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Sueño de Musa

16 Dic

Suave tintineo de la luz del alba sobre sus pupilas y mientras tanto, ella no sabe que el tiempo se enquista en su corazón tornándose en dolor y desesperación por ver amaneceres negros que traen en  su nacimiento los malos augurios venidos del Este. Cuando la Musa se pierde en un mundo fúnebre, la inspiración se deshace en tinieblas que regalan amnesia e incapacidad de casar estrofas y palabras, para de esa forma, buscar ansiosamente el significado escondido en el interior de una demencia a media noche. Respira el suave aroma del incienso alucinógeno que despierta tus sentidos para dar vida a la Musa cuya piel fría y blanca como el mármol carece de la capacidad y bendición necesarias para hacer volar tu obra más allá de este boulevard condenado y decrépito. El anestésico láudano no será la poción magistral que libre a mi Musa de soñar con corazones que hierven de amor para siempre.

En el nombre de Erato pido la iluminación para continuar este sendero plagado con las minas de la ignorancia y la cobardía porque deseo tener el valor de escribir sobre la decadencia que nos rodea aunque esta se oculte entre los rayos de luz que atraviesan las rendijas de la vieja y desgastada persiana de mi habitación. Se vive con demasiado temor en el lado oscuro de la realidad y no deja florecer los milagros del corazón, que se agota por verse rodeado de una realidad desgastada y polvorienta. Soy el único que entiende que el miedo es la única razón que tenemos para seguir escondidos, ocultando los riesgos de un sentimiento que desea ser expresado y analizado en unas letras que hablen sobre ti y del por qué hace tanto tiempo que dejamos de existir el uno para el otro.

Sangre, es la que se derrama en estas calles iluminadas con farolas de gas que brillan con una siniestra tonalidad verde esmeralda, estos paseos nocturnos no alumbran más que el deseo de rasgar folios y folios de mentiras vertidas por la calumnia de una musa falsa que trastoca la mentalidad romántica que tiende irremediablemente al desequilibrio. Esta niebla esconde muchas verdades tras su denso manto blanco, aguarda tras de sí la caricia de esos labios perdidos que acechan en la inmensidad de la noche, cazando ese sentimiento que una vez creí perdido en ti. Las caricias se olvidan a medida que los párrafos caen como bloques de piedra que deberás esculpir y pulir para buscar el verdadero significado que hay detrás de la escoria de este simbolismo. Sueña conmigo, busquemos la verdad en el rito de la absenta, bebe junto a mí el dulce sabor anisado del conocimiento y caigamos en un mar verde de sapiencia.

Este es el día en el que la Musa se ahorca de las ramas de un centenario y maldito nogal, el momento en que la inspiración cae en un sueño eterno del que no desea despertar, el instante en que mis labios resucitan su brillo que vuela hasta fundirse con el Sol. Los fantasmas surgen del otro lado de esas desgastadas lápidas para aterrorizar los corazones de quienes no encuentran el descanso onírico en brazos de la noche, cuando el pasado renace nuestro presente se desmorona como el vampiro que se deshace en polvo por el prístino rayo de Sol y el primer canto de un gallo al horizonte, que ya se despereza de sus propias tinieblas. Atrapa en forma de una rosa negra tus sentimientos y no temas a los espectros que volverán a quedarse camuflados en la luz al llegar el día porque ellos desaparecen como alcohol prendido con una cerilla, ardiendo con la llama azul de la verdadera filosofía del olvido.

La Musa que creía que podía morir hoy duerme en mi cama, arrastrando sus sueños hasta mí, besando las noches que anhelo besar, calmando a los espectros sobre los que escribí, perdiéndose en las abadías abandonadas que yo desearía visitar, observando los viejos castillos en los que me quisiera adentrar… Ella es la razón cuando la mente se satura y la mano que sujeta la pluma es de forma automática guiada por esa fuerza invisible que ayuda a seguir escribiendo bajo la roja tinta de su inspiración. Cuando toma el control lo imposible, este se hace real y el corazón se derrama con la efervescencia de un clímax que eleva hacia el éxtasis de abrir el cerrojo del hermético interior y verter el contenido de los sentimientos que custodiaba sobre la virginidad de un viejo papel en blanco, teñido hoy con la realidad de la pasión y la verdad del sueño de mi Musa.

Claude Monet – Mujer con sombrilla de perfil (1886).

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Publicado por en 16 diciembre, 2010 en Mis Relatos

 

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