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Archivos Mensuales: febrero 2012

Túmulo de rosas

La rabia se escurre como agua salvaje en el cementerio de los misterios porque el Paraíso ya ha dejado de gritar pidiendo perdón por sus pecados y ahora se arrastra por el suelo como la serpiente a la que tanto odió, pidiendo la clemencia que no supo dar. Bebe del Nirvana que llueve sobre nosotros de este cielo magenta, estamos distanciados del tiempo y la perfección, ya nadie respira cuando el amor se ha rendido a los pies de esta Luna hechizada. Sepulta hoy tu soledad, el panteón ya está repleto de cadáveres sedientos de una compañía que no sea la de flores secas y sollozos encadenados a un tiempo que se aferra al olvido con todas sus fuerzas. No se puede ver la luz cuando se está sumergido en esta amarga hecatombe de los sentidos, no hay razón cuando la verdad se ha ahogado en un océano de empalagosas mentiras.

Sería capaz de rasgar mis venas y teñir todas estas rosas blancas con el rojo de una pasión desenfrenada que surca el Hades rápido como ese relámpago iluminando el aullido del hombre lobo en la inmensidad de la noche más perfecta y siniestra de todas. El amor es como una tela de araña, la pesadilla de la libertad, el oasis de los devoradores de esencia, el camino hacia todos o ningún lado, una encrucijada que brilla con llamas azules cuando La Santa Compaña se aproxima entre cánticos de ultratumba y aroma dulzón a muerte prematura y condenación eterna. Silencio en el bosque que se lamenta a escondidas, faunos violando su honor bajo tupidas alfombras de denso musgo, todo describe con detalle una realidad a ocultar y un túmulo de rosas donde enterrar en perpetuidad la totalidad de aquello que alguna vez hemos amado.

Ensarta la noche, bebe la sangre que se derrama de esas heridas, fruto de una lujuria amarga que se deshace como pútrida azúcar en nuestras bocas, lame el dolor que has provocado e incendia tu respiración con el dolor lacerante de tu inconsolable desprecio por esa luz que busca salvarte de tanta miseria y horror. No puedo parar de amarte, el corazón está en carne viva y cada latido, es como una campanada de la vieja catedral, densa y vibrante, explotando dentro de nuestros oídos saturados de deleite y voluptuosidad… Sí, estamos yendo más allá, embadurnados con esa negra locura del averno que resbala por nuestra piel pecadora, ansiosa por ser recibida por las caricias de la más grata de las noches. Hoy Dios mira a otra parte y el Araboth, se envuelve en espesa niebla al saber que nuestro Edén está hecho de ónix y estrellas fugaces que alumbran nuestro recital de deseo.

Disfrutamos de un vergel de ensueño para el corazón, ahogando el desconsuelo en antiguos libros y profanando sepulcros de reyes ya olvidados, no hay nada que perder, nada que entregar al infierno que nos acosa con sucias mentiras y ardiente lava con la que quemar nuestras viejas cicatrices de amor. Pétalo a pétalo, se precipita un tiempo enfermo que nos azota sin compasión, latigazos a modo relámpagos besan la piel, caricias como garras cercenan la musculatura, buscando el silencio, anhelando componer el réquiem para pesadillas. ¿No eres capaz de entregar tu alma en esta póstuma inmolación?, ¿no tendrías la posibilidad de regalarme un beso entre llamas que edifican montañas de cenizas cargadas con el insípido perfume de la tristeza?. Ya está bien de llorar y lamentarse cuando el mundo contiene la respiración y las estrellas paralizan su pulso infinito por verte besar la belleza de lo trémulo.

He edificado un túmulo de rosas para ti, pequeño rincón apartado en el bosque para perderme en lo insondable de un lamento que se escapa de nuestros labios, mientras mi sangre resucita tu corazón y me devuelve el calor de tus brazos de un agujero negro con el don de la inmortalidad. Al calor de unos pétalos suaves como caricias de nube y embriagados con la fragancia de la más pura de las rosas, es donde guardaremos nuestros corazones, para siempre.

 
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Publicado por en 28 febrero, 2012 en Mis Relatos

 

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El Caso de los Duendes de Hopkinsville

Introducción.

El Caso de los Duendes de Hopkinsville o también conocido como el Encuentro Kelly-Hopkinsville (Kelly–Hopkinsville Encounter), son los nombres dados a una serie de incidentes (encuentros en 3ª fase) presuntamente relacionados y vinculados con el avistamiento de supuestos seres extraterrestres en 1955 en el entorno rural de la granja de la familia Sutton. La diversa fenomenología y los numerosos testigos, convierten a este caso en uno de los más ricos y conocidos dentro del mundo de la ufología. Entre las docenas de testigos, en su mayoría civiles, también había varios policías locales y uno estatal, si bien estos últimos solamente escucharon sonidos extraños y observaron diversas luces inexplicables en el cielo la misma noche de los sucesos.

La familia Sutton (5 adultos y 7 niños) y Billy Ray Taylor (amigo de la familia) presentes en la granja, relataron como durante la noche del 21 de Agosto de 1955, fueron aterrorizados por entre 12 – 15 criaturas parecidas a gremlins o duendes. Dichos extraños seres medían unos tres pies de altura (aproximadamente 90 centímetros), tenían tiesas orejas puntiagudas, grandes ojos ovalados, brazos y manos largas que terminaban en garras y piernas muy delgadas (casi atrofiadas). Según los testigos, el color de las criaturas era plateado, aunque esto podría ser posible también debido a que dichos seres vistieran algún tipo de mono metálico. Algo que llamó poderosamente la atención fue la manera de moverse de los supuestos extraterrestres, ya que parecía que flotaban sobre el suelo, realizando movimientos a modo de vaivén que desafiaban las leyes de la gravedad.

Una semana antes de este caso, se produjo un encuentro muy similar al caer la tarde del 14 de Agosto de 1955 en el río Ohio, cerca de Evansville, Indiana. Se avistaron varios objetos brillantes en el cielo y una profesora de natación, la Señora Darwin Johnson fue atacada mientras nadaba por lo que identificó como unas finas manos peludas y con garras que la produjeron numerosos y profundos cortes en el cuerpo, llegado a ser arrastrada debajo del agua dos veces hasta ser rescatada finalmente por varios miembros del grupo de natación. La Señora Johnson afirmaría una semana después tras ver un boceto en un periódico de las criaturas descritas por la familia Sutton que “ese es el pequeño diablo que tiró de mí”.

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Tres de los testigos del caso de los Duendes de Hopkinsville. En el medio Elmer “Lucky” Sutton describe cómo aterrizó el OVNI.

Detalles del caso.

El Caso de los Duendes de Hopkinsville comienza como hemos mencionado anteriormente, en la noche del 21 de Agosto de 1955 en una casa de campo-granja situada cerca de las ciudades de Kelly y Hopkinsville, en el Condado de Christian en Kentucky. Dicha casa aún se conserva en pie aunque ambas familias se mudaron poco después del incidente, una vez que este empezó a tener cierta repercusión local. En dicha casa había esa noche 12 personas (hay variaciones según la fuente consultada pero todas aseguran que en dicha casa se encontraban esa noche los miembros de dos familias), incluyendo los hijos de la familia Sutton.

Alrededor de las 19:00 y debido al calor, Billy Ray Taylor se dirigió a sacar agua utilizando una bomba de agua que había fuera de la casa, ya que esta no tenía agua corriente. Es entonces cuando Taylor observó por primera vez una serie de luces (con los colores del arco iris) en el cielo realizando maniobras extrañas e inusuales, llegando a identificar en los objetos una forma aplatanada y de disco. Al llegar a casa contó lo sucedido pero nadie le creyó.

Sobre las 20:00, ambas familias comienzan a escuchar una serie de ruidos extraños en el exterior de la casa. El mismo perro de la familia Sutton se muestra tremendamente excitado y nervioso, ladrando con intensidad primero y después escondiéndose bajo la casa, en donde permaneció hasta el día siguiente. Es entonces cuando Billy Ray Taylor y Elmer “Lucky” Sutton (el cabeza de familia) deciden salir fuera portando sus armas, afirman ver en ese momento como una criatura extraña surgía de entre los árboles cercanos. La describieron como un ser de poco más de metro y medio de altura, cabeza grande, orejas largas y puntiagudas, ojos brillantes y manos con garras, además de ir vestido con una especie de mono plateado y estar rodeado por un resplandor verdoso.

Cuando la criatura comenzó a correr hacia la casa con las manos en alto, ambos hombres lo tomaron como una grave amenaza y dispararon repetidas veces con una escopeta y un rifle del 22. Aparentemente varios de los disparos alcanzaron su objetivo ya que se escuchó un vibrante ruido metálico y la criatura dio la vuelta acto seguido huyendo de nuevo hacia los árboles de donde había surgido, pareciendo inmune a los impactos de bala. Tanto “Lucky” como otro de los habitantes de la casa, Solomon, fueron a buscar al huidizo ser pero cuando ambos hombres salían del porche de la casa, una mano con garras venida desde arriba, sujetó del pelo a “Lucky” que tras forcejear, consiguió zafarse. Había otra criatura sobre un toldo del porche a la que nuevamente dispararon haciendo huir y dejando tras de sí nuevamente ese extraño sonido, como un cubo metálico al ser alcanzado por un disparo. Alguno de los familiares llegó a decir en entrevistas posteriores, que dichos seres eran capaces de reptar pegados a la pared de la casa, de la misma manera que lo haría una araña.

Una vez dentro de la casa, tanto “Lucky” como Solomon dispararon a otra criatura que se asomaba a una de las ventanas, escapando después. Durante las horas posteriores, las personas de la casa describieron como los supuestos extraterrestres se acercaban una y otra vez a la granja, de forma casi lúdica, asomándose a las ventanas, puertas y oyéndose perfectamente como rascaban el tejado y caminaban sobre él. A las 23:00 los Taylor y Sutton decidieron huir de la casa en sus respectivos automóviles, llegando 30 minutos después a la comisaría de Hopkinsville donde el jefe de policía Russell Greenwell consideró que “estas no son la clase de personas que normalmente acuden a la policía… Algo les asusta más allá de su comprensión”.

Varios agentes de la policía y un fotógrafo acompañaron a los Sutton de vuelta a casa donde evaluaron diversos daños producidos en la granja y considerando sanos a los testigos y sin estar bajo la influencia del alcohol o las drogas pero sí con un intenso estado de terror y sin dudar de que lo que habían visto estaba más allá de su comprensión. Sin embargo, no todos los Sutton vieron a los supuestos alienígenas, cuatro de ellos estaban tan asustados que no se atrevieron a mirar aunque todos fueron testigos de luces y ruidos extraños, algunos de ellos realizados por las criaturas.

La policía entrevistó a los habitantes de varias granjas vecinas, igualmente sus residentes informaron de luces en el cielo, sonidos extraños y el ruido de los disparos producido durante el tiroteo en la casa de los Sutton. La policía también encontró marcas de disparos en la casa y multitud de casquillos por el suelo, además de un parche con extraña luminosidad en una cerca en donde una de las criaturas fue disparada y en el interior del bosque, donde brillaba una luz verde cuyo origen no pudo ser determinado. El parche que se recogió desapareció misteriosamente al día siguiente.

La policía abandonó el lugar alrededor de las 2:15 de la mañana pero los testigos afirmaron que las criaturas volvieron después. Billy Ray disparó a una de ellas de nuevo, la última fue vista hacia las 4:45 del 22 de Agosto, justo antes del amanecer y desapareciendo alrededor de media hora antes del alba. En 1977, quince niños y tres empleados de la escuela de Dyfed, en West Wales, Reino Unido, afirmaron haber visto varios pequeños “hombres” de color plateado, con orejas puntiagudas y cascos en torno a un OVNI, mostrando grandes similitudes en sus descripciones con la del Caso de los Duendes de Hopkinsville, 22 años antes.

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Sucesos posteriores, posibles explicaciones.

Poco tiempo después, el caso tuvo una gran repercusión en la prensa local y en la radio donde Andrew Ledwith entrevistó a los adultos testigos del caso y esbozó una serie de dibujos gracias a las descripciones dadas. La finca se convirtió en una especie de atracción turística, no mucho tiempo después ambas familias se mudaron y los testigos del caso pocas veces han vuelto a hablar de lo sucedido en la noche del 21 de Agosto de 1955.

La Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) investigó el caso sin encontrar una explicación válida. Gary F. Hodson de la 101 División Aerotransportada, realizó un nuevo esbozo de las criaturas en base a las descripciones dadas por los testigos presenciales. El astrofísico y ufólogo Allen Hynek también entrevistó con dos personas directamente relacionadas con el caso un año después de dichos sucesos. El caso fue también investigado por la ufólogo Isabel Davis y apareció en El Proyecto Libro Azul (estudio sobre casos OVNI por parte de la USAF entre 1952 – 1970) con la etiqueta de “sin explicación”. Los escépticos argumentan la total falta de evidencias físicas de que el suceso ocurriese, no había huellas (el terreno era muy duro), sin marcas en el techo de la casa, ni sangre, etc.

Se han propuesto varias explicaciones para el caso, incluso el de una broma familiar o el de un gorila pintado de plata que pudo escaparse de algún circo. Otra de las explicaciones más recientes del caso ha sido propuesta por el ufólogo francés Renaud Leclet. Explica el caso como la posible identificación errónea de varios búhos cornudos, aves nocturnas de ojos amarillos y que defienden de forma muy agresiva sus nidos. A pesar de todo ello, se han realizado numerosos libros, documentales y debates referentes a los incidentes, que permanece hasta nuestros días sin explicación y sin haber llegado a conclusiones firmes.

Representación artística del OVNI avistado en Hopkinsville según la descripción de Billy Ray Taylor.

Bocetos de los seres vistos la noche del 21 de Agosto de 1955 en la granja de los Sutton.

Escenas supuestamente acontecidas en la noche del 21 de Agosto de 1955 según los hechos relatados por los propios testigos del caso.

A pesar de algunos intentos (con poco éxito) por desacreditar este caso, a fecha de hoy podemos seguir considerándolo como uno de los “Expedientes X” más importantes de la historia de la ufología.

Fuentes: Wikipedia, NICAP, elaboración propia.

 
 

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Hielo negro

El glaciar que se resquebraja debajo de ti es como esperanza herida ante los leones; entramos en el Apocalipsis en brazos de un ataque de locura y cada frustración es una estrella a apagar, una vela a encender sobre la hueca tumba del amor. Ya no puedo recordar si el invierno agarró mi mano o la retorció con recuerdos que me hacen reír de indiferencia en los albores de una Nochevieja siniestra. Viste de frac a los esqueletos que acuden a la fiesta, cuando se celebra que no hay nada por lo que esperar un mañana, aforo completo en las sombras.

Hielo negro en las copas, bebe hasta desfallecer por si mañana brilla el Sol y las sonrisas no son únicamente un espejismo al que perseguir entre la niebla. Espera doce campanadas, doce invitaciones a saltar, una docena de segundos que te separan de encontrar tu propio y marchito karma interior. Una última partida de póker y el as de corazones surge invertido para tatuar tu pecho con la marca del desamor que afilado y ardiente, cauteriza tus heridas sin dolor, solo el de cicatrices por las que aflorar recuerdos y pesadillas.

Hay un tibio sonido en el aire, son memorias desgranándose en el viento porque la fiesta terminó hace rato y las ánimas ya han vuelto, en silencio, cada una a su purgatorio particular. Nos hemos quedado en la ausencia de un limbo no presente, en el intento de un aullido torturador hacia una Luna complaciente. Cubitos de hielo negro medio derretidos flotan en copas semivacías, como cadáveres en Estigia… No te sumerjas en lo dulce y añil de su sabor, ni caigas en lo tenebroso de esas aguas opacas y reclama un lugar prominente en el próximo y congelado alba.


 
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Publicado por en 15 febrero, 2012 en Mis Relatos

 

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La Gioconda del Prado

La copia de La Gioconda existente en el Museo del Prado es una pintura al óleo sobre tabla de madera de nogal (76 cm x 57 cm) perteneciente a la escuela italiana, que reproduce de forma casi exacta a la obra maestra de Leonardo da Vinci y que se encuentra en mejor estado (mucho más luminosa y brillante) que la pintura original expuesta en el Museo del Louvre de París. Se piensa que esta copia del Museo del Prado fue pintada al mismo tiempo que la original (estudio en tiempo real) por un alumno aventajado y próximo al maestro da Vinci durante el primer cuarto del siglo XVI.

Los trabajos de restauración de la copia madrileña han permitido destapar datos interesantes como el fondo de la obra, mucho más nítido que su gemela parisina y que vio la luz después de la retirada de un repinte negro que lo cubría. Dicho fondo, está inspirado en la región italiana de La Toscana. A pesar de las similitudes, copia y original están realizadas siguiendo técnicas muy distintas ya que la pincelada de La Gioconda del Prado es más simple, lineal y compacta, careciendo de la técnica del sfumatto que da Vinci en la original, además de la presencia de cejas en la figura femenina de la copia madrileña, algo que no está presente en la obra expuesta en el Louvre.

Ficha de la pintura en el Museo del Prado:

http://www.museodelprado.es/coleccion/galeria-on-line/galeria-on-line/obra/mona-lisa-o-la-gioconda/


 
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Publicado por en 11 febrero, 2012 en Arte, Cultura

 

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Ascensión Nº 13

Arcano es el tiempo que rodea mis brazos con expresión siniestra, mientras que un cielo violeta, se funde con el rojo de un mar fúnebre, reflejo incondicional de esa pasión efímera nacida de un interior angustiado, deseoso un día más de amar entre las sombras y rezando por la salvación a una Virgen cadavérica; bien sabes que estamos viviendo y sufriendo la anorexia de la moral. Me condeno a una existencia de frustración, arrastrándome por un suelo sucio de mentira y carente de la verdad que quiero escuchar salir de sus labios decrépitos. Vampiros en sombras, fantasmas en el purgatorio y todo ello impide la ascensión a esa divinidad llamada tranquilidad, que arropa a todos sus fieles con telas cálidos que calienten las manos frías por la sangre que las cubre. Creo que nos estamos perdiendo cariño y tan solo queremos buscar una salida, nada más.

Se escuchan llantos en el cementerio de los vivos porque este mundo danza al ritmo de la congoja, sumergiéndonos día a día en un océano cargado de pesadillas, cuando no es tiempo de rendirse sino de continuar. Ahora es cuando vivo en un teatro vacío y no quiero ni respirar porque duele sentir que se sufre por ello y además, todas las funciones de este teatro yacen tumbadas con los brazos en cruz, enterradas bajo el escenario por el que yo paseo con una espada de madera, apuñalando y combatiendo las sombras, riendo en una tragedia difícilmente digerible aún por el público más selecto y exquisito. Amor, hace tanto tiempo que te perdiste en una obra inacabada que yo ya ni siquiera puedo recordar o es quizás mi propia mente, que inconsciente, me protege con amnesia de tu recuerdo malévolo.

Es el momento de dejar caer pétalos de rosa a nuestro alrededor, marchitamos nuestros corazones sin éxito y yo no quiero odiar más, tan solo vivir sin ti. La locura funde mi voluntad y es entonces cuando me acerco a una hermosa escultura de alguna diosa cuyo nombre yace perdido en el limbo del tiempo, para agarrar suavemente su cara con mis dos manos y plantar un beso en esos labios blancos, fríos, muertos. Las palabras surgen trémulas de bocas temblorosas, recitando ese viejo discurso de amor, cargado de promesas que hoy parecen congeladas en el éter, sin saber que en el reloj de arena, hoy esta cae mucho más rápido que nunca y cada palabra, cada promesa hecha, es una estación del año perdida en nuestra historia. El Sol y la Luna suben y bajan a toda velocidad, mientras la estatua y yo yacemos inmóviles en nuestro patético cortejo y la esperanza muere a su vez de soledad en un olvidado rincón del palacio de cristal.

Un instante entonces para comprender la realidad, la futilidad de un sueño, de un deseo que para siempre será belleza inmóvil y vacío (de corazón) mármol. Cuando llega el momento de la despedida, la elegancia huye a toda prisa por el pasillo, silenciosa como el caminar de un Hermes frenético. La estatua se perderá en el tiempo de la memoria, la diosa caerá en la ignorancia de lo pagano y olvidado, quizá con tiempo, un milagro con forma de lágrima cruce su dura y tierna mejilla. Un beso, una caricia para no olvidar el frío del corazón, para recordar por siempre que aquella vez, el tiempo voló a lomos de un deseo que golpeaba la puerta de la realidad hasta desgarrarse los nudillos ensangrentados, gritando de puro dolor porque todo parecía demasiado cerca como para perderlo. Esto solo ha servido para que la angustia se haga patente en el sentimiento y para que un fugaz Adiós cruce el salón de baile del Romanticismo.

Jamás he visto un amanecer más grandioso que este, en donde lo imposible queda atrás y la realidad trastornada toma posesión de uno mismo para cruzar, para ascender a un nuevo alba. Es cierto que las hojas de los árboles caídas por un otoño implacable en el jardín del palacio, están aún cubiertas con la escarcha de la noche heladora y cruel pero también es cierto, que la belleza da calor a este cuadro solitario, en el que Van Gogh se habría pintado solitario y grandioso, reflejando la delgada línea que une la locura de la cordura. No hay llamas suficientes capaces de incinerar las alas de la inspiración y yo soy el Maestro de este surrealista reino de sueños, viviendo esta nueva ascensión con el calor de un beso entre las nubes que arrebate la oscuridad de mis ojos, haciéndome ver de esa manera la exaltación del alma a lejanos cielos, preñados de luz y sentimientos destellantes.

 
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Publicado por en 7 febrero, 2012 en Mis Relatos

 

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