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Inercia del estramonio

04 Feb

Un amor atrapado en la suave y amarga inercia de la muerte, como pétalos de otoño para tardías rosas de invierno. Lamentos donde hubo risas, sarcasmo donde atrás hubo envidia por besos que restallaban como truenos en un firmamento hoy gris y apático. Remedios de lo oscuro para almas fúnebres y repudiadas, porque ahora es cuando vemos el infierno muy cerca. De seda y melancolía es la bóveda de llamas que incendia el corazón, agotando esta eternidad a la deriva.

Palabras sin sentido para calmar un terror nocturno con pestilentes aires a nefasta premonición. Dirijamos una mirada al mar que hace tiempo bañó las heridas del ayer, las cicatrices de hoy, la carcoma de mañana. Unas cuerdas de bajo vibrando como latidos cabalgando desbocados por las venas que se desangran al final de nuestro límite. Estamos encarcelados en lo inevitable, en la inercia, en la inercia del estramonio que envenena y diluye nuestro espíritu en lo recóndito y abisal de este océano de lágrimas.

Hemos sido sepultados en lo profundo del bosque, en lo inmenso de la misericordia, del arrepentimiento trasladado a su máxima expresión, descansando, palpitando en retazos y pinceladas desestructuradas. Buscamos los firmes brazos de la noche, el manto de niebla que cubra todos los rostros de terror que dejamos aparcados en la orilla de este final. Estrictos, en un amor enderezado por encima de la nada envolvente, materia oscura de sentimientos encarnados al anochecer, sin más intención que la de poder despertar al día siguiente.

Se despereza la mañana, la luz repasa con fina precisión el rocío que impregna las hojas de los robles. Alcemos el vuelo como cuervos, lejos de este suelo húmedo con aroma a resentimiento, para sentir el fresco aire de la mañana… Tantos pecados por limpiar, tanta faz envuelta en gestos de dolor que quedaron atrás como cuadros que nunca hubiésemos querido pintar. Luz del Sol y sombras resquebrajadas por las hojas de los árboles para nosotros, nuestro escenario final. Perdidos, allí donde el veneno no puede llegar, aislados, así lo decidimos, así será.

Somos estatuas de mármol cubiertas de hiedra, agrietados, víctimas de la noche y del rencor. No suframos, ya se desplomó el telón de la parálisis eterna y nuestro delirio alucinatorio es pasado doloroso, como un cuchillo cortando la lengua para ahogarnos en la misma sangre que inunda nuestras frías venas. Veneno en la bebida de los amantes… Salud.

Veneno

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Publicado por en 4 febrero, 2014 en Mis Relatos

 

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