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Viuda Negra

24 Sep

Resaca por haber bebido veneno hasta desfallecer, sangre verde derritiendo las venas y en el corazón, la brillante marca del caos. Viuda negra sobre la piel, reloj de arena rojo que gota a gota desangra tu interior. Sus víctimas son Santa Compaña entre la espesura de un bosque húmedo y solitario de Noviembre, muertos andantes en pos del olvido de la tumba que tanto ansían. Puedes consagrar, puedes idolatrar para luego vengarte de dos afilados colmillos que ya te atacaron sin piedad, de unos ropajes pegajosos, de esa mirada que quiebra y no se puede sostener sin que el silencio recorra tu último aliento.

Ha marcado en tu frente el tiempo hacia la extinción y resistir es la inutilidad final, el sencillo trámite que separa el infierno de tu fría alma. Discúlpala por estas escenas de odio e indiferente compasión y ahora que las llamas besan tu piel, la inyección letal de sus colmillos debe ser tu última tentación elevada al Paraíso, la única salida, el postrero estertor caído del lecho del amor. Hoy la Piedad afloja sus brazos y cae Cristo al empedrado y mojado suelo, haciendo de este hundimiento una alegoría propia de ti, crucificado a consecuencia del pecado que resbalaba por  tu cuerpo a modo de una lengua ardiendo como hierro candente.

Un velo negro cayendo sobre los ojos marcará la caída de tu noche, el ocaso, poniendo cruel epílogo a tus últimos suspiros de placer que quedarán esparcidos por el éter. Perdona su existencia dañina, toda acción tiene una consecuencia, la suya es clara, tu inevitable extinción. Esos estigmas en sus manos son la encarnación de su alma y naturaleza dañinas y aunque en la Catedral de Ónix se celebre misa siniestra por tu cadáver, no habrá perdón, la conciencia queda encerrada en tu cuerpo inerte que será sepultado bajo mármol inamovible y gestos de desprecio. No habrá flores, solo ramos de abandono y coronas de reyes sin reino.

La Viuda Negra no llora, Lamia que el tiempo convirtió en un descorazonado monstruo, el desprecio hizo resto y su sangre juró no volver a ser derramada nunca más. Rebuscó demasiados siglos en carne muerta e ilusiones descompuestas y cuando el odio y la postración se hicieron el menú de cada día, la inocencia se fue desintegrando poco a poco y de la más lacerante posible. Sonríe al infierno pues ha sido besada por él, el fuego de la pasión es consumido a su vez por sus terribles llamas, acércate para ser alimento fugaz y cenizas perpetuas, el negro polvo para tiznar y sombrear sus ojos que guardan duelo silencioso por ti.

Y así las sombras guardan a su gente más terrible, en un imperio hecho con de tela de araña y cadáveres secos, se buscan presas para morir entre caricias de seda y vibraciones planetarias que despierten los sentidos y los eleven hasta una hambrienta vorágine de ímpetu y extraer así, el rojo deseo de tus venas. Las ansias alimentan a la bestia que se oculta entre rasgos de belleza sin par y cruel mirada nocturna. En su trono de negro metal, cada noche será una pesadilla en la que rememorar su sed infinita, crímenes al anochecer, víctimas gritando desde el limbo que no olvidan que cuando el velo cae sobre sus ojos, en algún lugar se hace la noche eterna.

Natalie Shau

Ilustración por Natalie Shau.

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Publicado por en 24 septiembre, 2014 en Mis Relatos

 

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