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Más allá de la muerte

10 May

Cien años de abandono en medio del oscuro bosque, aquella casa de estilo victoriano se alza aún orgullosa pugnando por no ser cubierta totalmente por las ramas de los robles que crecen a su alrededor. Muros de piedra cubiertos de musgo y de hiedra que ya se enredaba en  dos estatuas de ángeles penitentes que yacen colocadas en la entrada de la mansión y que hace ya tiempo que no saludan a ningún visitante. Noche de luna encerrada tras vaporosas nubes, niebla que devora el bosque con su manto fantasmal donde solamente tenues fuegos fatuos se atreven a iluminar tan tenebroso paisaje convertido hoy en mi hogar.

En el interior de esa morada fruto de mis más fúnebres sueños, sentado sobre un viejo y desgastado sillón de terciopelo color rojo sangre soy testigo cada noche del mismo espectáculo, de la misma oscura función. Sostengo en mis manos una antigua muñeca de porcelana a la que acaricio con suavidad su pelo mientras delante de mí como todas las noches veo con mis ojos pintados de luto dos almas gemelas, dos sombras atrapadas en el tiempo que juegan y bailan alrededor de una vieja caja de música que reposa sobre un suelo cubierto de polvo y de malos recuerdos… Miradas y sonrisas cargadas de picardía, caricias mutuas sobre sus jóvenes e inmortales cuerpos etéreos, descubriendo cada centímetro de su anatomía, retorciéndose en sensuales abrazos; los besos más dulces son los que se dan con la mirada. Infinidad de desordenados recuerdos aguijonean sus mentes, pasión lasciva para otros pero delicia de amor para mí, el veneno de la lujuria fluye presto en su sangre envolviéndolas en deseo febril incluso más allá de la muerte. Venus aterrada, inocencia y perversión alcanzan hoy como todas las noches una perfecta comunión en esta danza al ritmo del tintineo de la caja de música donde yo soy y seré para siempre el único testigo.

Hoy también lloraré cubierto de este olvido mientras las veo delante de mí, nadie salvo yo entendió su amor y la sangre de ellas, sangre gemela que corría por sus venas fue derramada con crueldad bestial e ignorancia… pero yo no lloro de tristeza, lloro de alegría por saber que fueron liberadas de la monástica prisión de ideas y prejuicios del hombre y hoy puedo verlas como bellos fantasmas, almas libres, amándose en la muerte lo que no pudieron amarse en vida.

Todas las noches espero el mismo final de la función, un final en el que antes de verlas desvanecerse en las tinieblas de esta soledad, ellas agarradas de la mano me miran y sonríen, yo caigo de rodillas en el suelo y mis lágrimas fluyen como ríos enterrando por toda la eternidad mi corazón bajo estas paredes antiguas y desgastadas, alzo una mano para poder tocarlas tan solo una vez pero no lo consigo porque ya han desaparecido ante mis ojos no sin antes haberme grabado en mi mente la hermosa sonrisa de ambas, unidas en eternidad. La caja de música se ha callado y el silencio me inunda, ahora yazgo en el suelo de la mansión, llorando y acariciando la muñeca de porcelana que hace muchos años yo les regalé, devorado por la melancolía esperaré aquí sin moverme a la próxima noche como llevo haciendo desde hace incontables años para volverlas a ver amarse más allá de la muerte…

No es tiempo de llorar.

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Publicado por en 10 mayo, 2007 en Mis Relatos

 

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