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La Bella Durmiente descansa sobre Virgo profanada

16 Ene

Una oscura marcha fúnebre retumba sobre el sepulcro de mármol negro de una bella durmiente castigada y enterrada en vida por ángeles celestiales, desde afuera se oyen sus rugidos de bestia infernal y los arañazos de ira que vuelca sobre el interior de la losa con sus uñas de acero. Ella es el vampiro que succiona la esencia primigenia a todos aquellos que son tan osados como para posar su atención en sus ojos de lobo vestido de cordero, la pesadilla de todos los serviles enanitos. Báthory reencarnada, palpitando en un orgasmo de sangre donde sus enemigos mueren sacrificados sin piedad en honor de todo lo maligno.

Sí mi amor, eres la más bella de todas las estrellas apagadas del firmamento y hoy nos reunimos alrededor de ti, en un funeral oscuro que resulta ser el punto de partida al Caos para todos nosotros. El amor desatado en su máxima expresión necesita ser encerrado, no puedo permitir que esa furia pasional me arrebate por completo la razón, prefiero perderte para siempre que vivir presa de una locura que me esclavice el alma acercándome sin posibilidad de huída a ti… Cada día un poco más.

Este es el corazón de la oscuridad, de la decadencia, donde la razón tiene que imponerse sí o sí al Caos, no me importará velar tus noches mientras te retuerces de ira dentro del sepulcro, intentando calmar con mis palabras tu furia descontrolada. Yo creeré haberme salvado de perderme en ti pero solo habré salvado por un instante mi mente que en ocasiones no deja de oír tu voz por todos lados, la sensación de ese amor que te persigue de forma compulsiva allá donde estés. La serpiente duerme en tu pecho abrazando tu corazón, inundando tus venas con el veneno, el narcótico de la pasión que fluye en el interior de la diosa Dice cuyos lamentos destapan la injusticia habida en este amor. Mientras tanto, las estrellas caen del cielo a mi alrededor. En este momento estrecharé con fuerza el frío contra el pecho, el glaciar que se desliza por mi cuerpo calmando la necesidad de rescatarte, impidiendo que nos contaminemos todos con tus besos inmortales.

Cada segundo que transcurre me hace pensar en que toda esta locura se está convirtiendo también de forma inevitable en mi propio mausoleo. Cierro los ojos, aprieto los dientes, me tapo los oídos con mis manos; puede ser tan frágil la línea que separa la condenación de la salvación que pensamientos encontrados chocan dentro de mi cabeza haciendo que me retuerza por el suelo con el ansía de los amantes separados por un sangriento Shakespeare.

Cuando termine este Apocalipsis del corazón puedo ver como todo lo que me rodea está inundado por la suave luz de la Luna y la fragancia de hierba recién cortada envuelve mi mente, mientras una suave brisa que mece los cipreses sopla alrededor de mi particular Gólgota. Levantándome del suelo y sin pararme a pensar retiro la pesada tapa del sepulcro para ver como eres bendecida con el brillo de esta Luna que llora chispazos de luz sobre nosotros. Ahí estás, tumbada sobre ese lecho de rosas rojas, con una belleza tal que he intentado borrar de mi mente y que aún no he podido, con esa piel blanca nacarada suave como la caricia del demonio que susurra y envenena el lecho de los amantes condenando a una dulce lujuria de caricias inagotables.

Con mis brazos te incorporo y te estrecho contra mí, el miedo tiene escrito mi nombre y no se puede vivir atemorizado, esperando y esperando a tomar la decisión adecuada mientras la rosa más preciada se siente rechazada y marchita, cuando la das la espalda en el peor momento y sus gritos de auxilio son el pan nuestro de cada una de mis pesadillas. Al final del túnel puede verse la luz que te indica el terrible fallo cometido y que ahora intentas subsanar sin saber si ya es demasiado tarde o no. ¿Cómo podría verter en tus oídos lo que siente mi corazón?, tan temeroso de sí mismo, de los propios sentimientos, deja que estreche tu mano fría y la lleve a mi pecho congelado, combatamos el frío con frío. Ahora veo con claridad mi equivocación, cuando en un principio cegado por mi propia frustración te veía como la vampiresa que no me dejaba vivir y ahora daría hasta la última gota de mi sangre para que volvieses a mí.

Se puede morir en un abrazo y resucitar de la misma manera cuando tu alma no puede descansar en paz porque la mía está muriendo mientras te sostengo. Solo quiero que tus palabras limpien mis pecados cometidos por la negación de mí mismo, cuando yo era el primero que boicoteaba el corazón. Cuando Spica brille de nuevo en tu frente yo viviré por ti.

Tú: En mis labios queda la marca de vuestro pecado.

Yo: ¿Del pecado de mis labios?, ellos se arrepentirán con otro beso. (Torno a besarte).

c

®

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Publicado por en 16 enero, 2011 en Mis Relatos

 

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