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Km. 666

02 Nov

Mi mejor amigo me dijo que pisase el acelerador al máximo escapando de esta ciudad podrida, a toda velocidad, por la primera carretera solitaria que viésemos, donde ni las cabras se atreviesen a cruzarla. El volante parece que resbala entre mis manos pero yo lo mantengo bien aferrado, es como montar a caballo o con una yegua salvaje, solamente tienes que mantener el control y será tuyo todo lo que desees. Mientras conduzco pienso en todo lo que ha sucedido y en la ganas de salir de aquí a toda prisa aunque todavía ando muy confundido y en lo único en lo que pienso es que ser un caballero te convierte en el primero de los tontos,  cuando lo que recibes del otro lado son solo guiños de desprecio mientras el aprecio es usado para limpiarse el barro de las botas.

Mi mejor amigo me sigue animando a seguir cuando la estabilidad emocional se ve mermada y las luces de la carretera se confunden con las estrellas de la noche, reconozco que esta no es la primera vez que me he sentido así, cuando tengo activado el contestador automático del corazón (cerrado por desahucio) y la mente se pierde en el kilométrico asfalto. Quizá en otra ocasión se pueda afrontar el terror dejado atrás siempre que no sea con litros de whisky corriendo por las venas como en este momento. Es mentira eso de que el alcohol disminuye la capacidad de conducción porque yo en cambio me siento mejor que nunca, como si navegase por un infinito mar de ámbar.

Mi mejor amigo sigue ahí sentado a mi lado, no podría esperar menos de él y la quinta marcha no nos parece suficiente. Ahora es cuando resulta inevitable recordar esas noches de neón con Johnny en el local de sus primos, cuando a las 6 de la mañana él ya no se podía levantar de aquel viejo sillón con su inseparable sombrero de cowboy tapándole la cara, derrotado y embriagado sobre el negro cuero desgastado del asiento. Había mucho alcohol en las venas, poco dinero en las tarjetas de crédito y muchas ganas de coger un día la carretera y perdernos para siempre y por fin después de tanto tiempo estamos haciendo realidad nuestro sueño. Siempre quisimos ir a Madison y ver esos paisajes del viejo Wisconsin y ahora tenemos un coche y dinero para ello, nos costó varios días sin dormir planeando el golpe que nos catapultase hasta aquí…

Mi mejor amigo… dinero… coche… mi mejor amigo… Mi mejor amigo está muerto… La quinta marcha parece que se atasca, siento como si un mazo golpease mi cabeza una y otra vez y todos esos recuerdos que tenía entumecidos por el alcohol y el shock comienzan a llover torrencialmente sobre mi conciencia. ¿El coche?, el Cadillac lo robó Johnny al viejo y cascarrabias padre de Kim, un día de los muchos que nos pasamos con el whisky, lo utilizamos para parar delante de aquella tienda de ultramarinos que íbamos a atracar pero creo que algo salió mal y no iba como pensábamos, creo… Entramos en la tienda escopeta en mano, parecía fácil, nos hicimos el dinero con rapidez pero ese bastardo de tendero guardaba un arma de cañones recortados bajo el mostrador y disparó a Johnny en la espalda cuando ya salíamos corriendo de allí, volándole varias vértebras de un suspiro. Reaccioné instintivamente y dándome la vuelta disparé sobre el viejo traidor llenándole las tripas de plomo y viendo como caía al suelo como un muñeco derribado por el viento. Johnny no me sorprendió, él es el mejor de los dos, siempre lo fue y tan solo me dijo: “Corre chaval, corre”. Nunca entró en el coche, yo sí, llevando conmigo el dinero y saliendo a toda velocidad de allí, quemando rueda, estarás orgulloso de mí tío porque no he llorado, soy fuerte.

Mi mejor amigo está a mi lado, las luces de la carretera atraviesan su figura evanescente, será el alcohol, las horas sin descansar, el shock, yo solamente sé que está ahí y me sigue animando a correr. El volante ya no me resbala porque la sangre de Johnny que tenía en mis manos ya se ha secado, seguiré a toda velocidad en esta calzada de locura cumpliendo mi destino y el suyo, atravesando la noche y la miseria del pasado, dejando atrás todo lo que fuimos, digiriendo carretera y asfalto porque los sueños no son suficientes.

Lo conseguimos, ahora somos importantes Johnny, ya nadie se atreverá a dudar de nosotros.

Por cierto tío, ¿viste lo guapa que está ahora Kim?, seguro que será la próxima reina del boulevard de Hollywood, una flor en medio del desierto…

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Publicado por en 2 noviembre, 2009 en Mis Relatos

 

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