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Pulso de miedos fucsia

13 Nov

El pulso no se percibe debajo de tu piel, ¡horror!, has caído en las mugrientas garras negras del amor y lo glamuroso de su encanto de maniquíes desnudos con quemaduras de tercer grado sobre su cobertura plástica, la cual resbala en gotas de suavidad contaminada y… Devastada irrealidad, gracias la que escribo e imploro un poco de Nada empapada en gasolina bajo tu trono olvidado y desierto.

Incendio reinas de corazones porque odio la sensación de arder sin llamas, de suplicar sin respuesta, hasta que llega la indiferencia con un banquete narcótico para olvidar y burbujas rosa en las que protegido con ellas, encerrarse de madrugada muy lejos de los labios del terror. Sonrisa estúpida en mi cara, repetición eterna de una misma historia con la misma melancolía de siempre dando su fría bienvenida en mitad de lo oscuro de cualquier avenida que quiera soportar nuestro desvío total e irremediable.

No hay más que miedo y corazones que laten cuando nadie se lo ordena y ahora ya, ya se ha caído en mitad de una nueva pesadumbre que aunque se aproxime con aire gentil y rostro elegante, no depara más que frío en el sentimiento y carcoma para nuestros huesos. Todo en vano, un ayer que se suicida contándose a sí mismo, lo apático de su historia; la única realidad es que nadie quiere escuchar, solo saber (temblando) que no todo está terminado.

Breve porque el final ha sido rápido, indolora separación del útero de las tinieblas, si alguna vez hemos estado tan lejos es porque nunca hemos creído en nosotros mismos. Todavía hay un pulso brillando hoy aquí, encantador latido fucsia al que pegar el oído y descansar con su cadencia, como si cada pálpito fuese una razón para no tener miedo, el suspiro de una hoguera al quemar los últimos rescoldos de nuestro acomplejado sentir.

Esto no es más que un grito en la noche para las almas perdidas, un susurro de libertad en la noche para encontrar el camino y desterrar el miedo del ansia de nuestra sangre por cruzar los límites del mismo corazón, cuando nadie puede evitar que solamente hagamos lo correcto. La vie en rose, caos en sombras y un corazón que asimila lo mejor de cada uno de esos mundos, nunca más seremos indiferentes maniquíes, impasibles ante la ira de unas llamas, puesto que nosotros ya somos fuego (fucsia) y negra conciencia.

Délicatesse, mon amour.


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Publicado por en 13 noviembre, 2011 en Mis Relatos

 

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