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Mjølnir

10 Ene

Midgard: Destrucción a mi alrededor, mi pueblo yace en llamas que lo consumen todo y violan la integridad de cada una de las casas. Esta nieve tan fría que cae del cielo está ya impregnada de la sangre de mi familia y amigos y es incapaz de derretirse a pesar del calor del fuego. No oigo nada, suelo puedo percibir el danzar flamígero que casi me envuelve, mi cuerpo entumecido y convulsionado de rabia yace de rodillas en mitad del caos y las lágrimas que se congelan antes de caer a la nieve me recuerdan mi destino y la justa venganza que por Odín ha de realizarse. Cavaré las tumbas de familiares y amigos con mis propias y ensangrentadas manos y cuando esté preparado serán mis enemigos los que caven las suyas. Se ha hecho el invierno de los inviernos en mi corazón pero bardos en la lejanía entonan con sus flautas la música de estos funerales, calmando mi inmenso dolor que no me deja respirar, recitando los primeros versos del poema Skírnismál, clarividencia de lo que habrá que ocurrir. Este es el inicio de mi Saga.

Muspelheim: Trabajando en la vieja y casi destruida herrería de la aldea, desempolvando de cenizas las herramientas, moldearé fundido metal de meteorito, creando un martillo y una armadura, armas más poderosas que los colmillos del invencible lobo Fenrir. Que el gigante Surt me de fuerzas para perfeccionar mi venganza porque sé que ese es mi destino, hacerme fuerte, pulir el arte de la muerte en pos de una deuda que ha de pagarse, dame fuerzas, no me abandones. Aún recuerdo los viejos versos de la Völuspá que recitaba el druida de mi aldea:

Surt del Sur,

Blandiendo fuego,

La espada de los dioses brilla en la oscuridad,

Como estrellas en la noche,

Montañas colapsan en escombros,

Y los demonios caerán,

El hombre camina la senda hacia la ruina,

Mientras el cielo se abre en dos.

Helheim: Las runas han hablado y he ahí el destino de los asesinos pues mis armas están listas y mi fe intacta. Los enterraré en los más profundo de Yggdrasil, allá donde ni siquiera los dioses pueden salir, más allá de las puertas de la muerte porque la venganza es mi camino y no descansará la justicia sin que dicte mi sentencia y llene la playa de cadáveres con sus desechos. Años han pasado y en este tiempo he podido perfeccionar mi venganza, el último acto de una gesta con final escrito en las estrellas. Ni siquiera Loki con su anárquica actitud podrá interponerse en mi camino. Cabalgaré sobre mi fiel montura hasta los confines del Midgard, me busco a mí mismo. Aprieto el Mjølner herencia de mi familia que cuelga de mi cuello para que me de las fuerzas necesarias a la hora de enfrentarme al momento cumbre, es la hora de vencer y avanzar.

Ragnarök: Se oye el sonido de un cuerno de batalla, las fosas nasales de mi montura expulsan vapor como si cabalgase a lomos de un volcán. Veo allá en el horizonte el objeto de la venganza tanto tiempo deseada, el campamento enemigo, sé que saben que estoy aquí y sin más dilación ya sostengo en mi mano derecha el martillo rúnico, voy a por ellos. Hoy es el fin del mundo, de toda vida de mi vida, así que es hora de golpear y arrancar toda existencia a golpe de ira. Mis rivales se arremolinan a mi alrededor atacando con hachas, martillos, lanzas… todos los golpes son repelidos haciendo de mi brazo un molinete de destrucción y furia berserker que tiñe y salpica de sangre y hueso la nieve de este Ragnarök. Ellos caen, yo los destruyo uno a uno hasta que solo queda el último de ellos que alza su mellada hacha contra mí, con su cara contorsionándose en un gesto de ira infinita; yo también dirijo mi arma contra él y por un momento las miradas de furia se cruzan en un instante que parece eterno y las armas se besan en una explosión de chispas donde mi martillo se abrirá paso a través de su desintegrada hacha impactando contra su cara que cambiará su gesto de ira por una expresión de último horror. El enemigo inerte sale proyectado en el aire por el impacto y se estrella de forma terrible contra el suelo nevado. Los enemigos han muerto y algunas de sus armas cuelgan de mi armadura, clavadas en ella, ahora me doy cuenta de que mi cuerpo está machacado y nuevamente entumecido, pero para mi sorpresa no hay dolor porque no existe mayor honor para el guerrero que terminar en combate sus días. Nueve pasos, nueve caminaré antes de desplomarme al suelo, al igual que Thor tras derrotar a la serpiente Jörmundgander. Uno, dos, tres… alzo la mirada al blanco cielo, hay paz en el fin del mundo, copos de nieve que rozan mi rostro, párpados que se cierran con lentitud eterna… nueve… El Mjølner se desengancha del cuello y cae, el guerrero se desploma después en el suelo cubierto de blanco manto virginal, ni la muerte podría mancillar esta nieve. El Valhalla espera caminando por el Arco Iris Bifröst…  Ni el gran Bragi, Dios de la épica hubiese podido escribir un final más supremo.

Asgard: Avanza un cortejo de valquirias por la luminosa morada de los dioses, más allá de sus infinitas murallas. La primera porta un martillo, la segunda una armadura perforada por innumerables sitios, la tercera lleva cuidadosamente entre sus manos el colgante Mjølner, el resto portan en alto con honores al guerrero caído sujetándolo con sus poderosos brazos, llevándolo consigo por unas escaleras de nácar hacia un palacio de cristal que se divisa muy en lo alto.

Abro los ojos, el viento que suavemente besa mi cara me ha despertado y solo veo la luz de este cálido paraíso, y de repente percibo algo en mitad de la divinidad, ahí está, es Ella. La luz se atenúa o quizá son mis ojos que ya se han acostumbrado y la veo, con su manto blanco brillante danzando al ritmo de un vendaval cada vez más intenso, sin duda ella es la reina del palacio de las corrientes de aire. Si la muerte me ha traído la recompensa de su visión merece la pena caer porque ella es mi Diosa, ahora sé que es todo por lo que he combatido y la venganza queda atrás porque luché solo por ella, por estar aquí, por levantarme una última vez e intentar rozar su perfecto rostro, por volver a caer de rodillas sintiendo que mi cuerpo astral se diluye llevado por este viento, sonriendo, ella también mientras alza una mano y acaricia mi rostro feliz que se disuelve lentamente en brazos de este viento que me traslada al infinito.

Una vez dije que mi final estaba escrito en las estrellas y es cierto, ahora soy una estrella del firmamento brillando por siempre junto a mi Diosa eterna.

Este es el final de mi Saga.

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Publicado por en 10 enero, 2011 en Mis Relatos

 

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