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Absolución

06 May

No me mires, el recuerdo está aún muy tierno en mi piel y duele el pensar como nos hemos alejado del infierno. Goteras de ansiedad en la habitación, 100% de humedad debido a las lágrimas vertidas y evaporadas con el fuego de la frustración que perdona pero no olvida. La fe se ha vertido por el suelo y no hay rincón más frío que mi propio corazón, ahora que nuestra pequeña burbuja ha reventado en una vorágine de sueños y promesas explosionando dentro de nosotros. ¿No recordarás un último abrazo?, ¿no bajarás el cielo hasta mí para atraparme un instante más a tu lado?. Rompe mi pecho con el silencio que daña la razón aniquilada porque esta historia queda en la prisión de unas calles repletas de gente y vacías de tu presencia.

Poseidón se disfraza con la mímica de lo absurdo que un final prematuro puede regalarnos, de una conclusión que ya sabíamos de antemano, un adiós que ya recordábamos antes de que sucediera. La marejada de mi sangre, azota mi interior con el oleaje de la pasión derramada sobre tus labios, que hoy queman la paciencia con las llamas de la incertidumbre. Vivir un hundimiento para crecer  y creer en otros días aún sin escribir, con la tinta indescifrable de tus deseos y la pintura con la que se dibujan algunas de las promesas  dichas. La resolución invita a saltar muy alto, caer muy abajo, arrastrarse como la serpiente que tienta a Dios con la fruta de sus sueños imposibles. Dos manos, una unión, nudos irrompibles, venas enredadas en ti, se acaban las excusas y aún en tu último estertor, deseas atrapar a tu amor con las rotas redes de tu corazón.

Lo sé, lo vivo cada día que cae en mí, los amantes son eternos en un mar de savia dulce como “rencorrr” de tu querido Dios. Anclemos la ansiedad en los ciegos de la cripta donde está enjaulada, entre flores secas, la oratoria que susurraban los labios de la irrealidad de esta fantasía que corre por tu piel, como agua bendita deslizándose por la cara del Diablo. Estoy escribiendo el epílogo de todo nuevo comienzo porque la noche delata un pálpito glorioso, tan grande como narrar el Fin del Mundo con tan solo una palabra de amor no olvidado por el tiempo. Vuela mi ángel, marca a fuego la distancia entre el dolor y la gracia de tu visión, por favor, ciega ya mis ojos hasta mañana, deja tiempo a que el camino entre ambos mengue el abandono del alma.

Luces parpadeantes para ti amor, una fiesta con nada que celebrar, destellos guiando tu deambular por el lado oscuro de nuestro Edén, una ayuda para cuando el diluvio crezca dentro de nosotros y no podamos respirar, ahogados en el recuerdo de la partida que divide nuestra esencia. El dolor que rasga lascivamente la piel, bendice el caos en que nos adentramos, prosa masoquista en un festín de carne y sangre virgen a los pies de la Luna llena. Rituales arcaicos en donde vomitar la esperanza que se resiste a caer entre nuestros brazos, no hay nada en donde agarrarse, clavos oxidados, mentiras ardientes camufladas en besos que atraviesan nuestro espacio personal, todo ello yendo a ninguna parte. Sabemos que solo la perdición nos espera en la otra esquina.

Se derrumba la fe como una casa en ruinas que ha soportado el paso de demasiadas desilusiones, cada cual más terrible para un sentimiento que se desnuda y queda en carne viva, exteriorizando el dolor con una fotografía terrible. Cuando tristemente miramos a otra parte y la personalidad azota nuestra conciencia, se están maniatando nuestros actos, los deseos, las intenciones  que anhelamos realizar quedan en un éter condenado al olvido. Un final pintado de arrepentimiento, sin regeneración del dolor, un tic tac que te aleja con cada aleteo de esta pequeña mariquita que vuela por mi jardín gris y desapacible. Nosotros no tenemos alas con las que escapar cariño, solo esperamos a la oscuridad que te besa en los labios con el sabor amargo de la derrota.

Esta ópera describe una Carmen en cuatro actos que desembocan en un triste final, perfectamente adivinado allí, en donde se hace el silencio por la emoción. Con el paso de los años, el corazón reza al cielo azul por meditar entre tus caricias, nada terminó cuando tienes el poder de desgarrar el tiempo y suplicar por un regreso, una vuelta atrás suspendida en la incertidumbre de tu frágil incerteza. Yo reflexiono y pido mi absolución por todos los dulces pecados que por amor hacia ti he cometido y más aún por aquellos que se han quedado en un afligido limbo, pues son luminosas almas que todavía no han nacido. El perdón de tus labios es aquello que me da la vida, tu voz lo único que me despierta del inframundo turbio de mis torturadas pesadillas.

Descanso mi absolución contigo, esperando en el romance de tus brazos y aguantando la respiración por un momento, ya que deseo impregnarme de este instante ahora y siempre… Para no tener que arrepentirme un día de no haber vivido a tu lado.

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Publicado por en 6 mayo, 2011 en Mis Relatos

 

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