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Perfume de noche

08 Nov

Noche, reflejo difuso de la conciencia. Recostado en un sofá rojo observo las oquedades de mi hogar, guardan cucarachas, recuerdos, sueños desechados. A mí olfato atraca un inusual aire perfumado, al tiempo que la Luna se vislumbra semidesnuda a través de las nubes que tapan su blanca palidez pero no su negra intención de iluminar con luz trémula los horrores de este salón. Ya no me acuesto con lápidas de amor, ni despierto con cadáveres momificados a mi lado, rosas heridas que añoran besos de antaño ya no atormentan mi silencio.

¿De dónde viene ese extraño perfume?, detrás de la puerta de la biblioteca, allí donde descansan volúmenes de sabiduría que no me rescatan de la ignorancia cuando se trata de sentimiento. La ciencia del corazón consiste en rescatar tu amor antes de que se consuma envuelto en vendas y aroma a incensario de iglesia. No, no, no puede ser, si estoy loco es que el destino guarda chistes bajo miradas inquietas y miedo aterrador, sin saber lo que aguarda tras de sí una puerta cerrada y virgen.

¡Aléjate!, me he encerrado tanto en mí mismo que no puedo desenredarme de mi propia historia, esperando una mano maestra en las letras para que escriba un final digno de tan insigne interrogante. Descanso y sueño, sin distinguir el terror de su presencia, el ocaso de un suspiro enternecido en plegarias. Pregunto quién hay detrás de este malestar, posiblemente una angustia a la que rezar a su santo patrón para disipar su efecto embriagador, mitología de la desesperación para débiles de corazón que imploran una belleza arrebatadora pero muda.

Beatriz en el Purgatorio, el perfume del misterio es la respuesta de tu ausencia finalizada. Eres, estás detrás, sí, de una puerta de caoba que se retuerce y gime como poltergeist nocturno, a la manera de jadeos de pasión y Venus. Sopla tu aroma por la habitación, moviendo cortinas como vendaval desatado y efímera caricia de sedoso espectro de caminar discreto. Así has llegado, sin avisar, sin rencor, con rosas y espinas a partes iguales. El furor de la incertidumbre quema como el pomo de la puerta que nos separa. Ábrete a mí y cierra tu corazón para siempre.

La sobriedad es una manera barroca de renunciar a lo bello del sentimiento enzarzado en ovillos de interés. La puerta se abre y ante mí un pasillo oscuro, un corredor lúgubre, un camino sin retorno entre la oscuridad… Todo ello y nada más. Amor que te retratas en mi cara con ojeras de desesperación cuando no estás, descansa a mi lado, en nuestra habitación, allí donde la noche me asalta con pesadillas de ausencia e intriga. Amor que te atas a mí con seda y oro y me empapas la piel en carmín, regálame tu perfume al dormir sobre tus brazos y al despertar entre ellos. No quiero nada más.

Ilustración por Natalie Shau.

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Publicado por en 8 noviembre, 2012 en Mis Relatos

 

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