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El infierno es el lugar más frío de la Tierra

27 Mar

No es una, ni 6, ni 66, sino 666 veces en las que he predicado por un amor en donde la sujeto de ello, está perdida entre espesa bruma marina. No hay más infierno que la lejanía del corazón de su gemelo indivisible, es por ello, que la frustración por lo obsoleto y olvidado se enquista en un interior agrietado que suplica un último gesto de redención. Hay muchas tierras de libertad y ninguna es la tuya, la esperanza es yerma, un desierto en mitad de todos los oasis, una gota de lluvia dentro del incendio de la pasión. Solo espero que te evapores como si fueses una lágrima ardiente de ira para después traerme en tus brazos ese diluvio infinito que ahogue todos mis suplicios, siempre bajo un eterno muro de agua.

Quiero ser preso de esa Finlandia eterna y gélida, resguardarme bajo el auspicio de una estación de tren olvidada y observar la caída de estos chubascos sobre las vías muertas y oxidadas por el paso del tiempo y el abandono. He visto gloria en estos cuadros teñidos con un sfumato que da alas a la amnesia, presta en condenar el alma con el frío de una desesperación que golpea con ira a la dócil conciencia que se extraviará hasta derrumbarse extenuada en el interior de las sombras. Sublime postal la que pintan tus miedos en este negro día de invierno en el que poco a poco dejamos a un lado la apatía, para inundarnos con la fuerza de unos sentimientos que nacen del interior de lo pagano.

El infierno es el lugar más frío de la tierra pero no hay demonios apuñalando tus sueños, solo existe desprecio y un oscuro rincón en donde acurrucarse porque Hades está demasiado ocupado en no hacer nada. No veremos fuego ni azufre ardiendo puesto que el mayor dolor es aquel que nos hace impasibles a cualquier estímulo, la mayor condena reside en tener un corazón de piedra que ya no late con el ritmo de un oxidado reloj. Las venas ahora solo portan mercurio, es la magia de la alquimia de lo esotérico, la transmutación de nuestra sangre en un metal pesado que nos hunde en el fango de la insensibilidad para que día a día, alimentemos nuestro odio con el ardor de unos pecados que aún hoy no sabemos si cometimos.

El folklore de lo desconocido consume nuestras ansias de infierno, yo solo pienso en lo imperfecto del cosmos, en la ignorancia que me acosa, en el sinsentido de este relato; cientos de sentimientos y ninguna palabra para definirlos. Este es el momento en el que pido al universo una verdad, un Paraíso en donde esconder la mácula de mi sombra en el interior del jardín de lo excelso. Mi plegaria implora una Diosa a la que amar puesto que ya hay grietas en el corazón de piedra y ningún averno es capaz de recortar las alas del amor cuando hablamos de tu nombre oculto. Pinta ese último retrato de esperanza con la púrpura dorada de los reyes y ven a mí, puesto que las cortinas escarlata del Edén se han descorrido y los oscuros placeres del abismo quedan cada vez más atrás de nosotros.

Sigo bajo esa estación olvidada, observando tranquilamente como cae la lluvia pero ya no estoy solo, me acompañas tú y la calma de estas aguas silenciosas y cristalinas que trazan un perfil distinto al lado eterno y gris de las sombras, hoy algo más claras y excéntricas que ayer.


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Publicado por en 27 marzo, 2012 en Mis Relatos

 

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