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Cripta

26 Ago

Cripta desconchada y solitaria, cimentada en el firme recuerdo de un pasado efímero, sfumato de vidas casadas con el tenebrismo sin más aspiración que ser sombras desdibujadas. Esposos de la noche, amantes de la sed de Luna iluminando la almohada en las madrugadas de Agosto. Calor en donde hay frío, muerte en donde prendemos la llama de la vida, flores frescas condenadas a desvanecerse como construcciones erráticas levantadas sobre sólidas mentiras.

Hablamos y no decimos nada, no conversamos con (y de) el amor más allá de esta prisión de mármol viejo y almíbar amargo al paladar. Cielo, las caricias que tanto se echan de menos, son fugaces, son novias vírgenes huyendo de ataduras de seda para comprometerse con el Diablo en momentos de locura y frenesí. ¿No ves que esta verborrea sin sentido es un camino engolado cuyo único fin es llegar a ti?.

Caos ordenado, sepulcros de frustración que contienen la esperanza perdida con los años, con el pesar de lo imposible. Mírame y olvida, hoy estoy muy lejos aunque mi corazón esté en tus manos y mi sangre corra por entre tus dedos. Esta delicia escarlata es la que me hacía reafirmar en que cada día merecía la pena a pesar de estar destrozado, aún sonriendo cuando me envuelvo entre plumas de cuervo para hacerme uno con lo oculto y ser así invisible al desprecio que destilan los mediocres de este mundo.

Bebamos sueños desvencijados de rosas húmedas como ojos de plañidera arrodillada, quebrada de espíritu y fe. ¿Cómo sentirse  cuando la depresión es verdadera?, cuando el hundimiento es producto repentino del despertar a la inocencia de un sentimiento verdadero. No vengas a recoger las ruinas que quedan de mí, deja reposar a fuego lento, fuego azul, estos retazos fantasmagóricos que han quedado de mí antes de rearmarme  y despiértame mañana, sin prisa, cuando el alba sea el baño de oro que ilumine tu rostro.

La grandeza de la nada, lo diminuto de la inmensidad, si alguna vez hemos creído en la divinidad es en este momento, delante uno del otro, abriendo fronteras, rompiendo mandamientos para elevar sobre nosotros un baldaquino de obsidiana y descorrer tu pintalabios rojo con la pasión de la oportunidad reincidente. Con aureolas de oro en nuestras cabezas apuntillamos el desastre surgiendo de él mismo, consagramos los corazones en una habitación en Roma, perdemos el miedo a tener pavor, besamos fe.

Cripta

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Publicado por en 26 agosto, 2014 en Mis Relatos

 

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