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Alma

02 Nov

Supura su corazón momificado gota a gota el elixir de la eternidad que envenena con el dulce regusto del anís alcohólico el interior de sus sentimientos, mientras el Diablo guarda en su mazmorra las reliquias de todos esos corazones arcaicos cuyo latido seco reaviva la esperanza que desapareció de nuestras pérfidas mentes con la rapidez de una estrella fugaz que brilla durante un segundo para morir después en el abismo de la eternidad. Almas fragmentadas en un paraíso perdido de belleza en donde las princesas saltan sin dudar de altas torres para que sus ropajes se asemejen a alas de ángel (caído) antes de fundirse con el entregado río de alegres lágrimas que las recibe bajo ellas. Todo esto deja en el poeta el regusto sublime de lo siniestro, rememorando el deseo de ser un Bécquer capaz de rendirse a una eternidad de truculencia con la mano muerta que surge de las tinieblas para arrebatar nuestro corazón, por siempre (rendidos a lo oscuro).

Recuerda que un beso es un eclipse entre el Sol y la Luna, mientras sus deliciosas lenguas se rozan entre ellas trayendo la eternidad a los corazones nostálgicos que se niegan a olvidar el brillo de un alma sangrante que espera la redención en el recibidor de la mansión de los desconsolados. Cariño se escribe con Amor, con la tinta de los proscritos, de los ignorados en una ciudad de ciegos que deambulan sin rumbo por unas calles frías y sucias de soledad, rebuscando en la basura del destino un camino a seguir iluminado por luz de gas, una avenida perdida que desemboca en una catarata de falso esplendor para el corazón. Llevas mucho tiempo aguardando el momento de la llegada de tu amor, de una reverencia a tus pies, descubriendo su cabeza sin sombrero mientras la desesperación crece en el fuego de tus ojos porque las gotas de lluvia caen como segundos en un reloj de arena. Sin embargo, por encima del caos te puede decir sin dudar que el peso de mi alma eres tú.

Rompe el piano cuya música declaró su pasión por ti, desgarra esas teclas de marfil que pretendían enamorar el deseo de tu cuerpo al ritmo de un compás in crescendo. Rasga las entrañas del alma adorada en la noche que quiere volar sobre nosotros, muy alto, brillando intensamente y eclipsar de ese modo las luces de neón del viejo burdel y fumadero de opio, para sibilinamente narcotizar nuestras mentes que se sumergen en un mundo evanescente de espectros testigos del caer de la voluntad que nos ataba a un mundo dorado de placeres perpetuos. Esta noche te ahogas en tu propia bañera y es el alma la que encima de ti te engaña con el más dulce de los besos, para que la muerte bajo el agua sea tu expiración final mientras tus manos sangrantes se agarran a los bordes intentando afianzarse a la realidad que vista a través de un túnel oscuro parece cada vez más neblinosa y lejana.

Olvida las bacanales, el deseo efímero muere de desidia sobre la alfombra verde del bosque, tiempo hace ya que los faunos se ahorcaron con las trenzas de sus amantes en las ramas más altas de los pinos y aquellos encapuchados acólitos de una malignidad en decadencia, son ahora pacientes del manicomio olvidado de la colina del acantilado que aguarda su suicidio y que las piadosas y afiladas rocas sieguen de forma rápida y cruel sus vidas decrépitas de esencia. Todas estas pesadillas son la realidad espectral de una existencia vacua que te muestra el resultado de una alma carcomida, enseñando la crueldad del universo de los deseos que olvida la realidad del espíritu cuando la psique enferma de caprichos y todo parece tan fácil como infectar tus pulmones con el veneno del tabaco. Cuando el arcoíris se destiña como el maquillaje de una geisha azotada por la lluvia, despertarás empapado de luz que resbala por tu piel.

Esta es la sensación de una felicidad impotente que suplica la ayuda de la oscuridad para resucitar del reino olvidado de los muertos injustamente en labios del anhelo. Y tu corazón late con el capricho de una rosa que da envidia al Sol por brillar más que él, enamorando a los amantes que petrificados se dan la mano perpetuamente en las escaleras del mausoleo de los veranos olvidados. Cariño mío, yo te doy mi alma si prometes no ahogar mis días con la soledad de tu ausencia ni con el rencor imposible de un afán por el apetito de tu cuerpo. No quiero estar en brazos de un destino si ese me aleja de ti porque el infierno ya tiene muchos ilustres inquilinos enamorados de la muerte, y mi corazón ya ha superado el ansia y la codicia por una vulgar divinidad. Hemos superado círculos de terror además de los miedos y las angustiosas pesadillas del averno para proteger nuestras almas unidas y preservadas bajo el calor de nuestro glorioso abrazo eterno.

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Publicado por en 2 noviembre, 2010 en Mis Relatos

 

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