el tejado de la casa a proteger o en la tierra de una tumba sospechosa de contener a un vampiro para mantenerlo ocupado durante toda la noche contando los granos caídos. Historias chinas similares relatan que si un vampiro se encontraba con un saco de arroz, tendría que contar todos los granos uno a uno; es una temática que se puede encontrar en los relatos del subcontinente indio y en Sudamérica, sobre brujas y otros tipos de espíritus malignos o traviesos. Aunque no se consideran como un objeto de protección, debido a que no se reflejan en ellos, los espejos han sido utilizados para alejar a los vampiros cuando se situaban en una puerta, mirando hacia afuera.
  • En tercer lugar hay que hablar de la destrucción final del vampiro: En los Balcanes, existía el cazador de vampiros que podía ser un religioso o un dhampiro que según la tradición gitana es el hijo o descendiente de un vampiro con el poder de detectarlos, aunque fueran invisibles, y destruirlos. Hasta principios del Siglo XX, unos estuches o “kits” con las herramientas tradicionales para destruir vampiros, eran ofrecidos a los viajeros que iban a visitar Europa del Este en particular. Actualmente, estos equipos son propiedad de ciertos museos de curiosidades o de coleccionistas aficionados a lo esotérico. Los métodos más frecuentes para destruir un vampiro son:

Estacado o clavar una estaca en el corazón de los cadáveres sospechosos de ser vampiros: Es el método más citado, particularmente en las culturas eslavas del sur. Se usaban estacas y punzones de madera o hierro. El fresno era la madera preferida en Rusia y en los estados bálticos, el espino en Serbia y en Bulgaria, y el roble en la región de Silesia. La estaca solía clavarse apuntando a la boca en Rusia y en el norte de Alemania, o al estómago en el noreste de Serbia. Esto es similar al acto preventivo de enterrar objetos afilados, como hoces o guadañas, junto al cadáver y apuntando hacia él, de forma que cuando el cuerpo se hinchara le penetrase en la piel lo suficiente, para evitar que el no-muerto se levantara del ataúd.

La decapitación era el método preferido en las áreas germanas y eslavas del Oeste: La cabeza se enterraba junto a los pies, tras las nalgas o alejada del cuerpo. Este acto se veía como un modo de acelerar la marcha del alma, debido a que, en algunas culturas, se creía que permanecía en el cuerpo.

La incineración completa del cadáver o del corazón y rociar agua hirviendo sobre la tumba, eran las medidas más acostumbradas en Grecia. También, sobre todo en casos recalcitrantes, se desmembraba el cuerpo y se quemaban las partes o se hervían en vino. Los rumanos, eslavos y gitanos utilizaban las cenizas para preparar bebidas que suministraban a los familiares o víctimas a modo de cura.

Repetir el funeral, cambiando de lugar la tumba, rociando agua bendita sobre el cadáver, o con un exorcismo, era una medida propugnada en los Balcanes y especialmente por la Iglesia en Grecia para evitar la incineración, pues esta disminuía la posibilidad de salvación del alma.

Rituales de magia: En Bulgaria se practicaba un ritual consistente en el embotellamiento del vampiro, que según la creencia búlgara es un espectro incorpóreo, a cargo de personas que se dedicaban a ello, usando una botella especialmente preparada que contenía un fragmento de un icono (estampa de un santo) así como algo del alimento favorito del vampiro que lo atrae irresistiblemente a su interior quedando allí atrapado pues el hechicero la tapa rápidamente con un corcho. La botella, con el vampiro adentro, era arrojada al fuego para destruirlo.

Kit mata vampiros

Kit mata vampiros.

Personajes relacionados con vampirismo.

Existen personajes reales cuyas vidas inspiraron la figura del vampiro en el folclore y en la literatura de ficción contemporánea.

  • Vlad Drăculea (1431 – 1476): También conocido como Vlad III y más comúnmente como Vlad Țepeș (El Empalador), fue el Príncipe (Voivoda) de Valaquia. Luchó contra la invasión de los otomanos y es famoso por la crueldad de sus métodos. Inspiró la novela “Drácula” de Bram Stoker por lo cual es relacionado con el tema aunque no existe evidencia histórica que bebiera sangre de sus víctimas ni las leyendas locales lo señalan de ser vampiro. Debido a su éxito en expulsar a los turcos de Valaquia, por lo cual vivió en constante estado de guerra durante 1431 – 1476, y liberar la comarca de la delincuencia, se le considera un héroe nacional en Rumanía y el salvador de Europa pues Valaquia junto con la vecina Transilvania, constituyen la puerta meridional de Europa que todo invasor procedente de Asia, tenía que pasar obligatoriamente si intentaba conquistar por el sur las fértiles llanuras europeas. Famoso por sus métodos de castigo, además del empalamiento empleó: La amputación de miembros, nariz y orejas, la extracción de ojos con ganchos, el estrangulamiento, la hoguera, la castración, el desollamiento, la exposición a los elementos o a fieras salvajes, la parrilla y la lenta destrucción de pechos y genitales, especialmente de las mujeres. En 1976, el gobierno comunista de Nicolae Ceauşescu lo declaró Héroe de la nación al cumplirse el V Centenario de su muerte.

Vlad Tepes

Retrato de Vlad Drăculea por un autor anónimo (Circa 1560).

  • Erzsébet Báthory (1560 – 1614): Llamada “La Condesa Sangrienta”, este personaje vivió entre los Siglos XVI y XVII e inspiró a Sheridan Le Fanu para crear en 1872 a la protagonista de su famosa narración Carmilla. Fue  importante aristócrata húngara y famosa en su época en Europa por su belleza, fue acusada de secuestrar en su castillo de Čachtice (en la actual Eslovaquia) a numerosas doncellas vírgenes, nobles y campesinas, a quienes torturaba y desangraba hasta la muerte para obtener la sangre que usaba en sus baños y bebía (aunque esto último no se comprobara en el proceso), como parte de prácticas de magia negra en que era asistida por un séquito de brujas, bajo la creencia de que así se conservaría bella y lozana. El corto proceso, ordenado e impulsado por el emperador Matías II y el palatinado, finalizó el 7 de enero de 1611, y mientras sus cómplices fueron torturadas y condenadas a pena de muerte en la hoguera, a Elizabeth por su condición aristocrática y la importancia política de su estirpe solo la condenaron a vivir emparedada en sus aposentos, que fueron sellados para siempre y en los cuales uno de sus carceleros la encontró muerta en agosto de 1614. En el Siglo XX algunos cuestionan la verdadera magnitud de sus crímenes y la validez de las acusaciones, atribuyéndole un carácter político a su proceso, cuyos archivos se conservan aún y son la fuente primaria de lo que se ha escrito sobre ella. A pesar de esto último, ostenta el récord Guinness de la mujer que más ha asesinado en la historia de la humanidad con 630 muertes.

Erzsébet Báthory

Retrato de Erzésebt Báthory (Copia del original perdido de 1585).

  • Gilles de Rais (1405 – 1440): Este aristócrata francés del Siglo XV, que luchó en los años finales de la Guerra de los Cien Años junto a Juana de Arco, buscando en la sangre el secreto de la piedra filosofal, torturó y dio muerte a unos 300 niños durante 8 años en su castillo de Tiffauges hasta que en el año 1440 fue capturado, procesado y ejecutado.

Castillo de Tiffauges

Castillo (Château) de Tiffauges.

  • Henry Fritzroy (1519 – 1536): Hijo bastardo de Enrique VIII y conde de Nottingham y duque de Richmond y Somerset, murió a los 17 años, posiblemente de tuberculosis. Aunque su muerte no está esclarecida ni hay referencias históricas a actividades criminales o vampirismo, inspiró a la escritora Tanya Huff un personaje del mismo nombre, un vampiro “bueno” novelista y detective, que protagoniza La Saga de la Sangre (Blood Ties), convertida en serie de televisión.

Vampiro en la ciencia.

La ciencia llama vampiro al murciélago hematófago (Desmodus rotundus) que habita en una amplia región de América y es de hábitos nocturnos. Se alimenta habitualmente de sangre de ganado bovino, equino o porcino a los que ataca mientras duermen, gracias a sus agudizados sentidos para localizarlas, acercándose a ellas volando, arrastrándose por el suelo o saltando, para morderles en los hombros, espalda, región perianal, en las patas, pezuñas, así como en la base de los cuernos o en las orejas.

Desmodus rotundus

Vampiro común o de Azara (Desmodus rotundus).

Algunas enfermedades han sido relacionadas desde la medicina como posible explicación al mito del vampiro.

  • Peste: La peste, enfermedad infecciosa producida por la Yersinia pestis y transmitida por las pulgas de las ratas y otros roedores, es la más factible para explicar en forma simple pero verosímil las epidemias de vampiros en la edad media. Precisamente este fenómeno también es descrito como trasfondo de la historia principal de un vampiro en obras cinematográficas como el Nosferatu de Murnau o de Herzog. Durante el siglo XIV, especialmente en Prusia oriental, Silesia y Bohemia, para evitar el contagio las víctimas de la enfermedad eran enterradas prematuramente sin constatar la muerte clínica. Muchos de estas víctimas de enterramiento vivo sufrieron por ello una larga y atroz agonía, infligiéndose heridas en su intento de escapar de sus tumbas. No es de extrañar, por tanto, que en la exhumación se encontraran al cadáver conservado y con manchas de sangre, lo que a falta de una mejor explicación estimularía la imaginación supersticiosa de la gente atribuyéndoles una condición de vampiros.
  • Carbunco: Esta enfermedad muy contagiosa, capaz de crear gravísimas epidemias, producida por el Bacillus anthracis que puede transmitirse de los animales al hombre, podría semejar la sintomatología de una víctima de un vampiro. Los afectados presentan fiebre alta, sed intensa, convulsiones, dificultad respiratoria y alucinaciones que se atribuyen a la falta de oxígeno, con una sensación de asfixia que podía ser expresada por parte de la víctima como el estrangulamiento a manos de un vampiro.
  • Anemia: Esta enfermedad clásica, frecuentemente asociada a las anteriores, consistente en un déficit en la cantidad o calidad de los glóbulos rojos de la sangre encargados de transportar el oxígeno a todo el cuerpo, también puede explicar la creencia en la afectación de los vecinos y familiares allegados al presunto vampiro. Las supuestas víctimas presentaban una severa palidez acompañada de intensa fatiga, cansancio y respiración entrecortada, síntomas y signos clínicos que se pueden explicar con este trastorno que no siempre se debe a la pérdida de sangre, sino que hace parte también del cuadro de una desnutrición, ya sea por falta de adecuada alimentación por las propias enfermedades, o las carestías debidas a las guerras, cuando no por ayunos con motivaciones religiosas que tenían el objetivo de purgar los pecados y verse libre del peligro de la peste.
  • Rabia: La rabia, infección viral del Sistema Nervioso, es la enfermedad transmisible que científicamente explicaría adecuadamente el mito del vampiro, especialmente cuando su auge en Europa coincide con epidemias de esta afección durante los siglos XVI y XVII, en particular la ocurrida en Hungría entre 1721 – 1728. Se transmite a los humanos generalmente por mordedura de animales como perros, lobos y murciélagos, portadores habituales de la enfermedad y que en el folclore han sido relacionados con los vampiros. Durante el periodo de incubación y fase preclínica (habitualmente entre 1 año y 3 meses), puede manifestarse con sensaciones anormales como parestesias, dolor en la zona de mordedura y sintomatología inespecífica inicial (fiebre, pérdida de apetito, fatiga, depresión, temor, ansiedad y sueños angustiosos) semejando una progresiva transformación de la persona en un vampiro. a fase clínica, correspondiente a una encefalitis dada la predilección del virus por afectar al sistema límbico (importante en el control de las emociones y la conducta), se caracteriza por un cuadro de “rabia furiosa” consistente en síntomas similares a los asignados al vampiro folclórico como son: Inquietud y agitación crecientes que pueden llegar hasta la agresividad, insomnio persistente, fotofobia, alteración del ritmo del sueño y modificaciones de la conducta sexual expresadas como la hipersexualidad. Debido a frecuentes espasmos musculares en cara, faringe y laringe, el paciente emite sonidos roncos y ahogados con una retracción de los labios de forma que asoman los dientes como si fuera un animal. Una exaltación de los reflejos, puede causar accesos de furor maníaco frente a pequeños estímulos, como leves contactos, corrientes de aire, luz y ruidos, ciertos olores o excitaciones mínimas como ver su imagen reflejada en un espejo. Las pesadillas y las alucinaciones también suelen estar presentes en este tipo de cuadro florido de la rabia que generalmente es mortal. El espasmo muscular y los reflejos anormales en faringe producen característicamente un rechazo del paciente al agua o hidrofobia, nombre por el cual se conoce también a esta enfermedad, causado por los intensos dolores al intentar tragar agua o simplemente con su visión. Los problemas para tragar su propia saliva, causan que la misma se acumule y gotee de su boca formando espumarajos.
  • Porfiria: En particular el tipo de porfiria eritropoyética congénita o enfermedad de Günther, producida por una anomalía genética y hereditaria, se ha alzado con el título de “enfermedad de los vampiros”; pero, aunque rara y llamativa, no sirve para explicar las formas epidémicas del vampirismo debido a que es muy poco frecuente o escasamente diagnosticada. Se caracteriza por: Fotosensibilidad, deformidades faciales, palidez extrema y ansiedad por la sangre, intolerancia al ajo, disociación emocional o mental del paciente, prevalencia entre grupos familiares (grupos poblacionales cerrados o familias endogámicas).
  • Enfermedades psiquiátricas: La atracción patológica por beber sangre ha sido la causa de que en las historia se registren muchos casos de personajes reales con conducta vampírica, cuya compulsión solo ha podido ser explicada psiquiátricamente al no encontrarse un sustrato infeccioso o somático como en las enfermedades antes descritas. Psicosis y esquizofrenia son los diagnósticos más frecuentes de los psiquiatras forenses y expertos en criminalística para explicar la conducta vampírica de personajes reales, en su mayoría asesinos seriales, como el caballero Gilles de Rais o la condesa Erzsébet Báthory. Recientemente nuevas propuestas de clasificación de los trastornos mentales relacionados con la sexualidad o de las parafilias, asignan al vampirismo una categoría particular, deslindando y diferenciando este trastorno de otras filias como la necrofilia o el sadismo, para explicar y describir mejor la conducta criminal motivada por el placer libidinoso derivado de la vista, contacto o bebida de sangre de sus víctimas.
  • En medicina forense: Tras un tiempo de estar sepultados, como parte del natural proceso de putrefacción y fermentación. dadas las condiciones de temperatura, humedad y nutrientes adecuadas, en especial en los pulmones y en sistema digestivo de algunos cuerpos se desarrollan una gran cantidad de bacterias y esporas productoras de gases que se acumulan en los tejidos. Comúnmente, cuando se creía que un difunto se había convertido en vampiro, días después de su funeral se desenterraba el cadáver para corroborar la sospecha. Si se intentaba manipular el cuerpo exhumado y clavar una estaca en su pecho, por la presión ejercida sobre los pulmones podía producirse la exhalación de una especie de “suspiro” o grito, que sería en realidad un escape de los gases de putrefacción, haciendo pensar a los exhumadores que el cadáver era en efecto un vampiro activo y que la estaca había dado fin a su existencia. Esta labor de exhumación, en la cual participaban sacerdotes, autoridades de las aldeas e incluso los familiares del difunto, era temida ya que muchos sufrían trastornos serios por la inhalación de estos gases producto de la fermentación o descomposición orgánica y cargados de bacterias y que brotaba del cadáver al ser manipulado.
  • En la arqueología: Se han encontrado a lo largo de Europa multitud de tumbas de “vampiros”. Muy recientemente en Polonia se han descubierto las tumbas de seis supuestos vampiros sepultados hace más de 400 años y que en realidad no eran más que enfermos de cólera http://www.abc.es/ciencia/20141127/abci-entierro-seis-vampiros-polacos-201411261822.html

No es la primera vez que se descubren enterramientos similares:

http://www.ideal.es/granada/20090311/sociedad/vampira-venecia-20090311.html,

http://actualidad.rt.com/cultura/view/99940-tumba-vampiros-polonia-hallazgo-cabezas

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/06/11/internacional/1339430669.htmlhttp://www.mundoesotericoparanormal.com/descubren-tumba-vampiro-real-bulgaria/

Tumba vampiro Bulgaria

Tumba del “vampiro de Bulgaria”.

Vampiro en el arte.

La imagen del vampiro en el arte se ha repetido a lo largo de los siglos en muy diferentes disciplinas artísticas, si bien es cierto que su consagración y expansión al gran público fue gracias a la obra archiconocida de “Drácula” de Bram Stoker, libro publicado en 1897.

  • Literatura: A partir del Siglo XIX y con el Romanticismo, los relatos escritos sobre vampiros comienzan a proliferar y más aún con la explosión de la novela gótica. Lod Byron, Alekséi Konstantínovich Tolstói y otros, publican relatos con el vampiro como figura protagonista de los mismos. En 1872, se publica Carmilla, novela corta escrita por Joseph Sheridan Le Fanu que muestra muchas características del terror gótico, e incluye una leve influencia de contenido erótico particular propio de los vampiros. En 1954 el escritor Richard Matheson publica la novela de ciencia ficción Soy Leyenda que narra un futuro mundo post apocalíptico regido por vampiros, y el protagonista es el último humano. Matheson desarrolla quizás la primera explicación racional del vampirismo descubriendo en la trama que es provocado por una bacteria. La novela cuenta con varias adaptaciones fílmicas. El mundo vampírico lo revoluciona sin lugar a dudas la obra Drácula (1897) de Bram Stoker. La más importante revisión literaria del mito del vampiro después de Drácula, se produjo a finales del Siglo XX (1976), cuando la escritora norteamericana Anne Rice publicó las Crónicas Vampíricas, una trilogía compuesta por las novelas Entrevista con el VampiroLestat el Vampiro y la Reina de los Condenados, que después, dado su enorme éxito comercial y cinematográfico, ha continuado con secuelas como Memnoch el Demonio y Armand el Vampiro. Más recientemente podríamos destacar la obra Déjame entrar (2004) del sueco Jon Ajvide Lindqvist, también llevada al cine algunos años después, tanto en una versión sueca original como una norteamericana posterior.

Bram Stoker - Drácula

Portada de la primera edición de Drácula de Bram Stoker (1897).

  • Pintura: En pintura destacan obras con El vampiro de Edvard Munch, realizada en el año 1895.

Vampiro

Edvard Munch – Amor y dolor, Vampiro (1895).

Philip Burne-Jones - El vampiro

Philip Burne-Jones – El vampiro (1897).

  • Escultura: Apenas ha sido representada la figura del vampiro en la escultura. Prácticamente las únicas obras sobre tema vampírico son las que representan a seres mitológicos que, sin ser vampiros, están relacionados con ellos o incluso pueden considerarse origen del mito, como las lamias o ciertas representaciones de Lilith.
  • La figura del vampiro también se ha hecho presente en diversas artes escénicas. En ópera cabe destacar la obra Der Vampyr (1828), en teatro con la obra Drácula (1897), escrita por el propio Stoker, el musical Tanz der Vampyr (1997) e incluso el ballet Polichinelle Vampire (1823).
  • Cine: Quizá junto a la literatura, el campo es donde más se ha extendido la imagen del vampiro en innumerables películas desde Nosferatu (1922) de Murnau, Drácula (1931) encarnado por Béla Lugosi, Drácula, de Bram Stoker (1992) protagonizada por Gary Oldman y dirigida por Francis Ford Coppola. Esta última es quizá una de las mejores representaciones de la novela de Stoker llevada al cine a pesar de tomarse algunas licencias que no aparecen en la obra literaria. También cabe destacar Entrevista con el Vampiro (1994), basada en los libros de Anne Rice. Películas más recientes como la trilogía de Blade y Crepúsculo o las sucesivas películas de Underworld o la más reciente Drácula: La Leyenda Jamás Contada (2014) no hacen sino desvirtuar en buena medida la imagen original del vampiro y llevarlo a uno terreno más cercano a largometrajes de superhéroes estilo X-Men, perdiendo la esencia primigenia de la leyenda vampírica.

nosferatu

Nosferatu, Una Sinfonía del Horror (1922).

Drácula (1931)

Escena de Drácula (1931).

Drácula de Bram Stoker

Drácula, de Bram Stoker (1992).

Leyenda y realidad se mezclan para crear un mito extraordinariamente rico en historias y matices como es el del vampiro.

Fuentes: Wikipedia, Google (imágenes), elaboración propia.

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9 Respuestas a “Vampirismo

  1. Poecraft

    18 marzo, 2015 at 18:35

    Vaya! Que artículo tan completo, felicidades. Es bueno ver personas tan interesadas en este hermoso mito. Saludos.

     
  2. bellaespiritu

    18 marzo, 2015 at 23:17

    Excelente artículo¡¡¡ Desde http://bellaespiritu.com/2015/03/18/pequenos-guerreros-mandalas-de-blogs-y-premios-xxi/ te he nominado a una distinción.

    Un saludo para ti desde Argentina.

     
  3. Ivi iV

    19 marzo, 2015 at 01:02

    Gran análisis. ¡Enhorabuena!

     

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