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Rosas de Nocturna

25 Dic

Estatuas de dioses paganos se deshacen poco a poco de incertidumbre a la intemperie sobre la añeja Acrópolis del desamor, tristes y abandonadas de los cálidos abrazos que pudiesen protegerlas de las noches de furiosa tormenta. Losa a losa cae el tiempo sobre este condenado recinto, dándome los instantes suficientes para cincelar sobre la inerte y siniestra piedra su nombre, el que lleva a mi corazón por el camino de la condenación que tanto ansío y anhelo porque su amor es la redención total y la entrega absoluta a su causa. Eres mi dulce Nocturna, la de piel nacarada de Luna virgen por la que resbala el maná divino, haciendo que el deseo crezca  y se extienda como una violenta onda expansiva en mi interior, es la explosión de mis sentimientos de pura oscuridad inmaculada.

Ámame una vez más y aleja el infierno de mi lado, aleja ese purgatorio en que se convierte mi existencia cuando sumergido en soledad ansío tu presencia aquí, en el lado bendito de la noche que cuida de forma tan entregada a sus adictos adoradores de libertad y noctambulismo. Eres la grandeza de un mundo polvoriento y arruinado que se derrumba de antigüedad porque nadie se atreve a dar el paso de decir un “te quiero” de corazón. Esas dos palabras que cargadas de sentido sostengan tus huesos antes de caer sobre mí y que te reencarnen al llegar el alba, teniendo yo el privilegio de darte el primer beso funesto cargado de encantamiento y prendido de oscuridad. Mi amor, vives en ese contorno que se vislumbra en los viejos espejos de mi mansión que acaricio con mis labios cada noche, contagiándome de su frialdad tan solo para que te traigan a mi lado, todo por ti cariño…

Mientras en el viejo estanque, un cisne negro nada tranquilamente sobre agua contaminada con desamor y cubierta de las hojas de mis poemas perdidos que flotan muertos y sin sentido a la deriva. Siguiendo los pasos de mi corazón que se aferra al purgatorio de la soledad, trayendo a la memoria esos viejos recuerdos que como viejas hojas de pergamino también se deshacen entre mis dedos, unos dedos que se desviven por rozar la eternidad de tu piel… La noche eterna arropa con devoción a los amantes entregados que sin pensarlo cayeron en brazos uno del otro para ser indivisibles en medio de la perfección de un rayo de Luna que se proyecta en tu honor, mi dulce Nocturna. Volverás a ser mía y el zafiro engastado en mi anillo recuperará el brillo perdido tras tu dolorosa marcha y prologada ausencia, retornará el centelleo azul símbolo de tu pureza sin mácula.

Mi sonrisa cínica y nerviosa se alza al firmamento, viva imagen de un universo imperfecto que envidia la palabra “amor” y la sensación de “sufrirlo”, porque la perpetuidad no sabe lo que significa amarte y por eso no comprende que reiré aunque esté en lugares tenebrosos, donde las sombras de los espectros se pasean por la mansión haciendo crujir los maderos del suelo con el peso de su culpa e impotencia, por saber que Nocturna es mi amor, el sagrado corazón que ellos nunca pudieron robar del altar del querer infinito. Sus cadenas son su prisión, mi liberación es la certeza de saber que un día vendrás aquí conmigo porque sé que escuchas todas y cada una de mis plegarias ya que eres testigo del desamparo y la devastación que causa el estar tan solo una noche sin ti.

No hay ni un solo lugar que no desprenda el empalagoso perfume de la soledad, hasta la cripta está vacía, los sepulcros han sido profanados por la ira y la impotencia de años de desamor.  Tiempo atrás los esqueletos caminaron lenta pero inexorablemente hasta el estanque para suicidarse por segunda vez bajo unos encantadores nenúfares en flor dignos del mismísimo Monet. ¿No ves mi amor que todo se desploma si tú no estás?, hasta las estrellas lloran por ti mi Nocturna, por añorarte tanto bajo su luz que duele hasta partir incluso al inenarrable sufrimiento. Si nuestro amor falla todo lo demás cae como un frágil castillo de naipes hecho con cartas de corazones partidos. Haz que este camino hacia la nada entre tumbas cubiertas de hiedra y rosales salvajes de espinas hirientes llegue a su fin, libera de su expresión de infinita desolación a las estatuas de ángeles penitentes que hay sobre estas pretéritas lápidas porque la libertad solamente se halla en tu corazón.

Invoca el nombre oculto de la Virgen para traerte a mi lado y hacerte partícipe de mi amor que con tan solo una mirada resucitará ese sentimiento que nunca debió de quedarse marginado en el rincón de la maldita ignorancia. Purga mis pecados con tu perdón para que pueda volver a tu lado y abrazarte para siempre, fundiéndonos en tinieblas que cuidan con veneración el resurgir de este sentimiento que no puede morir, somos dulces criaturas de la noche y sus encantos y estamos orgullosos de ello. Cuando vuelvas a mi lado tendré rosas para ti mi Nocturna, una por cada pecado capital, una por cada estrella del firmamento, una por cada beso de mis labios sobre los tuyos… Infinito.

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Publicado por en 25 diciembre, 2010 en Mis Relatos

 

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