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Tenebrismo

18 Ene

Abrázame con oscuridad y ámame con la pasión de los siglos, puesto que esto es el infierno que quiero legar a la eternidad de un beso, el cual se desparrama por nuestra cama con el arte de un Casanova glorificado por los suspiros de ansia de sus amadas. Mi maestría existe en los claroscuros de la fantasía de un Caravaggio magistral que apuñala el lienzo con la persistencia de un demente, amparándose en la verdad de esas sombras que existen porque están enamoradas de ti y a partir de este instante, yo ya no deseo vivir más amaneceres que me hagan suplicar por una existencia en la que vivamos alejados de nuestras tinieblas preferidas. Me desmorono de angustia sobre un río de soledad que fluye por mis venas hasta desembocar en ti porque yo y solamente yo, te quiero inundar con el cariño de lo salvaje y la virtud de lo imperecedero.

Hay una señal de vacío pintada en la Luna, cada noche su luz atraviesa mi ventana hasta llegar al cabecero de mi cama, iluminando mis ideas con la caricia de una Musa infinita que no para de susurrar, ella quiere que lo eterno se plasme en un pergamino irrompible. He escrito muchas cartas de amor pero ninguna como esta, al amparo de la oscuridad que es amiga y amante a la vez, quiero desangrar estas venas y teñir de rojo cada letra, cada palabra que pueda llegar a ti, arañando en tu corazón cualquier resquicio posible de negación ante una pasión desbordada y que amenaza con ceñirnos al mismísimo borde de la locura. Este es el manicomio de los amantes enloquecidos, perdido en la colina más olvidada de una cordillera denominada Amor, pero aún así y cada noche, besaré tus labios para comprobar que estoy un poco más cerca de la enajenación.

Parpadeo y olvido en ese breve instante que tu sonrisa es una expresión macabra, describiendo la muerte como la mejor de las bendiciones en el instante en que me doy cuenta de que la condenación va fuertemente agarrada de la mano contigo. Cuando la soga se cierne sobre nuestro cuello gritaremos, pero nadie oirá y ese viejo sarcófago romano de impuro mármol blanco, portará la decadencia y el éxtasis de dos corazones que se permitieron el lujo de amar en lo recóndito de un mundo capaz de hacer retorcerse de soledad y oprobio al mismo Lucifer. El tiempo se apaga, como esas velas que alumbran con el candor de un rezo el camino de las almas hacia la eternidad, en el momento en el que la llama se consuma, la ausencia absoluta de compasión y el abandono de toda esperanza, se asentarán entre lágrimas de culpabilidad dentro de nuestro último sentimiento.

Amas lo imposible al igual que yo adoro el olvido de una mansión abandonada en la que cada esquina, cada salón de baile o de reuniones, supura de entre sus paredes esa impregnación que hace volar a la mente, imágenes de un pasado espectral anclado a un presente marginal y pobre que se niega a mirar hacia delante, mientras haya un alma que desde el limbo suplique la misericordia de un recuerdo con el que diluirse, de una vez por todas, en un universo de nada. He aquí el don de unas tinieblas que respiran el oxígeno de lo gótico y expulsan vaho que hará de la niebla, puro cianuro para los pulmones, veneno para el corazón que agazapado por el terror escucha todas y cada una de las promesas olvidadas y no cumplidas que la pared grita en silencio una y otra vez a cualquiera que tenga la piedad necesaria para escuchar y no olvidar. Mi amor, jamás relegues a la ignorancia este último baile porque yo siempre te estaré ofreciendo mi mano.

Esta es la Biblia de las tinieblas, el Corán de un deseo que ama hasta morir porque no sabe hacer otra cosa salvo rezar a la aurora boreal para que ella guíe el sendero de tus caricias hasta lo oscuro y profundo de mi corazón. Cariño, cuando no puedas seguir este camino dame el beso del adiós porque ninguna existencia merece la pena si me obliga a vagar solitario, como alma en pena, por un cenagal en donde van los espíritus de todos aquellos que solo desean perderse entre olvido y el croar de los sapos. Falta rabia en lo lóbrego de la apatía de una noche, que se resiste a levantar su manto perpetuo sobre la melancolía de nuestros corazones vagabundos de luz, pero sin embargo, repletos del afecto por lo siniestro y la devoción por una filosofía preñada de romanticismo por lo tétrico. Acércame en tus labios esa sinfonía de campanas tocando a muerto que porta con nocturnidad un huracán invisible llamado Soledad.

Deliciosa nox intempesta, momento eterno en el que los fantasmas surgen de la nada para alterar el sueño de aquellos que se han envuelto y arropado en dulces pesadillas, huyendo de la enferma realidad que los rodea. No llores cuando nos derrumbemos, tan solo abrázame amor mío y dejemos que la espesura de este mundo en negro nos sublime a la última y más elevada cota de conciencia perfecta denominada Amor y descrita en la perpetuidad del silencio (elevados en brazos del tenebrismo).


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Publicado por en 18 enero, 2012 en Mis Relatos

 

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