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Miedo a la Oscuridad

01 Oct

De los cielos grises que devoran esperanza a raudales, al viejo parquet de madera de cedro desgastada con la caída del pesar de un millón de culpas que se arremolinan formando un huracán de desesperanza en lo hondo del corazón que late impulsado por un soplo impío de lujuria. El pasillo de la mansión es largo y oscuro y sé que esperas al fondo de él, el pestañeo de tus párpados de mariposa es el cebo a seguir en este sendero de condenación en el que aguardas, tan cercana siempre al lado tenebroso del sentimiento. Deléitame y escribe versos de melancolía que se diluyan entre promesas de olvido eterno, tatuadas en la piel que una vez quiso ser impermeable al dolor y que hoy se derrumba con el chasquido de unos dedos que indican el inminente final.

Exprimo sueños buscando el elixir que disipe la desilusión de una mente saturada y entumecida por la sensación, descubro que dentro de todo este miedo se encuentra la razón definitiva, el caer y levantarse de nuevo, resurgir de una vez por todas de las ascuas de tu infierno. Esta noche la música me devolvió por un momento a ti dentro del mundo onírico, reflejado por un subconsciente que no se rinde en soñar contigo y a despertarse congestionado de dolor por tu réquiem póstumo. Te llevo en brazos, traspasando puerta a puerta este inmenso y lujoso pasillo digno de Versalles que nos conduce irremediablemente a una escapada donde el corazón se fuga del pecho, para escribir como un decadente poeta romántico bajo el cobijo y sombra de la cara oculta de la Luna una oda a la autodestrucción por amor.

Los recuerdos arruinan este indigno presente con promesas vacías que se escapan de los labios traicioneros de la dama vestida de blanco cuyo corazón inalcanzable escapa una y otra vez de los fuertes brazos de una Vía Láctea enamorada de su indiferencia.  Dame una razón para quemar mi prosa con el fuego de unos párrafos incapaces de describir con quirúrgica precisión el contorno de tu bendito amor, el cual está tan arraigado en mi interior, regálame un motivo para esperar al lado de la chimenea o para terminar inmolando en ella mis palabras inflamadas. No me digas que la soledad es una desconocida para mí cuando pasé 999 noches conversando con ella,  degustando veladas para olvidar donde el silencio de uno era la frustración del otro. Nunca estuviste aquí así que no me engañes más cariño porque sé que solo eres humo y perfume a rosas secas.

No hay miedo a la oscuridad cuando esta se viste de amante, erizando hasta el último poro de mi piel con las caricias nacidas del núcleo de una noche perpetua que amo y reconforta con su abrazo helado, calmando mis más terribles momentos de delirio. Busco en viejos y polvorientos tratados la razón de tu hechizo, el por qué de un conjuro que me encadena a tus pies, ahora ya solo deseo escapar muy lejos de ti. Tu trato es cruel aún a pesar de todo el tiempo que viví encerrado en el viejo torreón, incrementando por momentos mi locura, con los bocetos arrugados en el suelo de un soneto que no cobraba forma mientras aterrorizaba mi corazón con el terror a unas tinieblas cargadas de morboso deseo, a la vez que las sombras vivientes proyectadas por la única vela que aún vivía dentro de mi encierro, danzaban con cálidos movimientos hipnóticos.

Mi amarga dama de blanco, hoy escribo el prólogo de tu epitafio porque no hay sitio en mi corazón para ti y dolorosamente sé que por aquellos pasillos de maravilla en los que atravesé con decisión puerta tras puerta, tan solo cargaba con el peso de tu culpa. Realmente hace mucho que tú volaste cual mariposa esfinge de la muerte hacia el reino de la nocturnidad infinita. La fe se evaporó y durante un instante este mundo de sueños creado por mí se mantuvo en pie para después derrumbarse con el estruendo de una tormenta que hace que mi risa restalle enloquecida en mitad de todo este brillante clímax final.

La calma, fiel como una devota esposa se adueñará lentamente de toda esta quimera creada por la ensoñación, arropando mi descanso mientras me abrazo confiado a mi enamorada y amante noche porque ya no hay que temer de ella ni de lo verdadero de sus abrazos. Di adiós querida dama de blanco y recuerda tan solo estas palabras siempre que sientas un pinchazo de angustia en tu corazón por lo perdido, lo entenderás: Oui, oui, mon amour! C’est moi…


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2 comentarios

Publicado por en 1 octubre, 2011 en Mis Relatos

 

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2 Respuestas a “Miedo a la Oscuridad

  1. paco

    2 octubre, 2011 at 13:34

    GRANDE

     

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