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Ascensión Nº 13

07 Feb

Arcano es el tiempo que rodea mis brazos con expresión siniestra, mientras que un cielo violeta, se funde con el rojo de un mar fúnebre, reflejo incondicional de esa pasión efímera nacida de un interior angustiado, deseoso un día más de amar entre las sombras y rezando por la salvación a una Virgen cadavérica; bien sabes que estamos viviendo y sufriendo la anorexia de la moral. Me condeno a una existencia de frustración, arrastrándome por un suelo sucio de mentira y carente de la verdad que quiero escuchar salir de sus labios decrépitos. Vampiros en sombras, fantasmas en el purgatorio y todo ello impide la ascensión a esa divinidad llamada tranquilidad, que arropa a todos sus fieles con telas cálidos que calienten las manos frías por la sangre que las cubre. Creo que nos estamos perdiendo cariño y tan solo queremos buscar una salida, nada más.

Se escuchan llantos en el cementerio de los vivos porque este mundo danza al ritmo de la congoja, sumergiéndonos día a día en un océano cargado de pesadillas, cuando no es tiempo de rendirse sino de continuar. Ahora es cuando vivo en un teatro vacío y no quiero ni respirar porque duele sentir que se sufre por ello y además, todas las funciones de este teatro yacen tumbadas con los brazos en cruz, enterradas bajo el escenario por el que yo paseo con una espada de madera, apuñalando y combatiendo las sombras, riendo en una tragedia difícilmente digerible aún por el público más selecto y exquisito. Amor, hace tanto tiempo que te perdiste en una obra inacabada que yo ya ni siquiera puedo recordar o es quizás mi propia mente, que inconsciente, me protege con amnesia de tu recuerdo malévolo.

Es el momento de dejar caer pétalos de rosa a nuestro alrededor, marchitamos nuestros corazones sin éxito y yo no quiero odiar más, tan solo vivir sin ti. La locura funde mi voluntad y es entonces cuando me acerco a una hermosa escultura de alguna diosa cuyo nombre yace perdido en el limbo del tiempo, para agarrar suavemente su cara con mis dos manos y plantar un beso en esos labios blancos, fríos, muertos. Las palabras surgen trémulas de bocas temblorosas, recitando ese viejo discurso de amor, cargado de promesas que hoy parecen congeladas en el éter, sin saber que en el reloj de arena, hoy esta cae mucho más rápido que nunca y cada palabra, cada promesa hecha, es una estación del año perdida en nuestra historia. El Sol y la Luna suben y bajan a toda velocidad, mientras la estatua y yo yacemos inmóviles en nuestro patético cortejo y la esperanza muere a su vez de soledad en un olvidado rincón del palacio de cristal.

Un instante entonces para comprender la realidad, la futilidad de un sueño, de un deseo que para siempre será belleza inmóvil y vacío (de corazón) mármol. Cuando llega el momento de la despedida, la elegancia huye a toda prisa por el pasillo, silenciosa como el caminar de un Hermes frenético. La estatua se perderá en el tiempo de la memoria, la diosa caerá en la ignorancia de lo pagano y olvidado, quizá con tiempo, un milagro con forma de lágrima cruce su dura y tierna mejilla. Un beso, una caricia para no olvidar el frío del corazón, para recordar por siempre que aquella vez, el tiempo voló a lomos de un deseo que golpeaba la puerta de la realidad hasta desgarrarse los nudillos ensangrentados, gritando de puro dolor porque todo parecía demasiado cerca como para perderlo. Esto solo ha servido para que la angustia se haga patente en el sentimiento y para que un fugaz Adiós cruce el salón de baile del Romanticismo.

Jamás he visto un amanecer más grandioso que este, en donde lo imposible queda atrás y la realidad trastornada toma posesión de uno mismo para cruzar, para ascender a un nuevo alba. Es cierto que las hojas de los árboles caídas por un otoño implacable en el jardín del palacio, están aún cubiertas con la escarcha de la noche heladora y cruel pero también es cierto, que la belleza da calor a este cuadro solitario, en el que Van Gogh se habría pintado solitario y grandioso, reflejando la delgada línea que une la locura de la cordura. No hay llamas suficientes capaces de incinerar las alas de la inspiración y yo soy el Maestro de este surrealista reino de sueños, viviendo esta nueva ascensión con el calor de un beso entre las nubes que arrebate la oscuridad de mis ojos, haciéndome ver de esa manera la exaltación del alma a lejanos cielos, preñados de luz y sentimientos destellantes.

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Publicado por en 7 febrero, 2012 en Mis Relatos

 

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